“Pones agua en una botella y se convierte en una botella. La pones en una tetera y se convierte en una tetera. El agua puede fluir o puede golpear....” Conclusión: Be water, my friend.

La televisión manda y la población española se polariza una vez más. Una mitad sigue sin entender qué tiene que ver con vender coches la resurrección filosófica del mito de las artes marciales de los años sesenta. La otra mitad, aburrida ya de hacer corrales y corralillos con “el Koala”, ha cambiado el grito de guerra y pide calma cuando corresponde, y también cuando no, a su interlocutor diciéndole que “sea agua”.

Imagino que gracias a la popularización de la frasecilla, alguna agencia de publicidad se llevará algún premio importante, a pesar de que será difícil demostrar una incidencia real en la evolución de las ventas del coche que no se anuncia en el anuncio de Bruce Lee.
Tomo prestadas dos ideas de esta historia y me lanzo inmediatamente a divagar sobre la evolución del dólar en el año que hemos arrancado.

La primera idea tiene que ver con el fluir del agua, o más concretamente, con la tendencia generalizada de los analistas del mercado de divisas en seguir la corriente y ajustar sus estimaciones a la tendencia.
Normalmente, en otro tipo de análisis, aunque también se produce una tremenda adaptación a los entornos, no se ven cambios tan bruscos de opinión, o cuando se producen, suelen incorporar un mayor esfuerzo en explicar cuál es la circunstancia que justifica el nuevo precio objetivo. En las divisas no.

Estimaciones

Sistemáticamente, las previsiones de la mayoría de las casas se sitúan al alza o a la baja respecto de un cierto hito numérico que pueda tener cierta significación psicológica (1,3$/e - 1,50$/e). A partir de ese punto, incluirán un aviso adicional que consiste en prevenir al inversor que la superación de ese punto puede producir una caída o subida sin referencias.

Son tantas las fuerzas que conforman el equilibrio de una paridad como la del dólar/euro, la que a los españoles más nos afecta, que en defensa de quienes tienen que predecir su evolución, debo decir que hacen imposible realizar cualquier estimación en cortos plazos de tiempo.
El anclaje en la tendencia suele ser un recurso que funciona algunas veces pero, sobre todo, es mucho más fácil de explicar. Siendo agua, nuestra vida será un poco más sencilla.

La segunda idea tiene que ver con el propio efecto de autoalimentación de las modas. En contraste con la división de opiniones machadiana que se está dando en las encuestas españolas sobre cualquier tema (sea toros, política o megahamburguesas) el mercado de divisas lleva varios años posicionado en el mismo lado. El dólar tiene que bajar. En mínimos históricos respecto la libra y el euro, la siempre difícil decisión sobre la posición en divisas de cualquier cartera, ofrece en este año una clara oportunidad para el enfoque contrario.

Argumentos contra el dólar

Muchos argumentos en contra del dólar se han estirado exageradamente. Déficit comercial, diversificación de los bancos centrales asiáticos, petrodólares que ofenden poseer a los Gobiernos de los países “alineados contra EEUU...” son algunas de las historias con las que la prensa nos insiste todos los días, al lado de vaticinios de llegar inminentemente a niveles del 1,50$/e.

Mi opinión es que tanto el dólar como la bolsa americana suponen este año una buena oportunidad de inversión. Su economía está por delante de la de Europa en el momento del ciclo económico y, si se presentan problemas, siempre es mejor tener margen para bajar los tipos de interés.

Ser agua y fluir en corriente es el mantra de moda pero water can crush como también dice el filósofo chino que sale por la tele.