EL DEBATE MEDIOAMBIENTAL EN LA CARRERA HACIA EL ELÍSEO

En las décadas de los años 50 y 60 del pasado siglo, el cineasta francés Jacques Tati popularizó el personaje de Monsieur Hulot --inspirado en un amigo suyo bien real-- en películas como Jour de fˆte, Las vacaciones de Mr. Hulot o Playtime, a base de ridiculizar los absurdos de la vida burguesa y de la "modernidad" basada en el papanatismo tecnológico y el consumismo, con una ironía no falta de ternura. Cuarenta años más tarde, un nieto de Mr. Hulot, el periodista Nicolas Hulot, bien conocido en la televisión francesa por su programa divulgativo de temas ambientales, Ushuaïa Nature, ha revolucionado la vida política francesa al proponer a todos los candidatos a las próximas elecciones presidenciales del 2007 la firma de un pacto ecológico. Este pacto tiene la voluntad de convertirse en un compromiso de todas las fuerzas políticas francesas en torno a los cambios fundamentales que hay que introducir en la economía, la producción, el consumo, la investigación y la formación, en la cultura y en toda la sociedad, con tal de abordar en serio y de forma transversal los retos de la crisis ecológica, energética y de valores que nos afecta a nivel mundial, pero muy especialmente a las sociedades llamadas "avanzadas".

EL PACTO pretende hacer de los retos ecológicos una prioridad nacional para Francia y comprometer la acción de los gobiernos futuros, independientemente de quién gane las presidenciales: plantea una verdadera revolución que cambie las formas de producir, trabajar, consumir, alimentarse, alojarse y moverse en el país vecino y en toda Europa.

Si bien es cierto que este es un discurso tradicionalmente atribuido a las fuerzas políticas ecologistas, a los partidos verdes y a los radicales --discurso que algunos entre nosotros se empeñan en descalificar por minoritario o "extremista"--, la gran novedad está en que la mayoría de los candidatos presidenciales franceses, desde Ségolène Royal hasta Nicolas Sarkozy, se han apresurado a aceptar el reto y se comprometen a incorporar las principales propuestas de este "pacto ecológico", aunque solo sea porque el 52% de los franceses encuestados han manifestado el deseo de que la protección del medio ambiente figure entre los objetivos prioritarios del futuro presidente, o porque la campaña sobre el défi écolo --reto ecologista--, impulsada por la fundación de Nicolas Hulot, ha recogido en poco tiempo cerca de 600.000 firmas. Como dice Hulot, la crisis ecológica plantea cuestiones y requiere respuestas que van más allá de las posiciones partidistas: debe ser una causa común.

¿Y qué propone este pacto ecológico a la francesa, preparado por una amplia comisión de expertos de todos los campos, no solo científicos, y de todas las tendencias? Pues 10 objetivos bien simples y contundentes, que se presentan como una oportunidad para reactivar la economía y la calidad de vida y de trabajo en Francia: 1) Una economía y una industria basadas en la lógica de la sostenibilidad, o sea, que reduzcan el flujo de materiales, que prolonguen la vida de los productos y que permitan su recuperación y el reciclaje; 2) Reducir de forma masiva el consumo de petróleo, de gas y de carbón, con energías renovables y con más eficiencia y ahorro, para lograr en el 2050 una disminución de las tres cuartas partes de las emisiones que provocan el cambio climático; 3) Conciliar la agricultura con el respeto al entorno natural, a la calidad de los productos y a la salud; 4) Contener la extensión urbana, frenar la expansión de las infraestructuras de impacto territorial, proteger los espacios libres, acercar los puestos de trabajo a los de residencia; 5) Reducir los medios de transporte consumidores de combustibles fósiles, aumentar la oferta de medios de transporte colectivo; 6) Una Hacienda y una fiscalidad eco- lógicas, lograr que los precios recojan todos los "servicios ambientales" --o sea, todos los costes ecológicos reales--, reorientar los presupuestos públicos a favor del desarrollo sostenible; 7) Biodiversidad: integrar la preservación del patrimonio natural en la estrategia de desarrollo del país, con la creación de una red de conectores ecológicos entre todos los espacios protegidos y garantizar su función ecológica; 8) Salud pública: prevenir antes que curar, evaluar el peso de la contaminación ambiental en los costes globales de la salud y prevenir los riesgos asociados a la alimentación: los pesticidas o los organismos genéticamente modificados; 9) Hacer de la protección y recuperación del medio ambiente un factor de innovación potenciando la investigación y la innovación en todos los sectores productivos y científicos, y 10) Hacer del reto ecológico una prioridad de la política internacional de Francia y de la Unión Europea, como un factor esencial de la seguridad mundial.

YA LO VEN,nada que no hayamos oído aquí en Catalunya recientemente. No es difícil ver las similitudes de este pacto ecológico a la francesa con el Acuerdo para la Modernización Ecológica de Catalunya que, a propuesta de ICV-EUiA, figura en el acuerdo del Govern d'Entesa, cuyas bases ya se empezaron a poner en la anterior legislatura, ante el escepticismo, y en ocasiones la animadversión, de algunos sectores económicos y políticos. Unos sectores que creo, sinceramente, que son cortos de miras y no representan el sentir y, especialmente, las auténticas necesidades de la economía y de la sociedad catalanas si de verdad queremos entender la competitividad, la modernización y la internacionalización como ya lo están entendiendo gobiernos y sociedades que constituyen nuestros referentes. Estoy hablando de Gran Bretaña o de la República Federal de Alemania --basta con ver el programa del semestre de presidencia del Consejo de la Unión Europea que ha presentado la cancillera Angela Merkel--, o de Suecia, Dinamarca, Finlandia, Canadá... Y ahora, bien pronto, Francia.

Salvador Milà. Diputado de ICV-EUiA en el Parlament y exconseller de Medi Ambient i Habitatge.