SECRETOS Y MENTIRAS

El pasado 30 de diciembre, ETA volvió a hacer acto de presencia después de más de tres años sin muertos por parte de la organización terrorista. Probablemente, la derecha española y los sectores más jacobinos del PSOE no tarden en recordar el episodio de Perpiñán.

La madrugada del 21 de abril de 1936, los texanos a las órdenes de Samuel Houston se disponían a cargar contra el ejército mexicano, que mantenía para el país vecino la mitad del Estado de la estrella solitaria, la República Independiente de Texas. La victoria permitiría una breve independencia de Texas como país con Houston como presidente, que en 1945 y con la ayuda del Ejército estadounidense, acabaría con las pretensiones del dictador mexicano, el general Santa Ana. El grito de guerra de Houston la legendaria noche de 1836 se haría memorable: «¡Recordad el Alamo!». En el Alamo, una antigua misión católica española, el 6 de diciembre de 1910 un grupo de colonos anglosajones compuesto por 187 personas, liderados por William Travis, Jim Bowie y David Crochet, se alzaron en armas contra la dominación mexicana. Resistieron 23 días el asedio de 1.800 soldados mexicanos antes de ser completamente exterminados.La historiografía seria sin embargo sostiene que se trataba de racistas anglosajones que no querían compartir territorio con los mestizos mexicanos y cuyo fin último no era la independencia sino su anexión a los Estados Unidos.

Sea o no real la leyenda, lo cierto es que no tardaremos demasiado en oír un grito similar: «¡Recordad Perpiñán!», procedente probablemente de la derecha española y de los sectores más jacobinos del PSOE.Tras más de tres años sin muertos de la organización terrorista, ETA ha vuelto a hacer acto de presencia. Voló el aparcamiento de la T4 en el aeropuerto de Barajas y mató a dos personas. El proceso de paz del presidente del Gobierno, José Luis Ro-dríguez Zapatero ha sido un rotundo fracaso, no sólo porque los etarras hayan roto el «alto el fuego indefinido» que declararon hace un año, sino que por primera vez en tres años han vuelto a matar.Las palomas de la organización terrorista como Arnaldo Otegi, en el brazo político, o 'Josu Ternera', en el brazo militar, están perdiendo la batalla en el seno de ETA. Es cierto que los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las torres gemelas de Nueva York y, sobre todo, la masacre del 11 de marzo de 2004 en Madrid, dejan a la organización como un residuo criminal de un pasado que ya nadie cree. Es como si sólo ETA creyera en la leyenda del Alamo, y parte de sus dirigentes estén dispuestos a llegar hasta el final a cualquier precio.

El fracaso del proceso de paz ha situado a Zapatero, que ya vivía sus horas más bajas desde que ganó las elecciones del 14 de marzo de 2004 ante un PP que representaba la mentira y el interés electoral por encima de la tragadia, muy por debajo de cero. En los últimos meses, Zapatero ha sido el mejor aliado de un PP que ha mantenido movilizada a su parroquia desde el mismo 15 de marzo de 2004, ya fuera oponiéndose a los proyectos más avanzados socialmente del PSOE, o más entroncados con el populismo de izquierdas, ya defendiendo las teorías conspiratorias sobre un nexo entre el comando Lavapiés compuesto exclusivamente por islamistas y ETA.

Pero, ante la reaparición de ETA, ha entregado la mejor munición al PP con su gestión del proceso de reforma autonómica de Cataluña.Primero, hace un año, ninguneó al presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, al pactar la reforma con Artur Mas y con CiU mientras el propio Maragall se enteraba por la prensa de que Zapatero había decidido sustituirle como candidato a la presidencia de la Generalitat al entonces ministro de Industria y primer secretario del PSC, José Montilla, el actual presidente de la Generalitat. Luego, cuando una vez aprobado el Estatut se convocaron elecciones, implicándose en la desastrosa campaña de Montilla ante lo que preveía el desastre de volver humillados a la oposición en Cataluña, a pesar de la tradicional preferencia de los socialistas españoles por que los nacionalistas se ocupen de las nacionalida-des.Y finalmente, viéndose incapaz de impedir la reedición del tripartito a pesar del batacazo de Montilla no frente a Mas, que le sacó 11 escaños de ventaja, sino ante el propio Maragall, que tres años antes había logrado cinco escaños más que él.

La reedición del tripartito en Cataluña suponía para Zapatero la permanencia de las alianzas en el Congreso de los Diputados.No podría cambiar a la díscola Esquerra por la moderada CiU, capitaneada en Madrid por Josep Antoni Duran Lleida, para dar los pasos más osados en el proceso de paz vasco. Algo que le ha impedido hacer gestos a la banda y a la izquierda abertzale y que ha provocado la respuesta de los halcones etarras.

Zapatero está tocado, y mucho, hasta el punto de referirse en varias ocasiones al atentado de la T4 como accidente. Es evidente que el lapsus linguae responde a la existencia de víctimas. En su fuero interno, Zapatero sabe que ETA no pretendía causar víctimas mortales, sólo enviar un mensaje de advertencia algo más serio que la kale borroka. Pero la cuestión es que hay dos muertos, y no dos meritorios tenientes generales con pasado franquista, sino dos jóvenes ecuatorianos que sólo pretendían mejorar las vidas de sus familias, algo que ha convertido la demencia criminal de ETA en la misma que la de los islamistas del 11-M cuando decidieron atentar contra unos trenes en los que sólo viajan dignos representantes de la clase trabajadora. Ese es el primer punto de contacto objetivo entre ETA y el 11-M.

El tripartito catalán, además, tiene como vicepresidente al mismo hombre que se fue a Perpiñán en enero de 2004 a reunirse con Josu Ternera, un Josep Lluís Carod-Rovira que, en su egomanía, pensó que él solito podía resol-ver la cuestión vasca y dejó que ETA le utilizara para humillar a Cataluña. El «¡Recordad Perpiñán!» está cada día más cerca.

Como Duran lo sabe, ha empezado a ofrecerse como ministro, aprovechando que en el socio mayoritario de CiU se están tirando los trastos a la cabeza por el resultado de las elecciones de noviembre.Convergència ha señalado a Antoni Vives y a Antoni Fernández Teixidó como los conspiradores que han fabricado una inexistente corriente crítica para que los medios de comunicación piquen y hablen de crisis en CDC. El efecto pasará, pero a los de CDC les preocupa el móvil. Y está muy claro: Duran quiere gobernar, si no en Cataluña en Madrid, y nadie mejor que los despechados de Convergència para empezar a convencer a un bloque que está por el «no».

felix.martinez@elmundo.es

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