El año 2007 no ha podido empezar peor tras el atentado terrorista de ETA en Barajas, que ha causado dos muertos y varios heridos y que, además del terror y los destrozos provocados, le ha quitado al presidente Zapatero su primer argumento para negociar con ETA cuando decía que la banda llevaba tres años y medio sin matar. Ahora acaba de hacerlo y a pesar de ello el presidente insiste en no romper el proceso negociador -que ha sido dinamitado por la banda- lo que con convierte a Zapatero en rehén político de ETA, porque si los terroristas volvieran a actuar el presidente se vería obligado a dejar el poder, o de lo contrario lo echarán los ciudadanos en 2008. Aunque en el 2007, en las elecciones municipales y autonómicas de la primavera Zapatero, el Gobierno y el PSOE se enfrentarán a un definitivo test electoral.

Una situación muy difícil para el presidente porque, aunque ha suspendido el diálogo con ETA, no ha querido romper la negociación por miedo a más atentados y en espera de un milagro que le haga rectificar a ETA y renunciar a la lucha armada sin recibir a cambio contrapartidas políticas, lo que es difícil de imaginar porque ETA ha matado, precisamente, para obligar al gobierno a hacer dichas concesiones. Y porque además el Gobierno deberá actuar ahora, política y judicialmente, con contundencia frente a la banda intentando capturar alguno de sus comandos –como dicen en fuentes próximas al ministerio de Interior-, lo que podría desencadenar mas respuestas violentas de ETA.

Y todo ello en pleno curso preelectoral y frente a un PP al que ETA le ha dado la razón en su posición contraria a negociar con la banda. Un PP que tardó en reaccionar frente al atentado, con la firmeza que requería el caso y que no descarta presentar una moción de censura a Zapatero en el Congreso de los Diputados, si es que Rajoy decide dar un paso hacia delante, como le exige una parte de su partido. Aunque, curiosamente, son los responsables del sector mas duro del PP y poco amigos de Rajoy, los que no parecen muy entusiastas con la nueva situación porque Rajoy podría verse reforzado –de cara al congreso del partido en el otoño- y ellos por lo que se ve juegan a otra cosa y a otro líder.

Zapatero en crisis

En todo caso no es el liderazgo de Rajoy el que está hoy en juego, aunque también será observado de cerca por la ciudadanía, porque entre los cascotes de la catástrofe también vimos reflejada la imagen del presidente Zapatero con la cara demudada, desconcertado y engañado de manera cruel y ante los ojos de los españoles por aquellos en los que había depositado toda su confianza, los negociadores de ETA y Batasuna, y sobre los que dijo unas horas antes de la explosión que tenía “la convicción” de que el año 2207 iba a ser mejor que 2006, y que el 2006 era el mejor de los últimos años en relación con el terrorismo. La convicción, he ahí el problema. Cuando un jefe de Gobierno dice con toda solemnidad y en público que tiene “la convicción” de que todo va a mejor y horas después le dinamitan un ala del aeropuerto de Barajas, o es que no sabe de lo que habla y miente o juega de farol sin tener información en asuntos tan serios como el terrorismo, o simplemente le han engañado, o no tiene dos dedos de frente ni la capacidad política para gobernar una gran nación como España, que él considera discutida y discutible.

Hemos asistido, a finales de 2006, a la mas flagrante prueba de incapacidad política y desconcierto de un gobernante que no debería seguir en el cargo porque carece de la menor credibilidad, y porque además ha sido incapaz de reaccionar como esperaba la gran mayoría de los españoles: confirmando de la ruptura –iniciada por ETA- del proceso de la negociación, mal llamado de paz, y advirtiendo a la banda que a partir de ahora no habrá mas diálogo y respuestas que las de la Justicia y la acción eficaz de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Eso es lo que debió decir Zapatero tras el estallido del coche bomba en Madrid. Pero no, el presidente pensó mas en él que en los españoles y tras escuchar el mensaje de Otegui y Batasuna, diciendo que el atentado terrorista no ha roto el proceso, Zapatero, impasible e insensible, repitió lo mismo en Madrid, por dos razones: porque si decía que el proceso había fracasado, habría confirmado su propio fracaso político, dado que esta negociación es responsabilidad exclusiva suya; y también porque Zapatero piensa y teme que si era él quien anunciaba la ruptura del proceso –ha sido ETA con su criminal atentado– ello incitará a ETA a volver a matar mas inocentes en los próximos días y entonces lo que queda de legislatura se convertirá en un infierno para él y para el PSOE, aunque algo de ese fuego infernal ya se empezó a vislumbrar en Barajas. Ahora más que nunca Zapatero está en manos de ETA, porque si la banda vuelve a matar el presidente tendrá que dimitir a toda velocidad.

El PSOE desconcertado con Zapatero

Hace pocos días el ex presidente Felipe González escribía un artículo en el diario El País sobre la crispación, en el que culpaba al PP de las tensiones en la vida pública y le pedía que apoyara a Zapatero en la negociación con ETA. Pues bien, mal momento ha escogido González para sus críticas al PP o para hablar de la crispación porque debería saber González que la crispación no suele partir de loa oposición sino del mal uso del poder que hacen los malos gobernantes. Por ejemplo: cuando un presidente del gobierno como Zapatero tras el atentado de ETA decide mantener la negociación con la banda –aunque aplace el diálogo durante un tiempo– eso produce crispación, y desolación. Incluso en el PSOE.

Y resulta un sarcasmo que desde el Gobierno y sobre todo los portavoces oficiales del PSOE se pida ahora la unidad de los demócratas –la que nunca buscaron ellos para iniciar la negociación con ETA– ni mas ni menos que ¡para continuar con este proceso y considerar que el coche bomba de Madrid es solo un paréntesis, que sólo suspende por el momento las negociaciones! El PSOE lo que tendría que hacer, si hubiera democracia interna en el partido, es pedir responsabilidades políticas y explicaciones de todo tipo a su secretario general, Zapatero, porque no les ha contado nada del proceso, les exigió fe y confianza ciega en su capacidad para llevar a cabo la negociación y les aseguró que tenía datos suficientes para justificar todos los pasos que estaba dando. Y todo ello ha resultado ser falso. Joaquín Leguina dijo, una vez que en el PP se quejaron de no tener información sobre el proceso, que en el PSOE pasaba igual porque Zapatero tampoco los había informado de nada. Y José Bono antes de abandonar el ministerio de Defensa afirmó que no le gustaba nada lo que sabía del citado proceso negociador. Pues bien, todavía se atreve el portavoz del PSOE, José Blanco en una patética declaración, a decir que el PP hizo mal en criticar al Gobierno por lo ocurrido.

En realidad José Blanco no representa el sentir mayoritario de los socialistas, menos aún de sus dirigentes o de sus votantes. Otra cosa es que, en estas adversidades, se unan tal y como lo hicieron siempre –con el GAL y la corrupción– porque saben por experiencia histórica que las crisis internas del partido tienen muy mala solución, y también porque no quieren perder el poder. Pero lo ocurrido no evita el desconcierto y la muy creciente preocupación de los dirigentes y militantes socialistas con la capacidad de Zapatero para gobernar y dirigir el partido. Sobre todo porque lo ocurrido, sumado al Estatuto catalán, la memoria histórica y otros disparates, está agotando la paciencia de muchos dirigentes del partido que, a medida que se enfríen estos últimos acontecimientos, aumentarán su nivel de crítica interna al líder y puede que incluso le exijan a Zapatero, como deberían hacer, un claro control de su actuación en esta y otras materias.

El proceso en crisis

En realidad Zapatero, Blanco, Eguiguren y López, son cuatro dirigentes socialistas que deberían ir pensando en su futuro al margen de la escena política, de la misma manera que Conde Pumpido debería abandonar la fiscalía general del Estado, tras lo ocurrido el sábado 30 de diciembre de 2006 en Madrid. Y vamos a ver que ocurre con la más que intencionada moratoria que se dio el Tribunal Supremo para juzgar al entorno juvenil de ETA –los dirigentes de Segui, y otras organizaciones- , que pasa con el procesamiento de Otegi, con De Juana Chaos, etcétera. Y sobre todo que va a pasar con la pretensión de Batasuna de acudir a las elecciones municipales camuflada bajo otras siglas. ¿Lo va a consentir Zapatero en aras del proceso?

La situación del famoso proceso de paz tras el atentado terrorista de ETA es pésima por no decir imposible. Si ETA ha puesto un coche bomba porque Zapatero se resistía a hacer concesiones políticas a la banda, tales como la reagrupación de sus presos, la legalización de Batasuna y el inicio de las negociaciones de la mesa política para hablar de autodeterminación vasca y de Navarra ¿qué les hace pensar a los dirigentes de ETA que ahora Zapatero, tras el coche bomba, empezará a ceder?

Además Zapatero, a igual que ocurrió cuando el robo de 350 pistolas en Francia, deberá ofrecer a los ciudadanos alguna inmediata respuesta policial con la captura de uno o mas comandos, y a ser posible con detención de los responsables del atentado madrileño, lo que de ocurrir podría provocar otra respuesta criminal de la banda, y poner en marcha la escalada definitiva de la violencia.

Si el argumento público de Zapatero para negociar era el de que ETA llevaba más de tres años sin matar, ahora que ha matado a dos personas ¿cómo se atreve el presidente en estas circunstancias a perseverar en el proceso negociador? A lo mejor en Moncloa se imaginan que ETA, tras las consecuencias del atentado, pasará unos meses sin matar y sin violencia callejera y que, a lo mejor después del próximo verano, se puede volver a retomar la negociación. Son capaces de imaginar que ETA y Batasuna van a callar, que no habrá más cartas de extorsión, ni más kale borroka, porque todo apunta a que alguien ha convencido a Zapatero que lo de España es como lo de Irlanda. Y que allí tuvieron lugar varios atentados durante la negociación. Pero los casos no son iguales ni mucho menos y los entrometidos expertos en el caso irlandés no han hecho otra cosa que llevar a Zapatero a la equivocación.

También cabe especular sobre el por qué ETA no anunció la ruptura de la tregua antes de hacer estallar el coche bomba. Unos dirán que en el seno de ETA hay discrepancias y otros que el atentado fue solo una advertencia para obligar a Zapatero a hacer pronto las primeras concesiones políticas a los etarras. Así lo dijo Otegui cuando señaló que en el tiempo de Aznar se habían acercado los presos etarras al País Vasco.

La conclusión que se obtiene de toda esta situación es la siguiente: el proceso, aunque Zapatero no haya querido enterrarlo, está muerto y tiene ahora más dificultades que las que tenía antes del atentado. Como en crisis está el liderazgo de Zapatero y también las relaciones entre el PSOE y el PP que han alcanzando en estos momentos el punto de desencuentro y no retorno definitivo. Con un dato nuevo: Zapatero ya no podrá decir a nadie que negocia con ETA porque lleva tres años y medio sin matar. Ahora ha matado en Madrid y el PP está más cerca de la realidad.

El PP reaccionó tarde

En cuanto al PP tenemos que decir que Rajoy ha hecho bien en exigir a Zapatero que rompa el proceso negociador con ETA y que no solo suspenda el diálogo, aunque hay que decir que Rajoy tardó 24 horas en hacer esta afirmación por dos razones: primero porque tampoco tiene muy claras las cosas en su cabeza y se dejó engañar –otra vez– por la llamada telefónica del presidente en el que le habló de suspensión, y también porque temía que alguien le reprochara la no unidad de los demócratas frente a ETA, una posición que no se puede aplicar a este caso cuando el presidente insiste en dejar abierta la negociación con la banda que acaba de matar; y en segundo lugar porque, una vez mas, el líder del PP ha hecho gala de su vagancia y capacidad de huir de cualquier conflicto, porque Rajoy el sábado día 30, tras conocer el atentado, debió trasladarse a Madrid, visitar el aeropuerto de Barajas, solicitar la reunión urgente de la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados, y exigir públicamente al presidente que rompiera el proceso negociador. Pero Rajoy ha sido incapaz de actuar así, y nadie de los suyos le ha animado a hacerlo.

Y si grave parece el desconcierto de Zapatero y su incapacidad de romper con ETA, tras lo ocurrido en Madrid, pena dar ver la debilidad del primer partido de la oposición, lo que nos conduce a una sensación de orfandad de los ciudadanos y a un cierto vacío de poder. Aunque fuentes allegadas al PP no descartan la posibilidad de presentar en el Congreso de los Diputados una moción de censura contra el presidente Zapatero, por estos hechos y otros que han provocado la ruptura de la convivencia ciudadana.

Sin embargo los populares antes de tomar esta decisión van a ver como se desarrollan los acontecimientos en las próximas horas y van a estudiar, con encuestas, los posibles efectos que podría tener la moción de censura ante los electores que acudirán a las urnas en los próximos meses para participar en los comicios municipales y autonómicos. Entre otras cosas porque en el PP saben que la moción de censura la perderán ante el PSOE y sus aliados, aunque tendrá sus efectos ante la opinión pública. Y también saben que su líder, Rajoy, es contrario a todo riesgo, por más que a Zapatero ya no le quedan argumentos para mantener abierta la negociación con ETA. De manera que la moción de censura, que está en estudio, varemos si llegará antes de lo comicios o incluso para después de las elecciones si el resultado confirma el ascenso del PP, aunque lo lógico sería plantearla nada mas abrirse el curso parlamentario. Pero eso parece pedirle demasiado a un político como Rajoy que actúa precisamente al contrario de Zapatero, huyendo del riesgo, mientras que el presidente es el rey de la temeridad. Y con estos dirigentes, estos mimbres, tendremos que construir el cesto de 2007, un año electoral que se anuncia mas tenso y decisivo de lo que, antes del atentado de Madrid, cabía esperar. Sobre todo porque ETA tiene ahora en manos de sus comandos el presente y futuro del Gobierno y de Zapatero y en cualquier momento lo podrían dinamitar.