El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, evitó ayer, en su segunda declaración pública sin preguntas en poco más de 12 horas, dar por roto el proceso de paz, lo que ha causado malestar en la dirección del PP.

Zapatero visitó ayer al mediodía la zona del atentado perpetrado el pasado sábado en la Terminal 4 de Barajas y, como ya hiciera la noche anterior tras visitar a las familias de la víctimas, compareció ante los medios de comunicación. “Mi energía y mi determinación para alcanzar la paz es aún, si cabe, mucho mayor [tras el atentado]”, dijo.

De sus palabras se deduce que el presidente mantiene viva su apuesta por un fin dialogado de la violencia, ya que rehusó, como ya hizo en su primera aparición ante los medios de comunicación, dar por “roto” el proceso. El sábado, horas después de la explosión de la furgoneta-bomba en Barajas, el presidente compareció ante los medios de comunicación en La Moncloa y, en varias ocasiones, evitó hablar de un fin del proceso abierto hacia la paz en el País Vasco tras la declaración del “alto el fuego permanente” que se truncó con la explosión de Barajas.

El presidente habló entonces de “suspensión”, pero sus palabras fueron matizadas por el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, primero, y por el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, después. Ambos dejaron claro que el proceso estaba “roto”.

Tanto Rubalcaba como Blanco explicaron que esto era lo que había querido decir el presidente al afirmar que había ordenado “suspender” el diálogo con los terroristas. Pero Zapatero, que hasta ayer no regresó de sus vacaciones en Doñana, donde volvió tras la rueda de prensa del sábado, desaprovechó dos oportunidades para rectificar sus propias palabras y lanzar un mensaje contundente a ETA.

Ayer dejó de nuevo la puerta abierta a una apuesta por el fin dialogado del terrorismo, una determinación que mantiene desde que llegó a La Moncloa y que ha constituido el eje fundamental de su mandato, aspecto que podría explicar que Zapatero sea reticente a abandonar el optimismo que lo caracteriza y mantenga el “firme convencimiento” de que los “ciudadanos españoles vivirán sin bombas y sin violencia”.

El presidente en ningún momento ha explicado las razones que lo llevan a mantener esta apuesta, basada en una información que, presuntamente, sólo él conoce. Por tanto, sigue con su estrategia previa al alto el fuego, cuando reiteraba de forma periódica que España podía estar ante el “principio del fin de la violencia”, mientras ETA continuaba colocando artefactos explosivos. Las circunstancias han cambiado porque el atentado del sábado dejó un muerto –el primero en tres años y medio– y un desaparecido, pero el presidente sigue resistiéndose a endurecer su discurso frente a ETA.