El príncipe de Asturias tiene previsto inaugurar cuatro nuevas sedes del Instituto Cervantes en Brasil dentro de una semana. Serán las de Brasilia, Porto Alegre, Curitiba y Salvador de Bahía. Con las de Recife, Florianópolis y Belo Horizonte, abiertas recientemente, y las pioneras de Río de Janeiro y São Paulo, suman nueve. Esta cifra convierte a Brasil en el país donde el Cervantes exhibe un mayor despliegue.

¿Por qué motivo? Pues porque Brasil -que linda al este con el océano Atlántico y al norte, al oeste y al sur con un cordón de naciones hispanohablantes- sabe que para expresar todo su potencial necesita derribar las barreras lingüísticas que separan a sus 180 millones de habitantes de los vecinos. A tal efecto, está desarrollando una ley por la que la asignatura de lengua española se convertirá en obligatoria en los centros de enseñanza media. Actualmente hay ya un millón de estudiantes de español en Brasil, y en el plazo de cinco años se prevén once millones. Dentro de diez años se calcula que habrá allá veinte millones de hispanohablantes. Y, en 25 años, ¡cien millones!

Cifras y letras. O letras y cifras. En el discurso de César Antonio Molina, director del Instituto Cervantes, se mezclan constantemente las unas con las otras. Abogado y periodista por formación, escritor, ensayista y poeta por vocación, Molina (A Coruña, 1952) es también un entusiasta dinamizador cultural. Ya lo demostró al frente del Círculo de Bellas Artes de Madrid, al que insufló nueva vida. Ylo está confirmando en el Cervantes. Cuando empuñó sus riendas, hace dos años y medio, la entidad contaba con 40 sedes. Hoy tiene 62, en 39 países. Y cuando expire su mandato, con esta legislatura, confía en que tenga más de 70.

Molina ha pasado sus vacaciones de Navidad en Barcelona. "Mi esposa - explica- es catalana y yo soy gallego, de modo que un año la celebramos aquí y otro en Galicia. Tenemos una hija, que es madrileña: ¡lo nuestro sí que es un tripartito!". Han sido unos días de raro relajo para una persona cuya apretada agenda de viajes podría rivalizar con la de un piloto. De relajo relativo, claro, porque, llevado por su ya citado entusiasmo, Molina ha encontrado algunos huecos para difundir el expansivo momento de la institución que dirige.

"Brasil es el caso más espectacular de explosión del español, pero no es el único -añade durante una conversación con este diario-. Hoy hablan nuestra lengua en el mundo 500 millones de personas. En Estados Unidos hay ahora 43 millones de hispanohablantes; pero se calcula que en el 2050 habrá 100. Ahora mismo hay nueve millones de estudiantes de nuestra lengua. Entre otros motivos, porque un norteamericano bilingüe gana al año un promedio de 8.000 dólares más que uno monolingüe".

"La lengua española - prosigue Molina- es un valor económico importantísimo, nuestro producto más demandado en el mundo. En España, el conjunto de la industria cultural da trabajo a medio millón de personas y representa el 15% del producto interior bruto. En el ámbito internacional, la situación no es menos prometedora. Frente al francés o el alemán, que son idiomas en retroceso, nuestro idioma crece y crece. De hecho, algunas sedes sudamericanas de la Alliance Française o del Goethe Institut (entidades centenarias, a diferencia del quinceañero Cervantes) sobreviven dando clases de español. Los expertos aseguran que los tres grandes idiomas de comunicación en el siglo XXI serán el inglés, el español y el chino mandarín. Los centros del Cervantes tienen ahora unas 120.000 matrículas anuales de estudiantes de español. El Centro Virtual Cervantes recibe cada año 16 millones de visitas de internautas. Y no olvidemos que el castellano tiene un efecto de arrastre beneficioso para las otras lenguas peninsulares. El Cervantes puede dar clases de catalán, gallego o euskera en todas sus sedes donde se soliciten. Ya se dan de catalán en 19 de sus centros".

"Las universidades españolas - continúa, imparable, Molina- deben ser conscientes de que se avecinan tiempos de turismo lingüístico masivo. Ahora tenemos cien mil estudiantes de ese tipo. (Por cierto, Barcelona es la ciudad que recibe más, por delante de Salamanca o Granada). Pero dentro de diez años serán un millón. El turismo lingüístico en España no tendrá nada que envidiar al del Reino Unido, Irlanda o Estados Unidos. Eso requerirá la creación de nuevas infraestructuras y reportará cuantiosos beneficios. Tan sólo el Cervantes, dando clases de español en sus distintos centros, ha generado, en el 2006, ingresos por 28 millones de euros. ¡Las cifras de la lengua - remata Molina, con un coloquial e irreprimible casticismo- son la leche!".

Brasil y Estados Unidos son, como ya se ha apuntado, los dos grandes polos de crecimiento del español (en EE. UU., donde ya funcionan sedes del Cervantes en Nueva York, Albuquerque y Chicago, se pondrán pronto en marcha las de Washington, Boston, Houston, San Francisco y Los Ángeles). Pero ni de lejos son los únicos. Y por ello la red del Cervantes se expande por todo el planeta. También en Asia. El pasado verano inauguró centro en Pekín - con 500 matrículas en su primera semana de funcionamiento-, que vino a sumarse a los de Manila, Hanoi, Kuala Lumpur y Yakarta. Yeste año 2007 se abrirán los de Shanghai, Nueva Delhi, Tokio y Sydney. O, ya en otros continentes, los de Frankfurt - el español es actualmente la lengua extranjera más estudiada en Alemania-, o los de Montreal y Ottawa...

"La lengua es nuestro petróleo -concluye Molina, echando mano de un símil energético-. Hace falta extraerlo, refinarlo, transportarlo y saber venderlo. Pero es petróleo, es nuestro y vamos a sacarle todo el partido posible".