El espectáculo es patético. En una materia tan grave como el terrorismo de ETA y el modo de enfrentarse a él no es posible, hoy por hoy, el acuerdo entre los dos grandes partidos. Si se tiene en cuenta que precisamente una política defendida en común ha sido, en el pasado reciente, el más útil instrumento de la lucha antiterrorista, la desesperanza se acrecienta. Dos semanas después del atentado de Barajas, en las comparecencias periodísticas y en la tribuna del Congreso, el presidente del Gobierno no tiene otra idea (después de reiterar que ha pasado mucho tiempo desde el Pacto Antiterrorista y es precisa una reflexión) que la “unidad democrática”, fórmula retórica para que el PP se pliegue. El PP, en el debate, utiliza un tono válido para sostener una posición pero no para suscitar el acercamiento del PSOE.
Pero no nos engañemos. La crisis política que se vive en España en torno a esta cuestión, las diferencias entre unos y otros en la actualidad irreconciliables, no son una mera cuestión “partidista”, referencia que varios oradores hicieron el lunes en la tribuna, siempre —naturalmente— para criticar a otros. Hay una discrepancia fundamental y sería bueno que se debatiera abiertamente sobre ella, en vez de dar vueltas a la “unidad”.
El presidente ha dado por roto el “proceso” pero, a la hora de encarar el futuro, habla de una “política” complementaria a la “fortaleza del Estado de Derecho” (entrevista del domingo en El País) o de una “búsqueda de terminar con la violencia” complementaria a “la lucha antiterrorista” (intervención en el Congreso). Todo esto, aunque no se explicite, consiste en que no se ha desechado la posibilidad de buscar escenarios —políticos, negociados, distintos de los actuales— que pretenden el “aterrizaje” de Batasuna en la política o el desistimiento de ETA, como consta en cuantas propuestas de “paz” ha hecho el nacionalismo en los últimos decenios. Es lo que reclamaron los que no suscribieron el Pacto Antiterrorista, que son en este momento los socios del Gobierno. Es lo que el Pacto rechazaba, insistiendo en la exclusión y la “derrota” de la banda, y es el núcleo gordiano del cambio del PSOE en esta materia.
La “unidad” es una disculpa para no entrar en esta materia. Ya que no la hay con el PP, más valdría que se discutiera abierta y lo más serenamente posible. El “diálogo” no es lo que el Gobierno defiende (que el PP se sume a sus tesis porque se trata del Gobierno o porque tiene el apoyo de otros) sino la confrontación ordenada. Quizá la sensación de confusión y desasosiego del presidente estos días se deba, entre otras cosas, a que no quiere o no puede entrar en materia. El resto de la retórica que utiliza sólo consuela momentáneamente.

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