JOSÉ Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy ni tienen ganas de ponerse de acuerdo ni probablemente lo van a hacer. Esa es la principal y casi única conclusión del encuentro que mantuvieron ayer en el palacio de la Moncloa el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición, obligados por la opinión pública a dar una mínima imagen de unidad tras el atentado de ETA en Barajas y con sus partidos en constante ebullición por el coste electoral que pueda tener la ruptura de la tregua por la banda terrorista. Aunque Zapatero no compareció tras el encuentro, en su nombre lo hizo la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, y sí habló Rajoy desde la sede de Génova. Los mensajes de ambos estaban mucho más pensados para convencer al ciudadano-elector de que era el otro quien no quería llegar a un acuerdo, que para un diálogo franco y provechoso. En este marco parece incluso lógico que no haya ningún pacto entre Gobierno y oposición por la abismal distancia entre ambos. Sin embargo, no deja de ser una mala noticia. Un consenso en materia antiterrorista del mayor número de fuerzas democráticas es del todo imprescindible tras el atentado y parece razonable que el presidente del Gobierno trate de buscar un común denominador que vaya más lejos que los acuerdos entre PSOE y PP. A ello, Rajoy debería ayudar, ya que minorías como CiU y PNV le pueden ser necesarias en el futuro.
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