La Coctelera

Categoría: Le Monde diplomatique

Pakistán, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Diciembre 2007. Numero 146)

La "guerra contra el terrorismo internacional" posterior a los atentados del 11 de septiembre ha provocado ondas de inestabilidad en el Próximo y Medio Oriente que no dejan de convulsionar a nuevos países. Cronológicamente, el último es Pakistán.

Cincuenta meses después de la toma de Bagdad, el panorama geopolítico regional resulta desolador. Al atolladero militar se suma una catarata de desastres diplomáticos. Pero el riesgo terrorista no se ha reducido, contrariamente al objetivo declarado de Washington. Ningún conflicto se ha resuelto: ni el de Israel-Palestina, ni el del Líbano, ni el de Somalia. En Irak, pese a la presencia de unos 165.000 militares estadounidenses, las perspectivas parecen siempre igualmente inciertas. La vida cotidiana sigue siendo un infierno para los civiles. Se suceden los atentados mortales. Por añadidura, ha surgido una nueva tensión en la frontera entre Turquía y el Kurdistán iraquí, donde podrían enfrentarse dos aliados de Estados Unidos.

Otra paradoja es que las intervenciones estadounidenses han surtido el efecto de liberar a Irán -"el peor enemigo de Estados Unidos"- de dos grandes adversarios: el régimen baasista de Irak, y el de los talibanes en Afganistán. Pocas veces un rival aportó tantos beneficios a su principal enemigo... Lo cual ha permitido a Teherán concentrarse en su programa nuclear, suscitando los peores miedos. Estados Unidos e Israel amenazan ahora con bombardear las instalaciones atómicas iraníes. Lo que sumaría caos al gran caos regional, y acarrearía alzas de precios del petróleo insoportables para muchas economías.

En Afganistán las fuerzas de la OTAN están a la defensiva. Estados Unidos tiene destinados allí a más de quince mil efectivos, y reclama a sus aliados el envío de tropas suplementarias. Como los talibanes han retomado la iniciativa, se multiplican los atentados suicidas, y se incrementan el cultivo de la adormidera y la exportación de opio. La reconstrucción se demora y las instituciones "democráticas" se debilitan. Controladas por "señores de la guerra", las provincias se distancian cada vez más del Gobierno de Kabul. "Si nos vamos, Hamid Karzai [presidente de Afganistán] no aguanta ni diez días", admite un diplomático occidental (1).

En este contexto político tan inestable, uno de los apoyos más sólidos del presidente George W. Bush en la región acaba de fallar en Pakistán. La proclamación del estado de sitio en Islamabad el pasado 3 de noviembre por el general Pervez Musharraf es en efecto una grave admisión de su debilidad, y ha desatado la alerta roja en Washington.

A finales de 2001, bajo la amenaza de ver a su país vitrificado por un ataque nuclear masivo, según él mismo refirió, Estados Unidos incorporó apresuradamente al general Musharraf, ya responsable de un golpe de Estado en 1999, a la guerra contra el régimen de los talibanes y contra las bases afganas de Al Qaeda. El Gobierno de Bush simulaba no percibir la contradicción implícita en el hecho de aliarse con un dictador para "instaurar la democracia" en Afganistán.

Esta alianza otorgaba a Musharraf un certificado de respetabilidad internacional, como asimismo 11.000 millones de dólares para equipar mejor su ejército y sus fuerzas de represión. Con 167 millones de habitantes, Pakistán es el único Estado musulmán que posee un arma atómica y puede lanzarla a 2.500 kilómetros gracias a misiles de largo alcance. Estos datos le dan una importancia estratégica tanto mayor cuanto que está situado dentro del "foco perturbador" del mundo y en el linde con las crisis afgana, iraní y de Oriente Próximo.

El terror en Washington y otras cancillerías es que los islamistas pakistaníes, aliados con los talibanes, terminen por tomar las riendas del Estado y se apoderen del arma atómica. Detestado por el poder judicial, el general Musharraf acaba de silenciar a los principales medios de comunicación y se ha enfrentado con los principales partidos de oposición, el de Nawaz Sharif y el de Benazir Bhutto. Su impopularidad hace de él, pese a las apariencias, el eslabón débil del sistema político. De manera que el objetivo de la diplomacia de Estados Unidos es sustituirlo, a corto o medio plazo. No por la señora Bhutto ni por Sharif, quienes en el mejor de los casos servirán para operar un cambio "democrático", sino por otro hombre fuerte, tal vez el general Ashfaq Kyani. A quien los estadounidenses manejan a su antojo.

Notas:
(1) El País , Madrid, 25 de octubre de 2007.

Nuevo capitalismo, de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique

Nº 145 Noviembre de 2007

Al tiempo que el discurso crítico -llamado en otro tiempo altermundialista- contra el horror económico se enreda y se vuelve repentinamente inaudible, se instala un nuevo capitalismo, todavía más brutal y conquistador. Es el de una nueva categoría de fondos buitre, los private equities , fondos de inversión rapaces con apetito de ogro que disponen de capitales colosales (1).

El gran público no conoce bien los nombres de estos titanes: The Carlyle Group, KKR, The Blackstone Group, Colony Capital, Apollo Management, Partners Cerberus, Starwood Capital, Texas Pacific Group, Wendel, Eurazeo. Y al abrigo de esta discreción se aprestan a apoderarse de la economía mundial. En cuatro años, de 2002 a 2006, el monto de los capitales reunidos por estos fondos de inversión, que recogen dinero de los bancos, de las empresas de seguros, de los fondos de pensiones y de los bienes de particulares muy ricos, pasó de 94.000 millones de euros a 358.000 millones. Su capacidad financiera es fenomenal, supera los 1.100 millardos de euros. No hay quien se les resista. El año pasado en Estados Unidos los principales private equities invirtieron alrededor de 290.000 millones de euros en compra de empresas, y más de 220.000 millones sólo en el curso del primer semestre de 2007, haciéndose así con el control de 8.000 empresas... Ya un asalariado estadounidense de cada cuatro, y un asalariado francés de cada doce, trabaja para estos mastodontes (2).

Después del Reino Unido y Estados Unidos, Francia es el principal blanco. El año pasado se apoderaron de 400 empresas (por una suma de 10.000 millones de euros) y administran ya más de 1.600. Marcas muy conocidas, como Picard Surgelés, Dim, los restaurantes Quick, Buffalo Grill, Páginas Amarillas, Allociné o Afflelou, se encuentran bajo el control de los private equities , casi siempre anglosajones, que ahora planean sobre gigantes del CAC 40 (3).

El fenómeno de estos fondos rapaces surgió hace quince años, pero estimulado por créditos baratos y a favor de la creación de instrumentos financieros cada vez más sofisticados, cobró en los últimos tiempos una dimensión preocupante. El principio es simple: un club de inversores afortunados decide comprar empresas a las que inmediatamente después administra de manera privada, lejos de la Bolsa y sus normas coactivas, y sin tener que rendir cuentas a accionistas puntillosos (3). La idea es eludir los principios mismos de la ética del capitalismo apostando exclusivamente a las leyes de la jungla.

Concretamente, las cosas suceden así, según la explicación de dos especialistas: "Para adquirir una empresa que vale 100, el fondo pone 30 de su bolsillo (se trata de un porcentaje promedio) y pide prestados 70 a los bancos, aprovechando tasas de interés muy bajas. Durante tres o cuatro años reorganiza la empresa con los administradores que tenía, racionaliza la producción, desarrolla actividades y capta toda o parte de las ganancias para pagar los intereses... de su propia deuda. Después de lo cual, revende la empresa a 200, por lo general a otro fondo que hará lo mismo. Una vez devueltos los 70 pedidos en préstamo, le quedan 130 en el bolsillo, por una puesta inicial de 30, es decir, más del 300% de tasa de retorno sobre inversiones en cuatro años. ¿Quién da más? (4).

Mientras personalmente ganan fortunas demenciales, los dirigentes de estos fondos practican sin escrúpulo los cuatro grandes principios de la racionalización de las empresas: reducir el empleo, comprimir los salarios, aumentar los ritmos y deslocalizar. Alentados en esto por las autoridades públicas, que como hoy en Francia sueñan con "modernizar" el aparato de producción. Y en perjuicio de los sindicatos que ponen el grito en el cielo y denuncian el fin del contrato social.

Había quienes creían que con la globalización el capitalismo se daría finalmente por satisfecho. Ahora vemos que su voracidad parece sin límites. ¿Hasta cuándo?

Notas:

(1) Véase Frederic Lordon, "El mundo, rehén de las finanzas", en Le Monde diplomatique , edición española, septiembre de 2007.

(2) Véase Sandrine Trouvelot y Philippe Eliakim, "Les fonds d'investissement, nouveaux maîtres du capitalisme mondial", Capital , París, julio de 2007.

(3) Cotation Assistée en Continu. Índice bursátil francés. Es una medida ponderada según la capitalización de los cuarenta valores más significativos de entre las 100 mayores empresas negociadas en la Bolsa de París.

(4) Véase Philippe Boulet-Gercourt, "Le retour des rapaces", Le Nouvel Observateur , París, 19 de julio de 2007.

(5) Véase Capital, op. cit.

Sarkozy, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique

Fascinados por su inspiración y su brío, como niños antaño encantados por el flautista de Hamelín, varias personalidades de todos los ámbitos han sucumbido a la magia de Nicolas Sarkozy. Tanto más cuanto que los grandes medios de comunicación, dedicados a una operación de intoxicación masiva, no han dejado de glorificarlo. Se ha producido así, en Francia, una suerte de hipnosis colectiva ante un Presidente poseído por una hiperactividad desconcertante y una efervesencia de iniciativas a menudo vaporosas.

Los ojos comienzan a abrirse según se va develando la verdadera naturaleza del prestidigitador, liberal y brutal. Era claro desde los primeros anuncios económicos y sociales (régimen tributario para las altas rentas, escudo fiscal, derechos de sucesión, franquicias médicas, horas extras) fieles a la esencia misma del neoliberalismo. Y se hizo aún más evidente desde las alocuciones de Sarkozy en la Universidad de verano del Movimiento de las Empresas de Francia (Medef), el 5 de septiembre, y con ocasión del 40 aniversario de la Asociación de los Periodistas de la Información Social (AJIS, en francés), el 18 de septiembre (1).

"La prioridad -juzga Sarkozy- es tratar la cuestión de los regímenes especiales de jubilación" que hay que "reformar sin demora" porque "las diferentes situaciones que justificaban tal o cual ventaja particular creada antes de la Segunda, o incluso de la Primera Guerra Mundial, han desaparecido ampliamente". La reforma se propone conseguir una nueva prolongación del periodo de cotización de los asalariados a 41 contribuciones anuales, frente a los 40 de la actualidad (2).

También anunció la apertura de un "gran debate sobre el financiamiento de la salud" pues, según él, "el seguro médico no tiene vocación de hacerse cargo de todo". Una parte debería "depender de la responsabilidad individual por medio de una cobertura complementaria". En otros términos, un seguro privado individual, a cargo del paciente, como en Estados Unidos donde desde hace 50 años millones de personas están desprovistas de cobertura médica (3).

El Presidente reafirmó su intención de "ir más lejos" en la demolición "ineludible" de la reglamentación sobre la duración semanal del trabajo, fijada en 35 horas. Agregó que deseaba la supresión del sistema de las pre-jubilaciones. Y que tenía la intención de definir "procedimientos y sanciones, a la vez más eficaces, más firmes" contra los desempleados que rechazen dos ofertas de empleo.

Un ataque tan frontal contra las conquistas sociales es, por así decirlo, inédito, y las fuerzas de izquierda no se equivocan cuando denuncian "la más amplia ofensiva anti-social de los últimos cincuenta años" (4).

Definida el 27 de agosto, ante la Conferencia de los embajadores de Francia, la nueva línea en materia de política exterior deja estupefactos. En lo que concierne a Oriente Próximo, constituye una revolución copernicana respecto de la posición internacional de París, tal como la había establecido el General De Gaulle, desde 1958, cuando se fundó la V República.

Al confirmar su alineamiento con el presidente George W. Bush y con las tesis más duras de los neoconservadores, Sarkozy adopta por su cuenta la idea de que el "primer desafío, sin duda uno de los más importantes" al que debe hacer frente Francia es a "una confrontación entre el islam y Occidente". Independientemente de lo absurdo que resulta plantear el problema en estos términos, ni una palabra sobre los errores de Washington, o sobre el efecto de deterioro provocado por la ausencia de solución en el conflicto palestino-israelí.

Respecto a Irán, sus posiciones están tan calcadas de las del Departamento de Estado que el ministro de Relaciones Exteriores Bernard Kouchner ha declarado que la guerra contra Teherán es un opción factible. Como preparación para ello el ministro de Defensa Hervé Morin da a entender que Francia podría recuperar con plenitud su lugar en el seno de la estructura militar integrada de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Táctico talentoso y maestro maniobrero, Sarkozy ha demostrado estas últimas semanas, al aventurarse en el campo social y en el de la política exterior, que no tiene nada de estratega. No sabe ver más allá de lo inmediato.

Notas:

(1) Texto integral de ambos discursos en el sitio oficial de la Presidencia de la República Francesa: www.elysee.fr
(2) En España son necesarias 35 anualidades.
(3) Veáse, al respecto, el documental de Michael Moore, Sicko .
(4) Associated Press, 18 de septiembre de 2007.

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¡A las armas!, de Maurice Lemoine en Le Monde Diplomatique

Septiembre 2007. Numero 143

¡Lluvia de armas de Estados Unidos sobre Oriente Próximo! Según precisó el pasado 2 de agosto la secretaria de Estado Condoleezza Rice, en el curso de los próximos diez años el valor de las entregas alcanzaría los 46.000 millones de euros. Los beneficiarios son Arabia Saudí, Egipto, Kuwait, Bahréin, Qatar, Omán y los Emiratos Árabes Unidos, aliados de George W. Bush en la región. ¿Inquieta a Israel el suministro de material bélico a Arabia Saudí? El 15 de agosto Washington aumentó en casi la cuarta parte la ayuda militar estadounidense a Tel Aviv; en diez años esa ayuda alcanzará los 30.000 millones de dólares (1). Para provecho del "triángulo de acero" constituido por Boeing, Lockheed Martin y Raytheon, y sin duda de sus contribuciones al financiamiento de la próxima campaña electoral.

El 7 de diciembre de 2006 una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptada por 153 Estados autorizó la preparación de un tratado sobre el control de las transferencias de armamentos denominados convencionales, hasta el momento carentes de marcos normativos internacionales. Con ocasión de ese voto se abstuvieron veinticuatro países, entre ellos China, Rusia, la India, Irán, Israel y Pakistán. Sólo uno votó en contra: Estados Unidos. El Consejo de la Unión Europea apoyó públicamente esta resolución.

Casi simultáneamente, París firma con Trípoli importantes contratos: 168 millones de euros para que Libia compre misiles antitanques Milan (que ya equipan a las fuerzas de cuarenta y un países) en MDBA (2); 128 millones de euros para un sistema Tetra de comunicación por radio en EADS (3). "¿Qué me van a reprochar?", se rebeló el presidente Nicolas Sarkozy. "¿Que haga contratos? ¿Que haga trabajar a las empresas francesas?" (4). No necesariamente, sino la opacidad con que se desarrolla este comercio de muerte sobre el cual la representación nacional no tiene el menor control. Y el mantenimiento de una peligrosa dinámica guerrera... En 2007 Francia tendrá que vender armas al extranjero por más de 6.000 millones de euros -frente a 3.380 millones en 2004- declaraba el 18 de septiembre de 2006 un portavoz de la Delegación General para el Armamento.

Los miembros de la Unión Europea se ven en principio obligados a respetar un código de conducta que les prohibe especialmente alimentar conflictos existentes. Pero por razones de incremento de productividad ahora son pocas las armas modernas que se fabrican en un lugar único. Así es como empresas europeas como EADS y empresas estadounidenses proporcionan piezas y tecnología para el desarrollo del nuevo helicóptero de combate chino Z-10, sin saber cuál será la política de exportación de Pekín, que ya suministró aparatos militares a Sudán (5).

El negocio pirómano de Estados Unidos en Oriente Próximo provoca la reacción de Siria e Irán, que siempre podrán volverse hacia China o Rusia, que han entrado en el mercado en posición de fuerza. Níger se inquieta ante los "regalos" de Francia a Libia, que reivindica desde hace meses 30.000 kilómetros cuadrados de territorio nigeriano ricos en petróleo y uranio. Particularmente mimado por la Casa Blanca, Israel ya no se conforma con importar: se ha convertido en el primer proveedor de armas a Colombia. Cuya potencia de fuego, sumada a la hostilidad de Washington, preocupa a Caracas, que se vuelve hacia Moscú para modernizar su armamento.
Emergen otros vendedores: la India, Corea del Sur, Sudáfrica... Nunca este sector de actividad estuvo tan floreciente. A finales de 2006 los gastos para este tipo de material alcanzaron la suma sin precedentes de 1.058,9 billones de dólares (6).

¿Cuál es la moraleja de esta historia? Por supuesto que no la tiene. ¡Ah, sí! El Pentágono perdió el rastro de 110.000 fusiles de asalto Kaláshnikov (AK-47) y de 80.000 pistolas (por no hablar de 115.000 cascos y 135.000 chalecos antibalas) entregados al gobierno iraquí en 2004 y 2005 (7). No es imposible que esas armas hayan caído en manos de los insurgentes, y sirvan para atacar... a militares estadounidenses.

Notas:

(1) Agencia France Press, 16 de agosto de 2007.

(2) Empresa europea, líder mundial en sistemas de armamento guiado, controlada por EADS (37,5%), la italiana Finmeccanica (25%) y la británica BAE Systems (37,5%).

(3) European Aeronautic Defence and Space Company, líder global de la industria aeroespacial.

(4) Agencia France Press, 5 de agosto de 2007.

(5) Campaña "Controlen las armas", iniciativa conjunta de Amnesty International, Oxfam International y de Reseau de Action International sur les Armes Légères (RAIAL) http://fra.controlarms.org/pages/index-fra

(6) Ibidem

(7) The Washington Post, 6 de agosto de 2007.

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Hugo Chávez, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique

Pocos Gobiernos en el mundo son objeto de campañas de demolición tan cargadas de odio como Hugo Chávez, presidente de Venezuela. Sus enemigos no han vacilado ante nada: golpe de Estado, huelga petrolera, éxodo de capitales, intentos de atentados... Desde los ataques de Washington contra Fidel Castro no se había visto un ensañamiento semejante en América Latina.

Contra Chávez se divulgan las más miserables calumnias, concebidas por las nuevas oficinas de propaganda -National Endowment for Democracy, Freedom House- financiadas por la Administración del presidente de Estados Unidos George W. Bush. Dotada de recursos financieros ilimitados, esta máquina de difamar manipula repetidores mediáticos (entre ellos los diarios de referencia) y organizaciones de defensa de los derechos humanos, enroladas a su vez al servicio de designios tenebrosos. Sucede también, ruina del socialismo, que parte de la izquierda socialdemócrata sume su voz a este coro de difamadores.

¿Por qué tanto odio? Porque en momentos en que la socialdemocracia pasa en Europa por una crisis de identidad, las circunstancias históricas parecen haber confiado a Chávez la responsabilidad de asumir la conducción a escala internacional de la reinvención de la izquierda. Mientras que en el viejo continente la construcción europea ha tenido como efecto hacer prácticamente imposible toda alternativa al neoliberalismo, en Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador, inspirados por el ejemplo venezolano, se suceden experiencias que mantienen viva la esperanza de realizar la emancipación de los más humildes.

En ese sentido el balance de Chávez es espectacular. Se comprende que se haya convertido en referencia obligada en decenas de países pobres. ¿No ha refundado la nación venezolana sobre una base nueva, legitimada por una nueva Constitución que garantiza el involucramiento popular en el cambio social, siempre dentro del más escrupuloso respeto de la democracia y de todas las libertades? (1). ¿No ha devuelto a unos cinco millones de marginados, entre ellos las poblaciones indígenas, su dignidad de ciudadanos? ¿No ha recuperado la empresa pública Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA)? ¿No ha desprivatizado y devuelto al servicio público la principal empresa de telecomunicaciones del país como así también la empresa de electricidad de Caracas? ¿No ha nacionalizado los campos petrolíferos del Orinoco? Por último, ¿no ha consagrado parte de la renta petrolera a conseguir una autonomía efectiva frente a las instituciones financieras internacionales, y otra al financiamiento de programas sociales?

Más de tres millones de hectáreas de tierra han sido distribuidas entre los campesinos. Millones de niños y adultos han sido alfabetizados. Se han instalado millares de dispensarios médicos en los barrios populares. Decenas de miles de personas sin recursos con afecciones oculares han sido operadas gratuitamente. Los productos alimentarios básicos son subvencionados y ofrecidos a los pobres a precios inferiores en un 42% respecto de los del mercado. La duración del trabajo semanal ha pasado de 44 horas a 36, mientras que el salario mínimo ascendía a 204 euros mensuales (el más alto en América Latina después de Costa Rica).

El resultado de todas estas medidas es que entre 1999 y 2005 la pobreza disminuyó del 42,8% al 33,9% (2), mientras que la población que vive de la economía informal cayó del 53% al 40%. Este retroceso de la pobreza permite sostener con fuerza el crecimiento, que en el curso de los tres últimos años fue de un 12% promedio, entre los más altos del mundo, estimulado por un consumo que ha aumentado un 18% por año (3).

Ante estos resultados, para no hablar de los logrados en política internacional, ¿cabe sorprenderse de que el presidente Hugo Chávez se haya convertido en un hombre contra el cual disparar para los dueños del mundo y sus agentes?

Notas:

(1) Las mentiras a propósito de Radio Caracas Televisión acaban de ser desmentidas, dado que esta cadena ha reanudado sus programas por cable y satélite a partir del pasado 16 de julio.

(2) Poverty Rates in Venezuela. Getting the Numbers Right , Center for Economic and Policy Research, Washington DC, mayo de 2006.

(3) Leer el dossier "Chávez, not so bad for business", Business Week , New York, 21 de junio de 2007.

Kosovo, de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique

Julio 2007. Numero 141

No resuelta desde hace ocho años, la espinosa cuestión de Kosovo se instala nuevamente en el corazón de la política internacional. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, alarmó a las cancillerias al declarar, el 10 de junio, embriagado sin lugar a dudas por su recibimiento triunfal en Tirana (Albania), que era necesario saber decir "¡basta!" cuando las negociaciones se prolongan demasiado. Según él, Kosovo debe declarar pronto su independencia de manera unilateral, que Washington reconocerá sin esperar el veredicto del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) (1).

Cabe preguntarse por qué razones, en Palestina, cincuenta años no han sido suficientes para crear un Estado independiente (con las trágicas consecuencias conocidas), y por qué, en cambio, debería resolverse la cuestión de Kosovo cuanto antes.

En los Balcanes, precipitación diplomática es a veces sinónimo de catástrofe. Recordamos lo mucho que la prisa de Alemania y el Vaticano por reconocer, en 1991, la secesión de Croacia favoreció la dislocación de la antigua Yugoslavia y el inicio de la guerra serbo-croata, seguida por la guerra de Bosnia. Sin minimizar el papel nefasto del ex presidente Slobodan Milosevic y de los extremistas partidarios de la "Gran Serbia", debe admitirse que ciertas potencias europeas tienen su responsabilidad en estos enfrentamientos, los más mortíferos en el Viejo Continente desde la Segunda Guerra Mundial. La precipitación favoreció también la guerra de Kosovo en 1999, cuando algunos Estados europeos y Estados Unidos se negaron a continuar las negociaciones con Belgrado (2), decidieron eludir el debate en el seno del Consejo de Seguridad, y, sin mandato de la ONU, utilizaron a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para bombardear Serbia durante varios meses y obligar a sus fuerzas a abandonar Kosovo.

La resolución 1244 de la ONU puso fin, en junio de 1999, a esta ofensiva, y puso a Kosovo bajo administración de Naciones Unidas, mientras que unidades de la OTAN -la Fuerza de Mantenimiento de la Paz en Kosovo (KFOR), integrada por diecisiete mil hombres- garantizan desde entonces su defensa. Esta resolución 1244 reconoce la pertenencia de Kosovo a Serbia. Algo decisivo, pues el principio adoptado por las potencias implicadas en las recientes guerras de los Balcances ha sido siempre el de respetar las fronteras interiores de la antigua República socialista federal de Yugoslavia. Precisamente en nombre de este principio fueron rechazados y combatidos los proyectos de "Gran Croacia" y de "Gran Serbia" que amenzaban con desmantelar Bosnia-Herzegovina. Y es sobre este principio sobre el que se apoya hoy Serbia, respaldada entre otros por Rusia, para rechazar el plan propuesto por el mediador internacional Martti Ahtisaari.

La independencia será tal vez la solución inevitable para Kosovo, tan enormes son los obstáculos a su mantenimiento en el marco administrativo de Serbia. Pero esta vía sólo puede considerarse en el marco de una concertación estrecha y prolongada con Belgrado, preocupado por otra parte por la protección de la minoría serbia que permanece en Kosovo.

Una independencia precipitada, como la reclama el presidente Bush, no negociada en el marco de la ONU, podría conllevar la constitución, a corto plazo, de una "Gran Albania", lo que relanzaría automáticamente los irredentismos croatas y serbios a expensas de Bosnia. Ni hablar del precedente internacional explosivo que constituiría para múltiples entidades tentadas de proclamar, ellas también, unilateralmente, su independencia.Veáse: Palestina (Israel), Sáhara Occidental (Marruecos), Transnistria (Moldavia), Kurdistán (Turquía), Chechenia (Rusia), Abjazia (Georgia), Alto-Karabaj (Azerbaiyán), Taiwán (China), e incluso en Europa, el País Vasco y Cataluña (España, Francia), para citar sólo estos casos. ¿Está dispuesto Bush a garantizar estas independencias como declara querer hacerlo para Kosovo?

Tenemos ante nuestros ojos los alucinantes estragos causados en Oriente Próximo por las iniciativas irresponsables del actual presidente de Estados Unidos. Su pesada incursión, ahora, en un teatro tan explosivo como el de los Balcanes, uno de los más peligrosos del mundo, consterna y aterra.

Notas:

(1) The International Herald Tribune , 11 de junio de 2007.
(2) Acusado de dirigir una política de represión masiva contra los albaneses de Kosovo, cerca del 90% de la población y en su mayoría de confesión musulmana.

Populismo francés, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique

Recomposición de la derecha, nuevo ciclo político

Hay algo fascinante en esta suerte de marcha del tigre que ha llevado en Francia a Nicolas Sarkozy a la presidencia de la República. El innegable talento político que demostró en el curso de toda la campaña, esa mezcla de voluntarismo, autoridad, personalización, provocación, nacionalismo y liberalismo, conjugado con un brillante arte oratorio y un manejo temible de las comunicaciones de masas le ha permitido, en parte gracias al apoyo masivo de los poderes mediático y económico, imponerse con manifiesta nitidez.

Lo que después asombró fue la desenvoltura intelectual que lo llevó a decidir el debate sobre las líneas de delimitación que separan la derecha de la izquierda. Había analistas que se preguntaban si esas líneas se habían movido, empujadas por la globalización liberal. Sarkozy zanjó la discusión. Y mediante la composición de su gabinete, ha demostrado que el perímetro de la derecha incluye ahora en efecto buena parte del Partido Socialista, en todo caso su ala "social-liberal". En este sentido, el nuevo ejecutivo (donde no menos de cuatro miembros: Bernard Kouchner, Eric Besson, Jean Pierre Jouyet y Martin Hirsch, vienen de la izquierda) no hace más que reflejar la derechización de la sociedad francesa.

Una derechización paradójica, dado que el sufrimiento social no ha dejado de aumentar, y que desde 1995 las luchas sociales persisten vivas en un mundo laboral duramente golpeado por la precarización y la tercerización, las deslocalizaciones y el desempleo.

La era del gaullismo se termina, sustituida por la del sarkozismo, es decir, un populismo francés que se propone reunir en su seno a todas las derechas, de los lepenistas a los social-liberales, sin olvidar a los centristas, cautivándolas mediante una ilusión de movimiento y de apertura calificados de "modernos" y aun de "progresistas". Y cuyas principales fuentes de inspiración son el modelo republicano neoconservador de Estados Unidos (véase "Las recetas ideológicas del presidente Sarkozy", páginas 1, 8 y 9), Silvio Berlusconi en Italia y José María Aznar en España. Tres experiencias, dicho sea de paso, recientemente repudiadas por los votantes de esos países.
El nuevo fracaso de la izquierda constituye en primer lugar una derrota intelectual. El hecho de no haber producido, por inmovilismo, por quiebra de los sectores populares o por incapacidad, una nueva teoría política para construir una Francia más justa, cuando todas las estructuras de la sociedad han resultado transformadas en los últimos quince años por el brutal desmoronamiento de la Unión Soviética y el impulso devastador de la globalización neoliberal, ha terminado por resultar suicida. La izquierda ha perdido la batalla de las ideas. Y eso después de que su experiencia gubernamental la llevara a bloquear salarios, cerrar fábricas, eliminar empleos, liquidar las cuencas industriales, y privatizar parte del sector público. En suma, desde que aceptó la misión histórica, contraria a su esencia, de "adaptar" Francia a la globalización, de "modernizarla" a costa de los asalariados y a favor del capital. Allí está el origen de su derrota actual.

Delegar la responsabilidad del fracaso en los grandes medios de comunicación, que constituyen hoy el principal aparato ideológico del sistema, remite a lamento infantil o a impotencia. Porque la nueva jerarquía de poderes instaurada por la globalización coloca evidentemente en la cumbre, como poder primordial, el poder económico y financiero seguido del poder mediático, mercenario del anterior. Este dúo dominante controla el poder político. Que en las democracias de opinión, en la era de la globalización, sólo se conquista con el consentimiento cómplice de los dos primeros.

La "izquierda de la izquierda" tampoco ha tenido en cuenta esta evidencia; a pesar de la riqueza de sus propuestas ha ofrecido a menudo un espectáculo consternante de desunión y egotismo.

Para el conjunto de la izquierda, se trata de una derrota decisiva. Señala el fin de una época. Y la obliga a una indispensable refundación. Para construir por fin, como se dice en estos tiempos en América Latina, "un socialismo del siglo XXI".

Elección decisiva, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique

Es un final de ciclo, un verdadero cambio de era el que anuncia esta elección presidencial. Dadas las apuestas que conciernen a su futuro, toda Europa sigue atentamente las rivalidades electorales en curso. Obligadamente nueva, ¿logrará la personalidad que se imponga en mayo restablecer la confianza, apaciguar las tensiones entre las comunidades, y relanzar el debate con la Unión Europea?

Por supuesto, estamos hablando de Turquía, que en medio de violentas manifestaciones y enfrentamientos elige a comienzos de mayo, para siete años, a su nuevo presidente, quien asumirá sus funciones el 16 de este mes en curso.

Predominantemente honoríficas, las funciones del presidente turco -actualmente Ahmet Necdet Sezer- le otorgan el poder de designar a los jueces, a los rectores de las universidades, a sus jefes del Estado Mayor de los ejércitos, y de disolver el Parlamento. No es elegido por sufragio universal sino por los diputados. Ahora bien, el Parlamento está dominado, por 354 escaños de 550, por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, de 53 años, a la cabeza del Gobierno desde hace cuatro años, y muy popular debido a la buena situación económica (1). De modo que naturalmente debiera ser elegido el candidato del AKP, el ministro de Asuntos Exteriores Abdulá Gül.

¿Dónde está el problema? Mientras que el AKP se define como un partido conservador y demócrata, apegado a la Constitución laica de 1922 puesta en vigor por Mustafa Kemal Atatürk, fundador de la Turquía moderna, sus opositores lo consideran ante todo como "islámico", y temen que un presidente surgido del islam político signifique un retroceso del laicismo. El pasado 14 de abril, en Ankara, una de las manifestaciones más grandes que se hayan producido en Turquía reunió a varios cientos de miles de personas que se oponían a una eventual candidatura del primer ministro. El ejército, cuya sombra no deja de planear sobre la campaña electoral, multiplicó las advertencias y acusó al AKP de tener una agenda islámica oculta. Cosa que Erdogan desmintió.

En realidad, se pasa una página. Los militares perciben acertadamente que llega la hora del final de la tutela que ejercen sobre el país. No por eso dejan de ejercer una extorsión nacionalista fundándose a menudo en el artículo 301 del Código penal turco (2), especialmente desde que en agosto de 2006 el general Yasar Buyukanit asumió la dirección del ejército.

Los militares endurecieron el tono frente a las "amenazas regionales". Piensan en Al Qaeda y sus redes terroristas, en Irán y su proyecto nuclear. Pero sobre todo en el "peligro separatista". Acusan a las autoridades del Kurdistán iraquí de proporcionar apoyo logístico a unos cinco mil combatientes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que han reanudado la guerrilla en las zonas fronterizas con Irak. Y se oponen a la anexión de la ciudad de Kirkuk (Irak), con ricos yacimientos petrolíferos, al Kurdistán iraquí con el pretexto de la existencia en esa ciudad de una minoría turkmena.

Esta escalada chauvinista ha favorecido el regreso de los viejos demonios, y no es ajena al asesinato en el pasado mes de enero del periodista turco-armenio Hrank Dink, ni al exilio del escritor Orhan Pamuk, flamante Premio Nobel de literatura.

La Unión Europea es en parte responsable de esta degradación política, por haber postergado para las calendas griegas una eventual adhesión de Turquía. La derecha laica y los militares nacionalistas que controlan el país desde hace ocho décadas son ahora ferozmente antieuropeos. Como si sintieran que una adhesión a Europa los llevaría a perder sus prerrogativas y privilegios.

La presidencia de la República es uno de sus últimos bastiones. Es hora de aceptar la alternancia. Es el precio de una verdadera democratización de Turquía.

Notas:

(1) The Wall Street Journal , 18 de abril de 2007.
(2) El artículo 301 relativo a la denigración de la identidad turca, de la República, y de los fundamentos e instituciones del Estado, fue introducido en el marco de las reformas legislativas del 1 de junio de 2005, reemplazando al artículo 159 del antiguo código penal. Permite enjuiciar a defensores de derechos humanos, a periodistas y otros miembros de la sociedad civil que manifiesten pacíficamente una opinión disidente.