En Andratx, mi pueblo, fueron detenidos el alcalde con varios cofrades acusados de prevaricación, soborno, blanqueo de capitales y tal, tejemaneje relacionado con el urbanismo y el turismo. Precisamente tal maremágnum inspiraba mi última novela, Olympia a mitjanit (Planeta), pues la cuestión no se limita a los estallidos de escandalosa ilegalidad que parece sugerir el trepidar informativo. Se trata de algo peor: efectos de una sociedad de valores triturados y tradición fulminada, con aún la pobreza en el cogote y deslumbrada por la riqueza cosmopolita, además de escéptica ante las estructuras políticas y morales. Andratx sobrepasa los 10.000 habitantes, de los cuales sólo unos 200 han nacido allí y aún menos de padres andritxoles... El pueblo, precaria la pesca y magra la tierra, en 1900 emigraba a Cuba y en 1940 iba a trabajar a Palma en bicicleta si no podía alistarse en la copiosa actividad nocturna del contrabando de tabaco. Mi misma familia participó muy activa de todo ello.

Y bien: sobre este contexto se proyectó una inmigración masiva española, una suntuosa llegada de extranjeros y el alud de sudamericanos o árabes, cada grupo con sus hábitos culturales e idiomas, configurando al fin el conjunto un cuadro de lujo, marginalidad y avidez trepadora, donde se diluyeron las viejas formas de vida locales y hasta su población, que vendió las modestas propiedades y trabajó de servidora en la hostelería, mientras proliferaban las embarcaciones y las urbanizaciones... El propio ex alcalde es extremeño, llegó de guardia civil, se hizo constructor y no creo que hablara mallorquín más que conmigo, ni falta que le hacía, y con él pactaron todos los partidos - no digo en los presuntos fraudes-, a los que fue echando hasta quedarse con uno, el PP, siendo los plenos municipales retransmitidos por televisión y reflejando un bochornoso espectáculo. Falsea el tema, pues, reducirlo a una crítica partitocrática, como se hace, y confundir corrupción con construcción. Porque en ésta si en Andratx se ha abusado, en el vecino Calvià se ha enloquecido y nadie ni lo menta.

A la par dicho edil dispensaba mínimos favores a los vecinos y así cosechó los votos, mientras exhibía cada vez más soberbios coches, chalets, trajes. O sea, que la actuación judicial ha estallado después de años de que la población sospechara de qué iba el asunto y admirara o temiera al infrascrito y asociados, mientras se reafirmaba en la hipótesis populista de que la cosa pública sirve para el uso y abuso de cada quisque con cargo o con dinero. Marbella, Andratx, la costa valenciana, ¿la catalana no?, por ser problemas económicos son mucho más que economía.