Los jóvenes se sienten frustrados por la falta de vivienda, la escasez de trabajo o los contratos basura. Tienen razón, pero pocos colectivos han sido más beneficiados por el paso del tiempo y en una veintena de años se les ha eximido del servicio militar, terrible e inútil murga que les reventaba media juventud; mientras, los contratos laborales serán lo que sean pero son mejores que antes, y los periodos de aprendizaje ya no condicionan los salarios; a la par, la enseñanza y la universidad han multiplicado sus centros y oportunidades; al alimón, la liberalidad de costumbres ha aventado el confesonario religioso y la mojigatería moral burguesa, lo que abre puertas al placer y a la plenitud personales, cerrándolas a tanto enfermizo complejo; también la ayuda mutua familiar, auténtico prodigio para la estabilidad personal y la social, ha cobrado un auge y una cordialidad desconocidos; y si la proliferación de hipotecas destinadas a la vivienda es cierto que esposa al usuario durante lustros, asimismo constituye un fondo de pensiones masivo e incluso más rentable que los famosos fondos norteamericanos...
O sea, que si las dificultades siguen existiendo, igualmente han crecido las mejoras. Con lo que acaso la pregunta adecuada sea ésta: ¿qué ocurre en los hechos y en las mentalidades para que tantos factores objetivamente favorables y nuevos resulten desaprovechados u olvidados?, sin que los educadores y los sociólogos se ocupen en serio de ello. Y cuando lo hacen los políticos es para prometer decenas de miles de pisos casi gratis que nunca llegan, echando más leña al fuego. Todo lo cual ha suscitado o impulsado peligrosos fenómenos de marginación, desde el okupa al de la violencia, pasando por la indigencia y la delincuencia, que acosan sobre todo al inmigrante. Ahora la misma Generalitat, que amenaza con expropiar pisos a sus propietarios, ha nombrado conseller de Educació a alguien ajeno a la materia y ha unido Universidats a Comerç i Turisme, ¿Franco no hermanó Información y Turismo? Claro, lo fácil consiste en eludir el corazón de los problemas y después, para que los jóvenes se desfoguen, echarlos a que organicen manifestaciones callejeras, y al fin inocuas, contra la globalización, la derecha, Bush o la especulación. Y atención: los cambios que han conocido otras edades o grupos aparecen más reconocidos o efectivos, pese a los fallos que registren, como los que afectan a los ancianos y a los enfermos, o los que ya inciden en la ubicación laboral y social de la mujer, aunque el machismo prosiga alocado y criminal... ¿Y no provendrá de ese desfase juvenil la macabra inconsecuencia que invade al joven al volante?

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