Jean Rochefort se puso en el cine en la piel de Antoine, un tipo que, siendo adolescente, contempló extasiado el seno blanco y redondo de una peluquera por el escote de su bata entreabierta. Desde aquel día, siempre pensó que nadie sería más feliz en el mundo que el esposo de aquella mujer y no cejó en la edad adulta en su empeño de encontrar su peluquera, que descubrió en Matilde, nada menos que Anna Galiena. La película fue un éxito allá por 1990, seguramente por su descenso al subconsciente de los fantasmas sensuales de la infancia.

Ignoro si Marcos, el marido de la peluquera Ana María Ríos, se identificó en su día con Antoine; de hecho, cuando el filme se estrenó, debía de tener la misma edad que el actor que encarnaba al personaje de Rochefort en su adolescencia. Ana María Ríos es la pontevedresa de 26 años que fue a pasar la luna de miel con su pareja en el Maya Beach Resort de Cancún y, regresando de siete días de sol, amor y mar, se encontró con que un aduanero del aeropuerto halló dos balas y un detonador que alguien puso en su maleta. Comenzaba así una pesadilla que pudo haber concluido en un drama de no mediar las autoridades españolas. Si hace tres meses toda España pudo ver la imagen de la joven peluquera esposada, ahora todo el país ha tenido ocasión de verla recuperada en la revista Interviú.Entonces se liberó de la cárcel mexicana, ahora se ha liberado de todo complejo. Yha aparecido vestida para matar o, mejor dicho, desnuda para vivir, en la portada y páginas interiores de la revista, bajo el título "La gallega de Cancún". No aparece el marido de la atractiva peluquera, cuyo busto es perfectamente comparable al que trastorna a Antoine en la película, así que no sabemos qué opina de tan intrépida iniciativa por la que parece que ha cobrado 90.000 euros, con los que podrá volver noventa veces más a la Riviera Maya. La madre sí da la cara en el reportaje para advertir que su marido comentó sobre el desnudo que, si ella quería hacerlo, que lo hiciera, pues se lo merecía, igual que merecía recuperar el dinero que ha perdido en su fatal aventura. La peluquera pontevedresa ha sido más ocurrente al declarar: "Me avergüenza más que toda España me viera esposada que desnudarme".

Con este cuerpo serrano esta chica viene a decirnos que a lo hecho, pecho. Asegura que uno de sus sueños era posar desnuda, así que no hay mal que por bien no venga. Su desabrigo es un canto a la libertad de quien ha conocido la prisión. Es una manera de ponerse el mundo por montera por parte de quien sólo ponía secadores. Es una manera de descubrirnos que la pornografía no es posar desnuda, sino ponerle precio a nuestra intimidad.