La Ópera de Oviedo, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias
Hace mucho tiempo que la ópera de Oviedo superó su condición natural de arte lírico para convertirse en un exquisito espectáculo de culto social. Por lo menos desde que en 1948 se reabrieron las puertas del Teatro Campoamor para celebrar las noches de ópera con el glamour protagonizado por la élite social que había sobrevivido a la dureza y la crueldad de la Guerra Civil, y que deseaba reencontrarse consigo misma.
Los poderes fácticos de la ciudad decidieron institucionalizar las temporadas de ópera en el Campoamor (el Odeón de la sociedad culta ovetense), no sólo para afianzarlas como el emblema principal de la acreditada inteligencia de la buena sociedad local, sino también para que Oviedo recuperara la imagen de una ciudad normal, con sus tradicionales ritmos sociales. Tres años antes, en 1945, cuando entraron en Berlín las tropas del ejército soviético la primera medida que tomaron sus jefes fue la de rehabilitar rápidamente los teatros de la ciudad para ofrecerles a los berlineses representaciones de ópera. No quiero decir que el Ayuntamiento de Oviedo imitó a los soviéticos -- qué ocurrencia!--, pero sí que en ambos casos se utilizó la ópera para aparentar el regreso a la civilización...
Nunca ha sido fácil ni cómodo opinar sobre la ópera de Oviedo --interpretándola como un espectáculo social-- al margen de los cánones conservadores establecidos por la élite influyente de la ciudad. Lo más probable es que una cascada de descalificaciones --a veces, de insultos-- cayera sobre las cabezas de los osados. Sin embargo, en los últimos años --a caballo entre los siglos XX y XXI-- parece que algo ha cambiado en ese mundo hermético, al que sólo se podía acceder desde la devoción mística a la lírica. Evidentemente, no porque de repente se haya convertido en un espectáculo de masas (la Cultura, con mayúscula, prefiere a las minorías), pero sí ha dejado de ser un espectáculo cultural reservado estrictamente para una determinada clase social.
De alguna manera, la lírica en Oviedo ha perdido una buena parte de aquel sentimiento que determinados grupos sociales solían tener con respecto a la ópera: era, ésta, una institución de propiedad privada . Todavía quedan restos de ese sentimiento en la ciudad --sobre todo, en cenáculos en donde se desarrollan cultos privados al ombligo de la ópera de toda la vida...--, pero un viento liberal agita --quizá, para abanicar el alma del ovetensismo razonable-- las ramas más jóvenes del árbol de la lírica...
Ahora, precisamente, a la ópera de Oviedo le ha ocurrido lo peor que puede sucederle a una iniciativa cultural en este reino de la partitocracia: la han convertido en un pretexto para mantener vivo el debate político que nos aturde, en estos momentos, a los españoles.
Quizá el error de los socialistas, cometido al votar en contra de las pretensiones de Oviedo haya estado precedido de otro error: establecer en el Senado su equiparación con la ópera de Bilbao. Las comparaciones son odiosas, pero a veces también peligrosas. Creo que Oviedo tiene razones suficientes para pedirle al Gobierno el apoyo económico que, a su juicio, necesita para continuar desarrollando su proyecto ideal: ensanchar los límites de la afición popular --de pueblo, no del PP-- a la ópera; lo cuál, no es lo mismo que intentar socializarla . Si la ópera se socializara dejaría de ser un espectáculo lírico para minorías cultas --que no es lo mismo que para élites dominantes...-- convertido en un espectáculo parecido al del fútbol...
En aquellos famosos, por polémicos, folletos de propaganda política que circularon por la región, en varios tomos, con el título común de Construyendo Asturias , en el tomo correspondiente a Oviedo se decía: "El Festival de la ópera en Oviedo es uno de los eventos culturales con más tradición en el Principado y también de los más importantes" (Pag. 35). Con lo cual, se puede deducir que a los socialistas asturianos también les gusta la ópera. Por lo menos, muchos de ellos participan entusiasmados del glamour social que la rodea, lo cual no es poca cosa en una sociedad como esta. Item más: a la candidata socialista a la alcaldía de Oviedo le gusta, al parecer, cantar por las mañanas ópera en su casa. Es decir, en la intimidad...
Pero, además, es que ni con los cuatro votos de los diputados socialistas asturianos en el Congreso se hubiera resuelto favorablemente para Oviedo el problema de la subvención del Estado, un problema que se viene arrastrando desde hace más de una década. Incluidos los ocho años del imperio Aznar . Pienso --si es posible pensar en este país sin que nadie se sienta perjudicado ...-- que el debate sobre el presente y el futuro de la ópera de Oviedo no debería incluirse en el debate político vulgar. No es un buen negocio entrar a formar parte del arsenal que abastece de temas al colérico enfrentamiento partidista entre el PSOE y el PP. Probablemente, la tragedia --si es trágico no estar a la altura de los bilbaínos-- tenga su origen en otra parte. Por ejemplo: en su condición de espectáculo para minorías cultas; con lo cual, los nuevos filántropos de esta sociedad de consumo --los grandes promotores de la construcción-- no consideran rentable la ópera. Pero sí el fútbol...
Lorenzo Cordero. Periodista.
