Asturias, como el resto de las comunidades humanas, se divide en dos grandes grupos de ciudadanos. El primero, como ya dijimos en alguna ocasión, se puede denominar el de los Supercicutas, y así seguimos el modelo de aquel concurso de televisión, de la época en que no había más remedio que ver una televisión -ahora, aunque el Gobierno lo pretenda también, no puede-, que se llamaba Un Dos Tres, Responda Otra Vez, una manera de recordarles a los interesados que todos tenemos derecho a una infancia, incluso artificialmente prolongada si nos da la gana, pues algunos saben que vale más seguir siendo niño que convertirse en un cerdo, cosa que no tenemos porque hacer todos, aunque algunos lo hayan olvidado a base de porfiar, y a otros les vaya en su propia naturaleza.
Como sabrán la mayoría de nuestros lectores, incluso los que no conocieron el programa, porque seguro que lo vieron en el Cuéntame cómo Pasó, los Supercicutas sólo aparecían en las ocasiones excepcionales, pues en aquel programa, que era un juego de preguntas y respuestas, aparecían a veces cuestiones que sólo tenían derecho a responder ellos, porque no estaban en la chuleta del presentador, Francisco Ledgard, más conocido como Kiko Ledgard, un hombre que se convirtió en un icono generacional, pues aparte del tan cochino como anhelado dinero, repartía pisos y coches, en un tiempo histórico en el que resultaba mucho más difícil que ahora tener un piso, aunque su excelencia el Generalísimo regalaba chalés a las familias supernumerosas, una experiencia inasumible y una estupidez, si se hacía sólo para que el Generalísimo te hiciese objeto de su munificencia, pues la solución para conseguir la vivienda hacía muy caro mantenerla.
Los Supercicutas son muy pocos pero intervienen en los asuntos excepcionales. ¿Qué es un asunto excepcional? En general todo aquel que rebase un contrato de mil millones de pesetas; imagínense uno de entre sesenta y setenta mil, y con capacidad ampliable, como es el caso de la regasificadora de Gijón, de la que ya dicen todos que en cuanto consigan colárnosla, la amplían.
El pasado martes día dos, contábamos aquí casi todo lo referente a la adjudicación "a dedo" de esta instalación a la empresa privada Enagás, mediante la concesión de una autorización administrativa del Ministerio de Industria, a una sociedad, que como muy bien dijo ayer la diputada Alicia Castro, por no tener, no tiene ni suelo para ubicarla. Todo un prodigio de descaro para el que en este caso, ni tan siquiera los Supercicutas tienen respuesta.
¿Cómo es posible que un chico tan inocente y tan bueno como José Luis Rodríguez Zapatero acceda a los caprichos de Vicente Álvarez Areces, que como todos los asturianos saben perfectamente, en el caso de la regasificadora está más que encaprichado, y sea capaz de autorizar a dedo, a una empresa privada, a instalar un enorme y peligrosísimo cacharro, para el que Enagás ni tan siquiera tiene concedido el suelo portuario, algo de lo que conseguimos enterarnos porque hubo protestas.
Las protestas por las que nos enteramos de que Areces tiene un problema para la adjudicación a dedo de la regasificadora, no son las nuestras, que estamos rucurrucu desde el principio, con esta basura, porque no queremos una bomba atómica en Gijón, porque nos molestan este tipo de atrocidades. No, las protestas que hacen daño son las de los Supercicutas, porque hay una empresa, que se llama Fenosa controlada por un Supercicuta llamado Florentino Pérez, que a su vez parece -según dicen los sabihondos de la Corte en materia de supercicutismo- que podría representar los intereses de otros Supercicutas que salen en el Forbes, March de apellido, o sea, pegapegas de ámbito mundial.
Que protestemos nosotros no tiene ninguna importancia ni resultado práctico alguno, pero que proteste una empresa controlada por Florentino Pérez sí, porque nosostros somos simples mortales, mientras que Pérez es un Supercicuta y a él no hay quien le meta mano, pues aparte de un experimentado político de la UCD que decidió ingresar en las filas de los muchimillonarios, se las sabe todas, y para él, Tini es un gamusino, e incluso Rodríguez Zapatero no pasa de cordobello, pues juntos no han logrado reunir todavía lo suficiente ni para toserle.
Afortunadamente para la política asturiana, el PP cuenta con una diputada, como es Alicia Castro, a la que no le importa mucho, tal y como demuestra hoy, el aplauso de los periódicos, que como todos nuestros lectores saben muy bien, en asuntos en los que hay contratos como estos, no tienen la menor duda a la hora de elegir entre el interés general y los contratos de sesenta mil millones, aunque ello suponga crear en Asturias la tercera regasificadora del Cantábrico, lo que situa esta cornisa española ante el dudoso honor de igualar el número de regasificadoras del resto de Europa, unión política de un montón de paises en los que la gente no quiere regasificadoras en sus costas, y menos en las ciudadades habitadas, por su enorme peligrosidad.
El resto es evidente. Vicente Álvarez Areces se atrevió a presionar públicamente al presidente de Enagás para que metiese a la Duro-Felguera en la sociedad a la que Areces y Zapatero pretenden adjudicar la regasificadora "a dedo", y el presidente de Enagás dijo que no. ¡Estaría bueno!, ¡qué se cree éste!, pensaron nuestros dirigentes, e inmediatamente se pusieron a buscar un sustituto para el presidente de Enagás, un hombre del PSOE, en este caso del PSC, ¡claro!, que son los que mandan aquí a través de La Caixa, y así, ahora sabemos que se van a cargar a Antonio González-Adalid, para poner en su lugar, por ejemplo, a Antonio Llardén, hombre del presidente de la Generalidad, José Montilla, que como toda España sabe, consigue que La Caixa no le cobre los inmensos créditos que el PSC tiene con la entidad.
El resto lo tienen a la vista. Lo publicado hoy por El Comercio y La Nueva España, dan poco de sí, pues se trata de la rueda de prensa que dio la diputada Castro, acompañada por Ovidio Sánchez, y queda de manifiesto la falta de entusiasmo que ambos periódicos demuestran ante su denuncia de las impresionantes irregularidades y del palmario tufo a corrupción política de la operación. La Nueva España es capaz, incluso, de darle más protagonismo a las patéticas respuestas de Graciano Torre -realizadas el mismo día- que a las acusaciones de Castro y publican un artículo en el que tildan este debate como arma arrojadiza electoral.
Todos sabemos que el Plan del Gas del gobierno de Areces, apoyado por Zapatero, Montilla, La Caixa y todo el aparato recaudatorio del PSOE y el PSC, utiliza Asturias como campo de gasificación para crear enormes plusvalías sin puestos de trabajo, ya que han encontrado una comunidad tan corrupta como ésta, en la que se pueden hacer negocios contaminantes y que no crean empleo, con una enorme tranquilidad por parte de los aborígenes, pues lejos de disponer de información, aquí la prensa la tenemos totalmente controlada por los negocios más sucios. ¿Qué hacemos? ¿Nos rebelamos? Igual no es mala idea. Se están pasando.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados