El año pasado ha sido pródigo en acontecimientos, y el sector energético ha sido uno de los más animados. Algunos de los hechos se veían venir y se anticiparon en estas páginas. Otros fueron más sorprendentes, y aún precisan de tiempo adicional para poderlos asimilar, intentar comprenderlos, y extraer consecuencias.
Comenzando con el del petróleo, parece que en 2006 no haya pasado nada. Si uno se fijase sólo en el principio y final del año, el barril del crudo Brent ha terminado justo por debajo de los 60 dólares, prácticamente igual que como lo comenzó. Eso sí, en el transcurso de los meses ha tenido unas variaciones muy fuertes, llegando al umbral de los 80 dólares por barril.
Finalmente, el precio medio ha sido de casi 66 dólares, unos once más que en 2005, y 28 sobre la media de 2004. La causa de la subida continua en estos tres años es el efecto combinado de un cúmulo de circunstancias de las que destacaría, sobre todo, la frecuente sensación de inseguridad política en varios países productores (como Irán o Nigeria), la falta de capacidad de refino para procesar crudos pesados (abundantes en el mercado), y un moderado incremento en el consumo global, no satisfecho puntualmente por la oferta disponible (particularmente de productos ligeros).
Algunos lo achacan directamente al crecimiento industrial y demanda de petróleo de China e India. Inciden, pero sólo relativamente, pues sus importaciones conjuntas de crudo son sólo un 20% de las de Estados Unidos más la UE. La subida del precio tampoco correlacionó exactamente con la demanda mundial que, en 2006, apenas fue un 1% superior a la del año precedente.
El año 2006 fue bueno, teóricamente, para los consumidores de gas natural. Su precio en el mercado norteamericano, el mayor del mundo, cayó desde 9,50 dólares por millón de unidades térmicas británicas (MBTU), en enero, hasta unos seis dólares al final del ejercicio.
La media anual fue inferior a siete dólares por MBTU, dos menos que en 2005. Ello confirmó la tendencia bajista de los precios, por el desequilibrio entre oferta potencial y demanda real, creándose una gran burbuja de gas, y tirando del precio hacia abajo. También se comprobó una desarmonía total con los precios del crudo, como pronosticamos hace más de un año, al coincidir subidas del petróleo con bajadas del gas. Sorprende también que, precisamente ahora, cuando persiste la tendencia bajista del precio del gas en los mercados internacionales, se apruebe su subida en España. Parece un síntoma de prácticas de dislexia económica.
Seguridad y oferta
En cuanto a garantía de aprovisionamientos, de crudo y gas, los problemas de seguridad le afectan directamente. En ese sentido, 2006 fue mucho más benigno que el año precedente, que tuvo graves accidentes en la industria petrolífera, como el incendio de la refinería de Texas City, o la destrucción de una plataforma de producción en India, ambos con numerosos muertos, más la restricción en la entrega de crudo y refinados.
Afortunadamente, también la temporada 2006 de huracanes en el Golfo de México, zona clave en el aprovisionamiento de crudo, fue benigna. Muy distinta de la de 2005 (Katrina, Rita), de cuyos efectos aún no se ha recobrado totalmente la normalidad en la producción. Aunque entonces, milagrosa y afortunadamente, no se registrasen pérdidas humanas, afectó seriamente a la producción de petróleo y gas que abastecían el mercado norteamericano.
En 2006, salvo accidentes puntuales, como el incendio del pozo Nezla-15 (Argelia), en septiembre, o la caída de un helicóptero, al final del año, en la bahía británica de Morecambe, no ha habido problemas muy graves de seguridad. Incluso, dichos accidentes no causaron ningún problema en los suministros de crudo o gas.
En cambio, los problemas operativos en la red de oleoductos de Alaska, con derrames pero sin víctimas, obligaron a restringir la producción, y van a obligar a revisarse las políticas de mantenimiento, por las compañías. Hubo también las consabidas huelgas en Noruega o en Argentina, pero son ya tan recurrentes que, incluso, casi podrían hasta presupuestarse anualmente.
Los ataques a instalaciones petrolíferas, y los secuestros de técnicos en Nigeria, obligaron a reducir su producción, hasta medio millón de barriles diarios. Ni siquiera las instalaciones offshore, hasta ahora santuarios de tranquilidad operativa, se vieron libres de las acciones de grupos étnicos, separatistas, o simplemente delincuentes.
En ese país, aunque no directamente relacionados con las operaciones de la industria petrolífera, tuvieron tres accidentes terribles, clónicos, por la manía nigeriana del sírvase usted mismo, consistente en agujerear oleoductos, no soterrados, sustrayendo crudo o combustibles, para uso personal o contrabando posterior. El resultado final: incendios, explosiones, y casi mil muertos.
Política hispanoamericana
El pasado año fue, políticamente, muy entretenido para el negocio energético. Dejando aparte el problema iraquí, aún sin visos de solución, la situación en Hispanoamérica, Irán (nucleoadicta) o Rusia, fue complicada. Varios países hispanoamericanos tuvieron elecciones o nombramientos presidenciales. En algunos, con resultados anticipados o previsibles, como Bolivia, Perú, Brasil o Nicaragua.
En Ecuador saltó la (relativa) sorpresa, ganando un candidato populista de izquierdas frente a su contrincante, populista de derechas. El PAN repitió mandato en México, pero por un margen tan exiguo que, aparte de darle pie a armar mucho ruido al PRD, partido vencido, dificultará enormemente las decisiones políticas y económicas. El triunfo de Evo Morales en Bolivia llevó a la casi inmediata nacionalización de sus recursos naturales. Afortunadamente para todos, bolivianos incluidos, no llegó la sangre al río, y no ha habido expropiaciones.
De momento, todo ha quedado en una derogación de los contratos anteriores, aprobándose unos nuevos acuerdos. Nadie es capaz de definirlos exactamente, y cada cual pretende justificarlos intentando quedar bien con su clientela electoral o con sus accionistas. Galgos o podencos, Evo trata de obtener el máximo de ingresos, en detrimento de las multinacionales, a las que también necesita retener, inexcusablemente. Pero es el mal menor, comparado con lo que podría haber sucedido.
Los inversores extranjeros y, particularmente, las multinacionales petroleras, han sufrido lo suyo, y van a tener que seguir armándose de paciencia y habilidad negociadora para desarrollar sus proyectos. Mientras tanto, YPFB continúa discutiendo con Brasil las condiciones contractuales del gas a suministrarles. Sin ventas, no habrá negocio para nadie. En Brasil, la política no ha cambiado sustancialmente.
Es una garantía de la ansiada estabilidad jurídica que falta en otros países. En 2006 consiguieron ser autosuficientes en crudo, al producir los casi dos millones de barriles que consumen diariamente. En diez años han conseguido incrementar su producción de petróleo en dos veces y media. No así en Venezuela donde, desde que Chávez “descremó” su compañía petrolera nacional, PDVSA, despidiendo a miles de directivos y técnicos, no consigue cubrir su cuota de producción, asignada dentro de la OPEP, a la que pertenecen.
Son datos de la propia OPEP, nada sospechosa de ser tendenciosa, y no de la EIA norteamericana, ni de la CIA, representantes de un gobierno cuya Administración no es precisamente el mejor aliado político del régimen chavista. Aunque tengan unas provechosas relaciones comerciales, pues Estados Unidos es el mejor y más importante cliente del crudo venezolano. Buen ejemplo de alianza de civilizaciones, por otro lado absolutamente dispares.
También Venezuela modificó, en 2006, los contratos anteriormente vigentes. Ahora, la fiscalidad es mucho más dura y el control societario ha pasado a PDVSA, con impacto desfavorable en las reservas y producción de las petroleras en el país, dentro de un marco jurídico-fiscal mucho peor.
Este año comprobaremos si aquéllas son capaces de digerir los sapos que tragaron en 2006, o prefieren regurgitarlos. Veremos, también, qué sucede en Ecuador, donde el nuevo gobierno de Correa (como también lo hubiera hecho el candidato perdedor), buscará las cosquillas a las multinacionales.
El Kremlin
En Rusia, en cuanto Vladimir Putin se quitó la piedra que más le oprimía en el zapato (Yukos, y su presidente Jodorwosky), la sede corporativa de todas las petroleras y gasistas rusas importantes está, de facto, en Moscú. Desde allí, en 2006 dieron repetidas vueltas de tuerca a los inversores internacionales, para asegurarse ahora el control de sus recursos energéticos.
Antes se llamaba apparatchik. Ahora, simplemente, el poder del Kremlin. No modificaron drásticamente los convenios vigentes, lo que sería un alarmante signo externo de inestabilidad, pero, vía argumentos ecológicos (¡¡¡en Rusia!!!), fiscales o logísticos, están haciendo muy difícil la presencia de las multinacionales, comparada con los años precedentes. No les importa que sean las mayores del mundo, ExxonMobil, Shell, BP o Total, ni que su industria de hidrocarburos esté angustiosamente necesitada de inversiones extranjeras y de tecnología.
El taimado lobo moscovita enseñó su patita, el pasado invierno, y también ahora mismo, al cortar a la UE, bruscamente, los indispensables suministros de gas y crudo rusos, argumentándose problemas de Rusia con Ucrania y Bielorrusia. Asimismo, y pese a asépticos desmentidos sobre sus intenciones reales, la gasista Gazprom tuvo en 2006 negociaciones con Irán y con la argelina Sonatrach, que podrían abocar a crear un futuro clónico gasista de la OPEP.
Putin, todo un carácter, quiere y consigue demostrar que tiene el control del negocio energético ruso, del que tan necesitado y dependiente está la UE, particularmente. Hablando de Argelia, es lamentable comprobar que, en 2006, revertió la Ley de Hidrocarburos que promulgaron un año atrás para incentivar las inversiones extranjeras en proyectos de gas y petróleo.
Donde antes dijeron digo, ahora dicen Diego. ¿Bolivarismo de exportación? Otras muchas incidencias o sucesos animaron la industria de la energía en 2006, incluso en España. Empresariales, pero casi dignos de crónica rosa, por implicar también relaciones emocionales o personales. Serán objeto de un próximo análisis.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados