LA TERRAZA

Artículo inédito de Josep Maria de Sagarra que no pudo ser publicado por actuación de la censura franquista

Una tarde del mes de junio de 1959, mi amigo Lluís Permanyer vino al piso donde vivía con mis padres en la plaza de la Bonanova. Jugamos unas partidas de bridge (mi madre, mi padre, Lluís y yo), cenamos y nos fuimos a mi habitación a preparar un examen, no sé si de derecho internacional o administrativo, que teníamos a la mañana siguiente. Mi madre se quedó en la biblioteca, leyendo una novela francesa y mi padre se puso un esmoquin y se fue a casa del señor Lluís Bonet Garí, una casa muy hospitalaria, en las Tres Torres, donde se celebraba la reunión anual del Institut d´Estudis Catalans.

Todavía no hacía una hora que se había marchado mi padre de casa cuando le vimos aparecer en mi habitación: la policía se había personado en la casa del señor Bonet Garí y había impedido que se celebrase la reunión prevista del Institut.

Aquel verano se produjo el fallecimiento de Carles Riba y mi padre fue nombrado, a propuesta de Joan Coromines, Josep Maria Casacuberta y Lluís Nicolau d´Olwer, presidente de la Sección filológica del Institut d´Estudis Catalans. Al año siguiente, mi padre, colaborador habitual -dominical, como yo- de La Vanguardia , escribió un artículo para este mismo diario que la censura no permitió que se publicase y que ha quedado inédito hasta el día de hoy. El artículo me lo ha enviado mi buen amigo el profesor Narcís Garolera, quien lo ha encontrado (una copia mecanografiada) en el archivo Montserrat Tarradellas i Macià del Monasterio de Poblet.

Creo que es la primera vez que un colaborador del diario La Vanguardia publica en su sección habitual, en su terraza, un artículo inédito, censurado en su momento (por la censura franquista), de otro colaborador del diario y que además es su padre. Es, si ustedes me lo permiten, mi regalo de Reyes. Y si tienen el placer de leerlo, verán que es la mar de oportuno, pues en este año 2007, que acabamos de inaugurar, se cumplen cien años de la creación del Institut d´Estudis Catalans, al que deseo una rica y larga existencia.

Ahí va el artículo inédito, censurado, de mi padre, que falleció un año después de haberlo escrito:

LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES

El otro día leí en Madrid un bello artículo de Alfonso de la Serna publicado en ABC y reproducido en La Vanguardia la mañana del Corpus. El artículo era una respuesta a otro, también muy bello de Manuel Aznar publicado en el diario Arriba de Madrid.

Qué duda cabe que un escritor catalán como yo, que llevo medio siglo escribiendo en catalán y que ha presenciado tantos altos y bajos en esto que se llama el problema catalán y que sigo fiel a mi catalanismo, manera de pensar, de sentir y de escribir, qué duda cabe que las bellas, las comprensivas, las justas palabras de Manuel Aznar y de Alfonso de la Serna tienen que producirme una delicada emoción y un sincero júbilo. Pero, qué duda cabe también que en la conciencia de un escritor catalán como yo, tiene que producirme una cierta pena y un triste desengaño ver que los ilustres escritores castellanos comparten una tan alta visión y una tan justa comprensión del valor y de la trascendencia de nuestra lengua y de nuestra cultura catalana, y que esta manera de pensar de los selectos y los responsables choque con determinados hechos, a cuya realidad, ni yo, ni los que piensan como yo, podemos atribuirle causa o razón que la justifique.

Alfonso de la Serna cita el caso de Menéndez Pelayo y el caso de Pereda como respetuosos admiradores y devotos de la lengua catalana y se suma gentilmente a la posición de aquellos prestigiosos escritores, añadiendo: "No sé exactamente por qué será, pero me imagino a que es debido a que toda mi generación piensa así también. Hoy me parece que todo el problema separatista catalán, de los recelos e incomprensiones de Castilla, de las pasiones y violencias de Cataluña, es agua pasada y lejana. Supongo que desgraciadamente un fenómeno de inercia mental permitirá todavía que de un lado y de otro nos sigamos diciendo despropósitos, dejándonos arrebatar por emociones sin fundamento actual. Pero esto se acaba".

Yo deseo que estas palabras de Alfonso de la Serna obedezcan a una estricta verdad, y porque lo deseo le diré algo que posiblemente ignora. La institución más antigua y más elevada en el sentido de culto y de fervor a nuestra lengua y a nuestra literatura está vinculada a los Jocs Florals de Barcelona, que el pasado año cumplió el centenario de su existencia. Hasta el año 1936, durante setenta y siete años, los Jocs Florals de Barcelona fueron la primera fiesta cívica de la lengua y de la poesía catalana; no hubo aquí figura de fama o de prestigio dentro del campo poético, que no creciese a su sombra. Todos, absolutamente todos nuestros valores literarios tuvieron gran honor de concurrir a nuestros Jocs Florals, y sabidas son las palabras que en ellos y en catalán pronunció Menéndez Pelayo ante la Reina Regente. No existe ningún acuerdo municipal derogando la institución, ni reglamento, ni decisión concreta que prohíba la celebración de los Jocs Florals. No obstante, desde hace veinticuatro años no se celebran en Barcelona. Durante veinte años, los que todavía formamos parte de su Consejo Directivo, los supervivientes de la institución, hemos hecho todo lo posible para que se celebrasen. Hemos acudido a las medianas y a las altas esferas. Hemos llevado el asunto hasta donde creíamos había de llevarse.

Al coincidir con el centenario, éste que esto escribe trató la cuestión con el señor alcalde de Barcelona y de él recibió las mejores esperanzas. Pero la realidad no nos ha proporcionado más que esperanzas cada vez más vagas y yo me temo que esas vagas esperanzas ya son olvidadas. Nosotros no pedimos más que celebrar los Jocs Florals en la misma forma en que fueron instituidos, respetando su convocatoria primigenia , sus premios y su ceremonial. Ya ve, mi querido Alfonso de la Serna, que en esta actitud nuestra no nos dejamos arrebatar por emociones sin fundamento. Sólo pedimos justicia y respeto a nuestra lengua y nuestra poesía. No obedecemos a pasiones ni a violencias.

Si los Jocs Florals fueron nuestra máxima institución poética, la fiesta natural de nuestra lengua catalana, el Institut d´Estudis Catalans fue y sigue siendo la primera institución cultural con carácter académico y con repercusión internacional. La creó don Enrique Prat de la Riba por acuerdo de la Diputación Provincial y reunió en su seno a la flor de nuestros prestigios. Grande fue su eficacia en España y en el extranjero, ya que los más ilustres españoles y reconocidas figuras de más allá de las fronteras se honraron siendo miembros correspondientes del Institut. Durante veinticuatro años vivió con todos los honores y sus trabajos y publicaciones dignificaron plenamente la cultura española.

Desde hace veinte años, la suerte de nuestro Institut d´Estudis Catalans ha sido la de una semitolerancia en la clandestinidad. No disfruta de los locales que se le asignaron, ni de las subvenciones, ni de los medios de existencia con que fue dotado por las instituciones públicas. Los que todavía tenemos a grande honor de pertenecer al Institut hemos también, como en el asunto de los Jocs Florals, actuando en todas las formas posibles para devolver a nuestra máxima Academia el esplendor que merece. Pero hasta el momento su precaria y su oculta situación no ha cambiado. Yo creo sinceramente que lo que acabo de consignar obedece a resabios de conductas que no tienen ninguna razón de ser. Los escritores catalanes interesados muy vivamente y muy directamente en estas cuestiones, creo que somos víctimas de un injusto anacronismo; que por injusto y por anacrónico, sobra en sus dos conceptos.

Alfonso de la Serna en un arranque de cordialidad y de optimismo dice: "Pero esto se acaba". Realmente, mi querido amigo, esto debería acabarse. Sobre todo cuando me consta que en las altas esferas de la vida pública y oficial, no faltan quienes comparten totalmente estas ideas.

JOSEP MARIA DE SAGARRA