La política es un oficio muy cruel. Es tanta la incertidumbre con la que trata el político, que éste debe asumir grandes riesgos para intentar un cierto control sobre la realidad, aunque sólo en contadas ocasiones obtenga resultados tangibles. Por esa razón, entre cobardes, a menudo todo se reduce a grandes gesticulaciones, a mera simulación de ejercicio del poder, para evitar tomar tales riesgos. Bastante complicado es conservar el cargo. Y, en estas circunstancias, la política se reduce al intento obsesivo de reinterpretación de la realidad para simular que ésta se comporta según los designios previstos desde la política. No: no me estaba refiriendo a ERC, sino a lo que le acaba de ocurrir a Rodríguez Zapatero y a su apuesta por un proceso de paz para acabar con ETA.
Efectivamente, si el proceso hubiese seguido adelante, sumando a la ausencia de atentados y muertes algún que otro gesto de distensión por parte de ETA - digamos, aunque sólo hubiera sido un comunicado de buenos augurios para el 2007, al estilo del de Zapatero para el Fin de Año-, el presidente del Gobierno español habría llegado a las elecciones como un héroe, y casi sin parpadear. Pero si, como ha sucedido, y sin que nadie sepa muy bien por qué, en ETA alguien decide actuar criminalmente al margen del proceso, resulta que Zapatero se convierte en un ingenuo mal informado, a punto de perder lo que habría sido su principal baza electoral. La cuestión es: ¿Rodríguez Zapatero estaba arriesgando demasiado y ha sido víctima de la sinrazón de ETA, o el proceso de paz no había pasado de ser una gran gesticulación que disimulaba, precisamente, la ausencia de decisiones atrevidas? Dicho de otro modo: ¿el actual proceso de paz ha acabado mal por exceso de riesgo o por haber arriesgado demasiado poco? ¿Zapatero ha sido un insensato o un miedica?
En el fondo, la sensación de fracaso que acecha al presidente del Gobierno español es mayor en la medida en que hasta ahora había conseguido que todos sus gestos - o gesticulaciones- acabaran bien. Desde la retirada de las tropas en Iraq hasta la reforma estatutaria en Catalunya, daba la impresión de que Zapatero siempre caía de pie. En el primer caso, gracias a los acontecimientos posteriores, la retirada de Iraq ha parecido una decisión tomada en la buena dirección, aunque podía haber ocurrido exactamente lo contrario. Más claro fue en el caso del Estatut, en el cual la arriesgada promesa de respetar a la mayoría del Parlament de Catalunya acabó con la jugada maestra del pacto con CiU que pudo llegar a convencer de un gran dominio de la situación, a la vez que calmaba los ataques que le llegaban tanto del PP y su entorno mediático como del propio PSOE. Y por si quedaban algunos flecos - como algún que otro recurso ante el Tribunal Constitucional-, el Estatuto de Andalucía copiaba al de Catalunya hasta en lo de ser nación. El estudio comparativo de 74 de los 126 preceptos impugnados de los profesores Lamarca y Casado (http:// www. indret. com/ pdf/ 391. pdf) muestra que lo que el PP impugnaba para Catalunya, en la mayoría de los casos, los populares lo aprobaban para Andalucía. Zapatero remataba en Andalucía la faena empezada en Catalunya. Eso es más que talante: es potra.
Pero como decía al principio, la política es muy cruel. Y como si de un castillo de naipes se tratara, lo construido hasta ahora parece haber sido cosa de mera chiripa, mostrando que, hasta topar con ETA, Zapatero era un verdadero representante de lo que en Catalunya llamamos "néixer amb la flor al cul". Y, en este contexto, lo que ya se había cerrado a favor de Zapatero - es decir, aquello que creo justo que pase a la historia como "Estatut de la Moncloa", por ser donde realmente se fraguó el pacto decisivo-, inevitablemente, vuelve a abrirse. Y es que si tal Estatut era para Zapatero una mera estación - quizás, un apeadero- de una jugada de mayor alcance cuyo término era la paz en Euskadi y la desaparición de ETA, finiquitado este proceso, nuestra Carta Magna regional queda como una simple torna de la mercancía que tenía verdadero valor y que al final nadie ha vendido ni comprado. Ya sé que la política vasca no tiene nada que ver con la catalana, pero por lo menos en esta ocasión la política catalana sí estuvo sometida al ritmo de los objetivos de Zapatero en Euskadi. Si el proceso de paz realmente ha fracasado, habrá que reconocer que a nosotros nos sacrificaron - o nos sacrificamos- inútilmente. Y, de paso, quedará más claro que nuestro Estatut fue resultado de la hasta entonces buena estrella del presidente español y de la vanidad que Mas confundió con la ambición - si por la boca muere el pez, por la vanidad muere el político-.
No acierto a ver cómo Rodríguez Zapatero va a salir de ésta. Su condición de haber nacido con "la flor al cul" sugiere que un nuevo golpe de suerte podría salvarlo. ETA podría intentar un gesto claro de su resolución de desaparecer - a estas alturas, la única fuerza de ETA es la que pueda conseguir con su disolución, si es que alguien la cree- y Batasuna podría desmarcarse con toda nitidez, finalmente, de la violencia. No lo veo nada fácil. Tampoco sé si esto favorecería electoralmente a Zapatero en España, aunque sí en Catalunya. Pero de la misma manera que la política suele ser muy cruel, también es caprichosa y, en algunas ocasiones, el azar se muestra bondadoso.

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