La atención sigue fija en la T4 de Barajas, porque no se tiene certeza sobre la suerte que hayan corrido los dos ciudadanos ecuatorianos desaparecidos tras la explosión de la bomba colocada por ETA. Pocas veces después de un atentado de la banda se ha creado esta incertidumbre, que tiene algún paralelismo con la zozobra por el estado de salud de los heridos de máxima gravedad tras la colocación de cualquier coche bomba.

El nuevo año coincide con el cambio de escenario. La primera sensación que se percibe es de desorientación, particularmente acusada en el Gobierno porque tiene que tomar decisiones en paralelo a las labores de desescombro. ETA ha colocado cientos de kilos de dinamita en Barajas, lo que puede ser indicativo de la gran cantidad de munición que posee. Zapatero ha dicho que el proceso de paz queda en suspenso, pero lo que no sabemos es lo que va a hacer la banda armada. ETA ha roto la tregua con la bomba de la T4, y tras la reacción del Gobierno es posible que encuentre nuevos motivos para cometer más atentados: reabrir el proceso de paz. Por cínico que pueda parecer ese discurso resulta muy ajustado a la mentalidad de los terroristas, que nunca piensan que las bombas ciegan caminos, sino que los abren.

Suspender la vía de los contactos con ETA es una solución provisional, propia de un Gobierno aturdido por la onda expansiva de la poderosa bomba de Barajas. Si la banda vuelve a la dinámica de los coches-bomba, no le valdrá al Gobierno parapetarse tras el discurso del proceso provisionalmente suspendido por ser incompatible con la violencia. Habrá que tomar decisiones más rotundas, evitando asumir en su totalidad el discurso del PP. No será tarea fácil. En cuanto termine el paréntesis navideño, Zapatero tendrá que tomar la primera decisión: qué mensaje va a cubrir el hueco dejado por el proceso de paz. Nueve meses hablando machaconamente de ETA dejaron al Gobierno huérfano de argumentos y ahora habrá que decidir en qué asuntos vuelca su interés. La agenda está repleta de cosas convencionales, pero carecen del morbo del proceso de paz. A ZP no se le dan nada bien las cosas normales o rutinarias, y las extraordinarias, como la negociación con ETA, le han dejado momentáneamente aturdido.