Ni Zapatero ahora, ni antes González o Aznar han podido captar nunca gráficamente en sus estancias en el palacio de las Marismillas toda la belleza salvaje que desprende Doñana. Ni ellos ni nadie: no hay píxeles suficientes que sustituyan estar allí, respirar el olor y recorrer con la vista el paisaje para intentar aprehender la grandeza de esa reserva natural.
De igual manera, las imágenes que se han publicado y emitido sin parar desde el sábado 30 sólo tienen una capacidad aproximativa para mostrarnos la auténtica dimensión del bombazo en la T4. Por eso debía ir Zapatero a Barajas: para entender de un vistazo, y sin intermediarios, el mensaje que ETA le envió para despedir el año. Políticamente ya era tarde: perdió su photo opportunity,como la perdió Aznar al no poner nunca los pies en las playas gallegas manchadas de chapapote. Zapatero no podrá ya borrar la sensación de alejamiento que ha dejado en la opinión pública al reanudar sus vacaciones sin acercarse a la zona cero:pero aunque a destiempo, tenía que ir, para reflexionar sobre por qué no supo o no quiso interpretar las señales previas que había ido mandando la organización terrorista.
"Una salvajada", lo definió Rubalcaba, transfigurado una vez más en dique de contención entre el presidente y la realidad. 30.000 metros cúbicos de hormigón que se colapsaron tipo sándwich - expresión de los expertos- y que demuestran que los milagros existen, porque hoy lamentamos dos víctimas mortales y no doscientas.
Hay quienes se aferran a un clavo ardiendo y aseguran que el bombazo es un aviso de ETA y no una ruptura: como si ETA no supiera calibrar la diferencia entre 40 y 400 kilos. Era la improbable tesis que algunos sostenían en el entorno de Batasuna, otra damnificada por el atentado de Barajas. Una no sabía si llorar o reír al escuchar a Joseba Álvarez y Pernando Barrena asegurar que el atentado había sido una sorpresa, como si ETA les tuviera informados con anterioridad de sus acciones. Tanto ellos como Otegi han perdido una oportunidad única para reclamar por derecho una silla en la mesa de partidos, al demostrar su absoluta dependencia de los matones.
Al presidente se la ha deshecho entre las manos la arquitectura de su discurso de legislatura. Habrá que ver si es capaz de recuperar el aliento y liderar la reconstrucción de un espacio de consenso, aunque sea de mínimos. El PP no se lo va a poner fácil, aunque una de sus exigencias, que comparezca ante el Parlamento, es de cajón: al fin y al cabo, fue el propio jefe del Ejecutivo quien apostó por dar a la Cámara Baja un protagonismo inédito en otros procesos similares.
Zapatero apostó su credibilidad al pedir un acto de fe, y la ha perdido. También han quedado en papel mojado las críticas del PP y de la AVT que acusaban al Gobierno de haber cedido lo indecible en este proceso: el atentado les desmiente. Batasuna ve como se desvanece cualquier posibilidad de volver a la política tras las elecciones de mayo. Los duros se han impuesto sobre los blandos, los Txeroki sobre los Josu Ternera. Todos pierden, todos perdemos. Habrá otro proceso de paz, pero no será éste, ni será ahora. Qué lástima - diría Julieta Venegas-, pero adiós.
Los que dicen que sabían
Escucho con estupor a representantes sindicales de la policía asegurar que a ellos no les ha pillado de sorpresa lo que ETA tramaba. Si tenían datos concretos de la cocina del 30-D, ¿por qué no lo transmitieron y actuaron para impedirlo? Si lo que hacen es compartir una impresión generalizada, mejor que no saquen pecho ahora. Otra cosa son los servicios de información. ¿Realmente ETA está tan infiltrada como dicen? Y si es así, ¿qué o quién falló para alertar de lo que se avecinaba?
Salvar los trastos
Que Josu Jon Imaz ha sido un aliado fundamental para el PSOE en el camino hacia el proceso es notorio. Pero Imaz sorprendió al desmarcarse de las palabras contemporizadoras de Ibarretxe y al exponer con tanta claridad lo absurdo que resulta defender la viabilidad del proceso tras el atentado. La relación del PSOE con Imaz va a condicionar la redefinición o reformulación del pacto antiterrorista.
´Good news, no news´
Las buenas noticias no son noticia. Y ayer, que había muchas, no se hicieron hueco en las portadas. Otro 4 de enero, semana apacible, sí se hubieran destacado la importante reducción de muertos en la carretera gracias al carnet por puntos - casi un 10%-, los 80.000 parados menos en el 2006, la subida en un 41% de los contratos indefinidos, o la entrada en vigor de la ambiciosa ley de Dependencia.

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