George Soros, un extraño híbrido de financiero virtuoso, especulador nato y filósofo ilustrado de izquierdas que en ocasiones se ha embolsado un “pellizco” de mil millones de dólares en un sólo día, no quiere hacer cábalas sobre el futuro de la divisa estadounidense.

“Sé exactamente lo que va a hacer el dólar, pero no puedo decirlo”, bromea. Bromas aparte –“la moneda está sometida a demasiadas influencias”–, Soros sí deja entrever una razón para esperar un debilitamiento adicional de la divisa norteamericana: “hay demasiados bancos centrales con demasiados dólares”. Y matiza: “éstos están buscando alternativas pero en realidad no hay ninguna disponible.

No se pueden invertir demasiados dólares en euros, de ahí que China esté intentando colocar parte de su dinero en activos inmobiliarios”. Desde Rusia hasta Arabia Saudí, pasando por el resto de países productores de petróleo, los bancos centrales están diversificando sus reservas.

El hombre que expulsó a la libra del sistema monetario europeo en 1992 no cree, sin embargo, en los cantos agoreros que pronostican el fin de la supremacía del dólar. “No tiene sentido imaginar un futuro en el que el euro reemplace al dólar como moneda de referencia mundial”, dice. Pese a que el euro le ha comido terreno al dólar, el 66% de las reservas todavía están denominadas en la divisa norteamericana.

Otra globalización
A Soros, una de las mayores fortunas del mundo con 7.000 millones de dólares amasados con su legendario fondo Quantum, no le gusta la actual arquitectura financiera internacional. “Creo en la globalización, pero la actual forma de globalización está distorsionada Tenemos mercados globales pero no instituciones globales”.

Una de sus acusaciones habituales es que la actual versión del capitalismo es “poco ética”. “Los mercados no están diseñados para proveer bienes públicos, que yo defino en un sentido amplio para incluir cierta forma de justicia social”. Por eso, la solución al desequilibrado orden financiero, prosigue, pasa por “reforzar el derecho internacional y las instituciones internacionales”.

Al margen de los fundamentos intelectuales de la economía de mercado, también le preocupa la evolución diaria de la actividad económica. Los principales nubarrones sobre la economía mundial, que crece con brío, los ve en Estados Unidos. “La única amenaza clara e identificable a corto plazo es una ralentización del sector inmobiliario en Estados Unidos”.

Aunque en la superpotencia hay muchas voces que aseguran que lo peor ha quedado atrás –en 2006 el PIB se ha desinflado precisamente por la caída de las inversiones en construcción residencial–, el mago de las finanzas lo pone en duda. “No creo que la corrección del mercado inmobiliario se haya acabado.

De hecho, la mayor incógnita es si reventará o no la burbuja”. En todo caso, espera como mínimo una “disminución del crecimiento del PIB estadounidense”. Añade, además, que Estados Unidos es en cierto modo un imperio decadente: “regularmente consume más de lo que produce y esto se puede ver como una forma de decadencia económica”.

Hedge funds

En cuanto a la industria de los hedge funds, de la que es el representante más emblemático, dibuja un panorama sombrío: “cada vez es más difícil lograr resultados excepcionales”. Los fondos de inversión libre –nombre con el que se conoce en España a los hedge funds– “se han vuelto muy influyentes y cada vez es más difícil conseguir resultados por encima de la media”. Hoy hay unos 8.000 frente a los mil de 2001 y su rentabilidad palidece ante la de décadas anteriores.

Por eso, Soros vaticina una reestructuración: “Es probable que se produzca una cierta consolidación en el sector”. El fondo Quantum, creado por Soros, fue una referencia para los gestores alternativos de todo el mundo. En sus buenos tiempos llegó a ganar un 30% anual, convirtiéndose en la envidia del sector. Ahora, Soros Fund Management mueve cerca de 11.000 millones de dólares, pero ha perdido cierta solera en un contexto difícil para los hedge funds.

Soros, además de financiero, filósofo y filántropo, es un amante de la política. De hecho, es la bestia negra del presidente estadounidense George Bush y uno de los principales donantes del Partido Demócrata –las malas lenguas dicen que lo ha “comprado”–. En su último libro –Tiempos inciertos, de la editorial Debate–, Soros acusa a Estados Unidos de ser “el principal obstáculo” a un mundo justo y estable.

“Bajo el presidente Bush, estamos socavando el orden mundial en lugar de mejorarlo”. El último plan del presidente republicano para salir del atolladero de Irak no le gusta. “Desgraciadamente, no consigue reconocer que la situación está fuera de su control y con el incremento de tropas –Washington mandará una nueva remesa de 20.000 soldados– incrementará también las consecuencias negativas [de la ocupación]”.

Además, “si se extienden las actividades en Siria e Irán, como implica esta estrategia, habrá una escalada de la crisis”. Lo único que puede hacer Bush es “intentar salir de Irak minimizando los daños. Preferiblemente, una retirada ordenada que desordenada”, comenta.