No estamos hablando del hundimiento de la Bolsa de Nueva York, cuando la gente se suicidaba saltando de las terrazas de los rascacielos de la Gran Manzana en los albores del siglo XX. El crak de la Bolsa española llegará callado como un tsunami, dentro de unos añitos, todavía hay recorrido. Estamos hablando de un crak que tiene más que ver con las películas “cutre lux” del cine español, donde Alfredo Landa era el rey, y que ha heredado Santiago Segura con su inimitable Torrente, el brazo tonto de la Ley. De lo que estamos hablando es del landismo en la política española, es decir, de ese crack que es Zapatero y que brilló como la estrella polar el pasado día 29 de diciembre cuando nos anunció el éxito de sus negociaciones con ETA y aseguró que tenía “la convicción” de que el 2007 sería el gran año para el final de la violencia etarra, o algo parecido, hasta que unas horas después la T-4 de Barajas saltó por los aires, y el Crack del 29D, que dormía placidamente en Doñana, entre el rumor de las olas, el encanto magnético de la muerte salada del Guadalquivir y el aleteo y los graznidos de miles de flamencos rosas, se despertó con la llamada del malvado Rubalcaba que, astutamente, no le avisó cuando se recibió la llamada de ETA anunciando la colocación de la bomba en Barajas, sino una vez que estalló, para que no tuviera tiempo de irse preparando, para que recibiera el golpe seco en la apepinada mollera.

El mismo Rubalcaba que luego lo rectificó cuando dijo que el proceso de negociación estaba liquidado y que, entre un amago de una angina de pecho, su hartazgo de hacer de niñera del tonto consagrado en el monasterio de El Paular y aún presidente del Gobierno, le dijo: “José Luis, tú vete a Doñana con la familia, que yo me encargo de todo”. Y el Crack del 29D, angelito, se volvió al paraíso terrenal andaluz, dejando el buque del Gobierno a la deriva y junto a los acantilados del PP, por donde también navegaba el gran perezoso de Pontevedra, a la espera de cobrar el pecio del estrepitoso naufragio en ciernes.

Al Crack del 29-D se le ha ido la olla, tiene lapsus como las lagunas de Ruidera, y desvaría, pero antes de salir a por la segunda negociación con ETA, como por segunda vez salió nuestro señor y caballero don Quijote de la Mancha (al que el Crack del 29D no le llegaba ni a las pezuñas de Babieca en gallardía, valor e imaginación), por fin se dejó maniatar al pequeño trono de la Moncloa para que, una vez inmóvil, pudiera ser tratado por un psiquiatra de tamaño desvarío y ansiedad, lo que le obliga a una intensa medicación entre la que Suso de Toro y Moraleda habrán introducido unas sobredosis de EPO y anabolizantes —o unas rayitas de la blanca paloma— para ver cómo se porta hoy en el debate parlamentario sobre la T-4.

Una cita ésta que el nuevo señor de la Moncloa, don Alfredo Pérez Rubalcaba, que en vez de la triple corona se ha colocado el cucurucho de Merlín, no ve del todo clara, por ello se vieron en la necesidad de recurrir a Juan Luis Cebrián, que aún molesto por la filtración de la cumbre de El Paular y sabedor del malestar que ello había producido en la Moncloa, aceptó enviar al nuevo director de El País, Javier Moreno, en función más propia de redactor jefe de urgencias, a entrevistar al presidente, que maniatado como Gulliver le recibió tras haber jurado el visitante que no haría uso del espectáculo que iba a presenciar y del estado de depresión del presidente, al que María Teresa Fernández de la Vega lo tenía cogido por la mano derecha para que su trance fuera menor mientras le leía “el papelito”.

De la entrevista, previamente pactada, no salió luz alguna, salvo la reticencia del Crack del 29D a reconocer nada. Ni lo de la suspensión de la negociación del día 30D, a pesar de que se negó a romper por tres veces mientras cantaba el gallo, ni quiso decir que se acabó el diálogo para siempre —mientras Rubalcaba Merlín decía a NYT que never again—, añadiendo el enfermo desde su postración que “hablar mucho ayuda poco, y hablar poco ayuda mucho”. Una especie de galimatías como cuando Pepiño, al que el Crack del 29D le ha tirado de las orejas, dijo aquello otro de “los que hablan no saben y los que saben callan”. Y por lo que se ve, Zapatero, nuestro crack, presume de que sabe mucho, “el Gobierno tiene mucha información”, repetía el Crack del 29D después del histórico patinazo, precisamente por lo contrario. El entrevistado pasó de puntillas sobre dos cuestiones claves: ¿cómo osó ir de negociaciones sin el apoyo del PP?, ¿cómo se metió a negociar con quien, como ETA, pedía contrapartidas políticas desde el inicio? Eso era mucho pedir al entrevistado en sus pésimas circunstancias físicas y psíquicas, y el entrevistador optó por indultarlo y por echarle una manita: “el presidente no parece ni abrumado ni desbordado”, escribe Moreno con soltura cabizbaja, mientras abandonaba la sala del dolor donde el galeno y sor Teresa de Moncloa permanecían al pie del sillón. Pero en la conversación quedó impresa la sospecha de la gran mentira cuando aparezca el acta de la negociación del alto el fuego, y la entrega del presidente a los pistoleros de la capucha.

Esperemos que el Crack del 29D haya pasado buena noche y que esté en condiciones de subir al cuadrilátero, donde le espera perezoso Rajoy, y en cuya esquina ya está el astuto Merlín, con la esponja, la toalla, el cubo y el ungüento mágico que cierra todas las heridas, y un poquito de aguarrás por si se duerme. Es un combate desigual, por más que el de Pontevedra se las trae con su vagancia proverbial. Apuesto que no quiso ir a la manifestación de Madrid sólo por cansancio. En fin, veremos lo que ocurre, la suerte está echada, lo que si sabemos es que Rajoy, cuando le digan eso de que utiliza la lucha contra el terrorismo para hacer electoralismo, responderá: “Se cree el ladrón que todos son de su condición”. En fin, no adelanto más detalles para mantener la expectación, que es mucha y dará mucho que hablar.