El atentado de ETA cogió por sorpresa a Batasuna y, según fuentes fiables, también a la cúpula de la organización terrorista con quien o quienes el Gobierno Zapatero mantenía un esbozo de negociaciones para llegar a un acuerdo definitivo de paz.
Pero el que apareció demudado en televisión fue el ministro Pérez Rubalcaba, un político para todas las situaciones y bregado en toda suerte de crisis. El presidente Zapatero compareció unas horas más tarde como el boxeador que lleva una gran moradura en el ojo. Un día antes anunciaba que todo iba la mar de bien, más o menos en el momento en que la furgoneta cargada de explosivos quedaba aparcada en la terminal de Barajas.
Quisiera hacer cinco consideraciones respecto a la sacudida política del primer atentado de ETA en más de tres años.
La primera es que los terroristas son los únicos responsables del atentado. Las manifestaciones políticas que cargan la responsabilidad de las muertes al presidente del Gobierno me parecen de un oportunismo indecente.
La segunda es que da la impresión de que el inicio de negociaciones se ha hecho con una cúpula etarra que no domina el aparato y que posiblemente está ya jubilada para tomar decisiones que sean obedecidas por la cadena de mando de la estructura terrorista. Un error que un Gobierno no puede cometer porque en una cuestión de esta envergadura lo primero que hay que procurar es entenderse con los interlocutores adecuados.
La tercera es la ineficacia de los servicios de inteligencia del Estado, que hicieron poner cara de tonto al presidente del Gobierno, que trabajaba con informaciones inciertas, por no decir falsas. No se había detectado el robo de la furgoneta tres días antes en Francia, su paso por la frontera y su llegada a Madrid aparcando tranquilamente en la terminal de Barajas mientras Zapatero trasladaba optimismo a la opinión pública española.
La cuarta consideración es que el final de la violencia llegará el día en que este o un próximo gobierno pacte la paz con ETA. En condiciones aceptables por el Estado y con el abandono de las armas por parte de los terroristas, que son los responsables de tantas muertes y de tanto dolor a tantas víctimas del terror.
La quinta reflexión es que el terrorismo no puede convertirse en arma electoral porque acabará incorporando a ETA como actor principal de la política de un Estado democrático.

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