Fumata blanca en Berlín. Vuelve la locomotora alemana. Por primera vez en cinco años, llegan buenas noticias desde la capital europea, y no sólo porque el Gobierno de Angela Merkel haya conseguido meter en cintura el ingente gasto público y el déficit se situase en 2006 por debajo del 3% –el límite máximo permitido por el Pacto de Estabilidad–, sino también porque la mayor economía de Europa ha rebasado las previsiones más optimistas y logró el año pasado el ritmo más alto de crecimiento desde 2000: un 2,5%, en tasa interanual.
Y es que el despertar del consumo de los hogares ha venido a reforzar un sector exterior que no ha dado muestras de debilidad en este lustro y ha sostenido el pulso del país gracias, en buena medida, a la ampliación de la UE hacia el Este. De hecho, la Comisión Europea publicó recientemente un informe que concluye que la economía germana ha sido la más beneficiada por la entrada de los diez nuevos socios comunitarios, ya que ha permitido elevar hasta más de 40.000 millones de euros el superávit exterior germano. A este se ha sumado el sector de la construcción, que creció un 3,2% tras una larga recesión.
Ahora la pregunta es si la cabecera del tren europeo tiene la suficiente resistencia para tomar el relevo de EEUU como impulsor de la economía mundial. De hecho, economistas como Ulrike Kastens, de la firma Sal.
Oppenheim anticipan que “todavía prevemos alguna recaída de la economía este año, pero somos muy optimistas, teniendo en cuenta los indicadores positivos de confianza, en que 2007 será un año muy bueno a pesar del incremento del IVA” de tres puntos porcentuales, que ha entrado en vigor este mes, informa Carmen Vela desde Berlín.
Por el contrario, EEUU se ha encontrado con que los obstáculos en el camino han frenado el impulso positivo que la crisis de los huracanes supuso para la actividad económica. El consumo privado ha echado el freno, acechado por el fuerte alza de la inflación –acumuló una media del 3,3% hasta septiembre de 2006– y los tipos de interés, en el 5,25%, por lo que ya se escuchan voces pidiendo a la Reserva Federal que abarate el precio del dinero.
Salud financiera
Una de las diferencias entre ambas economías es la salud de sus cuentas. Mientras el déficit público de Alemania mejora, el de EEUU empeora y podría agrandarse aún más si George Bush consigue la aprobación del Congreso para aumentar el despliegue de tropas en Irak, que tendría un coste de 6.800 millones de dólares (unos 5.200 millones de euros).
Además, la economía germana tiene el sostén de su sector exterior, que aporta una suculenta liquidez todos los meses, mientras que EEUU sufre el problema del doble déficit, presupuestario y exterior, que llega ya a 215.400 millones de dólares (unos 167.000 millones de euros). Finalmente, los hogares germanos tienen un nivel de endeudamiento muy lejano al ahogo financiero que sufren en EEUU.
Pero Alemania cuenta con otro aliado para imponer la voz europea: el euro cotiza muy por encima de la moneda americana –ayer a 1,2939 dólares–, lo que la puede convertir en seria alternativa de inversión para los países asiáticos, los verdaderos rivales a largo plazo de Europa y EEUU en la lucha por la hegemonía económica.
Precisamente ayer, Eurostat revisó al alza el PIB de los Veinticinco, que habría crecido un 3% en el tercer trimestre del año pasado, frente al 2,9% anunciado anteriormente. La zona euro mantuvo el incremento del 2,7%, gracias al despertar de la demanda interna comunitaria, principalmente la alemana, y la mejora de las exportaciones.
Pero la fortaleza del euro es un obstáculo para el comercio exterior comunitario. De hecho, en España, los efectos de las subidas del petróleo en 2006, junto a la pujanza de la moneda única, explican que el precio de las exportaciones supere al de las importaciones por tercer mes consecutivo.
Según el INE, el coste de los productos vendidos al exterior repuntó en noviembre, un 3,7%, mientras que los precios de las importaciones se moderaron y crecieron un 2,4% en noviembre.

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