Casi nada sabemos de Carmen, la mujer de 67 años que ha dado a luz gemelos en Barcelona gracias a la fecundación in vitro. ¿Por qué una mujer de edad tan avanzada quiere ser madre? Es la pregunta del millón y nadie la ha contestado, por ahora. Las crónicas explican que la protagonista de la noticia se ha limitado a declarar un lacónico: "Tengo mis motivos". Los motivos nos remiten a la suprema libertad del individuo, pero la libertad no es nada si no se contempla junto al ejercicio de la responsabilidad. Debemos entender que pocos actos hay de tanta responsabilidad como dar a luz. Parir a los 67 años -como sería hacerlo a los 15- abre un debate sobre el grado de responsabilidad con que un individuo aborda su existencia y la de esa nueva vida que trae al mundo.

No hay que ser creyente ni tan sólo lector de las bellas palabras del Eclesiastés para saber que, ciertamente, hay un tiempo para cada cosa. Es una enseñanza universal llena de sentido común que previene contra muchos pasos erróneos. Los motivos de Carmen son un misterio, pero, en cambio, es evidente su peculiar sentido del tiempo. Ello convierte una decisión libre en un gesto excéntrico que trivializa tremendamente las posibilidades de la fecundación asistida, tan útil para millones de mujeres que sí están dentro de una edad razonable para ser madres. Paradójicamente, esta noticia tan espectacular puede tener un efecto perverso y negativo sobre los debates éticos y políticos acerca de la investigación biomédica de vanguardia. Porque caricaturiza el uso de una técnica exitosa poniendo encima de la mesa frívolamente esa difícil cuestión que la sociedad, los legisladores y los sabios se van pasando de unos a otros: ¿debe hacerse todo lo que puede hacerse? Está claro que hay límites que no es bueno, ni necesario, ni adecuado rebasar.

Los que estamos a favor de impulsar la investigación biológica y médica para la mejora de la calidad de vida de muchas personas no podemos alegrarnos al saber que una mujer de 67 años ha tenido gemelos gracias a la fecundación in vitro. Es una distorsión. Alguien tenía que recordarle a Carmen, con todo el respeto, que esta técnica no se pensó para mujeres de su edad. Una cosa es que la ley no regule estos asuntos -demasiadas normas son malas- y otra muy distinta es que los profesionales que la trataron en Estados Unidos no le quitaran esta idea de la cabeza.

Cuando los hijos de Carmen cumplan 10 años ella tendrá 77. Como dijo el poeta, los humanos sólo somos tiempo y memoria. La aceleración actual de la existencia es un hecho irrefutable, pero las edades del hombre se basan todavía en la respiración de las estrellas. Es mejor no olvidarlo.