Ha dicho la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, que el Pacto Antiterrorista que el PP y el PSOE firmaron en el 2000 es “un papelito”. Pues sí que estamos bien, querida María Teresa, tú también, hija, y con esos pelos. El día que con rostro de plañidera apareciste en la sala de prensa del palacio de la Moncloa para acompañar al presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, en la declaración y posterior rueda de prensa del día 30 de diciembre —en la que esperábamos sólo una frase del primer gobernante: “acabo de presentar, ante Su Majestad el Rey, mi dimisión”—, y en la que el líder de cartón piedra dijo aquello de que el proceso estaba suspendido y no roto, y como Pedro negó por tres veces la ruptura de su relación con ETA. Ese día, creí, María Teresa, que el interés general y la cruda realidad de la bomba de Barajas habían tocado el techo de tu paciencia y sentido común y que, por fin, dejado sobre tu mesa el casco y la manguera de primera bombera del Gobierno, te despedías de la política hasta más ver. Pero no.

Después de haber estado metidos en la cama con ETA y Batasuna, sin decir la verdad de las que eran sus aspiraciones y los compromisos de la negociación —que se ocultaron al Congreso de los Diputados, a la oposición, al PSOE y a la ciudadanía—, ahora, en plena retirada y desorden, habéis reanudado la bacanal. Esta vez bajo la cama con PNV y ERC, una segunda trinchera en una fuga permanente hacia atrás, hasta que lleguéis al borde mismo del precipicio donde sólo cabe saltar, en el vacío. Entonces, María Teresa, lo del Pacto Antiterrorista es “un papelito”, y lo de Zapatero es un papelón. ¿Acaso ha sido Ludolfo Paramio el ideólogo de esta catástrofe en la compañía de Suso de Toro, de Javier de Paz y Miguel Barroso? No sería nada de extrañar.

María Teresa ha estado callada, perpleja, perdida y desconcertada hasta que Zapatero, el falto —así llaman en Cuenca a los que se les va la olla, o han perdido la cabeza— de la sonrisa, la obligó a salir en rueda de prensa a insultar y amenazar a Mariano Rajoy a los pocos minutos de abandonar la Moncloa, y tras decir esa otra mentira reiterada de “yo no comento lo que dicen otros dirigentes políticos” —por Otegi—, pero sí comenta lo que dice Rajoy, por encargo furioso de un presidente, el falto, que no sabe dónde está o dónde tiene la mano derecha, o la mano izquierda, y que pretende silenciar al PP, otra vez la eterna obsesión de la Moncloa de callar al adversario, la mafiosa omertá, la ley del silencio, para tapar y salvar al insalvable líder. No insistas, María Teresa, Zapatero ha perdido la partida, dio órdago con dos pitos y los etarras lo han cogido en el farol, y lo han dinamitado, no hay nada que hacer, y te voy a decir más: al PP le conviene que siga Zapatero un poco más donde está porque el viento y el segundo tsunami o atentado que se avecina será leído por los españoles como la traca final de una presidencia de locura y disparate, en manos de un jefe de Gobierno que el 30 de diciembre no quería romper la tregua no fuera a ser que ETA sacara un comunicado de mano tendida, y le quedara, todavía, otra oportunidad. Pero ¿no lo ves, hija?

La vicepresidenta sigue teniendo buena imagen en las encuestas porque trabaja, da la cara en los problemas, asiste en las catástrofes y cuida sus palabras, que suele llevar escritas, precisamente en un papelito, o fichas que le prepara Angélica con primor. Pero el tiempo se ha agotado, hasta aquí llegó la riada, no hay margen y la aventura falsa y sin proyecto, ni pies ni cabeza de Zapatero ha llegado a su fin, y con él caerán todos los de su entorno, salvo que alguien pida un poco de sentido común y racionalidad para ver cómo se recompone, no el consenso de los demócratas —porque ¿acaso son demócratas los de ERC del Tinell y sus muchas andanzas, o los del PNV que tienen en el País Vasco la democracia y las libertades por los suelos, mientras ellos se pasean sin escolta, cosa que no pueden hacer todos los demás?—, lo que hay que recomponer y pronto es la legalidad. María Teresa, el Pacto Antiterrorista no es “un papelito”, porque el día que se aplicó ETA y Batasuna estaban arrinconadas, en las cuerdas del ring, y precisamente por eso pidieron árnica y negociación, pero como el falto de Zapatero les dijo que todo era negociable, incluso la Constitución y el modelo de Estado, y que él había empezado a cambiarlo todo por la gatera de las leyes orgánicas, como en el Estatuto catalán, ETA se lo creyó, ofreció el alto el fuego y a esperar. Hasta que hartos de esperar estallaron la Terminal 4 de Barajas.

Cuidado, María Teresa, porque no vas a ser ni la sucesora de Zapatero, ni la estrella emergente de la crisis en vigor. Que Pedro J. te haya nombrado la mujer del año —el hombre del año lo ha sido sin lugar a dudas Manuel Pizarro— no quiere decir nada. Eso forma parte del manoseo del director de El Mundo, a cambio de las ayudas que le habéis dado en lo de la piscina de Mallorca y los títulos nobiliarios con su efecto retroactivo ¡justo hasta la presentación de su recurso!, un escándalo político, con olor a podrido y a tráfico de influencias, que esperemos que solucione el Tribunal Constitucional. No te fíes de Pedro J., que está escondido bajo la alfombra y no le pide responsabilidades a Zapatero porque no quiere que se le estropee lo de la conspiración del 11M, y esto del 30D lo ha dejado absolutamente desconcertado y perdido después de más de dos años de portadas en las que se infla el perro y no se exprime el limón, del minicerebro del primer inquilino de la Moncloa, el falto, María Teresa, y tú lo sabes. Y no le des más vueltas y súbete en una de esas libélulas de cristal que llevas en la solapa y echa a volar, que te lo dice de verdad —quien no espera nada, ni debe nada, ni nada le deben— desde la información, el sentido común, la evidencia y también desde la libertad.