La Coctelera

Categoría: La Nueva España

Que la losa te sea leve, de Javier Morán en La Nueva España

Llegó el día final de La Camocha y está en veremos el de Naval Gijón. Pasará por ser una de las jornadas más negras de la historia industrial gijonesa, este 31 de diciembre de 2007, aunque nuestra municipalidad lo vive con el espíritu del 28, con el espíritu de los inocentes. Véase si no que el reparto de fondos mineros ha sido asunto de alcaldes y sindicatos de las Cuencas, con la hegemonía final del Principado, pero a La Camocha le han venido tocando unas virutas.

En cuanto a Nagisa, su desaparición depende ahora de ciertas negociaciones sindicales para ver si puede sobrevivir como factoría naval de algún tipo, al menos, auxiliar de Juliana, ese astillero cuyos nuevos propietarios han suministrado ya suficientes incertidumbres como para empezar a alarmarse. Está claro que entre la liquidación de Nagisa y los renuncios de Juliana, el sector naval gijonés se acabaría en breve.

Respecto a La Camocha, su final ha sido truculento, con jueces por todas partes en pos de prejubilaciones adeudadas y de la sospecha de que se mezclaban, supuestamente, carbones con demasiada alegría. Esta última causa, como se sabe, fue abierta, cerrada y, últimamente, reabierta.

Por lo demás, a la mina en sí van a ponerle una losa encima y dejar que las aguas subterráneas se la coman. Hay pozos mineros por el mundo en los que se mantiene el bombeo por si hay que abrirlos de nuevo en un plazo inmediato. Aquí no existe dicha previsión.

Confiemos, por otro lado, en que el parque empresarial que el Ayuntamiento tiene previsto desarrollar encima no obstaculice su reapertura cuando toque. Algún día, los países que investigan alcanzarán una combustión menos contaminante del carbón y, algún otro día, Europa tendrá que echar mano de su única fuente energética. Hasta pronto, La Camocha. Que la losa te sea leve.

Bandolerismo municipal, de Rafael Torres en La Nueva españa

La más básica de las instituciones políticas, aquella que articula en su primera expresión la convivencia, administra el común y atiende a la vida diaria de los ciudadanos, el Ayuntamiento, se ha convertido, por efecto del inmenso poder corruptor del dinero del ladrillo, en una institución bajo sospecha, cuando no, como en tantos casos, en imputada por cooperación necesaria en el execrable delito del despojo del suelo.

Cual bandoleros apócrifos e inversos, los ediles corruptos se dedican a robar a los pobres para dárselo a los ricos, esto es, que con una firma sobre un papel y sin despeinarse logran que lo que pertenece a todos, el tesoro comunal del suelo y de cuanta vida contiene, pase a las manos ávidas, predadoras, de los que a la velocidad que fragua el cemento lo convierten en dinero estéril.

Muchos han sido los casos destapados en 2007 de corrupción municipal por contacto con el urbanismo salvaje, y muchos más los que quedaron sin destaparse; pero incluso aquellos que no se relacionan directamente con la construcción, también se relacionan. Es el caso del Ayuntamiento más poderoso de España, el de su capital, Madrid, de cuyas interioridades podridas está dando cuenta la «operación Guateque» revelando la mafia funcionarial en la concesión arbitraria y delincuente de licencias de obras.

O también, aunque éste otro se dirime de momento en la indignación de vecindario y no en los tribunales, el caso del Ayuntamiento de Salamanca, el mismo que no quería devolver los archivos que robó Franco, que pretende que los ciudadanos paguen, mediante la brutal elevación de las tasas municipales, los veinte millones de euros que el Consistorio dejó de cobrar a los constructores -se dice que amiguetes- en concepto de sanciones. De amigo a enemigo, el poder local ha cambiado en muchos lugares de trinchera, llevándose, además, la munición, los planos y las llaves del arca.

La emblemática Camocha, de Ladislao de Arriba en La Nueva España

La quiebra fraudulenta de Mina La Camocha ha venido a entristecer la Navidad de muchos gijoneses. Hace ya varios lustros que los propietarios de esta empresa vienen trampeando. Es dramática la situación que están viviendo jubilados y prejubilados a los que se adeudan los complementos de sus pensiones desde años ha. También la plantilla actual está aún sin cobrar la mensualidad correspondiente a noviembre.

¿Acaso estos impagos, trampas y trucos han pasado inadvertidos para censores de cuentas, inspectores laborales, auditores fiscales y sindicatos? No es creíble que en tantos años nadie se haya dado cuenta de este descalzaperros contable, de este pozo de mierda. Tal vez los culpables silenciaran con sustanciosos «convolutos» a quienes tenían la obligación de controlar.

Pido solidaridad a los gijoneses con esta gente que ha sido robada y escarnecida; pero antes debemos de exigir que se nos diga la identidad de los culpables. Aún no se ha hecho pública la identidad de quienes importaban carbón foráneo (malo y barato) que se vendía como producción propia (bueno y caro) a la térmica de Hidroeléctrica. No se trataba de escamotear una papelina de nieve de 20 gramos, sino de toneladas de carbón que se desembarcaba en El Musel, se transportaba al parque de La Camocha diciendo que era producción en la propia mina.

Por Santa Bárbara, patrona del gremio, hubo himnos y juegos florales como homenaje a la minería gijonesa. Eso es poco, queremos saber cuántos responsables van a ir a la cárcel y cuántos negligentes censores van a presentar su dimisión.

La hermosa cárcel de Villabona está rebosante de cacos de menor cuantía, raterillos de bolsos al tirón y «camellos» de grifa. Espero que se haga un sitio para los defraudadores, ladrones e insolidarios directivos de Mina La Camocha.

Idas y vueltas del PIB por habitante, de Jesús Arango en La Nueva España

Hace ya algún tiempo, en un intento de introducir sensatez en las disputadas valoraciones que se repiten todos los años cuando se publican las tasa de crecimiento económico regional, Manuel Hernández Muñiz, un competente profesor de Economía de la Universidad de Oviedo, nos recordaba que la convergencia es un fenómeno a largo plazo y que su tratamiento requiere un aparato analítico muy distinto del que se maneja en las discusiones públicas. No obstante, y con permiso de mi colega, utilizaré en este artículo el concepto vulgar de convergencia: el de acercamiento a un determinado valor o el de acortamiento de la distancia con respecto a una magnitud de referencia. Dado que actualmente el ingreso medio asturiano está por debajo tanto de la media española como de la comunitaria, parece bastante lógico que Asturias se plantee el objetivo de la convergencia en términos de aproximarse o igualarse al PIB por habitante de la media española, o en su caso, de la media comunitaria.

El nivel del PIB por habitante de Asturias con respecto a la media española ha variado mucho a lo largo del tiempo. No está de más recordar que según un trabajo de Miguel Artola, a finales del siglo XVIII, Asturias era la región más pobre de España y en 1800 su ingreso medio sólo significaba el 69 por ciento de la media española, incluso, a pesar de la incipiente industrialización que se desarrolla en nuestra región a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, ese nivel descendió en 1860 hasta el 62 por ciento. A principios del pasado siglo, en 1904, el ingreso medio asturiano ya se había elevado hasta un 94 por ciento de la media española. La crisis subsiguiente a la terminación de la I Guerra Mundial y los no tan felices años veinte hicieron que nuestro nivel de ingreso per cápita descendiese hasta un 79 por ciento de la media nacional en 1930. Quizá los mejores niveles de ingreso medio de Asturias en relación con la media española se hayan logrado a finales de la década de los años cuarenta del siglo pasado, ya que en 1949 el PIB de Asturias llegó a significar el 4,6 por ciento de la producción española: una ratio que duplica los valores actuales.

En 1955, Asturias ocupaba el tercer puesto de las regiones españolas en PIB por habitante, únicamente precedida por el País Vasco, Cataluña y Madrid. En esas fechas, el ingreso medio regional superaba en un 7 por ciento el valor de la media española. A partir de entonces se inicia un proceso de lento, pero continuado, descenso de nuestra posición relativa con respecto a la media española. A partir de 1985 nuestro PIB por habitante pasa a situarse claramente por debajo de la media nacional, llegando en el año 2000 a situarse en un nivel mínimo, al alcanzar la ratio del 84 por ciento. A partir de entonces se inicia un cambio de tendencia, habiéndose alcanzado el nivel del 90 por ciento en 2006, lo que supone un aumento de 6 puntos porcentuales en un período de seis años. Actualmente, Asturias ocupa el lugar número doce del ranking regional español de PIB por habitante; por detrás de nuestra región figuran Murcia, Galicia, Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura.

Si partimos de la situación actual y tomamos como referencia el proceso de mejora experimentado por la economía asturiana en los últimos años, puede ser un buen ejercicio de reflexión plantearse las implicaciones que en materia de tasas de crecimiento conllevaría el objetivo de igualarse a la media española y/o a la comunitaria en un determinado período de tiempo.

En este sentido, y con el fin de que se puedan considerar factibles algunas de las hipótesis sobre la evolución del ingreso medio asturiano que se manejaran más adelante, creo que es oportuno recordar un ejemplo de rápido crecimiento económico, bastante cercano en el tiempo y en el espacio: se trata del caso de la economía irlandesa. En 1986, cuando se produce nuestro ingreso en la Unión Europea, Irlanda era un país con un PIB por habitante un 7 por ciento inferior al de España, incluso en 1991 el ingreso medio español todavía superaba ligeramente al irlandés. Sin embargo, el proceso de crecimiento que inicia este pequeño país, de poco más de cuatro millones de habitantes, le ha llevado en quince años a figurar como el segundo país de la Unión Europea, después de Luxemburgo, en términos de PIB por habitante. Esto fue posible gracias a las elevadas tasas de crecimiento experimentadas por la economía irlandesa, que en el periodo 1995-2000 llegaron a situarse en el intervalo de un 8-11 por ciento anual. No se trata de imitar al ejemplo irlandés, sino de simplemente llegar a la convicción colectiva de que es posible y factible que Asturias emprenda una senda de crecimiento que en pocos años cambie radicalmente el panorama de la economía regional.

Las simulaciones que se presentan a continuación no deben confundirse con predicciones de cómo evolucionará en Asturias el PIB por habitante durante los próximos años -eso queda en manos de los gurús de turno-, sino que lo que se pretende, dado un crecimiento mayor del ingreso medio asturiano respecto a la media española o comunitaria, responder a una pregunta del siguiente tenor: ¿cuántos años tardará el ingreso medio asturiano en alcanzar el PIB por habitante español o comunitario? O bien, alternativamente, una vez establecido el objetivo de convergencia en términos de un número determinado de años, calcular que tasa de crecimiento debe experimentar el ingreso medio en Asturias para alcanzarlo. En ambos casos, se trata de pura aritmética a partir de manejar adecuadamente la fórmula del tipo de interés compuesto aplicada al ingreso medio, o si se prefiere del instrumental de las progresiones geométricas.

Diferentes alternativas relacionadas con la primera pregunta se exponen a continuación: Partiendo de que en 2006 el PIB por habitante en Asturias era inferior en un 10 por ciento al de la media nacional, si se cumple que el ingreso medio asturiano crece anualmente un punto porcentual por encima de la media española, en el transcurso de 12 años nuestro PIB per cápita será igual al del conjunto de la economía española. Si la hipótesis se cambia a un crecimiento diferencial y continuado de dos puntos porcentuales del PIB per cápita asturiano por encima del nacional, entonces el plazo para la convergencia se acorta hasta los seis años. En ambos casos, el resultado es independiente de cuál sea la tasa de crecimiento del ingreso medio español, siempre que el PIB por habitante en Asturias aumente más que la tasa registrada por la media española en los términos especificados en cada supuesto.

Veamos lo que ocurre si nos planteamos un objetivo mucho más ambicioso como sería el de alcanzar a la comunidad autónoma de Madrid, actualmente la región más rica de España en términos de ingreso medio. Partiendo de que en 2006 el ingreso medio asturiano era un 31 por ciento inferior al de la comunidad madrileña, si se logra que el PIB por habitante en Asturias aumente un punto porcentual por encima de la tasa de crecimiento observada por el de la comunidad de Madrid, se tardarían 38 años en alcanzar los niveles del ingreso medio madrileño. En cambio, si el diferencial de crecimiento se establece en dos puntos a favor de Asturias, el período para igualarse el ingreso medio en ambas regiones se reduciría a diecinueve años.

Cambiemos de ámbito de referencia y pasemos a contemplar el objetivo de igualarnos a la media comunitaria. En el año 2004, y en términos de paridad de poder de compra, el PIB por habitante en Asturias era inferior en un 13 por ciento a la media de la Unión Europea de los actuales veintisiete Estados miembros. Pues bien, si se consigue que el PIB per cápita asturiano aumente anualmente un punto porcentual por encima del que logre la media comunitaria, Asturias se situaría en un nivel similar al de la media de la Unión Europea en un periodo de 14 años. Si el diferencial que se alcanza en Asturias es de dos puntos porcentuales por encima de la media comunitaria, el tiempo para situarse en el promedio europeo se reduciría a siete años.

Por otra parte, la fórmula del interés compuesto también nos da respuesta a un segundo planteamiento: ¿a qué tasa anual acumulativa deberá crecer el ingreso medio asturiano para igualarse al de la media nacional o comunitaria en un periodo determinado de años? Los resultados de tres hipótesis temporales se incluyen a continuación:

Si el objetivo de igualarse a la media española se establece en quince años, será necesario que el PIB por habitante en Asturias registre una tasa anual acumulativa superior en 0,8 puntos porcentuales al de la media nacional. Si el período para igualarse se acorta a los diez años, la tasa diferencial que debería mantener Asturias con respecto a la media española se elevaría a 1,2 puntos porcentuales. En cambio, si el objetivo de convergencia se estableciese en sólo cinco años, el PIB por habitante en Asturias debería crecer 2,4 puntos porcentuales por encima de la tasa anual acumulativa registrada por el conjunto de la economía española.

Finalmente, si nuestro objetivo es igualarnos a la media comunitaria en un plazo de quince años, bastaría con que el ingreso medio asturiano creciese un punto porcentual por encima de la tasa de crecimiento de la media de la Unión Europea para lograr esta meta. Si el período se reduce a diez años, el diferencial que debería mantener nuestra región se incrementaría hasta 1,5 puntos porcentuales. Por el contrario, si el objetivo de convergencia con la media europea se fijase en cinco años, el diferencial en el crecimiento del ingreso medio de Asturias con respecto a la media comunitaria debería situarse muy próximo a los 3 puntos porcentuales.

Así pues, bajo ciertos supuestos podemos conocer cuánto debe crecer el PIB por habitante en Asturias para lograr la convergencia con la media española y la comunitaria, lo que no se le puede pedir a ninguna fórmula matemática es el cómo ni el qué debe hacerse para lograr esas tasas de crecimiento: eso es un asunto mucho más complejo y difícil que pertenece al ámbito de la política; y más concretamente, al de la política económica. La intención de este artículo era tan sólo plantearse el cuánto hay que crecer y no el cómo ni el qué hay que hacer para lograrlo.

Jesús Arango es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo

Gran escultor, pero también artista total, de Rubén Suárez en La Nueva España

Hemos perdido ayer a uno de los más grandes artistas asturianos del siglo XX, la figura de mayor proyección nacional en el arte de la escultura, sin olvidarnos de Amador y César Montaña en su generación, y compartiendo ese lugar de privilegio -Luis Fernández es caso aparte- con Orlando Pelayo y Antonio Suárez. Precisamente junto al también gijonés Antonio Suárez, futuro miembro fundador del grupo «El Paso», comenzó Joaquín Rubio Camín su aventura artística en la pintura, como autodidacta, con una exposición conjunta en la sala Cristamol de Gijón en 1947. Además de estudio y amistad, compartían muchas cosas aquellos dos jóvenes pintores, y la más significativa, su visión del arte nuevo, una figuración que apostaba por la simplificación formal y el predominio de los valores plásticos sobre los meramente naturalistas y anecdóticos; expusieron muchas veces juntos, en Asturias y en Madrid, y despertó pronto la atención y el interés de la crítica aquella pintura que aspiraba a incorporarse, si bien aún tímidamente, a las tendencias europeas de vanguardia. Rubio Camín, aquel paisajismo industrial suyo tan poderoso y expresivo, siguió luego su camino en solitario, y la precocidad del artista le llevó a ser el creador más joven de los representados en la emblemática I Bienal Hispanoamericana de Pintura, celebrada en Madrid, en 1951, todo un acontecimiento como punto de partida del arte español hacia la modernidad.

No mucho después, en 1952, obtenía Rubio Camín el Premio Nacional de Pintura, lo que lógicamente suponía acceder a un lugar de privilegio en el mundo del arte, que se tradujo en numerosas exposiciones y encargos de pintura mural, religiosos e institucionales. Y, por extraño que pueda parecer sin conocer al personaje, cuando más favorable se presentaba su horizonte en la pintura optó por dedicarse a la escultura, prioritariamente porque nunca dejó de pintar. Sucede sin embargo que en la creación de Camín (ya sólo Camín desde entonces) hubo siempre dos características fundamentales: la unidad de concepto y la curiosidad universal, lo que le convertía en artista total y le hacía sentir la necesidad de expresarse mediante muy diferentes propuestas plásticas -«me niego a estar en un solo sitio, en un solo oficio», declaró en cierta ocasión- sean pintura, escultura, grabado, fotografía, tapicería, libros, jardinería o muchas cosas más.

Otra necesidad sentía Camín que tiene más directa relación con los medios de que podía disponer para la formalización de la obra: necesitaba una fuerza definitiva para destruir el espacio ilusionista de la pintura que rechazaba y que también le permitiera potenciar la comunicación manual con la obra y hacer oír la voz de la materia. Y así, dedicado desde 1960 a la escultura, repitió en 1962 su éxito nacional con la pintura, en esta ocasión en el I Certamen Nacional de Artes Plásticas, y su obra tuvo aún mayor dimensión nacional e internacional, representando a España en bienales como la de São Paulo o Venecia, la primera Trienal Europea de Escultura de París o distintas ferias en todo el mundo.

Cada materia supuso para Camín el reto de conseguir poner de manifiesto sus propiedades expresivas y por ello experimentó con gran variedad de ellas, adaptando su creación a esas propiedades. De lo que podemos tener una idea considerando únicamente las dos más significativas: el hierro, la predilecta y la más determinante en su trayectoria artística, y la madera. Con el hierro siguió la tradición del constructivismo, sin perder de vista el neoplasticismo de Mondrián, a quien adoraba e hizo objeto de reiterados recuerdos y homenajes en sus obras de los 90, y obtuvo un general reconocimiento nacional por la adopción del angular como principio y desarrollo de una personal obra de hermosa y elemental geometría. Una forma de la que aseguró que había sido su gran maestro, «el primer movimiento de un plano para hacer escultura... la síntesis, el principio del volumen... una escultura en sí mismo», pero también, multiplicado, elemento integrador de piezas con las que consiguió una notable diversidad de posibilidades formales. En cuanto a la madera, la pureza geométrica dejaba paso a la fuerza expresiva y lírica de la propia naturaleza en los «troncos» cuya intervención plástica, directa y de cierta rudeza privilegiaba los valores texturales y en general las propiedades de la madera natural, todo lo cual encontró su camino a partir de su instalación en el ámbito rural de Valdediós. Un gran artista y un personaje entrañable enraizado profundamente en su Asturias que cuenta con gran número de manifestaciones de su obra, que fue sobre todo la escultura, pero también extendida a otras muchas formas de creación artística propias de una vitalidad y de un quehacer en el que cabía todo.

La angustia ante la mesita trepadora, de Xuan Cándano en La Nueva España

¿De donde sacan tiempo para leer los escritores y periodistas que se pasan el día atendiendo sus blogs, habitualmente simples ejercicios de vanidad digital?

Lo que más me angustia del paso del tiempo es comprobar que cada día tienes menos para leer. El pelo que cae y blanquea inexorablemente, esos dolores caprichosos, punzantes y tan poco atléticos, la memoria que ya no recuerda nombres familiaresÉ todo se puede asumir con naturalidad biológica, excepto la triste constatación de que no es posible disfrutar de todos los libros que deseas.

En patologías como ésta, la casa se suele convertir en una biblioteca caótica y desordenada donde los libros inundan todos los rincones, hasta los baños en los casos más extremos. Los más adinerados los distribuyen en varios domicilios, algunos incluso alquilan o compran algún local donde almacenarlos.

La mesita de noche se convierte en el mueble más frágil y peligroso, porque la pila de libros, que crece sin remisión hasta el techo, amenaza con desplomarse. Perecer en tu propia cama en un accidente bibliográfico es una pesadilla para el lector con prisa existencial.

Como si soportara el peso de un paciente escalador de papel, cada día más gordo, la mesita de estas casas es una columna inestable e ilustrada que apenas consiente la vecindad de una lámpara. Como en las pensiones de las novelas de Camilo José Cela o Paco Umbral, siempre suele haber un inquilino fijo, ese libro que siempre reiniciamos e interrumpimos, porque el texto permite regresar a sus páginas después de sucumbir ante las urgencias de otro. Por ahí anda en la mía «El cuaderno gris» de Josep Pla, que con un poco de suerte pienso terminar antes de que acabe esta década.

Entre los inquilinos pasajeros, en todas las mesitas ilustradas los hay condenados al abandono. Son esos libros, sin duda interesantes, pero que apenas ojearás, como «La desbandá» de Luis Melero, que me regaló una amiga y que en la pila sigue para no hacerle un feo. Siempre hay otros que reclaman prioridad, como «Vida y destino», de Vasili Grossman.

Los hay que deben extremar la paciencia, porque algún día llegará su hora. La tuvo «Variaciones Nuria», de uno de mis autores favoritos, T.S. Norio, que ahora leo con deleite en un borrador que corrijo a lápiz, por indicación del autor.

No tener tiempo ni para leer a los amigos es uno de los peores síntomas del lector angustiado. Fui a la presentación de «La senda del cometa», de Miguel Rojo, y no sé si la promesa que hice al autor en la velada noctámbula posterior, que es lo mejor de estos ritos literarios, la podré cumplir antes de que publique otro libro. Uno de relatos de Xuan Bello que, más que leer, devoré a la trágala sólo hasta la mitad, porque me lo pasaron dos días antes de tener que presentarlo públicamente, espera la vez con la misma resignación que algunos de sus entrañables personajes. Laudelino Vázquez me regaló su novela más reciente la última vez que coincidimos en una tertulia de televisión: «Nada que hacer en Marasmo». Pero como en Asturias tengo tanto que hacer, no tengo ni idea de cuando le podré meter mano.

Cuando la devoción se junta con la obligación la mesita sube peldaños. Antes de entrevistar no hace mucho a Santiago Alba Rico compré uno de esos libros que sólo por el título merecen ser adquiridos: «Vendrá la realidad y nos encontrará dormidos». Ahí está la mayoría del texto inédito para mis ojos, esperando rematarlo sin las prisas laborales. De este mismo filósofo pillé poco después «Capitalismo y nihilismo», sólo por comprobar en el prólogo los datos de una historia espeluznante que luego reproduje en un artículo. A ver si con las próximas vacaciones cae el ensayo.

Germán Ojeda me acaba de traer un libro de Argentina de Catriel Etcheverri sobre Rafael Barrett, pero ése ni siquiera soportará la lista de espera. Irá lejos de la mesita, al lugar en la biblioteca de los libros de consulta. A ese escritor maldito mejor leerlo directamente. Por ejemplo en su colección de artículos «A partir de ahora el combate será libre» (Ladinamo Libros), un libro tan bueno que apenas pasó por mi mesita, aunque se me haya olvidado citarlo en el último artículo que publiqué en este periódico, como me reprochaba en otro suyo Guillermo Rendueles.

El colmo de la falta de tiempo del lector de nuestros días es no poder leerse a uno mismo. Yo no llegué todavía a eso, pero todo se andará. Acabo de recibir «Cecilio G. De Guilarte, reporter de la CNT», de los vascos Guillermo Tabernilla y Julen Lezámiz. Escribí el prólogo, por amistad y reconocimiento a la muy meritoria obra de sus autores sobre la guerra civil en Euskadi, después de que sólo me pudieran enviar algunos capítulos por extrañas razones editoriales.

A la industria editorial no le gusta la literatura, sólo el negocio. La figura del editor amante de los libros y promotor de los escritores ya casi sólo cabe en los libros de historia. En España se edita un libro cada diez minutos, 70.000 al año. Por eso las tiradas son cada vez más pequeñas y sólo duran tres meses en las librerías, cada día más amenazadas por las grandes superficies comerciales, donde los libros se venden igual que las lámparas y las mesitas de noche. Acabaremos adquiriéndolas con seguro para accidentes.

Pilar Niemeyer, Gabino Calatrava y Paz Zaera, de Javier Morán en La Nueva España

Sobre el tablado del municipalismo, las estrellas del alcaldazgo taconean con pasión. Llevan nombre de primer edil y apellido de arquitecto de relumbrón. Si hace cuarenta años ningún alcalde conciliaba el sueño hasta que no se edificaba un rascacielos en su urbe -Chueca Goitia dixit-, hoy, ninguno de ellos reposa si no ha acariciado antes los planos de algún lucero de la arquitectura.

Pero dejemos por un momento las estrellas y vayamos al brindis navideño de los regidores del triángulo asturiano, acompañados ayer por sus corporaciones y las de concejos colindantes. Todo fueron armonía y parabienes, y parece mentira, porque hace tan sólo un año se quebraron las copas y no hubo festejo, a causa de un quítame allá esas pajas sobre la sede del Museo Premios Príncipe, o algo semejante.

Pero ayer, pelillos a la mar, volvieron las sonrisas, las palmadas, el cava..., y también la comprobación de que, en el espectáculo de los municipios, el actor que sigue mandando es Gabino Calatrava (que el apellido no confunda). En su mejor faceta de monologuista, admiró, como suele, «esos güeyinos verdes» de Paz Felgueroso, que ya no se ruboriza de tanto escuchar a su colega capitalino. Más seria y augustana -incluso citó a Ortega-, Pilar Niemeyer habló del Arco Atlántico y de otros artefactos colaborativos entre municipios, pero también fue al grano, al «ciento por ciento» de don Oscar en la villa del Adelantado.

Y Paz Zaera, magnífica anfitriona, siempre tiene preparado el contraataque amistoso a lo que de Vetusta le viene. «Mira, Gabino, una guía didáctica hecha en Gijón en la que elogiamos la temporada lírica ovetense». O también: «Aquí no tenemos Princesa, pero sí Princesitas», y por el salón de recepciones corrieron unas cajas del tradicional dulce gijonés.

Volviendo a los apellidos de las estrellas del municipalismo, así como la adscripción de los de Niemeyer y Calatrava no ofrece duda, sí la plantea el más conveniente para doña Paz. Porque, así como promovió arquitecturas más bien discretas -en el acuario y en el centro de talasoterapia, este último verdadero búnker balneario por lo que toca a la fachada que mira a la ciudad-, la Alcaldesa sí cuenta en su circunscripción con varios apellidos notables. Por ejemplo, Moya, autor de la Universidad Laboral, pero éste se lo dejamos al presidente don Vicente Alberto Moya, que tanta admiración y respeto -sobre todo- confiesa por el autor del noble edificio de Cabueñes.

Pero Paz cuenta con otros dos ases en la manga: Junquera, don Jerónimo, que también alza torres en Gijón, aunque treinta y pico metros más bajas que las de Calatrava en Oviedo; y Zaera, Alejandro, que ha concebido la torre hotelera y acristalada de 22 plantas que los Masaveu promueven en la villa de Jovellanos. Vista toda la oferta, nos hemos quedado con Paz Zaera, de alcance más internacional.

Volviendo al festejo de los regidores, suelen regalarse en estas citas gruesos libros, que tan buen acomodo encuentran en los anaqueles olvidados de las alcaldías. Pero ayer hubo regalos mucho más prácticos: peluches y camiseta. Rompió el fuego Gabino Calatrava, incluso antes de entrar al salón de recepciones, pues al encontrarse con su conmilitona Pilar Fernández Pardo le entregó un conejo de suave pelo. «Éste es un instrumento de alta política económica», dijo solemne el alcalde ovetense. Pardo, sonriente, no pareció encontrarle connotaciones alternativas al obsequio, aunque, después, entre cretonas, cortinones y retratos de los Alvargonzález y de don Melquíades, fue comidilla si Gabino Calatrava pretendía dejar un mensaje a su emergente compañera. Y ya con la carrerilla tomada, el alcalde capitalino le entregó a Paz Felgueroso «el cabritu de Gabino», ya que, agregó, algún pajarín le había soplado que cuando Felgueroso atraviesa breves episodios de enfado -temibles, por cierto-, suele decir: «Son cosas del cabrito de Gabino».

Para rematar el cruce de regalos prácticos, la alcaldesa entregó a De Lorenzo una camiseta del Sporting, «para tu nieto Mateo». Evidentemente, Felgueroso ya había discernido el recíproco destino del cabritillo de Gabino: «Se lo voy a llevar a mis nietas». Cuatro son, nada menos, y del mismo genio que la abuela, así que figúrense la escabechina.

Y entre éstas y semejantes escenas entrañables acaeció el brindis navideño de regidores, con alcaldes de nombre y apellido estrella que, también por longevos, alcanzan el noble rango de abuelos del municipalismo.

Abamia exige la retirada del estuco, de Juan F. Casero Lambás en La Nueva España

Igual que en Santa María del Naranco y en la catedral de Oviedo la calidad artística y estética de los edificios ha aconsejado mantener la piedra sin estucar, a pesar de que históricamente estuvieron estucados, hay también razones excepcionales que justifican en Abamia la retirada total del estuco exterior y la utilización de otro medio técnico de preservación del edificio y de sus pinturas interiores. En Abamia lo excepcional del monumento es la asociación entre historia mítica, arte y paisaje natural. El medio ambiente natural en Abamia es absolutamente único al ser un edificio románico aislado, sin ninguna edificación próxima, en una ladera, rodeado de tejos centenarios y situado en el inicio de la ruta Frassinelli a los Picos de Europa, junto a un dolmen megalítico, en un área de implantación vadiniense y con una fuerte tradición refrendada por documentos medievales y de los siglos XVI a XVIII que sitúa allí la primera tumba del iniciador de la dinastía astur. No existe ningún otro templo románico dotado de un entorno natural y un significado ancestral tan singulares. El estucado de la fachada tiene un fuerte impacto negativo ambiental, por lo que no sólo la conservación del monumento sino su medio ambiente natural exigen la retirada del estuco.