Muertos de primera y de segunda, de Ángel Expósito en La Vanguardia
Seamos políticamente incorrectos y sinceros. Aquí, y quizás en todas partes, hay muertos de primera y de segunda. No pesan lo mismo los ataúdes de unos y de otros, unos nombres se nos quedan en la memoria y otros se nos borran en un tris-tras.Incluso los políticos parece que lloran a unos de determinada forma y a otros, casi ni caso. Y con nosotros, los periodistas, tres cuartos de lo mismo. ¿O acaso hemos informado sobre Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate como lo hubiéramos hecho de fulanito de tal o menganito de cual, nacidos en cualquiera de nuestros pueblos o barrios? Pues no.
La pasada semana ilustraba esta misma página el rostro de Diego. Y yo sigo erre que erre porque no entiendo, me resulta incomprensible, cómo podemos estar ya a tortas con pactos y contrapactos, con reuniones, comparecencias, comunicados, reacciones, legalizaciones y calendarios, cuando aún no se ha compactado la tierra de los dos cementerios donde reposan los muertos. Esta sociedad, y en el fondo este problema, no tiene cura.
Las lágrimas de las madres y los gritos histéricos del entierro hubieran variado poco de ser españoles las víctimas en lugar de ecuatorianos. Los bomberos se habrían dejado las uñas igual, los sanitarios y forenses habrían certificado la evidencia del mismo modo y el cinismo asqueroso de los asesinos quizás hubiera tardado unos minutos más en salir a flote, pero habría aparecido exactamente igual de campante. Los políticos habrían tardado también algo más en demostrar sus miopías respectivas.
Las autoridades que deberían estar por encima del bien y del mal también habrían cambiado su postura. Si los dos muertos hubieran sido españoles, seguro que el Rey o el príncipe de Asturias habrían pisado Barajas y la Reina o doña Letizia habrían dicho adiós a los féretros en Torrejón. Seguro. Y no lo han hecho. Como son ecuatorianos, los responsos los oficiaron el capellán de la base aérea o el sacerdote del aeropuerto mientras que las máximas autoridades eclesiásticas aparecieron diez días después. Hasta las asociaciones de víctimas han brillado por su ausencia. Maite Pagaza o Francisco José Alcaraz han perdido buenas ocasiones para dejarse ver y no convocar, cada uno desde su plano a los suyos. Pero como diría aquel, siempre ha habido clases y hasta nacionalidades.
Los periodistas habríamos rescatado no sé de dónde sus álbumes de fotos, si hubieran sido españoles. Tendríamos al alcalde correspondiente día y noche en el candelero; los vecinos, los hijos, familiares y hasta compañeros de trabajo habrían sacado el color correspondiente para un nuevo lazo. Pero los ecuatorianos apenas mandaban 300 euros, el que más, a su aldea. Un poco más allá. ¿Sería lo mismo si los asesinados, en vez de nacer en Ecuador, fueran naturales de Argentina, Chile o México? Hasta ahí hay categorías y no digo nada si los ataúdes, en vez de aterrizar en Quito, lo hubieran hecho en Washington, París o Londres. A lo mejor, en vez de separatistas eran terroristas quienes los mataron como a ratas. Ojalá no tengamos que comprobar mi hipótesis con muertos de más nacionalidades. Nos evitaríamos, además de las lágrimas, espectáculos como los que estamos viviendo.
Sin críticas al presidente
Cerca, muy cerca del despacho del presidente del Gobierno hay quien no ve las cosas tan claras o tan uniformemente como se aparenta. Pero ¿quién se lo dice? Alguien que le quiere, y mucho, como dicen las camisetas, advierte que a Rodríguez Zapatero le hace falta una persona que desde la lealtad le diga a la cara lo que no le gustaría oír. "Hasta entonces - me dice el susodicho- le faltará una pieza muy importante del puzzle".
El papel de los empresarios
Entre las muchas incógnitas que se abren tras el atentado y que se irán desvelando a medida que se conozcan, figura la extorsión y el mal llamado impuesto revolucionario.Los expertos aseguran que la mera ruptura de la tregua habrá provocado ya "por generación espontánea" que muchos extorsionados, sin necesidad de recordatorio, hayan reabierto los cauces que se dieron por cerrados en su gran mayoría.
Apuesta por Imaz
El Gobierno apuesta por la figura política del presidente del PNV, Josu Jon Imaz, en el futuro político de la cuestión. Desde el Ejecutivo evalúan muy positivamente la reacción del líder nacionalista vasco frente a las del propio lehendakari Ibarretxe. Zapatero pretende, en ese sentido, ayudar en lo posible a Imaz. En la misma dirección, el Ejecutivo mira con lupa y elogia la labor de la Ertzaintza y del consejero Balza en las últimas semanas.
