Una de las promesas económicas del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, nada más entrar en La Moncloa fue la de no aumentar a lo largo de la legislatura la presión fiscal, es decir, el volumen de recursos en relación al PIB que obtiene el Estado a través de los impuestos.
La reforma fiscal del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y el de Sociedades que entró en vigor este 1 de enero es el mecanismo diseñado por el departamento del vicepresidente económico, Pedro Solbes, para cumplir con este objetivo. Según los cálculos de Hacienda, los contribuyentes pagarán 4.000 millones de euros menos al año gracias a los cambios introducidos en estos dos impuestos.
Muchos expertos coinciden en que la última reforma adolece de profundidad y únicamente retoca las grandes líneas de la política fiscal que ya existía. Al margen de estas valoraciones, lo cierto es que su impacto real sobre la presión fiscal no será tan fuerte. Los cambios introducidos en el IRPF y en el Impuesto de Sociedades sólo reducirán una décima este indicador, según las propias previsiones del Ministerio de Economía y Hacienda.
Además, tampoco servirá para cumplir la promesa de Zapatero, máxime cuando la presión fiscal sube por el simple efecto de la expansión económica: crece el empleo, con él, el consumo y, a su vez, la recaudación por IRPF, Sociedades, cotizaciones, etc.
Cuando el Gobierno entró en La Moncloa en 2004, la presión fiscal estaba en el 34,5% del PIB, según los datos de la Intervención General de la Administración del Estado.
Un año después, subió un punto hasta el 35,5%, un repunte superior al registrado durante los cuatro ejercicios anteriores, en los que sólo subió siete décimas. Las previsiones de Hacienda apuntan a que en 2006, la presión se mantuvo invariable, para bajar dos décimas este año, hasta el 35,3%. Es decir, ocho décimas más que al inicio de la legislatura.
A pesar de ser moderado, el impacto de la reforma del IRPF y Sociedades será prácticamente el único que se registre en 2007 entre los componentes de la presión fiscal durante este ejercicio. Los ingresos de las Administraciones Públicas atribuibles a los impuestos indirectos –IVA e Impuestos Especiales, principalmente– se mantendrán invariables, en el 11,9% del PIB según Hacienda, pese a los cambios introducidos, como la subida en un céntimo del impuesto que grava al gasóleo.
Tampoco engordarán los ingresos procedentes de los impuestos sobre el capital, equivalentes al 0,4% del PIB. Ni la recaudación por cotizaciones sociales, que se estabilizarán en el 13,1%, después de varios años de un fuerte crecimiento motivado por la buena marcha del mercado laboral y la incorporación de dos millones de cotizantes extranjeros al sistema.
Por lo tanto, el otro causante del descenso de la presión fiscal en 2007 (otra décima que se suma a la de la reforma fiscal) se encuadra en el denominado capítulo de “ajuste de recaudación incierta”, según Hacienda.

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