El Gobierno cambia su discurso respecto al déficit exterior. Después de que el vicepresidente económico, Pedro Solbes, al igual que otros altos cargos del equipo económico, restase importancia hace unas semanas al desequilibrio de la balanza de pagos, un informe publicado por el Ministerio de Industria admite ahora que se trata de un problema “insostenible a medio plazo”.

El estudio apunta que la pertenencia de España a la zona del euro “ha aumentado el umbral de desequilibrio exterior sostenible como consecuencia de la mayor facilidad de acceso a la financiación externa”, ya que antes de integrarse en el sistema monetario, el Gobierno español se veía obligado a devaluar la moneda o realizar planes de ajuste si el déficit superaba el 3% del PIB. Sin embargo, ese margen para financiar el agujero exterior “puede conducir a un excesivo déficit exterior” –el de España roza ahora el 10% del PIB–, una situación que sólo podría resolverse con ajustes bruscos. El autor del documento, el profesor de la Universidad San Pablo CEU Jesús Paúl Gutiérrez, alerta de que entonces “la única vía será la de la desinflación competitiva, con los consiguientes costes en términos de crecimiento y desempleo”, ya que el lento ajuste a la baja de precios relativos y salarios que pueden llevar a cabo las empresas no sería suficiente.

Portugal, como ejemplo

Para afrontar este reto, el Gobierno tiene un ejemplo en el que mirarse: Portugal. Desde antes de la entrada en la zona euro, la economía vecina acumula un déficit exterior cercano al 10% de su PIB. Las suculentas condiciones financieras del área de los Doce no hicieron sino engordar un problema que se hizo crónico, y que ha terminado por provocar una crisis económica “con un notable aumento del desempleo y con un déficit exterior todavía muy elevado, como consecuencia de las mayores necesidades de financiación de las Administraciones Públicas” para compensar la caída de la inversión privada. El informe apunta que “algunos reputados economistas –entre ellos, Olivier J. Blanchard del MIT– han manifestado que la recesión en Portugal probablemente sea un espejo de lo que en el futuro más o menos próximo le ocurra a la economía española”.

Este análisis, en suma, echa un jarro de agua fría sobre el anhelo expresado por el presidente del Gobierno de que España logre en 2010 la convergencia real en renta con los Quince, debido a que “difícilmente la economía española podrá continuar de forma prolongada el actual proceso de convergencia real [con Europa] si se mantiene la actual necesidad de financiación (superior a 61.500 millones de euros hasta septiembre de 2006) o, en última instancia, si no cambia el tradicional modelo de crecimiento basado en la demanda interna”, alerta el informe.

Y es que el documento publicado por el Ministerio de Industria culpa al “peculiar patrón de crecimiento” de la economía española de las debilidades acumuladas, como el deterioro de la productividad y la competitividad, el endeudamiento de las familias y la sobrevaloración de la vivienda, de las que el mejor termómetro, según el informe, es el elevado y creciente déficit exterior. La toma de conciencia de la gravedad del déficit exterior ha sido reclamada al Gobierno por varios organismos internacionales e, incluso, la Comisión Europea ya solicitó el mes pasado un plan de urgencia contra este “insostenible” desequilibrio.

Producción al alza

Precisamente la industria, uno de los causantes de este déficit por su constante demanda de financiación, sigue dando muestras de dinamismo. Su producción volvió a crecer con fuerza en noviembre del año pasado, un 4,1%, impulsada por la compra de bienes de equipo (el pilar de la inversión) y productos de consumo. Sin embargo, la industria de bienes de equipo se está alimentando fundamentalmente de maquinaria importada, lo que significa un elemento más de presión sobre la maltrecha balanza de pagos.

Los sectores que tiraron de la actividad en el penúltimo mes de 2006 fueron los de maquinaria y material eléctrico (con un alza de la producción del 19,1%), la del mueble (12,4%) y la industria mecánica (11,7%). Por el contrario, la inversión en los sectores informático y tabaquero cayeron con fuerza, un 32% y un 14%, respectivamente.