La Coctelera

Categoría: La Voz de Asturias

Macho cabrio, de Nacho Monserrat en La Voz de Asturias

Hablo de memoria, pero creo recordar a Gabino de Lorenzo haciendo propósito de enmienda por sus reiteradas ausencias a los plenos. Tuvo que ser allá por el año 99, tras perder tres concejales en las elecciones municipales. Nunca vio cerca las orejas del lobo, pero en aquel momento debió de sentir que hay ciertos comportamientos que acaban teniendo un coste electoral. Y el desprecio a las instituciones es uno de ellos. Ha debido de olvidarlo.

Lo que De Lorenzo hizo el pasado jueves fue darle una patada en el trasero a la dignidad que merece la institución que gobierna. No sólo prefirió asistir al brindis de fin de año con las alcaldesas de Gijón y Avilés, antes que al pleno sobre Villa Magdalena, sino que fue él quien convocó el pleno a la misma hora que el festejo. Ese mismo jueves, el Ayuntamiento de Gijón celebró una sesión plenaria dos horas antes del brindis. Y eso que se trataba de una sesión dedicada a honores y distinciones. El pago de Villa Magdalena no es un asunto menor. En el peor de los casos, su expropiación puede costarle al municipio casi la mitad del dinero que tiene para inversiones en 2008, en el mejor, nunca le supondrá menos de 12 millones de euros. A pesar de lo grave del problema, De Lorenzo no consideró oportuno dar explicaciones. No ya a los concejales de la oposición, sino a todos sus convecinos. De hecho, desde que se conoció la noticia apenas ha dicho nada, tan sólo criticar al PSOE y ASCIZ, y por escrito. Lo del jueves puede molestar, pero no sorprende. Hace y deshace cuando es su gusto. Más que un cabrito, asemeja al macho cabrío que campa a sus anchas por la pradera. Con un par.

Nacho Monserrat. Periodista.

Somos unicos, de Álvaro Ruiz de la Peña en La Voz de Asturias

Tengo muchos amigos arquitectos. Más que abogados, médicos o químicos. Y nunca entendí muy bien por qué, dado que esas amistades no proceden del mundo de la infancia, ni del colegio, ni de la universidad, ni tampoco de la mili, que es otro espacio temporal en el que se hacen amigos para toda la vida. Probablemente, este hecho difícil de explicar obedezca a que, cuando era mucho más joven que ahora, muchos arquitectos asturianos tenían un papel muy activo en los movimientos vecinales y culturales de Asturias y de Oviedo, y trabé conocimiento con ellos, interesándome siempre mucho la visión que tenían de ese espacio físico que llamamos ciudad.

Lógicamente, no todos los arquitectos que conozco son capaces de expresar una teoría del continente urbano, no todos son brillantes en la exposición de sus ideas sobre la relación, siempre sinuosa e inquietante, entre ciudad y ciudadano, no todos son conocidos internacionalmente ( cuántos lo son para el común de la gente?), ni tienen una obra memorable que irá directamente a los libros de historia de la arquitectura (aunque casi todos ellos tengan cabida en una muestra sistemática del urbanismo en Asturias), pero hay una cosa que los identifica a la mayor parte de ellos: que casi todos están al día y tienen un discurso personal sobre la importancia capital de la arquitectura en nuestro tiempo.

Pues bien, en los últimos tiempos, he tenido repetidas ocasiones de hablar del tema estrella del urbanismo local, el tema de los ya célebres palacios del ingeniero y arquitecto (y también filósofo del espacio urbano, a juzgar por sus profusas y originales declaraciones a la prensa asturiana), Santiago Calatrava. Y para no andar con demasiados rodeos, diré que prácticamente todos coinciden en señalar que los dos palacios proyectados por el sagaz valenciano adolecen de problemas que resultan incomprensibles en un profesional de su calibre. En primer lugar la desmesura de los proyectos con respecto al espacio para el que han sido concebidos (lo que suele definirse como "estar fuera de escala"); en segundo lugar la falta de certeza sobre el uso futuro de los edificios proyectados, sobre todo en el caso de la parcela del Vasco, que ha obligado al propio arquitecto a rehacer por tres veces los esquemas iniciales del proyecto, y en tercer lugar, y probablemente debido a esta segunda circunstancia, la sorprendente afirmación del autor sobre el desacierto del palacio de Buenavista, que -según él- de iniciarse ahora no sería como finalmente lo vamos a ver para los restos.

LOS COLEGAS asturianos del valenciano aseguran, además, que la última ocurrencia de las torres trillizas, en el lugar preciso en el que van a crecer, son una muestra de exhibicionismo técnico, una especie de más difícil todavía (anchura de base de 14 metros, altura de 133 metros y el plano de inclinación adoptado), que no viene a cuento, teniendo en cuenta -y esto es lo realmente importante, desde el punto de vista constructivo- el lugar, repito, de su ubicación.

El otro día leía en un periódico nacional una reseña sobre un concierto que Lorin Maazel había conducido en el Palau de las Arts de Valencia. El reconocido crítico musical Luis Suñén afirmaba que el gran director había tenido que luchar, dentro del vientre de esqueleto de ballena que es el auditorio calatraveño, contra la mediocre acústica que éste ofrece a los músicos. La reseña del concierto en cuestión se convertía, por momentos, en una crítica durísima al conjunto constructivo del arquitecto, en el que los ascensores, por ejemplo, presentaban una dificultad de acceso tan irritante que los espectadores optaban por bajar las escaleras en tropel.

En otra noticia de la prensa recogida estos días pasados, se daba cuenta de la sentencia desfavorable de los tribunales de justicia bilbaínos, ante una demanda del arquitecto que consideraba que unas obras de adecuación de uno de los puentes del Nervión (la gente tenía serios problemas para transitar por él), proyectado en su estudio, erosionaba la idea inicial suya, afectando a los derechos de autor de la obra. En paralelo, el alcalde de Bilbao hacía unas declaraciones sobre la voracidad recaudadora del arquitecto-empresario que no lo dejaban en muy buen lugar. Vaya por Dios.

NO ES ESTE el lugar para hablar de otros temas relacionados con los palacios de don Santiago, porque afectan a cuestiones menos visibles y tangibles que los propios edificios por él proyectados, pero a lo mejor alguien con más datos y conocimientos sobre la trama económica que subyace a todo este pastel arquitectónico, se decide en cualquier momento a esclarecer, para los ciudadanos de Oviedo, las zonas más oscuras de las bambalinas del escenario.

Yo, desde una posición crítica más modesta, lamento que la catedral de Oviedo pierda su valor simbólico máximo, como vigía de la antigua ciudad. Cuando alguien se acerque a Oviedo por carretera ya no verá la esbelta aguja gótica a lo lejos, sino las trillizas inclinadas por el peso de su misma desmesura. Somos únicos.

Álvaro Ruiz de la Peña. Profesor de Literatura en la Universidad de Oviedo.

Esto se acaba, de Mario Bango en La Voz de Asturias

Se consume el año en el que los asturianos tenían la oportunidad de ratificar o no a sus dirigentes autonómicos y municipales. Desde luego el resultado electoral no puede decirse que haya mejorado la situación. El ejercicio que viene empieza sin presupuesto y con la certidumbre de que esa situación no puede mantenerse por mucho tiempo. Pero además todos han salido malparados. Los socialistas porque a pesar del enorme esfuerzo en obras y de la agitada e imparable agenda del presidente, Vicente Alvarez Areces, no consiguen despegarse del PP. Ovidio Sánchez porque tras obtener un aceptable resultado autonómico tuvo un descalabro muy notable en las elecciones municipales. Izquierda Unida porque logró tres diputados y alguna alcaldía significativa, pero malvive fuera del gobierno y soporta unos líos internos preocupantes.

O sea que estamos todos peor aunque no se escatimen esfuerzos en proclamar lo contrario desde aquí hasta el 9 de marzo. Y a partir de entonces el escenario todavía puede empeorar más. Lo lógico es que el gobierno nacional que salga de las urnas sea más inestable que el actual y, por tanto, esté sometido a los vaivenes de nacionalistas y de otras fuerzas menores que, dado el carácter español, supondrá una tensión añadida a la ya de por sí bronca y crispada situación política en la que Mariano Rajoy y sus ayudantes parece muy cómodos.

Excepto que gobierne el PP, en cuyo caso catalanes nacionalistas y otros grupos minoritarios que puedan prestarles su apoyo serán irreprochables compañeros de viaje. Así es de crudo y de maniqueo es el panorama político español. Salvo que se plantee un gobierno de concentración nacional al estilo de Alemania donde Angela Merkel al frente de una coalición con los socialdemócratas lleva un largo período de estabilidad y crecimiento.

PUEDE SERque esa sea una solución en el caso de que la crisis económica irrumpa con fuerza. Un gobierno en minoría con los precios disparados y una recesión importante que aumente el paro no será sostenible sea del color que sea.

Por eso, en contra de lo que proclaman los líderes y sus asesores, vale más ser realista y reconocer que la situación puede empeorar después de muchos años de crecimiento y de desarrollo sostenido que nos han hecho creer a todos que puede ser para siempre. Y no. Estaba claro que algún día tenía que ceder el empuje de la construcción, cuyos precios desorbitados agobian ahora a miles de españoles.

En buena lógica, pues, el año que viene tendría que ser más difícil que éste. No hay más que leer entre líneas para suponer que los encarecimientos continuarán y que las dificultades para mantener el ritmo de vida y de crecimiento necesariamente tendrá que ralentizarse. Si efectivamente hay un retroceso y miles de emigrantes que han ayudado tanto al despegue de estos años quedan en la calle en condiciones precarias tendremos un problema más que añadir al enmarañado futuro que se nos avecina.

En España, pese a las tensiones y los líos, el desarrollo ha sido sostenido y hemos disfrutado, sin duda, de los mejores años de nuestra vida desde que Adolfo Suárez se atrevió a romper con el pasado. La democracia es parte muy importante de nuestro crecimiento. Con ella los españoles han salido al exterior y han aprendido muy rápido de los mejores de nuestro entorno.

Hoy somos un país totalmente homologable a los más avanzados. También con las miserias que eso trae consigo, como el consumo desorbitado o las imparables diferencias con el tercer mundo al que esquilmamos sin piedad para satisfacer nuestras necesidades, muchas de ellas absurdas y caprichosas.

Pero en este tinglado el que no rema y avanza, da marcha atrás. De modo que no hay dirigente capaz de cambiar su discurso. El que no prometa más ingresos y menos impuestos está condenado a la derrota. Y aunque la realidad sea terca y anuncie nubarrones, todos mirarán a otro lado y dirán que el colapso internacional no nos afectará. Pero sí nos llegará ese recado. Y nos producirá un estancamiento interior la continua disputa nacionalista que algún día nos producirá un disgusto gordo, amenazados como estamos por tantos planes y proyectos de envergadura soberanista.

Solo falta que Bélgica se rompa para que Ibarretxe, Mas y Carod Rovira proclamen sus intenciones independentistas con la desorientación y la angustia que eso supondrá para muchos ciudadanos. Más conceptual que práctica, puesto que dentro de la Unión Europea no caben las fronteras económicas y, por tanto, la actividad comercial fluirá como hasta ahora más o menos.

POR TANTOy en contra de lo que los optimistas viscerales proclaman por estas fechas, cada año que pasa puede ser más complicado que el anterior. Aunque tampoco hay que ser excesivamente agoreros. Empeorará con respecto a lo que hemos vivido, pero estamos en una época en la que, observada con perspectiva, el conjunto es muy positivo.

Como lo es para Asturias que tiene muchos proyectos ilusionantes por delante y espera la finalización de algunas obras que rompan definitivamente con el tradicional aislamiento: el hormigón es el principal trasformador de la región. Pero el siguiente salto es cultural y ahora parece que se ponen las bases para ello. Incluida la sugerente idea de reconocer a los asturianos de la diáspora, todos ellos muy bien preparados, tal como ha hecho estos días la Fundación Príncipe de Asturias que, por cierto, sin sitio donde meterse en Oviedo tendrá que pedir ayuda al exterior para mantenerse aquí.

Como siempre los asturianos nos liamos dentro y nos queremos fuera. El año que viene, también.

Mario Bango. Periodista.

Menos sensibilidad, de Carmen Gómez Ojea en La Voz de Asturias

Alguien, al que llamo simplemente persona, ya que se define como ser andrógino, de profesión sus misterios, aunque se dedique más bien a pintar bosques tenebrosos, parejas de enamorados, niños que corretean en la rosaleda de un parque, animales de fábula patinando o levantando castillos de arena en la playa, puestas de sol, lunas llenas sobre un mar pacífico como un estanque y escenas en esa línea y de ese rango que le compra una empresa dedicada a la venta de portadas para libros, me formuló de buenas a primeras la pregunta extraordinaria o, al menos, a mis oídos les sonaron poco ordinaria, de si me sentía española. Le dije que no, que nada de nada, que lo era sin más historias, y que los sentimientos en ese asunto eran una extravagancia. Me replicó que, por su parte, se consideraba hindú de corazón, desde que había estado en la santa Benarés y se había bañado en el Ganges, de cuyas aguas había salido en un feliz estado de pureza, con el absoluto convencimiento de haber experimentado una transformación y haberse reencarnado en una criatura, no sabía si hombre, mujer o animal, de esa bendita tierra, rompiendo, en consecuencia, todo vínculo con España y lo español. Otros oyen voces o se creen Napoleón, y, lo que es todavía más fantástico, algunos de Degaña o del barrio del Natahoyo de Gijón sienten los colores del Madrid, y los de más allá son muy sensibles, hasta el extremo de salirles ronchas, si oyen hablar asturiano a un praviano o catalán a un barcelonés. El problema no son las lenguas, sino lo que se dice con ellas. Y no se puede decir, porque es mentira, que quienes utilicen la de su comunidad estén agraviando y arrinconando la española. Las lenguas las hacen los hablantes y está claro que tendría que bajar el Paráclito y producirse un nuevo Pentecostés para que, por ejemplo, el gaélico oscurezca al inglés, el zeneize al italiano, el monegasco al francés o el gallego se expanda más allá del Eo, circule por la cornisa cantábrica, se apodere de todos los aparatos fonadores, invada Francia, y media Europa se convierta en galaicoparlante. Vamos a tener más sentido y menos sensibilidad, y a fijarnos en lo que cuenta la onomástica sobre el aumento general de los Alís y las Yamilas.

Carmen Gómez Ojea. Escritora.

In memoriam, de Rosario Hevia en La Voz de Asturias

Un año mas a punto de finalizar. Y cuando expira es de justicia tener un momento de reflexión y recuerdo para todas aquellas que han sido asesinadas. Engrosan una macabra estadística. La que nos habla de 360.830 mujeres maltratadas en los últimos ocho años. O de 484 muertas en el mismo período. Ese es el dato que revela el informe anual 2006 de Atención Sanitaria a la Violencia de género en el Sistema de Salud elaborado por el Observatorio de Salud de la mujer y el Ministerio de Sanidad. Pero además de la pérdida de vidas humanas, la violencia de género supone, según este informe, un impacto económico que sólo en Andalucía supera los 2500 millones de euros al año.

A la vista de estas cifras resulta casi obscena la cobertura informativa que hace escasos días se daba a una sentencia que condenaba a una mujer por dar una bofetada a su marido. Más incluso que la que merecía la que desearíamos fuera la última víctima del año que cerramos.

Es un camino largo y difícil el que nos separa de una sociedad libre de violencia machista. Y es absolutamente necesario recorrerlo todos juntos. Se lo debemos a la memoria de estas mujeres y a la de las criaturas que dejan sumidas en el estupor de ver a su padre convertido en el asesino de su madre.

No son las leyes aprobadas para combatirla las culpables de sus muertes. Es esa cultura patriarcal que impregna todos y cada uno de los instrumentos que nos han dado para analizar la realidad y adecuar nuestra conducta a ella. Y es nuestro deber descubrir los entresijos por los que se filtra, hacerla visible para enseñarles a las generaciones más jóvenes y a las futuras dónde se esconden las armas que nos matan.

No hay ni un solo monumento conmemorativo que nos recuerde sus nombres, ni manifestaciones multitudinarias que reprochen su ausencia forzada. Ni estadísticas del CIS que señalen la violencia de la que han sido víctimas como el principal problema de la ciudadanía de este país. Al menos debería avanzar el compromiso social e individual de encontrar en nosotros, y extirparlo, el germen que las destrozó.

Rosario Hevia. Magistrada.

El circo libio, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

El ojo del tigre

Recientemente, la diplomacia española se ha destapado como si fuera una formidable productora de grandes espectáculos públicos. Primero, fue la coproducción hispanovenezolana de un culebrón televisivo representado, con visos de apoteosis internacional en la reciente cumbre de los países iberoamericanos celebrada en Santiago de Chile. Se recordarán durante mucho tiempo las interpretaciones estelares protagonizadas, en primer lugar, por el Rey de España Juan Carlos I -en un extraordinario papel de extra regio con frase: " por qué no te callas?"- ; el presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero -genial intérprete en el papel de un experto en capitalismo neoliberal-, y el presidente de la República de Venezuela, Hugo Chávez, quien, en un derroche de facultades, interpretó el papel del malo en el culebrón: un impetuoso líder bolivariano de una revolución inconclusa.

Aquel culebrón -con destellos de auto sacramental hispano- desató, por una parte, los elogios para los actores españoles, y, por la otra, agudos matices críticos (negativos) sobre la enorme capacidad que demostró el actor venezolano para encarnar, con todas las de la ley, una moderna versión del clásico Tirano Banderas. Moderna y fascinante.

Pocas semanas después de ese éxito arrollador de la citada coproducción hispanovenezolana, la diplomacia española vuelve a acaparar la atención internacional. En esta ocasión, por su también magistral y formidable participación en la gira que el Circo Libio acaba de realizar por la Europa atlántica: empezó en Portugal, siguió en Francia y concluyó en España. O sea, en Al Andalus.

En esta maravillosa turné, los atlantistas de los privilegiados países, que ha tenido la oportunidad de disfrutar del interactivo espectáculo del Circo Libio, pudieron gozar con la actuación de su actor principal -Muamar el Gadafi- en su papel de dictador de aquel país norafricano y mediterráneo -ahí está el detalle-, que interpreta, con un realismo fascinante y superlativo, desde el año 1969; cuando se cargó al régimen monárquico del rey Idris, el cual, a su vez, había asumido la responsabilidad de encarnar el poder en Libia después de que los italianos perdieran su colonia afromediterránea.

Pero el número fuerte del espectáculo circense libio es el que se representa entre bastidores: el seductor negocio de sus combustibles naturales. Petróleo y gas. En España, quien mejor conoce este número probablemente sea la petrolera Repsol YPF.

Cuando acabe este año, se dice que la multinacional española tendrá en Libia una veintena de nuevos pozos.

No sólo Repsol YPF conoce el argumento de ese espectacular número libio; también otras empresas españolas intervienen entre la tramoya del escenario: por ejemplo, Sacyr, que se dispone a actuar en la construcción de modernas infraestructuras asociándose con la iniciativa estatal de ese fabuloso país de las maravillas energéticas. Así, hasta quince empresas españolas más, a las que les va -y muy bien- la movida libia. Todas y cada una de ellas, con el algodón en sus manos para dejar inmaculada la imagen del Hermano Líder; es decir, limpia de fatales yerros pretéritos. El algodón nunca engaña.

El espectáculo que acaba de ofrecer el Circo Libio ya es parte principal del repertorio escénico de la diplomacia española para representar en numerosos escenarios, que van desde Iberoamérica hasta la región afromediterránea.

Detrás de cada una de esas llamativas escenificaciones protocolarias están los negocios del petróleo, del gas, de las infraestructuras y, por supuesto, los delicados beneficios de las finanzas bancarias- Donde haya un atractivo interés económico, siempre habrá unas excelentes coproducciones diplomáticas. El culebrón iberoamericano y el circo libio son la mejor prueba de ello.

Pero estos espectáculos no acaban de inventarlos en La Moncloa ni en Zarzuela. Hace muchos años que al Poder político estatal se le utiliza como si fuera una herramienta muy útil para garantizar buenos beneficios económicos para intereses privados. O semipúblicos. Todo empezó a partir de la segunda década del siglo XX; cuando las élites económicas de este país -como dice Manuel Tuñón de Lara en su obra Historia y realidad del poder. Madrid 1967- se convirtieron en poderosas e influyentes oligarquías presionando a los gobiernos del Estado español.

Imagínese usted como sería actualmente la política española con respecto a Cuba, si en la hermosa isla caribeña hubiera petróleo y gas. Pues, a lo mejor, hasta el admirado filósofo Aznar se iría de copas por las rúas de Santiago de Compostela acompañando a Fidel Castro, y confesándole al veterano dictador cubano que él también lee Gramma en la plácida intimidad de su despacho en la FAES.

Lorenzo Cordero. Periodista.

Sacudida en vetusta, de Nacho Monserrat en La Voz de Asturias

Aunque pueda sonar raro, hay arquitectos en España que defienden el modelo urbanístico representado por Benidorm. Aseguran que tiene mucho menor impacto en el entorno del que tienen, por ejemplo, las urbanizaciones de la sierra de Madrid. Las cifras les dan la razón; el porcentaje de riqueza que Benidorm aporta a la comunidad valenciana es mucho mayor que el de la superficie que ocupa. El hacinamiento vertical es más sostenible que el horizontal, lo que no quiere decir que sea siempre la mejor opción. El arquitecto Santiago Calatrava ha hecho en Jovellanos un esfuerzo considerable por condensar el impacto que las edificaciones tendrán sobre el suelo de la parcela. Lo que no ha podido evitar es el efecto en su espacio aéreo. Durante la presentación que hizo del proyecto insistió en la idea de que el suelo es sagrado y el principal patrimonio de los ovetenses, por eso ha ideado cinco edificios que sólo tocan tierra en el 20 por ciento de la parcela. El resto; árboles, estanques y paseos. El problema no está pues en tierra, sino en el cielo. Para que la operación sea rentable, Calatrava ha tenido que multiplicar por tres el número de viviendas previstas y eso le ha obligado a optar por el modelo Benidorm, convenientemente modernizado. Pero no está claro que el sky-line ovetense, mucho más clásico que el levantino, pueda resistir las tres torres de 35 pisos que propone, por muy estilizadas que sean. Se notaba en las caras de los concejales durante la presentación, alcalde incluido. Son los riesgos de un artista que, como todos, busca la provocación y la sorpresa.

Nacho Monserrat. Periodista.

Lillo los tiene cuadrados, de Álvaro Ruiz de la Peña en La Voz de Asturias

El pasado miércoles tuve el gozo de presentar el quinto volumen de una obra monumental sobre Oviedo. El autor, Juan de Lillo, es un viejo y querido amigo al que conocí allá por los primeros años ochenta (aunque yo era lector suyo de años antes); cuando él dirigía la desaparecida Hoja del Lunes, que era el órgano de la prensa ovetense, y me invitó a colaborar con el semanario a través de una sección de consultorio en la que yo contestaba cartas de lectores abrumados por algún problema psicológico, económico, social, sentimental o, simplemente, de carácter cotidiano y anecdótico. Aquellos lectores tenían en común algo que ya es difícil de encontrar en las cartas de los lectores al director del periódico: escribían en un estilo tal vez algo ampuloso y retórico, pero se expresaban en un castellano irreprochable.

Pues bien, Juan de Lillo acaba de culminar una obra, una inmensa crónica del Oviedo que fue, sin otras ayudas que el trabajo hemerográfico, riguroso y expresivo, y un puñado de obras sobre la ciudad, en el que figuran desde Fermín Canella hasta Evaristo Arce, entre memorias, recuerdos, autobiografías y trabajos académicos, que escudriñan las esquivas esquinas de la ciudad. Es esta una obra en cinco volúmenes sobre Oviedo, una obra que se inscribe en lo que hoy llamamos "estudios de historia local", una historia social, pero también política, una historia económica que marca las fases de las trasformaciones urbanas, y una historia de la cultura, o de la cultura del ocio, cada vez más frecuente en los estudios académicos, una historia que informa sobre los gustos, hábitos y modas, pero también en definitiva sobre la evolución misma del pensamiento social, sobre el discurso de las mentalidades, en el marco de una comunidad determinada.

Si como afirmaba Benedetto Crocce, toda historia es historia contemporánea, este Oviedo de Juan de Lillo es un excelente ejemplo de ello, porque los hechos, sucesos y avatares que se narran tienen una interrelación tan directa que el tiempo -que es el contenido humano de la historia- los convierte en un todo del que resulta imposible segregar alguna de sus partes. Es imposible, por ejemplo, reconocer la naturaleza peculiar de las tertulias ovetenses de los años veinte y treinta del pasado siglo, sin que inmediatamente la memoria nos traslade a aquellas otras en las que sesudos y graves catedráticos de universidad, junto con plutócratas y comerciantes reconocidos, alternaban democráticamente con personajes de economía mucho más inestable y modesta, y aún con tipos populares que no tenían otro medio de vida que el que les procuraba su genialidad y extravagancia.

Y al lado de otras excelencias, que denotan al periodista avisado y curtido en mil reportajes, está el aparato gráfico de la obra, que me atrevo a definir como una de las herramientas más importantes de la documentación histórica manejada. A través de esta rica muestra gráfica, el lector amante de su ciudad puede certificar que los poderes municipales no siempre han actuado en defensa de la singular fisonomía urbana de Oviedo, en defensa de la preservación de lugares y espacios irrepetibles (la desaparicion de los palacetes burgueses de Uría, rematada con la destrucción absurda de Concha Heres; la demolición de la singular estación del Vasco, que en cualquier país culto hubiera cambiado sus usos en beneficio de su mantenimiento; la reciente "intervención" sobre la manzana de casas de la calle Campomanes, último reducto de una calle abierta con el dinero de los indianos ovetenses, etc, etc, etc, por citar tres casos cercanos en el tiempo), olvidando que lo que marca el carácter de una ciudad no es lo que se construye en los nuevos ensanches de los barrios (que resultan clónicos en todas las ciudades españolas), sino los estratos consecutivos del desarrollo urbano hasta la mitad del siglo pasado.

Así que para mi fue un gozo y un honor ayudar a Lillo a trastear el toro de la presentación de su crónica ovetense. Juan ha dejado, además de miles de páginas escritas -entre artículos, reportajes, biografías, ensayos y entevistas- en los medios de comunicación regionales, ha dejado tras de sí, repito, una blanca estela de afectos y amistades compartidas que tienen mucho que ver con su cordialidad personal.

Porque a los demás nos llega, percibimos, que Juan se enamora de lo que ve, a poco que se le deje entrar en contacto con el objeto de su mirada. Puede ser su pueblo natal, Moreda, que ha reflejado literariamente de manera admirable, o puede ser Oviedo, como es el largo caso que nos ocupa. Sobre Moreda ("esa calle tan larga" en la memoria) ha escrito un pequeño libro de recuerdos que refuerza la identidad de su esencia popular. Sobre Oviedo ha construido una crónica que nos hace sentirnos, a todos, más comprensivos, más compasivos, más atentos con esta ciudad medieval que nos acoge.

Lastima que en un acto, lleno de amigos del autor y de devotos de las cosas de Oviedo, faltara una representación municipal. Nadie del equipo de gobierno, pero nadie tampoco de la oposición, ni de unos ni de otros. Pero por eso Oviedo es lo que es. Por eso hay que escribirla para saber que existe. Dios nos asista.

Álvaro Ruiz de la Peña. Profesor de Literatura.