La Europa energética y sus crisis se construyen desde Rusia y sus ex satélites. No hay posibilidad de una política común europea si no se cuenta con Putin y sus “socios comerciales”. Hace un año, Putin se enfadaba y cerraba el grifo del gas provocando una caída de las importaciones europeas de más del 30% en unas pocas horas.

Era sólo una muestra de su poderío que levantó ampollas en la zona, sobre todo en Alemania, porque aquel conflicto ruso-ucraniano provocó un susto de espanto en los mercados internacionales. El gas usado como arma comercial. Lo mismo que quiere hacer Irán, pero como arma política.

Ahora ha sido el Gobierno de Minsk el que ha roto el estatus quo, el equilibrio, al decidir el corte del grifo del oleoducto de petróleo ruso que pasa por su territorio y abastece a Alemania, Polonia y Ucrania. Cada vez que a un ruso o un bielorruso se le cruza el cable, en Berlín, Varsovia y en Kiev tiemblan y no precisamente de frío.

Otra baladronada del principal socio comercial de Rusia, tras la crisis de finales de 2006 entre Gazprom y Bielorrusia que terminó con un acuerdo, pero que hizo temer a la UE una pesadilla como la de enero de ese mismo año cuando la gasista estatal rusa decidió reducir el flujo de gas a Ucrania, país por el que transita el 80% del gas procedente de Rusia que abastece a los países del centro y este de la Unión.

Angela Merkel inició su mandato de seis meses como presidenta de turno de la Unión Europea con lo que parecía el fantasma de una nueva crisis energética solucionado, pero ha transcurrido una semana de 2007 y las alarmas han vuelto a sonar. Las cadenas del fantasma del Este son alargadas y ponen de manifiesto las vergüenzas en materia energética en Europa.

Este nuevo enfrentamiento entre Bielorrusia y Rusia, a cuenta de un gravamen- de 34 euros por tonelada métrica de crudo a partir del uno de enero- que los de Putin consideran ilegal, no es en principio tan grave pero revela otra vez más la urgencia del denominado “mecanismo de solidaridad” entre los Estados.

Los portavoces europeos han tratado de calmar las aguas al indicar que en principio no habrá problemas de abastecimiento, que el transporte por mar y carretera permitirá solucionar el asunto, pero lo cierto es que Europa está atada de pies y manos ante los litigios de estos socios que deciden, como dueños de la materia prima, subir o bajar sus precios al antojo de sus necesidades de ingresos, por encima de lo que manden los mercados.

Esta crisis se produce a sólo dos días que la Comisión Europea presente a los estados miembros las propuestas de una política energética común que permita asegurar el aprovisionamiento, reducir la emisión de gases contaminantes e impulsar la competitividad de la economía. Sin duda, la denominada “revisión de la estrategia europea en materia de energía” marcará un momento histórico.

La idea de que en 2010 al menos el 12% del consumo energético provenga de fuentes renovables suena bien, pero el debate nuclear, otro de los asuntos más enquistados de la Unión, no se aborda porque se considera soberano. Así que se avanzará poco en esta fuente de energía segura, al menos en occidente.

Todo ello se va a discutir el 15 de febrero en el Consejo de Ministros de Energía y lo debatirán en marzo los Jefes de Estado y de Gobierno, que deberán decidir las propuestas y directivas a tramitar. Siempre y cuando Rusia y Bielorrusia no se levanten con el pie cambiado y monten una o varias marimorenas energéticas a cuenta de sus litigios comerciales.

Es un gusto mantener una dependencia de estas características y que no se produzca de urgencia una cumbre de Jefes de Estados con el señor Putin o con quien sea para cantarle las cuarenta. Sobre todo porque algún tipo de presión podrán hacer sobre los rusos. ¿O de ni siquiera eso somos capaces?