El ministro Rubalcaba dejó caer días atrás, antes del atentado, cuando andaba aun enredado en el proceso, que sólo había tres voces autorizadas, la del presidente, la de la vicepresidenta y la suya propia. Las demás eran flatus vocis, palabras sin fundamento. Salía así al paso de la riada de comentarios acerca de la marcha, más bien de la no marcha del proceso. Rubalcaba anunció que no había avances, ni retrocesos. Pocas horas después las opiniones de quienes proponían, con más o menos información o fundamento, que el proceso estaba muerto, vieron confirmados sus pronósticos con una contundencia atronadora.

Durante todos estos días, ya va para una semana, la portavoz del gobierno ha permanecido silente y, aparentemente distantes. Estuvo con el Presidente en la desafortunada conferencia de prensa del optimismo, la de fin de año, con preguntas sin límite, la que los terroristas estaban arruinando, simultáneamente a su celebración con la furgoneta criminal acercándose a Madrid. Desde ese día la vicepresidente se ha mantenido en segundo plano y han sido otros los actores principales: Rubalcaba, Blanco y López Garrido como asistentes del presidente en la cobertura de esta catástrofe.

¿Hay que buscar o encontrar alguna clave especial en ese hecho? Sospecho que no hay clave especial, que no encontraremos fisuras o desavenencias por esa vía. Hasta ahora la lealtad al presidente entre sus filas (incluido Bono) es cerrada, como no la logró González durante su largo mandato.

Y no es que Zapatero ejerza un liderazgo más intenso que el de González, sino que el partido socialista salió suficientemente debilitado de la etapa de oposición como para que las corrientes internas quedaran exhaustas y entregadas, aunque sea regañadientes, a un nuevo líder que les devolvió la esperanza y, sobre todo, el poder.

No hay mayor liderazgo que el que viene avalado por algún voto más que los del adversario. Zapatero en la oposición sería un líder menor, provisional, pero en el poder está inmunizado de disidencias o alternativas. Algunos pretenden que Bono anda al acecho, no creo que no le pasa ni por la imaginación, ni en sueños.

Pretender una fisura en el socialismo español actual me parece que es ir demasiado lejos, quedan aun plátanos por pelar y cáscaras que dejar por las aceras antes de que se abra ese melón. El previsible plano del Congreso, extraordinario, a finales de mes va a dar la medida de Zapatero y de Rajoy, de sus mayorías y minorías en la cámara y solo a partir de ese desenlace habrá argumentos para valorar si la legislatura aguanta el año que la queda o los plazos se acortan.

La vicepresidenta está silente porque no es su momento, porque Rubalcaba llena todo el plano y porque siendo la más valorada del gobierno prefieren mantenerla en la reserva, al tanto, pero sin entrar en liza. El próximo viernes, tras el primer consejo de ministro, reaparecerá en escena con su peculiar estilo.

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