La Coctelera

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Azaña, Azaña, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Hora de Aturias

AZAÑA, AZAÑA

Se cuenta que, estando Azaña agonizante, se preguntó en alto por el nombre del país del que había sido Presidente. Lo cierto, don Manuel, es que ese país que usted presidió recupera sus “Obras Completas” 67 años después de su muerte. Lo cierto es, don Manuel, que, a pesar de algunos esfuerzos notables, sigue siendo usted, como acertara a decir su viejo amigo y cuñado, un desconocido. Ya es anomalía grande y grave que un país europeo y democrático tarde casi tres cuartos de siglo en poner a disposición del público lector toda la obra de un personaje histórico que, además, fue una de las cumbres de la prosa de su siglo, sin perder de vista que la referida obra está inmersa en un contexto histórico y cultural que sigue generando una bibliografía oceánica.

Coincide la publicación de sus “Obras Completas” con la aceptación de la “ñ” en la Red de redes del ciberespacio. Coincide la publicación de sus Obras Completas con la aprobación definitiva de la que se ha dado en llamar “Ley de la Memoria”. Coincide la publicación de sus Obras Completas con una campaña político-publicitaria en la que los socialistas vienen a decir que todo lo bueno de los últimos años en España se escribe con “z” de Zapatero. Es decir, coincide la puesta de largo institucional de su obra con una campaña en la que la ortografía y el idioma salen malparados. Todo un insulto a la inteligencia, como usted acostumbraba a decir. ¡Y casi nadie quiere caer en la cuenta, don Manuel, de que la España que usted representa por la que abogamos los que nos sentimos republicanos se escribe con “ñ” de Azaña y con “z”, también de Azaña!.

Me vengo preguntando, don Manuel, qué hubiera pensado usted ante el lance que tuvo lugar en Santiago de Chile entre el nieto de Alfonso XIII, nombrado sucesor por el general Franco, y un esperpéntico político venezolano que va siempre con su circo a cuestas. Y es que, verá usted, en esta España de hoy la lucidez en el discurso no despierta admiración alguna. No es tiempo de grandes oradores. No es tiempo de intervenciones públicas brillantes. Es tiempo de insultante mediocridad.

Me he venido preguntando qué podría haber pensado usted ante las palabras que le dedicó el actual Presidente del Gobierno español, que dice sentirse heredero del legado de la 2ª República, aquella que usted forjó, pero que, sin embargo, considera que ahora la monarquía es la mejor forma de Gobierno para España.

Fíjese, se habló incluso en fechas recientes de devolver sus restos a España. Sin poner en duda la buena intención de quien esto sugirió, es indudable que a usted no lo han leído; por ejemplo, sus palabras sobre Quintana. Por ejemplo, su voluntad de descansar para siempre en aquella tierra donde la muerte lo arrebatase.

Sea como sea, don Manuel, España no ha recuperado la totalidad de su obra hasta el otoño de 2007. Lo que me temo, y desearía equivocarme, es que no serán muchos los ciudadanos que se vuelquen en su lectura. Lo que me temo es que su obra y su palabra sean la prueba irrefutable de una España que se sepultó tras una guerra horrible y tras una posguerra de sangre, sudor y lágrimas.

No se trataba, y mucho menos en su nombre, don Manuel, de resucitar viejos odios, de volver a las andadas. La letra y la música de su discurso del 38 van en dirección totalmente opuesta a ello. Pero sí se tendría que recuperar el legado de una generación como la suya, cuyo drama definió usted de forma difícilmente superable en su ensayo sobre Cervantes cuando apuntaba que raras veces se daba en la historia una circunstancia como aquélla en la que el declive de un mundo y de una generación se producían al mismo tiempo. Lo que usted no podría imaginarse en 1930, don Manuel, era que diez años más tarde en aquella Francia cuya civilización conocía usted tan a fondo estaría presente el nazismo que daba muerte a la democracia y al liberalismo que usted había intentado asentar en España.

Uno, don Manuel, en esta España de 2007, no puede no sentir impotencia por vivir en una país que ha tardado casi setenta años en recuperar su obra completa, rescatada una parte en dependencias policiales, hace de ello poco más de 15 años; otra, años más tarde, entre los papeles de la familia del dictador. Quisiera creer que nunca es tarde para recuperar un legado tan importante intelectualmente, pero no puedo negar que tengo dudas, muchas dudas.

Y no quiero terminar estas líneas sin confesarle que puedo imaginarme sus gestos de desdén si pudiese presenciar usted la apropiación indebida que unos y otros vienen pretendiendo hacer de su figura.

Luis Arias Argüelles-Meres es autor del ensayo Azaña o el sueño de la Razón. Nerea, Madrid, 1990

Se avecina el colapso del sistema bancario moderno, de Mike Whitney en SinPermiso

Las acciones cayeron drásticamente la pasada semana al conocerse la aceleración de la inflación, que limitará la capacidad de la Reserva Federal para seguir bajando los tipos de interés. El jueves, el Dow Jones Industrials cayó 294 puntos, tras anunciarse el recorte de un cuarto de punto en el tipo de los fondos de la FED. El viernes, el Dow bajó otros 178 puntos, cuando datos del gobierno revelaron que los precios del consumo habían subido un 0,8% el mes pasado, tras un 0,3 por cien en octubre. El mercado de valores va dando tumbos cuesta abajo, camino de convertirse en un "mercado primario bajista". Ha habido un continuo deterioro en las ventas al detalle, en el sector comercial inmobiliario y en los transportes. La industria financiera pasa por una importante retracción, habiendo perdido más del 25% en capitalización agregada desde julio. El mercado inmobiliario está colapsado. El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, anunció el viernes que declarará la "emergencia fiscal" en enero y pedirá más poderes para hacer frente al déficit presupuestario de 14 mil millones de dólares generado por la fusión del préstamo subprime.

Los economistas están comenzando a reconocer públicamente lo que muchos analistas de mercados sospechaban desde hace meses; la economía de la nación ha entrado en barrena picada.

El presidente de Morgen Stanley en Asia, Stephen Roach, observó lo que sigue en el New York Times del pasado domingo:

"Esta recesión será más profunda que la superficial contracción de comienzos de esta década. El desplome del punto.com derivó del colapso de un capital de negocios, cuyo gasto llegó a representar en el momento culminante, en 2000, sólo el 13% del producto interior bruto. La presente recesión tiene que ver con la capitulación del consumidor americano que se avecina, el gasto del tiene ahora récord de un 72% del PIB."

La mayoría de la gente no tiene la menor idea de la gravedad de la presente situación, ni del desastre al que tendrá que hacer frente el país, cuando empiece a soplar el huracán de los billones de dólares procedentes de bonos y títulos sobreapalancados. Está extendida la creencia de que los pilotos del sistema - Bernanke y Paulson – pueden, de uno u otro modo, maniobrar para sacar a la economía de este "curso turbulento" y llevarla a aguas tranquilas. Pero no es así, y el prejuicio revela una incomprensión fundamental del modo de funcionamiento de los mercados. La FED no tiene poderes mágicos, y no se expondrá ella misma a ser atropellada por los mercados manteniéndose atravesada en el camino de una avalancha de mercado. A medida que aumenten los cierres y las bancarrotas, las acciones se desplomarán, y la FED se mantendrá circunspectamente al margen.

En estas últimas semanas, Bernanke y Paulson han ensayado varias estrategias fallidas. Paulson pergeñó un plan para ayudar a los grandes bancos inversores a consolidar y re-empaquetar su basura hipotecariamente respaldada, convirtiéndola en un "Super SIV" [SIV: "vehículo de inversión estructurada", por sus siglas en inglés; N.T.], a fin de darles otra oportunidad de descargar en el público sus malas inversiones. El plan no era otra cosa que una táctica de relaciones públicas que ha sido ya abandonada por el grueso de los participantes clave. La implicación de Paulson es un verdadero lamparón para el Departamento del Tesoro. Tal parece como si tratara de engañar a los inversores, mientras viene en socorro de sus amigotes de Wall Street.

Paulson agregó también una congelación de los tipos "para apoyar a la industria" que, pretendidamente, habría de ayudar a los 3,5 millones de propietarios de vivienda que se enfrentan a la perspectiva de convertirse en morosos, si no reciben asistencia gubernamental. Estimaciones recientes de expertos dicen que el plan de Paulson solo ayudará a 140.000 hipotecados, abandonando en cambio a millones a su suerte. Una y otra vez, Paulson ha demostrado no estar a la altura de un desafío económico de esta magnitud.

El jefe de la FED, Bernanke, no lo ha hecho mucho mejor que Paulson. Su rebaja de tres cuartos de punto en los Fondos de la FED no ha hecho bajar las tasas de interés hipotecario, ni ha generado mayores ventas inmobiliarias, ni ha estabilizado el mercado de valores, ni ha mitigado el masivo endeudamiento de los bancos. Ha sido un pinchazo de principio a fin. Todo lo que ha conseguido es debilitar el dólar y disparar una ola de inflación. De hecho, de acuerdo con las estadísticas que presenta ahora el gobierno, los precios de la energía están subiendo un 18,1% anual. Se diría que Bernanke está siguiendo al pie de la letra la supuesto dicho de Lenin, según el cual "la mejor manera de destruir el sistema capitalista es corromper la moneda".

El miércoles, la Reserva Federal comenzó un "esfuerzo coordinado" con el Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo y el Banco Nacional Suizo, a fin de afrontar las "altas presiones a que está sometido el aprovisionamiento monetario a corto plazo de los mercados". La FED hizo una declaración, conforme a la cual "pone a disposición del Banco Central Europeo y del Banco Nacional Suizo 24 mil millones de dólares para incrementar la oferta de dólares en Europa" (Bloomberg). La FED añadirá otros 40 mil millones por vía de subastas, a fin de incrementar la liquidez en EEUU. Bernanke trata de aflojar el nudo con que el Libor (London Interbank Offered Rate) ha ceñido los tipos en Inglaterra, reduciendo el préstamo interbancario. El declive ha hecho cojitranco el ritmo de crecimiento, y podría meter al mundo en una espiral de recesión. El "plan maestro" de Bernanke es poco más que inyección de efectivo en bancos a pique de hundirse. Son ínfimas sus posibilidades de éxito. La FED está ofrciendo 0,85 dólares por dólar atrapado en los títulos hipotecariamente respaldados (MBS, por sus siglas en inglés) y obligaciones de deuda colateralizada (CDO, por sus siglas en inglés), que se vendían la semana pasada en la E*Trade liquidation a 0.27 dólares por dólar. Al mismo tiempo, la FED ha prometido mantener secretas las dentidades de los bancos que toman prestados esos fondos de emergencia. La FED está llevando sus negocios como un vulgar corredor de apuestas.

Desgraciadamente, la operación de salvamento de la FED no ha conseguido nada. Los tipos Libor –que están ahora en su valor más alto de los últimos siete años— no han bajado. Eso causa gran preocupación entre los dirigentes de los Bancos Centrales de todo el mundo, pero nada pueden hacer al respecto. Los bancos están hacienda acopio de efectivo para subvenir a las necesidades de capital. Tratan de contrarrestar la pérdida de valor de sus activos (hipotecariamente respaldados) incrementando sus reservas. Al mismo tiempo, el sistema está obturado por billones de dólares de malos títulos, lo que ha paralizado el crédito. Las gigantescas inyecciones de liquidez realizadas por la FED no han hecho nada por mejorar o rebajar los tipos interbancarios. Ha sido un pinchazo. El mercado es el que dirige ahora los tipos de interés . Si la situación persiste, el mercado de valores se desplomará.

Mirar el abismo

Uno de los principales economistas británicos, Peter Spence, lanzó una advertencia el sábado:

"El gobierno tiene que suspender un conjunto de regulaciones bancarias que están en el núcleo de la presente crisis financiera, o arriesgarse a ver cómo la economía entra en una espiral, cuyo final podría hacer aparecer el crack de 1929 como un paseíllo por el parque."

LLeva razón Spencer. Los bancos no tienen el dinero necesario para prestar a las empresas o a los consumidores, porque tratan de hacerse con más efectivo para subvenir a sus necesidades de capital en activos que continúan en declive. (La FED puede pagar 0,85 dólares por dólar, pero los inversores no están dispuestos a pagar nada.) Spencer supone fundadamente que la razón de que los bancos hayan paralizado el préstamo no es porque "desconfíen" de otros bancos, sino porque están pillados de capital a causa de todas sus engañosas hojas "fuera de balance". Si no se modifican las regulaciones de Basilea, los mercados monetarios seguirán congelados, el PIB menguará y habrá una oleada de quiebras bancarias.

Spencer dijo:

El Banco [de Inglaterra] está mirando al abismo. La Autoridad de Servicios Financieros tiene que hacer una ronda y comprobar que todos los bancos son solventes, y luego tiene que rebajar el nivel de capital requerido por Basilea, pasando de 8pc a 6pc. ("Call to Relax Basel Banking Rules, UK Telegraph)

Spencer confirma lo que ya sabíamos: que los bancos están gravemente subcapitalizados y se verán sometidos a creciente presión, a medida que cientos de miles de millones de dólares de títulos hipotecariamente respaldados (MBS) y de obligaciones de deuda colateralizada (CDO) sigan perdiendo valor y tengan que ser sostenidas con capital adicional. Los bancos simplemete no tienen los recursos, y llegará el día en que tendrán que echar cuentas.

Bill Gros, de Princo, lo pone así: "En substancia, estamos asistiendo al derrumbre de nuestro actual sistema bancario". Lleva razón Gros, pero con eso cubre sólo una pequeña porción del problema.

El economista Ludwig von Mises fue en su día más lacónico:

"No hay modo de evitar el colapso final de un boom fundado en la expansión crediticia. La cuestión es sólo si la crisis llegará pronto, como resultado de la interrupción voluntaria de una ulterior expansión crediticia, o más tarde, como catástrofe final y total del sistema monetario en cuestión."

El problema básico trae su origen en la FED, cuando el anterior jefe Alan Greenspan bajó los tipos por debajo de la inflación durante 31 meses seguidos, lo que inyectó billones de dólares de crédito a bajo interés en el sistema financiero y encendió un frenesí especulativo en el sector inmobiliario. Greenspan ha dedicado mucho tiempo últimamente a descargarse de toda culpa por la catástrofe que engendró. Es un "pasa-culpas" de primera. En el Wall Street Journal del pasado viernes, Greenspan pergeñó una defensa en 1500 palabras de su acción como jefe de la Reserva Federal, señalando con el dedo a todo y a todos, desde el "bajo coste de la fuerza de trabajo" en China a "la caída Delmiro de Berlín". El opúsculo está escrito en la habitual prosa confusionaria de Greenspan. Con su opacidad marca de la casa, Greenspan pasa de puntillas por encima de hechos bien documentados de la época de su jefatura en la FED, para absolverse a sí mismo de cualquier responsabilidad personal por el desastre subsiguiente.

La apología de Greenspan es una obra maestra de lógica viciosamente circular, deliberada evasión y patente negación de la realidad. Dice:

"No dudo de que unos tipos bajos federales en respuesta al desplome del punto.com, y especialmente el tipo del 1% alcanzado a mediados de 2003 para contrarrestar la potencial deflación, bajaron los tipos de interés hipotecario variables y pueden haber contribuido al aumento de precios de la vivienda en EEUU. En mi opinión, sin embargo, el impacto sobre la demanda de vivienda financiada con hipotecas variables no fue grande."

¿Qué "no fue grande? 3,5 millones de embargos potenciales, un acúmulo de oferta no vendida de 11 meses, desplome de los precios inmobiliarios, todo un sector hundido en una angustia terminal que arrastra a la economía global, ¿eso "no es grande"?

Pero Greenspan está parcialmente en lo cierto. Las cuitas inmobiliarias no pueden atribuirse totalmente a las políticas monetarias de "crédito barato" desarrolladas por la FED. También fueron alimentadas por una Doctrina de la Desregulación que ha penetrado, perneándolos, en los mercados norteamericanos de capitales desde la era Reagan. Las ideas de Greenspan sobre el modo en que los mercados deberían funcionar estaban –en buena medida— moldeadas por esa ideología no-intervencionista/no-supervisadora que ha creado enormes burbujas en los mercados de valores y no menos enormes desequilibrios. El apoyo dado por el anterior jefe de la FED a las hipotecas de interés variable y al préstamo subprime muestra que Greenspan se entendía a sí mismo más como un animador de los grandes jugadores del mercado que como un árbitro imparcial, cuya tarea era controlar los comportamientos temerarios o poco éticos.

En su artículo, Greenspan añade también esta reveladora pieza de información:

"El valor de los títulos comerciados en el mayor Mercado de valores del mundo ha subido hasta alcanzar los 50 billones de dólares, el doble que en 2002. La drástica subida de los precios de la vivienda generó una erupción de grandes burbujas inmobiliarias a escala mundial, siendo Japón y Alemania las únicas excepciones."("The Roots of the Mortgage Crisis", Alan Greenspan, Wall Street Journal)

Admisión que prueba la culpabilidad de Greenspan. Si sabía que los precios de las acciones habían doblado su valor en apenas 3 años, también tenía entonces que saber que los títulos no subían a causa de incrementos de productividad o de demanda (fuerzas del mercado). La única explicación razonable para la inflación de activos, pues, era la política monetaria. Como dijera famosamente su propio mentor, Milton Friedman: "La inflación es siempre y dondequiera un fenómeno monetario". Cualquier economista capaz habría sabido que la explosión de los precios de la vivienda y de las acciones era un signo de inflación irregular. Ahora que ha estallado la burbuja, la inflación se propaga desatada por la economía toda.

Greenspan es un hombre muy listo. Es absurdo pensar que no sabía lo que estaba pasando. Es teoría económica elemental. Claro que sabía por qué las acciones y los precios inmobiliarios se disparaban. Fue él quien puso la cadena del dominó en marcha con la ayuda de su imprenta.

Pero el crédito a bajo interés de Greenspan solo es una parte de la ecuación. La otra parte tiene que ver con el modo en que los mercados han sido alterados por las "finanzas estructuradas".

Lo que resulta tan destructivo de las finanzas estructuradas es que permiten a los bancos crear crédito "de la nada", arrebatando a la FED su papel de controladora de la oferta monetaria. David Roche explica cómo funciona eso en extracto de libro New Monetarism aparecido en el Wall Street Journal:

"La causa del crecimiento exponencial del crédito, pero no de la moneda en general, fue simplemente que los bancos dejaron de registrar sus préstamos en sus libros, y los que figuran en las hojas de saldo del banco, cuentan como dinero. Ahora, tan pronto hacen los bancos un préstamo, lo "securitizan", y lo sacan de su hoja de saldo.

"Sólo había dos maneras de hacer eso. Una era vender el préstamo segurizado como bono. La otra era proceder a una segurización "sintética": por ejemplo, usando derivados para escapar al riesgo de morosidad (con cambios de créditos fallidos) y aferrarse al tipo de interés debido al préstamo (con cambios de tipo de interés). Ambas formas de segurización significan que el banco prestador queda en libertad para realizar nuevos préstamos sin que se vea afectada su capacidad prestamista, una vez los préstamos realizados han sido "segurizados".

"Así, para redefinir la liquidez bajo lo que yo llamo Nuevo Monetarismo, a la tradicional definición de la moneda en general, hay que añadir todo el crédito creado y movido por las hojas de saldo de los bancos hacia las hojas de saldo de los intermediarios no-financieros. Esa nueva forma de liquidez ha alterado la naturaleza misma de la bestia que es el crédito. Lo que ahora determinaba el crecimiento del crédito era el apetito de riesgo: la disposición de las empresas y de los individuos a llevar sus negocios con mayores niveles de endeudamiento." (Wall Street Jornal.)

Los bancos han estado creando billones de dólares de crédito (por la vía de originar seguridades respaldadas hipotecariamente, obligaciones de deuda colateralizada y títulos comerciales respaldados por activos), sin mantener las reservas de capital proporcionales para respaldar ese crédito. Eso explica por qué los bancos estaban tan prontos a proporcionar crédito hipotecario a millones de solicitantes sin documentación, sin ingresos, sin colateral y con una mala historia crediticia. Creían que no había riesgo, porque estaban haciendo enormes beneficios sin comprometer en lo más mínimo el propio capital. Era, literalmente, dinero por nada.

Ahora, desgraciadamente, el mecanismo generador de nuevos préstamos (e ingresos) se ha derrumbado. La fuentes principales de la renta bancaria, o han sido gravemente dañadas o se han secado completamente. Una de esas fuentes de renta, los títulos comerciales respaldados hipotecariamente (ABCP, por sus siglas en inglés), han experimentado un decremento de un tercio (400 mil millones de dólares) en sólo 17 semanas. También la segurización de las seguridades hipotecariamente respaldadas murió antes de ingresar en el hospital. El mercado para MBSs y CDOs y otros complejos bonos se ha unido a los pterodáctilos en los libros de historia. Lo mismo vale para los "vehículos de inversión estructurada" (SIV, por sus siglas en inglés) y otros timos "fuera de hoja de saldo", que o se han desplomado por completo o se están ahora marchitando salvajemente en bonos respaldados hipotecariamente. No hay vía de salida. Vendrán bancarrotas y quiebras de bancos. Las "finanzas estructuradas" han usurpado la autoridad de la FED para generar crédito nuevo, poniéndolo en manos de los bancos.

Ahora todo el mundo pagará el pato

Los inversores han perdido su apetito por el riesgo y huyen de todo lo que tiene que ver con propiedad inmobiliaria y bonos hipotecariamente respaldados. Eso significa que unos 3 billones de deuda segurizada (CDOs, MBs y ASCP) se estrellarán en tierra ocasionando una violenta sacudida a la economía. No sólo los bancos sufrirán un revés. Como señala el profesor Nouriel Roubini, los intermediarios financieros, los bancos de inversión, los fondos de mercados monetarios, los fondos de derivados financieros y los prestamistas de hipotecas están igualmente en el punto de mira:

"Las instituciones no bancarias carecen de acceso directo al apoyo en liquidez de la FED y de otros bancos centrales, y corren ahora el riesgo de un colapso de liquidez, en la medida en la que tienen responsabilidades a corto plazo pero su activos son a largo plazo y no líquidos; de modo que el riesgo de algo equivalente a una quiebra bancaria está creciendo en el caso de estas instituciones financieras no bancarias. Y no hay posibilidades de que instituciones de depósitos presten a su vez a esas instituciones no bancarias los fondos que les prestan los bancos centrales, porque ellas mismas tienen problemas liquidez y no acaban de fiarse de las instituciones no bancarias. Así pues, en resolución, la política monetaria es ahora totalmente impotente para enfrentarse a problemas de liquidez y a los riesgos de quiebra ante las responsabilidades líquidas de una buena parte del sistema financiero." (Nouriel Roubini, Global EconoMonitor)

A medida que se acelera el declive de los CDOs y los MBSs, los inversores emprenderán un "febril vuelo" hacia la liquidez, como se acaba de ver con el reciente incremento en la demanda de bonos del Tesoro de EEUU. A eso podría seguir una serie de quiebras bancarias y no bancarias espectaculares. Los billones de dólares de "capital virtual" milagrosamente creados por la segurización cuando el mercado estaba henchido de optimismo se desvanecerán en un instante en cuanto el mercado se deje llevar por el miedo. De hecho, la burbuja accionarial ya ha pinchado, y el proceso está en marcha.

Mike Withney es un analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.

Tradución para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench

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Counterpunch, 17 de diciembre de 2007

¿Qué es ser políticamente realista hoy?, de Paul Krugman en SinPermiso

"Seamos francos: los tertulianos y columnistas políticos que dicen que lo que realmente quieren los electores es un candidato que les haga sentir bien y poner fin a los duros rifirrafes partidistas, no hacen sino proyectar sus propios deseos en la opinión pública"

Hablando en términos generales, los competidores mejor situados en la carrera para la nominación del Partido Demócrata están ofreciendo propuestas políticas similares, aun a pesar de la disputa en torno de la asistencia sanitaria. Pero hay grandes diferencias entre los candidatos en punto a sus convicciones sobre el desarrollo de una política progresista en la actual realidad.

En un extremo, Barack Obama insiste en que el problema de América es que nuestras políticas están actualmente inspiradas en el "resentimiento sectario", e insiste en que él puede lograr hacer las cosas instalándose en "una manera distinta de hacer política".

En el extremo opuesto, John Edwards culpa de nuestros problemas al poder de los ricos y a los intereses granempresariales, y dice, en efecto, que América necesita otro F.D.R. [Franklin Delano Roosevelt]: una figura polarizadota que, aun atrayéndose grandes odios de la derecha, consiga sin embargo hacer grandes cambios.

Estos últimos días, el señor Obama y el señor Edwards han ido desarrollando argumentos de amplio alcance sobre la atención sanitaria que tienen directamente que ver con esa cuestión. Y yo tengo que decir que el señor Obama se ha mostrado, digamos, como un ingenuo.

Los argumentos comenzaron durante el debate del Partido Demócrata, cuando la moderadora — Carolyn Washburn, editora de The Des Moines Register — sugirió que el señor Edwards no debería expresarse con tanta acrimonia contra los ricos y los particulares intereses granempresariales, porque "esos mismos grupos suelen conseguir que se hagan las cosas en Washington".

El señor Edwards replicó: "Algunos sostienen que tenemos que sentarnos a la mesa con esas gentes, y que cederán de buen grado su poder. Yo creo que eso es completamente ilusorio; jamás ocurrirá".

Una colleja suficientemente explícita al señor Obama, quien ha dicho por activa y por pasiva que la reforma sanitaria tiene que negociarse en una "gran mesa" que incluya a las compañías de seguros y a las empresas farmacéuticas.

El pasado sábado, el señor Obama respondió, esta vez criticando al señor Edwards explícitamente. Declaró que "queremos reducir el poder de las empresas farmacéuticas y de las compañías de seguros, etc., pera la idea de que ellas no tienen absolutamente nada que decir al respecto no es precisamente realista."

Humm...¿Se darán cuenta esos partidarios del señor Obama que tanto celebran su preciada capacidad para unirnos de que ese "nos" incluye a los lobbies de las compañías de seguros y de las empresas farmacéuticas?

Está bien, digámoslo con más seriedad: quien realmente es irrealista aquí es el señor Obama dando a entender que las industrias aseguradora y farmacéutica –que son, en buena medida, la causa de nuestros problemas de asistencia sanitaria— jugarán un papel constructivo en la reforma sanitaria. Lo cierto es que no hay manera de reducir el despilfarro bruto de nuestro sistema de salud, sin reducir al propio tiempo los beneficios de las industrias generadoras de ese despilfarro.

Por consecuencia, las empresas aseguradoras y farmacéuticas –respaldadas por el movimiento conservador en bloque— se opondrán implacablemente a cualquier reforma significativa. ¿Y qué haría entonces el señor Obama? "Yo iría a la televisión y diría que Harry y Louise mienten", dice. No me cabe duda de que los lobistas están ya aterrorizados.

Como con la asistencia sanitaria, así también con el resto de la agenda política progresista. Quienquiera que crea el próximo presidente de los EEUU puede lograr un cambio real, sin librarse a un amargo enfrentamiento vive en un mundo de fantasía.

Lo que me causa una enorme preocupación: en un sentido importante, el señor Obama se ha convertido, en efecto, en el candidato anti-cambio.

Una poderosa marea populista está barriendo ahora mismo América. Por ejemplo, una encuesta reciente de Democracy Coros entre los votantes descontentos mostró que la afirmación más comúnmente elegida para explicar los males del país era ésta: "La gran empresa consigue todo lo que quiere en Washington".

Y tenemos todas las razones para pensar que los Demócratas pueden ganar las elecciones del próximo año, si se resuelven a montar sobre esa marea populista. La prueba más reciente la dieron sendas sesiones de grupo organizadas por Fox News y la CNN durante el debate del Partido Demócrata la semana pasada: ambas declararon al señor Edwards claro vencedor.

Pero los noticieros de los medios de comunicación retroceden ante los llamamientos populistas. El Des Moines Register, que apoyaba al señor Edwards en 2004, lo rechaza ahora con el argumento de que su "dura retórica antiempresarial le dificultaría el trabajo conjunto con el mundo de los negocios necesario para construir el cambio."

Y aunque The Register apoyó a Hilary Clinton, el máximo beneficiario de la alergia mediática al populismo ha sido claramente Obama y su mensaje de reconciliación. De acuerdo con un reciente estudio realizado por el Project for Excellence in Journalism, la cobertura mediática del señor Obama ha resultado mucho más favorable que la de cualquier otro candidato.

¿Qué ocurrirá, si el señor Obama resulta nominado?

Probablemente ganará las elecciones, pero no a lo grande, como lo haría un candidato montado en una plataforma populista. Seamos francos: los tertulianos y columnistas políticos que dicen que lo que realmente quieren los electores es un candidato que les haga sentir bien y poner fin a los duros rifirrafes partidistas, no hacen sino proyectar sus propios deseos en la opinión pública.

Y nada de lo que el señor Obama ha dicho sugiere en lo más mínimo que sea consciente de las durísimas batallas que le aguardan, si llega a presidente y trata de hacer algo.

Paul Krugman es uno de los economistas más reconocidos académicamente del mundo, y uno de los más célebres gracias a su intensa actividad publicística y divulgativa desde las páginas del New York Times. Colaboró en su día con el grupo de asesores de economía del Presidente Clinton, pero la dinámica de la vida económica, social y política de los EEUU en el último lustro le ha llevado a diagnósticos tan drásticos como lúcidos del mundo contemporáneo.

Traducción para www.sinpermiso.info: Roc F. Nyerro

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The New York Times, 17 de diciembre de 2007

Lo silencios del Rey, de Rafael Torres en La Opinión de La Coruña

En el último mensaje navideño, el rey estuvo más elocuente que nunca, pero sólo en los silencios, que fueron muchos y, valga la imposible paradoja, sonados. Juan Carlos I, que no es un orador, ha conseguido con el tiempo, a fuerza de leer discursos y salutaciones, una cierta solvencia inerpretativa que si bien no satisface la general demanda de espontaneidad, ni trasmite, en consecuencia, el calor que la ocasión y la fecha requieren, sí logra un mínimo de inteligibilidad, la suficiente, cuando menos, para que los analistas de sus alocuciones navideñas busquen en sus resquicios toda suerte de mensajes cifrados. La otra noche, sin embargo, las claves del enigma había que buscarlas en los silencios.

Una cosa es la locuacidad y otra, muy distinta, la elocuencia. De lo primero anduvo sobrado el monarca por lo mucho que dijo, que no dejó sin citar ningún asunto de moda, desde la ecología a los muertos de la carretera, desde la inmigración a la violencia machista. De lo segundo, en cambio, anduvo como siempre romo, ayuno, por la forma monocorde, oficialista y fría de decirlo. Ahora bien; en esta ocasión no estuvo exento de elocuencia su discurso anual a los españoles, pues el silencio, esto es, lo que no dijo, vino a aportarla: ni una palabra sobre la contestación cada vez mayor a la institución que representa, ni una alusión al annus horribilis de la monarquía, ni una mención a los sucesos (secuestro de El Jueves, procesamiento de dibujantes y de pirómanos de retratos reales, enfrentamiento con el presidente de Venezuela, etc.) en los que su figura y su persona se han visto involucrados. Se esperaba, ya que su voz se oía en la noche del lunes en todas las emisoras de radio y en todas las cadenas de televisión, que dijera algo, pero sólo hablaron, por él, sus silencios.

El macroproceso 18/98 y la peligrosa normalización de la excepción, de Jaume Asens y Gerardo Pisarello en SinPermiso

Las reacciones mayoritarias ante la sentencia de la Audiencia Nacional en el Sumario 18/98 constituyen un preocupante síntoma de degradación cívica. Ni en los momentos de máxima violencia de ETA, en los años 70 y 80, se había consentido de manera tan laxa la restricción de libertades políticas como instrumento de "lucha contra el terrorismo". Los intentos gubernamentales para disolver HB generaron un amplio rechazo ciudadano y no encontraron alguno en los tribunales de justicia. En una sentencia de 1995, Tribunal Constitucional dejó sentado que "la manifestación pública, en términos de elogio o exaltación, de un apoyo o solidaridad moral o ideológica con determinadas acciones delictivas, no puede ser confundida con tales actividades" (STC 42/95). Hasta el ínclito Pedro J. Ramírez llegó a publicar en 1998 un editorial en el que, a propósito del cierre de Egin, recordaba con tono solemne que "delinquen las personas, no las rotativas".

Pues bien, en los últimos años, este sentido común se ha alterado de manera significativa. Una parte considerable de la ciudadanía ha asumido con indiferencia, cuando no con entusiasmo, los estropicios legislativos, judiciales o policiales cometidos contra la izquierda abertzale en Euskadi y, de modo más general, contra todo lo que pueda oler a nacionalismo periférico o a independentismo.

En este proceso de neutralización del sentido garantista colectivo, el impulso de la Ley de Partidos de 2002 ha desempeñado un papel central. Su objetivo, precisamente, era obtener por una vía política "sencilla" lo que las garantías jurisdiccionales no habían permitido conseguir a golpe de simples prejuicios o de deducciones apresuradas. Así, a pesar de la letanía formal según la cual "en un Estado democrático se pueden defender todas las ideas", se aceptó sin escándalo que la resistencia a "condenar" un acto terrorista en los mismos términos exigidos por los partidos mayoritarios permitiera la ilegalización de formaciones políticas con significativa implantación social. A diferencia de lo ocurrido algunos años atrás, los medios de comunicación, los partidos mayoritarios y una parte considerable de los juristas e intelectuales "progresistas" mantuvieron un clamoroso silencio e incluso celebraron la "sensatez" de la medida.

A partir de entonces, la pendiente resbaladiza del recorte de libertades civiles y políticos quedó expedita. Toda disidencia respecto de la manera "oficial" de entender la identidad nacional del Estado, sobre todo si se hacía desde premisas pluralistas o que pusieran en entredicho los lugares comunes del nacionalismo español, pasó a considerarse sospechosa de servir a los intereses del terrorismo y susceptible, por tanto, de ser ilegalizada. A partir de forzadas argumentaciones siempre ligadas a la "lucha contra el terrorismo", se cerraron periódicos, se prohibieron agrupaciones electorales, se introdujeron delitos de opinión en el Código Penal y hasta se amenazó con encarcelar a un Lehendakari por convocar una consulta sobre el propio autogobierno.

En un contexto así, el kafkiano laberinto del que forma parte el Sumario 18/98 se inscribe en una cultura de la excepción que ha ido imponiéndose de manera persistente a lo largo de la última década y que culmina el modus operandi anti-garantista utilizado por el juez Baltasar Garzón en sus ataques al llamado "entorno de ETA".

Documentos incompletos, pruebas perdidas, actuaciones abiertamente parciales por parte de la Audiencia Nacional y unas piezas de convicción consistentes en más de 200.000 folios facilitados a la defensa una semana antes del juicio, constituyen sólo algunos elementos de un proceso que no tenía como objetivo investigar un hecho criminal concreto sino desentrañar la fenomenología de una organización armada en todas sus dimensiones políticas y sociales.

La tesis que avala la sentencia de la Audiencia Nacional es ya conocida: todos los grupos ligados a la denominada izquierda abertzale -el movimiento independentista vasco, en su más amplio sentido- son, o están destinados a ser, "apéndices" de la estructura de ETA. Han sido creados, "fagocitados" o "colonizados" por ella y responden a sus directrices.

Para corroborar esa hipótesis resultó fundamental una nueva formulación tanto de los métodos de investigación como del valor de las pruebas que superara ciertas rigideces garantistas del marco procesal. En ese contexto, no resulta extraño que el proceso se transformara en un gigante en continua expansión destinado a ilegalizar y clausurar, bajo la acusación de pertenencia o colaboración con banda armada, todo aquello que se encontraba por delante.

El macrosumario acabó engullendo tres medios de comunicación –Egin, Ardi Beltza y Euskaldunon Egunkaria–, algunas empresas –entre ellas Orai SA, editora de los medios clausurados–, y diversas organizaciones políticas, entre las que destacan las juveniles Jarrai-Haika-Segi, las Gestoras pro Amnistía, Udalbitza –una institución creada por los electos municipales– la red de escuelas de alfabetización y euskera para adultos –AEK y Galgakara– o la Fundación Josemi Zumalabe, una entidad con reconocidas credenciales pacifistas, antimilitaristas y de defensa de la no-violencia, que impulsaba el debate y coordinación entre los diferentes movimientos sociales vascos.

A la mayoría de imputados en dichos sumarios no se les achaca haber cometido ningún atentado o delito concreto, sino tan solo su participación laboral, política o social en alguna de estas entidades. La investigación, de hecho, versó más sobre la biografía de los acusados que sobre un delito concreto. La prueba se sustenta básicamente en las valoraciones policiales que, elevadas de golpe a la categoría de "razonamiento jurídico", se han convertido en el presupuesto de la actual condena de 46 personas.

En el caso de la Fundación Zumalabe, nueve miembros de su Patronato, algunos de ellos ligados a una tradición libertaria situada en las antípodas del mundo abertzale, fueron detenidos y acusados de colaboración con banda armada. El único argumento esgrimido por la Fiscalía fue que su defensa de la desobediencia civil también aparecía en los boletines internos de ETA. De ese modo, ha tomado cuerpo lo que a los ojos de cualquier mortal parecería algo imposible: el terrorista que no sabe que lo es o el miembro de ETA que ni siquiera es abertzale.

Hasta ahora, para ser considerado miembro o colaborador de ETA era necesario tener relación directa con la organización armada, de acuerdo con la doctrina asentada por la sentencia del Tribunal Constitucional 199/87. No obstante, la puesta al día de las tesis garzonianas hacen que resulte suficiente que una acción política o social se considere "ayuda" a los "fines" de ETA –comenzando por la independencia– para que pueda considerarse un delito de terrorismo.

Tratar el "entorno de ETA" como si fueran "las entrañas de ETA" es adentrarse en un peligroso camino en el que las fronteras entre el disidente y el terrorista, el inocente y el culpable, se difuminan de modo inevitable. De ese modo, la "lucha contra el terrorismo" se convierte en un verdadero acto de guerra, regido por normas excepcionales, que tiende a consolidar un Derecho Penal de autor inspirado en una antigua y nunca apagada tentación totalitaria: la idea de que debe castigarse no por lo que se ha hecho sino por lo que se es.

Un Estado de derecho digno de ese nombre no puede permitirse esta renuncia. La persecución de personas u organizaciones que, sin recurrir a la violencia, cuestionan aspectos esenciales del orden constitucional, constituye en realidad una derrota del Estado de derecho y una victoria del terrorismo. Contemplada con la gravedad que el caso merece, la Sentencia del Sumario 18/98 viene a desatar los fantasmas evocados por el viejo poema de Brecht: primero les tocó a unos, luego a los otros, y después a mi, pero ya era tarde. Ojalá que la advertencia alcance también a quienes hoy aplauden o simplemente miran hacia otro lado.

Jaume Asens es miembro de la Comisión de Defensa del Colegio de Abogados de Barcelona. Gerardo Pisarello es profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona.

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www.sinpermiso.info, 23 de diciembre de 2007

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La gravedad de la crisis financiera, de Paul Krugman en SinPermiso

09/12/07

La crisis financiera que comenzó a fines del pasado verano, para luego tomarse unas breves vacaciones en septiembre, ha vuelto redoblada.

¿Hasta qué punto es maligna? Bueno, yo nunca he visto a gentes del mundo financiero manifestarse así, ni siquiera durante la crisis asiática de 1997-98, cuando el efecto económico de dominó parecía abarcar la mundo entero.

Esta vez, quienes juegan en el mercado parecen verdaderamente horrorizados, porque se han dado repentinamente cuenta de que no son capaces de entender el complejo sistema financiero que ellos mismos han creado.

Pero antes de entrar en eso, digamos algo sobre lo que está pasando ahora mismo.

El crédito –el préstamo entre jugadores en el mercado— es a los mercados financieros lo que el aceite del motor es a la mecánica del automóvil. La capacidad para disponer de dinero en efectivo a corto lazo, que es lo que quiere decir la gente cuando habla de "liquidez", es un lubricante esencial para los mercados y para el conjunto de la economía.

Pero la liquidez se ha evaporado. Algunos mercados de crédito han cerrado efectivamente la ventanilla. Las tasas de interés en otros mercados –como el mercado de Londres, en el que los bancos se prestan unos a otros— han aumentado, aun cuando la tasa de interés de la deuda del gobierno de EEUU, que todavía se considera segura, ha caído en picado.

"Estamos asistiendo", dice Hill Gross de la gestora de bonos Pimco, "en sustancia, al desplome del sistema bancario moderno actual, un complejo de préstamo apalancado tan difícil de comprender, que el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernake, precisó de un curso de puesta al día cara a cara con los gestores de los fondos de productos financieros derivados (hedge funds) a mediados de agosto".

Si la congelación de los mercados financieros se prolonga mucho, ha de traer consigo una grave reducción del préstamo en general, lo que hará que la inversión empresarial siga el camino del sector de la construcción. Y eso significa una recesión, posiblemente grave.

Lo que se esconde tras la desaparición de la liquidez es un colapso de la confianza: los jugadores en el mercado no se quieren hacer préstamos, porque no están seguros de recuperarlos.

En un sentido directo, ese colapso de la confianza lo ha causado el estallido de la burbuja inmobiliaria. El alza de los precios de la vivienda tenía todavía menos sentido que la burbuja del punto-com –no había siquiera una glamorosa tecnología nueva que viniera a justificar la caducidad de las viejas reglas—, pero, de una u otra forma, los mercados financieros aceptaron los precios enloquecidos de la vivienda como la nueva normalidad. Y la burbuja estalló, una muchedumbre de inversiones calificadas como AAA se revelaron basura.

Así, los títulos de los "superseniors" frente a las hipotecas subprime o de alto riesgo –inversiones que tienen primacía sobre cualquier pago de hipoteca que realicen los prestatarios, y que supuestamente tenían que ser negocio aun cuando una parte considerable de esos prestatarios entrara en morosidad—han perdido una tercera parte de su valor de mercado desde el pasado julio.

Pero lo que realmente ha socavado la confianza es el hecho de que nadie sepa dónde está enterrado el tóxico financiero. Se suponía que Citigrup no tenía decenas de miles de millones de dólares expuestos al subprime; pues sí que los tenía. El Florida's Local Government Investment Pool, que actúa como banco de las escuelas públicas de distrito, se suponía libre de todo riesgo; no lo estaba (y ahora, las escuelas no tienen dinero para pagar a los profesores).

¿Cómo fue que las cosas se tornaron tan opacas? La respuesta es: "innovación financiera". Dos palabras que, desde ya, deberían despertar la alarma de los inversores.

Está bien, para ser justos, algunos tipos de innovación financiera están bien. Yo no quiero regresar a los tiempos en que las cuentas corrientes no pagaban intereses y no podíais sacar dinero en efectivo los fines de semana.

Pero las innovaciones de los últimos años –la sopa de letras de CDOs y SIVs, RMBS y ABCP— se vendieron con pretensiones falsarias. Se promocionaron como formas de dispersar el riesgo, de hacer más segura la inversión. Lo que, en cambio, hicieron –aparte de proporcionar a sus creadores montones de dinero, que no tuvieron que devolver cuando estalló la burbuja— fue dispersar la confusión, atraer a los inversores para que asumieran riesgos mayores de lo que podían percibir.

¿Por qué se permitió que pasara? En el fondo, creo que el problema fue ideológico: los decisores políticos, comprometidos con la opinión de que el mercado siempre lo hace bien, pasando simplemente por alto las señales de alarma. Sabemos, en particular, que Alan Greenspan se pasó por el forro las alertas de Edward Gramlich, un miembro de la Reserva Federal, sobre una potencial crisis de las subprime.

Y a la ortodoxia del libre mercado le cuesta morir. Hace sólo unas pocas semanas, Henry Paulson, el Secretario del Tesoro, admitía a la revista Fortune que la innovación financiera pasó por encima de la regulación, para añadir a continuación: "no creo que tuviéramos que haber seguido otra vía". ¿Es ésta su última palabra, señor Secretario?

Ahora, la propuesta de Paulson para ayudar a los prestatarios a renegociar los pagos de sus hipotecas y evitar el desahucio suena bien, en principio, (aunque habrá que esperar a oír los detalles).

Pero, siendo realistas, no será sino un pequeño parche en el problema de las subprime.

El fondo del asunto es que quienes toman las decisiones políticas dejaron a la industria financiera innovar libremente, y lo que ésta hizo fue innovarse a sí misma, dejándonos al resto metidos en un lío tan grave como enorme.

Paul Krugman es uno de los economistas más reconocidos académicamente del mundo, y uno de los más célebres gracias a su intensa actividad publicística y divulgativa desde las páginas del New York Times. Colaboró en su día con el grupo de asesores de economía del Presidente Clinton, pero la dinámica de la vida económica, social y política de los EEUU en el último lustro le ha llevado a diagnósticos tan drásticos como lúcidos del mundo contemporáneo.

Traducción para www.sinpermiso.info: Roc F. Nyerro

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The New York Times, 3 diciembre 2007

Venezuela: lecciones para los bolivarianos, de Tariq Alí en SinPermiso

09/12/07

La derrota por los pelos de Hugo Chávez en el referéndum fue el resultado de una gran abstención de sus partidarios. El 44 por ciento del electorado se quedó en casa. ¿Por qué? Primero, porque o no entendieron o no aceptaron la necesidad del referéndum. Las medidas relativas a la semana laboral y otras reformas sociales podían ser fácilmente objeto de legislación parlamentaria. Las cuestiones clave eran la remoción de las restricciones a la repetición de mandato del jefe de gobierno (como en la mayor parte de Europa) y pasos hacia un "Estado socialista". Respecto de este ultimo, simplemente faltó debate y discusión bastantes entre el pueblo llano.

Como señaló Edgardo Lander, un crítico que simpatiza con la revolución:

"Antes de votar a favor de una reforma constitucional que ha de definir el Estado, la economía y la democracia como socialistas, los ciudadanos tenemos derecho a participar en esas decisiones. ¿Qué se entiende por 'Estado socialista'? ¿Qué se entiende por 'economía socialista'? ¿Qué se entiende por 'democracia socialista'? ¿En qué sentido se diferencian de los Estados, las economías y las democracias que acompañaron al socialismo del siglo XX? No estamos hablando aquí de entrar en un debate semántico, sino de decisiones básicas sobre el futuro del país."

Greg Wilpert, un periodista simpatizante cuya página web (venezuelaanalysis.com) es la mejor fuente [angloparlante] de información sobre el país, fue más allá:

"Al lanzar el proceso de reforma, Chávez regaló a la oposición una ocasión prácticamente sin precedentes de asestarle un duro golpe. Asimismo, las prisas con que fue lanzado el proceso dejaron el flanco franco a la crítica de que el proceso era en lo fundamental errado, una de las principales críticas de los opositores moderados a la reforma."

Otro error fue la insistencia en que, tómalo o déjalo, se votaran en bloque todas las propuestas. Es perfectamente posible que un buen número de propuestas hubiera sido aprobado, caso de ser éstas votadas una a una. Eso habría obligado a los bolivarianos a realizar una campaña más efectiva entre el pueblo llano mediante discusiones y debates organizados (como hizo la izquierda francesa para argumentar en contra de y finalmente derrotar a la Constitución de la UE). Siempre es un yerro subestimar al electorado, y Chávez tiene que saberlo mejor que nadie.

¿Qué hacer ahora? El presidente se mantiene en el cargo hasta 2013, y sea Chávez lo que sea, no casa con él la descripción de "pato cojo" //1. Es un luchador, y pensará en el modo de fortalecer el proceso. Si se actúa adecuadamente, la derrota podría ser un mal de los que vienen bien. Después de todo, ha desecho los argumentos de los columnistas y tertulianos occidentales, que no han dejado de repetir en los últimos ocho años que en Venezuela la democracia había muerto a manos del autoritarismo.

Cualquiera que, como yo en Guadalajara rodeado de amigos mexicanos, haya oído la pasada noche a Chávez admitiendo la derrota, no tendrá la menor duda de su compromiso con un proceso social encauzado democráticamente. Eso es claro. Una de las debilidades del movimiento en Venezuela ha sido la hiperdependencia respecto de una persona. Es peligroso eso para la persona –basta una bala—, y es dañino para el proceso bolivariano. Habrá mucha introspección anímica en Caracas, pero la clave ahora es un debate abierto analizando las causas del retroceso y el paso a un liderazgo colectivo para decidir el siguiente candidato. Hay tiempo por delante, pero la discusión debería empezar desde ahora mismo. Profundizar en la participación popular y estimular la inclusión social (según preveían los cambios constitucionales rechazados): es lo que habría que hacer en cualquier caso.

La derrota en el referéndum dará indudablemente aire a la oposición venezolana y a la derecha latinoamericana, pero se equivocarían creyendo que esa victoria les reportará automáticamente la presidencia. Si las lecciones de la derrota son cabalmente entendidas, son los bolivarianos quienes saldrán ganando.

NOTA T.: //1 "Pato cojo" es como se llama en EEUU al presidente cuando está al final de su mandato presidencial.

Tariq Ali es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.

Traducción para www.sinpermiso.info: Roc F. Nyerro

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Counterpunch, 3 diciembre 2007