ZAPATERO es así, qué le vamos a hacer. Puede hacer un discurso inicial impecable, con todos los requisitos para satisfacer a la opinión: reconocimiento de un error, explicación de su intención en el proceso, llamada a la unidad, proyecto de futuro. Pero después llega al turno de réplica, y se cae. Ignoro si tocado por los proyectiles de Rajoy, o dudoso ante el desarrollo del debate, no supo mantener la altura del primer discurso. Zapatero tiende a olvidarse de responder con eficacia a las acusaciones que le hacen. Busca, en cambio, la técnica del ataque, y el ataque es ineficaz cuando se basa en miradas al pasado. Frente a toda la artillería de Rajoy, parecía que el presidente no tenía más armas que recordar el mucho apoyo que le había dado a Aznar.

Así pues, la primera conclusión del debate de ayer es que, en el enésimo cuerpo a cuerpo Zapatero-Rajoy, ha ganado el líder del PP. Por lo menos, sus militantes pueden sentirse más satisfechos de su brillantez. Otra cosa es el fondo. Y el fondo es que se trataba de explicar y consensuar el futuro de la lucha contra el terrorismo. Y se ha explicado: Zapatero ha querido dejar una puerta abierta a una solución dialogada, compatible con el respeto a la legalidad y la intransigencia ante los hechos violentos. No puede ser otro el sentido de su propuesta de «hacer cuanto esté en su mano». Pero no se ha conseguido el consenso.

En este aspecto, parecía que ambos políticos mantenían un diálogo de sordos. Sobre todo, por parte de Rajoy, que no dijo ni una palabra de su disposición a aceptar a otros socios en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Ni una palabra de atracción a los nacionalistas vascos, y tampoco de rechazo a otros incómodos agentes, como los de Esquerra Republicana. Se limitó a pedir, a reclamar, a insistir en que se rechace todo diálogo con una banda terrorista. En ese punto, Rajoy es de unas ideas tan firmes que resulta inútil cualquier discrepancia. Es su bandera. Es prácticamente su única contraoferta. Es su banderín de enganche ante la sociedad.

Con ello, lo que ayer pasó en el Congreso es que todo sigue como estaba: uno, instalado en el Pacto Antiterrorista; el otro, buscando refugio y cobijo en un pacto ampliado a todos. Lo que hemos visto es que ambas fórmulas van a resultar incompatibles, por mucha voluntad que pongan. Se va a reeditar lo anunciado: el bloque parlamentario que aprobó la resolución que permitió el diálogo con ETA, aunque ahora tengan otra formulación. Y el horizonte es que Zapatero conseguirá ese respiro, y Rajoy se quedará con la exclusiva de la oposición en esta materia. Diremos que el PP se ha vuelto a quedar solo. Pero Rajoy dijo que no tiene miedo a la soledad.