Lamentablemente, Francia tenía razón y la guerra de Iraq ha sido un desastre en todos los terrenos. Así lo constató ayer el presidente francés, Jacques Chirac, ante el cuerpo diplomático acreditado en París durante la tradicional recepción de Año Nuevo. "Como Francia lo intuía y lo temía, la guerra en Iraq precipitó perturbaciones que no han terminado de manifestar sus efectos", afirmó, antes de enumerar los problemas que la intervención militar de Estados Unidos - país al que tuvo la delicadeza de no citar- ha producido.
"Esa aventura - afirmó el presidente- ha exacerbado las divisiones entre comunidades y menoscabado la integridad misma de Iraq; ha fragilizado también la estabilidad de toda la región, donde cada país vive ahora preocupado por su seguridad; ha ofrecido al terrorismo un nuevo campo para su expansión". "Hoy más que nunca, la prioridad radica en el hecho de devolver a los iraquíes su total soberanía", concluyó.
El presidente francés reivindicó asimismo, en otro pasaje de su discurso, el multilateralismo y condenó "el callejón sin salida que constituye el unilateralismo".
La breve alusión de Chirac al conflicto de Iraq, de la que excluyó toda referencia a la ejecución de Sadam Husein, tiene una lectura más en clave interna que externa. Tras el abismo que se abrió entre París y Washington a raíz de la guerra de Iraq - a la que Francia se opuso vehementemente-, las relaciones bilaterales entre ambos países han logrado reconstruirse a través de un tenaz y callado trabajo diplomático tejido pacientemente desde el Elíseo durante los dos últimos años. Lejos, pues, del ánimo de Chirac echar sal en la herida del recobrado aliado.
Su intervención tenía como fundamental destinatario a su ministro del Interior y virtual candidato de la UMP al Elíseo en las elecciones presidenciales de la próxima primavera, Nicolas Sarkozy, quien en un reciente viaje a Estados Unidos criticó el papel de Francia respecto a la guerra de Iraq y se mostró a ojos del presidente excesivamente entregado a las tesis norteamericanas.
Chirac propuso - en línea con la canciller alemana, Angela Merkel- una nueva conferencia internacional sobre Oriente Medio pilotada por el Cuarteto, formado por la ONU, la UE, EE. UU. y Rusia.

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