A DIESTRA Y SINIESTRA
Tras el bombazo de Barajas, los más de 100 kilos de explosivos incautados en el País Vasco y los dos muertos encima de una mesa de negociaciones repentinamente transformada en ataúd, Zapatero sigue escuchando a John Lennon. Lo que ocurre es que el caletre del presidente no le da ni para entender una letra de Los Beatles. Lennon dijo que había que darle una oportunidad a la paz, una, y ya se la hemos dado. ETA nos la ha devuelto certificada junto a varias toneladas de escombros y los cadáveres de dos ecuatorianos.
Como González, como Aznar, como casi todos los otros presidentes de la reciente democracia, Zapatero va a piñón fijo, subiendo puertos de montaña con el culo al viento. Nunca va reconocer un error, jamás se equivoca. Aunque 'Pepiño' Blanco tiene razón: el proceso de paz no es un error, no. Es una cagada. Ya ha llegado a los mentideros de la capital, veloz como un sms, el típico chiste macabro made in Spain: «Zapatero entró por Atocha y va a salir por Barajas». De haberse plantado en firme, el presidente podía haber contado con un respaldo popular (y no me refiero al partido) que ya empieza a abandonarlo cual desodorante caduco. Pero firmeza es una palabra que no se puede aplicar a un político de plastilina, un tipo básicamente metrosexual cuyas palabras, formas y sonrisas pertenecen por derecho propio al terreno de los muñecos articulados.
Igual que el sheriff sin pistola de Toy Story, Zapatero no es más que un muñeco relleno de frases huecas ideal para los Reyes Magos. Tiras de la cuerda y escuchas la voz de pelele detrás de las profundas cavidades de perogrullo: «ETA ha elegido el peor de los caminos». Tiras otra vez de la cuerda y el sheriff blandurrio y pacifista dice: «Mi determinación para la paz es, aún hoy si cabe, mucho mayor». Pues mire, no. No cabe. Donde caben dos muertos, no cabe nada.
El Bambi de hierro ha resultado un peluche, un cervatillo iluso en medio de una tierra de lobos. Nos queda sólo reconocer que, como muchos sospechábamos, Zapatero no había hecho tratos bajo cuerda con ETA. Es decir, que no es un traidor perverso, sino simplemente un ingenuo, un tonto. También lo sospechábamos. El proceso de paz que decía tener atado y bien atado, a la primera de cambio se ha ido a la mierda. ETA ha reventado el nudo gordiano de la retórica con un bombazo y Bambi, pobrecito, todavía se pregunta cómo ha podido irse de boca al suelo.
Este profeta del laicismo parece empeñado, como Jesucristo, en poner la otra mejilla. Lo malo es que, como han demostrado los asesinos etarras, el precio va a ser mucho más alto que una mejilla. Y, además, no será la suya, sino la nuestra. Entre los escombros de la paz, Zapatero ha abierto sus bracitos (lo justo para que no le confundan con un Jesucristo hippie disfrazado de Forrest Gump) y ha vuelto a soltar varias de sus frases hechas. Para el caso, podría haber elegido ésta de Calderón: «Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos». Dos por lo menos.
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Espectacular. Yo creo que se queda corto.