Ojos de Estrella, de Carmen Gómez Ojea en La Voz de Asturias
Mañana es la noche de las niñas y niños que no le dicen a nadie lo que de verdad quieren en su zapato. Ni siquiera lo escriben en la carta de los deseos que le entregan a su madre para que se encargue de llevarla al correo, ya que no tienen ni idea de cuántos sellos hay que poner en el sobre y son aún tan pequeñas y tan bajitos, que no llegan, ni de puntillas al buzón. Lo que anhelan más que nada en el mundo se lo callan, porque el corazón les dice que Melchor, Gaspar y Baltasar y su comparsa de pastores, soldados y pajes de la cabalgata son personas disfrazadas, como los cerdos y vampiros de carnaval, y que los Reyes de verdad, tan verdaderos como los personajes de los cuentos que no hacen regalos y sólo dan felicidad y gozo, son los únicos que pueden hacer que vuelvan a sentir, como el año anterior y el otro, desde que tienen recuerdos, cuando estén en la cama, la emoción y el hechizo de quien participa de un milagro, sin saber aún lo que descubrirán un día, cuando sean ya mujeres y hombres que no hayan extraviado su infancia tontamente, por distracción, como se pierden llaves y gafas: que ese prodigio consiste en que miles de niñas y niños en ese mismo instante intenso, especial y mágico, están creyendo en una historia milenaria, llenos de fe en el poder de la literatura como explicación de la vida, como linterna que señala el camino adecuado, como voz de alerta contra daños y peligros, interviniendo en un juego nocturno y colectivo, haciendo teatro, representando la primera pieza dramática española que es el auto de Los Reyes Magos, en el papel del niño del pesebre, obsequiado por el trío de sabios estrelleros.
En eso radica la hermosura misteriosa de la noche del cinco de enero, en ser la más literaria, alegre y bella de la historia. Pero su belleza, como en tantos cuentos, se rompe con la luz del día, cuando las niñas y los niños se despiertan y los mayores empiezan a aturdirlos, mostrándoles a la vez, con exclamaciones estridentes y mucho aspaviento, la muñeca políglota, el coche que vuela, el oso que baila, la lavadora que canta y lava... Quienes no le dijeron a nadie lo que más deseaban, con los ojos de estrella que tienen esa mañana, buscan entre el barullo los libros que pidieron y se ponen a leer, ajenos a los adultos.
* Escritora.
