De los 14.512 minutos dedicados a información internacional en las grandes cadenas de televisión estadounidenses, sólo 7,2 trataban sobre diez crisis humanitarias que, a juicio de Médicos sin Fronteras, son las grandes olvidadas de 2006.

En el tiempo que se tarda en fumar un cigarrillo se despacha la situación de nueve millones de infectados por la tuberculosis, dos millones de los cuales mueren cada año; la de 60 millones de niños que presentan síntomas de desnutrición aguda; la de 3,6 millones de habitantes de República Centroafricana, 100.000 de los cuales han tenido que abandonar el país y refugiarse en Chad; el conflicto del Congo, que en 2006 creó más de 50.000 desplazados; la vida con miedo en Colombia, donde hasta hoy tres millones de personas han huído de sus hogares a causa de un conflicto alimentado por el narcotráfico, que involucra a las fuerzas gubernamentales, a grupos paramilitares y a las guerrillas armadas del ELN y las FARC; a la extrema violencia que persiste en Haití donde, sólo en el barrio de Cité Soleil, 200.000 personas carecen de cualquier tipo de asistencia sanitaria; o los más de 25 años de conflictos en la India (Manipur, Assam o Chatisgar, donde los enfrentamientos entre insurgentes maoístas, fuerzas gubernamentales y milicias antimaoístas han provocado el desplazamiento forzado de 50.000 personas).

Si a esto unimos los enfrentamientos en Sri Lanka, el conflicto de Somalia (revitalizado últimamente) y el de Chechenia, ya tenemos las diez crisis olvidadas de 2006. Algunas permanecen invisibles desde hace años, y otras han sucedido a conflictos y desastres que fueron punto de atención en informes precedentes, como la situación en Liberia, con miles de desplazados; la constante amenaza del hambre en Etiopía, a la que se añade la influencia devastadora del VIH, la malaria y la tuberculosis; la represión en Corea del Norte, o la exclusión de los más pobres de los servicios básicos de salud en Burundi, donde, según MSF, el 99% de la población vive con un dólar al día.

Nicolas de Torrente, director ejecutivo de MSF en Estados Unidos, asegura que estas crisis “afectan a millones de personas que parecen invisibles. Haití, por ejemplo, está a 80 kilómetros de Estados Unidos, pero los violentos enfrentamientos en su capital, Puerto Príncipe, merecieron sólo 30 segundos de atención por parte de los grandes networks en un año entero”.

Aitor Zabalgogeazkoa, director general de MSF en España, pronostica que, “por las dimensiones que está tomando, la de República Centroafricana será la próxima gran crisis humanitaria en los meses que vienen”. En 2006, la población civil de este país fue víctima de la violencia durante el último episodio de un conflicto plagado de golpes de Estado y rebeliones desde 1960.

Mala solución

Zabalgogeazkoa destacó también la crisis provocada por la tuberculosis, una de las principales causas de muerte en el mundo, especialmente en los países en desarrollo. Además de los dos millones de muertos anuales que provoca, los expertos se muestran alarmados por la aparición de 450.000 nuevos casos de tuberculosis multirresistente cada año, una cepa resistente a los antibióticos de primera línea y a dos clases de medicamentos de segunda línea para tratar la enfermedad. Zabalgogeazkoa explica que, sólo en Sudáfrica, muere un 10% de los pacientes, incapaces de responder a ningún tratamiento de los que existen actualmente. MSF denuncia que ninguno de los fármacos para tratar la tuberculosis actualmente desarrollados podrá mejorar el tratamiento de esta enfermedad en un futuro próximo.

Y a esto hay que añadir el hecho de que la tuberculosis es también la principal causa de muerte entre la gente que vive con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

Por lo que se refiere a la desnutrición, que provoca cientos de miles de muertes evitables, el informe de MSF recuerda que “las emergencias nutricionales suelen asociarse sólo a conflictos y desplazamientos, pero la desnutrición aguda tiene una elevada prevalencia en países estables, aunque sean pobres”. Un ejemplo es Níger, donde en realidad no falta comida –no es Etiopía en 1984, ni Sudán en 1998– pero la gente se muere de hambre, porque no puede comprar alimentos. Se trata de una cuestión de mercado, una crisis real de nutrición que se da precisamente en el lugar donde se produce la comida para todo el país.

Hoy una nueva generación de productos terapéuticos preparados, la ready-to use therapeutic food o RUTF, como el Plumpy’nut, una pasta a base de leche y mantequilla de cacahuete, permiten tratar en régimen ambulatorio a niños desnutridos sin complicaciones médicas. En Níger, la RUTF ha permitido tratar con éxito a 150.000 menores con desnutrición aguda severa en dos años.