La Coctelera

Reggio

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3 Enero 2007

El verdugo, de Màrius Carol en La Vanguardia

Nicomedes Méndez era conocido popularmente como el verdugo (el botxí) de Barcelona en la segunda mitad del siglo XIX, cuando las ejecuciones a garrote vil eran públicas en la ciudad y congregaban multitudes. Ramon Casas inmortalizó en uno de sus cuadros esta truculenta ceremonia en un óleo que forma parte del fondo del Museo Reina Sofía. El tal Méndez nunca entendió por qué a raíz de pasar por el garrote a Silvestre Lluís en 1896, acusado de ser el autor del crimen de la calle Parlament, la campaña en contra de tales prácticas se acentuó y este mismo diario dedicó un artículo implacable. Tan perplejo se quedó el verdugo por el hecho de que sus patíbulos dejaran de ser un espectáculo de masas que, años más tarde, aprovechando la eclosión del Paral · lel, pidió permiso al gobernador civil para establecer un Palacio de las Ejecuciones, donde plantar su instrumental y reproducir con muñecos el final de personajes como el citado Lluís o Santiago Salvador, autor del atentado en el Liceu. La autoridad se negó en redondo a aprobar tal locura.

Ciento diez años más tarde de esta prohibición, hemos vuelto a presenciar ejecuciones en vivo, aunque esta vez gracias a la cadena Al Iraquiya. El ahorcamiento de Sadam Husein ha sido un espectáculo tan terrible como aquel que horrorizaba a nuestros antepasados. Las imágenes de los verdugos discutiéndose con el reo, los insultos cruzados finales y la sordidez del propio cadalso dicen muy poco de este Estado de derecho que Estados Unidos contribuye a construir en Iraq. El final acelerado y sin todos los papeles en regla, el incumplimiento del propio Código Penal iraquí, que prohíbe las ejecuciones durante las festividades religiosas (fue colgado a las pocas horas de comenzar la fiesta musulmana del sacrificio) y el propio proceso judicial escasamente garantista no dejan en buen lugar al Gobierno de Bagdad ni a los países que lo sostienen.

Causalidad o no, anoche La 2 de TVE pasó de nuevo la película El verdugo,de Luis García Berlanga, filmada hace más de cuarenta años y que constituyó una denuncia contra la pena de muerte en mitad de un régimen que estuvo firmando sentencias mientras a Franco le quedó un hálito de vida. La cinta narra la historia de un empleado de una funeraria que se casa con la hija de un verdugo y hereda el puesto de su suegro, lo que le hace vivir con el miedo en el cuerpo ante la posibilidad de ejercer como ejecutor. Será la Guardia Civil la que perseguirá al propio verdugo para que un día cumpla con su trabajo.

No fue éste el caso de los ajusticiadores de Sadam, quienes disfrutaron con la ejecución mientras lanzaban la frase al reo "vete al infierno, Sadam". Como si el infierno no fuera este Iraq que entre todos han organizado.

Tags: cultura

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