Si José Manuel Entrecanales o alguno de sus hombres se han sentado, por casualidad, con Rafael Vilaseca hace un mes y medio. O si ha tomado un café con Manuel Jove o se ha cruzado con Miguel Blesa pidiéndoles ayuda para que descarrile la OPA de E.ON. Estas cosas son difícilmente demostrables, y si además no son ilegales, la acusación resulta un ejercicio de voluntarismo.

E.ON ha entregado a la CNMV una suerte de solicitud de investigación sobre Acciona basada en recortes de periódico que puede mostrar hasta dónde llega la especulación en este país, al tiempo que la empresa daba fe de su repentina confianza en el órgano regulador, después de aquel feo inicial tras la denuncia interpuesta a Acciona por idéntico asunto ante un juzgado de Nueva York.

En España últimamente nos enteramos de la información boyante, importante, gracias a los juzgados del otro lado del Atlántico y a los papeles que solicitan los reguladores americanos. Ahí la intencionalidad manda, aquí no tiene importancia. De hecho resulta casi indemostrable, según parece, o simplemente todos miran para otro lado.

Si Endesa quiso que E.ON fuera su caballero blanco y los alemanes engañaron a los de Pizarro entrando hasta la cocina para una vez cocida la pasta anunciar la compra, será difícil de demostrar aunque hay material- entregado a un juez neoyorquino- para llenar varios estantes sobre todo con las anotaciones realizadas por segundos y terceros escalones sobre estrategias de gestión y comunicación. Hay una denuncia al respecto en un juzgado de Barcelona y otra en Nueva York.

Ahora todo se hace a pares, por si acaso falla en la instancia española. Cierto es que después de ver cómo el Supremo da marcha atrás de un mes para otro es para pensárselo y, así lo han hecho casi todos.

Dice Acciona que hasta ahora no ha actuado concertadamente con nadie, pero que si lo estima conveniente lo hará por que es legal. Está claro para pasmo de los alemanes que con una ley de Opas laxa como ella sola en España resulta muy difícil entrar, sobre todo sin permiso del Gobierno. De ahí la emboscada de la que el otro día hablaba Financial Times.

La vieja norma de OPAs va camino de demostrar no sólo su incapacidad para ser efectiva a la hora de defender al pequeño accionista sino cómo, mientras que dos se pelean, un tercero entra en liza compra a manos llenas, hincha el valor y si luego las cosas van mal o no le convienen vende con suculentas plusvalías.

Hay muchos fondos de capital riesgo que han llevado a cabo una estrategia similar con gran éxito en distintas empresas españolas cuando se producen pujas de estas características.

Pero no sólo el Real Decreto de OPAs. Cómo es posible que las empresas, en los institutos, las asociaciones de accionistas, los reguladores, en fin unos y otros, no hagan más que seminarios, libros, informes de Corporate Governance y veamos cómo por ejemplo quince meses después son unos blindajes los que traen locos a todos.

No hay manera de entrar en el consejo de Endesa si la junta no quita esos obstáculos. No es el único ejemplo en el que gestores empresariales se encastillan en las empresas y las hacen invulnerables a terceros, aunque estemos ante flagrante uso partidario de las normas empresariales vigentes.

En esa estamos mientras que todos se lanzan a la yugular de los otros poniendo en duda incluso la labor de los bancos de inversión y, sobre todo, en una prueba de fuego constante sobre el comportamiento y la labor de la CNMV en todos este juego. Si la mitad de las acusaciones de unos contra otro fueran ciertas en la CNMV deberían hacer por lo menos examen de conciencia. Siendo beatíficos a lo peor no pasa nada y todo lo que ocurre es sólo fruto del desgaste empresarial de unos y otros y de los nervios.

Lo que parece claro es que si E.ON ha contado con información privilegiada de Endesa para llevar a cabo su asalto; si además Entrecanales lleva meses buscando socios para trabar la OPA; si los políticos tratan de influir en las decisiones de Caja Madrid o de La Caixa, va a ser muy difícil de demostrar. En esta operación a la que aún le quedan unos meses la verdad se le resiste por que resulta simplemente indemostrable, al menos por ahora.

Si no fuera así veríamos las vergüenzas de unos y otros que ponen a su servicio a ejércitos de bancos de inversión, de abogados, de detectives, de asesores para conseguir sus objetivos bordeando una y mil veces las normas que, por si faltaba algo o están llenas de lagunas o simplemente son laxas de auténtico laxante.

Siempre nos queda la esperanza de que la verdad reluzca ante los juzgados o los reguladores americanos. Habrá que encomendarse a un santo del sur de Manhattan.