La Coctelera

Reggio

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6 Enero 2007

ZP, «una buena persona», de Manuel Martín Ferrand en ABC

UNA clasificación elemental de los protagonistas de nuestra vida política nos permite establecer, según la peculiaridad de sus declaraciones públicas, varios grupos bien diferenciados entre sí: a) los que interesan en función de lo que dicen, b) los que dicen en función de lo que les interesa, c) los que hablan sin decir nada y d) los que lucirían mucho más quedándose calladitos. José Bono, varias veces ex, representa un caso típico del grupo «b». Cuando habla a los medios, la más elemental prudencia en el análisis aconseja reflexionar: ¿contra quién dirige el ahora cesante castellano-manchego sus alabanzas? Hacen falta crueldad y conocimiento, los dos ingredientes en dosis máximas, para definir a José Luis Rodríguez Zapatero como «una buena persona que actúa de buena fe», pero es un retrato de precisión en la medida en que no dice nada y coloca al presidente del Gobierno en el limbo, donde iban antes de la vigente modernidad teológica las almas de los inocentes no bautizados.

En el páramo que reflejan las páginas de los periódicos, dentro de una crónica nacional sin más actividad que la de los lamentos, se agradecen las declaraciones de Bono a Europa Press. Hibernada, como está, la fauna del PP, el ex ministro de Defensa simboliza y encarna la excepción socialista que confirma la regla de la incompatibilidad del puño y la rosa con el análisis crítico de los dichos y hechos de sus compañeros de partido. Quizás en eso mismo reside la fortaleza del PSOE, pero visto el silencio que acompaña los espasmos de Zapatero, hay que optar por la debilidad para salvar los muebles de la inteligencia.

Bono, tantas veces criticable y criticado por su vocación estelar, acierta cuando afirma, al hablar de la lucha contra ETA, que su confianza «está puesta en la Guardia Civil, la Policía y el CNI». Eso es entender sin complejos la responsabilidad y la función del Estado ante el problema te-rrorista. Algo que no termina de entender esa «buena persona que actúa de buena fe». Todo cuanto sea enfrentarse al delito organizado, del terrorismo a las mafias, sin la firme resolución de su erradicación policial y judicial es andarse por las ramas y reconocer, con mayor o menor fundamento, la incapacidad del Estado para cumplir con su primera obligación frente a los ciudadanos, la garantía de la seguridad.

El hoy ocioso líder socialista se distancia de su secretario general, pero acredita que la enajenación mental del PSOE ante el problema terrorista no afecta a todos los militantes. Es más, por lo que se me alcanza, son muchos los compañeros de Bono que piensan como él. Guardan disci-plinado silencio porque a nadie se le escapa que lejos del poder hace mucho frío y es Zapatero quien tiene la llave del cajón del pan. La partitocracia empuja a los militantes a elegir entre obedecer o adelgazar.

Tags: zapatero, psoe

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