SI con el atentado del pasado día 30 en Barajas y las dos víctimas mortales que se produjeron el mal llamado proceso de paz saltó por los aires, con el comunicado que emitió ayer la banda terrorista cualquier retorno a la situación de diálogo vivida en el pasado inmediato hay que darla por descartada en un futuro razonable. No sólo porque si alguien alberga una duda remota sobre la autoría del mismo, ETA lo reivindica, sino porque en su amenazante nota la banda sostiene que se reserva el derecho a cometer nuevos atentados como respuesta a lo que califica de "agresiones" del Estado. En este contexto, el decir, como se señala en el comunicado, que mantiene el alto el fuego permanente decretado el pasado mes de marzo suena a broma macabra y es democráticamente inaceptable. ETA ha tomado un camino, el equivocado, y es ahora responsabilidad de los partidos democráticos el mirar de alcanzar un acuerdo que dé respuesta a las intenciones expresadas por la banda. En ese nuevo escenario - o, al menos, mucho más clarificado-, las reuniones que inició ayer el ministro Pérez Rubalcaba con los diferentes representantes de los partidos parlamentarios tienen una importancia capital. Los dos grandes partidos están más obligados que nunca a moverse para tratar de lograr una respuesta unitaria, que debe dar cabida a los partidos nacionalistas y de una manera muy especial al PNV de Imaz, pieza clave en la arquitectura de cualquier solución.
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