En esta etapa de la historia nos consideramos sin duda sapientes y bondadosos como nunca antes, pero ¿sigue existiendo alguna supuesta verdad que no resulte contradictoria? Por ejemplo, mientras antes de las dos guerras mundiales del siglo XX se creía que las hecatombes armadas encarnaban el orgullo patrio y que resultaban entre fatales y necesarias para la marcha del mundo, en cambio después de los horrores de 1914-1918 y 1930-1945 se piensa que constituyen la peor barbaridad, por lo que la ONU, el diálogo internacional, las conferencias de paz, se convirtieron en la máxima esperanza para asegurar el progreso entre los pueblos.
La realidad, sin embargo, nos propina demasiadas duchas frías. Así, cuando ha habido guerras feroces se ha llegado a un borrón y cuenta nueva o pacificación, como con la Alemania nazi, la Italia fascista, Vietnam, los Balcanes, Argelia... Mientras, en los casos en que el conflicto del país o países se ha finiquitado a medias por causas internas o externas, y se le ha sustituido por ensayos verbales y ambivalencias, el drama ha continuado en diversas formas. Así ha pasado con la Rusia comunista o post, al fin envalentonada en la masacre chechena y activa envenenando disidentes; con Oriente Medio sin solución básica posible; con esas regiones de África sumidas en el infierno; con China, Corea... Y no digo que el diálogo sea inútil, sino que si hemos sabido proyectar la guerra, en cambio zozobramos al querer implantar y gestionar la paz, constituyendo Iraq el último y espantoso ejemplo de ello: Bush padre e hijo dejaron colgando el país después de embestirlo, y ahí está hundido en la alocada violencia.
Contradicciones que nos saturan: mientras muchas voces occidentales se han levantado contra la pena de muerte dictada por la justicia iraquí contra el brutal Sadam, otras voces o las mismas lamentan que Pinochet, otro bestia, haya muerto en su casa al margen de una condena legal, ¿a ver si somos coherentes? Por lo demás, si criticamos a Bush y a sus neocons por su torpeza e ignorancia al meterse entre los suníes y chiíes, justo es reconocer de nuevo a Estados Unidos su capacidad de autocrítica y corrección, pues en el mismo gabinete presidencial se han producido al fin también severas condenas por la operación en Iraq. Pero esto tampoco solventa nada, acaso porque así se insiste en dar prioridad a la dimensión política de los problemas, cuando debieran primarse las relacionadas con la educación, el hambre, la sanidad, la ecología, la mujer, ¿o es que dejaremos devastar el planeta mientras teorizamos sobre las quimbambas? Y esto no es paz ni es ONU. Contra todos los fundamentalismos, cultura.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados