Según Tarruella, en España todavía queda mucho desarrollo sin identificar. “Si se ofrecen más incentivos, se intensificará el compromiso de los empresarios”.

“La innovación es la base sobre la cual deben sustentarse las empresas para ganar el reto de la economía global”. Con estas palabras, Víctor Tarruella, socio director general de Asesoría I+D+i, asegura que la I+D+i es actualmente una fórmula casi infalible para que las empresas puedan hacer frente a economías emergentes, “ante la posibilidad de no poder competir con los costes laborables directos e indirectos”.

España dedica cada vez más recursos económicos y humanos a la investigación y desarrollo. Según el INE, el gasto español en esta materia ha superado por primera vez la barrera de los diez mil millones de euros en 2005, con un incremento del 14% respecto a 2004, alcanzando el 1,13% del PIB. Pero, en España, cuyo tejido empresarial está formado casi al completo por pymes, “existen muchas actividades de desarrollo pendientes de aflorar”, continúa Tarruella, quien asegura que el Gobierno español ha realizado hasta ahora un esfuerzo en la potenciación de ayudas al I+D+i nada desdeñable. “Las nuevas partidas incluyen dentro del programa Ingenio 2010 un aumento del 23% de la dotación presupuestaria para 2007, en el que se gastarán 8.059 millones en actividades relacionadas con la I+D+i”, describe Tarruella.

La confianza del empresario

Según Tarruella, en España todavía queda mucho desarrollo que no ha sido identificado. “Si ofrecen más incentivos, el compromiso y la confianza de los empresarios se intensificarán a la hora de invertir en esfuerzo, tiempo y recursos destinados a la innovación”.

En este contexto, la nueva reforma fiscal plantea la reducción gradual de las deducciones fiscales a la I+D+i hasta 2012, “provocando un giro de 180 grados a la política de estímulo a la innovación que hasta ahora se estaba propiciando con éxito en nuestro país, y sobre la cual muchas empresas han basado sus inversiones”, denuncia Tarruella, quien asegura que la deducción genera efectos financieros inmediatos en el momento de presenciar la declaración del Impuesto sobre Sociedades y se adapta a la coyuntura económica de la empresa. “Si una compañía no tiene beneficios pero dedica recursos a I+D+i, se puede guardar el derecho a deducirse por el esfuerzo actual en un ejercicio futuro donde la cuota íntegra ajustada sea positiva”.

Las empresas españolas invierten en I+D+i porque necesitan mejorar sus niveles de competitividad en el mercado. “Las compañías invertirían más parte de su presupuesto si un porcentaje de la factura la pueden descontar de impuestos. La deducción fiscal retroalimenta el círculo virtuoso de la I+D+i”, comenta Tarruella, quien asegura que, si desaparecen estos incentivos, “como parece ser que ocurrirá en 2012 según la reforma”, a las empresas no les resultará tan atractivo invertir en innovación. Así, “están condenadas a ser menos competitivas”.

Madrid, Navarra, País Vasco y Cataluña son, por este orden, las comunidades españolas que más invierten en I+D+I. Pero España sigue a la cola de inversión en la Europa de los Quince, sólo por delante de Italia, Portugal y Grecia. Según el INE, la media europea gasta un 1,86% de su PIB en I+D. Países como Suecia invierten cerca de un 4% de su PIB, casi tres puntos más que España.

Riesgo de no atraer más

En este contexto, es cada vez más palpable que los “países desarrollados que no creen en las condiciones favorables a la I+D+I corren el riesgo de no atraer inversiones y de perder las que tienen en la actualidad”, concluye Tarruella.