La Coctelera

Categoría: La Insignia

Economía financiera, de Rodolfo Benito Valenciano en La Insignia

Un reciente informe de la Confederación Sindical Internacional alerta sobre el cada vez mayor grado de financiarización de la economía y de sus efectos. Efectivamente, la financiarización denota el creciente dominio de la actividad financiera sobre el total de la economía, una situación en la que los mercados financieros acaban por determinar el estado de la economía en general, y en la que las demandas financieras dictan el comportamiento de las empresas. Esto significa que lo que sucede con los tipos de interés -de ahí la importancia de los Bancos Centrales y las dudas más que razonables con su nivel de autonomía- y con el precio de las acciones, determina cada vez más los ciclos económicos, y que las cuestiones financieras y quienes las difunden influyen cada vez más en las estrategias empresariales. En síntesis, asistimos al predominio de las actividades financieras por encima de la producción de bienes y servicios.

El aumento de las compras de empresas con fondos tomados en préstamo es parte de una locura especulativa que está haciendo que a diario baje la calidad de las empresas que son objeto de tales adquisiciones, y que, por contra, sus precios aumenten. Sin duda, a estos modelos no les interesan en demasía ninguna empresa que no sea rentable en un lapso corto. En este sentido y durante los últimos años, los fondos de capital privado se han perfilado como los inversores financieros y corporativos más dominantes. Ya no se consideran inversiones alternativas, sino que han pasado a formar parte de las inversiones principales; son el arquetipo de la creciente financiarización de nuestra economía.

Cuando las empresas pasan a manos de "fondos de inversión privados" quedan fuera del alcance de la reglamentación de los mercados de valores, aumentan los dividendos de sus nuevos propietarios y acumulan niveles de deuda increíblemente altos. Dado que los fondos de capital privado aspiran a obtener rápidas ganancias revendiendo lo adquirido en un par de años, efectúan en sus carteras de empresas rápidas reestructuraciones en materia de finanzas, de organización y, como no, de empleo. Los bienes que no son fundamentales se venden y se cierran las operaciones que no son rentables.

Precisamente la CSI también alerta sobre los crecientes niveles de endeudamiento con los que se mueven los fondos de capital privado y los fondos especulativos, que se convierten en una de las principales amenazas para la estabilidad financiera.

La financiarización es el rostro actual del capitalismo, y en el plano empresarial está vinculada al enfoque del "valor de las acciones" en la gobernanza empresarial. El objetivo, pues, no es otro que el de que las acciones valgan el máximo en el menor tiempo posible, y no el de conseguir beneficios sostenidos en el medio y largo plazo. Por tanto, para acrecentar el precio de las acciones se emplean lógicas exclusivamente financieras.

El nivel de financiarización que está alcanzando la economía incorpora riesgos más que evidentes para el empleo y para unas relaciones laborales sólidas.

Rodolfo Benito Valenciano es presidente de la Fundación Sindical de Estudios y miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de CC.OO.

Propuestas neoliberales, de Mario Roberto Morales en La Insignia

El neoliberalismo postula que la desregulación del mercado es la clave para que aumente el crecimiento económico; que acabará beneficiando a todos, ya que el goteo de la riqueza, apropiada por la empresa privada, llegará también a los pobres. Esta noción animó la economía durante la administración de Ronald Reagan en Estados Unidos, la de Margaret Tatcher en Inglaterra, la de Salinas de Gortari en México y la de Carlos Menem en Argentina, con las desastrosas consecuencias que todos conocemos.

Para lograr esto, los neoliberales latinoamericanos proponen y, si se los deja, proceden a:

1. Eximir a las empresas privadas de control estatal sobre sus actividades, lo cual implica dejarlas en libertad para perpetrar despidos injustificados, reprimir sindicatos y otras formas de organización laboral, reducir salarios y abolir derechos.

2. Eliminar los controles de precios y promover desde lo privado, pero valiéndose de la sanción legal del Estado, la inversión transnacional por medio de los TLC, pues ésta viene a salvar las fortunas oligárquicas locales, absorbiendo sus empresas, incapaces de competir con los consorcios transnacionales, de los cuales las oligarquías buscan con desesperación volverse socias minoritarias. El resultado es la paralización y quiebra de la pequeña y mediana empresa local, la desnacionalización de la economía y la prolongación del poder oligárquico.

3. Reducir el gasto público en servicios sociales como la educación y la salud, la infraestructura vial, el suministro de luz y agua, los seguros, jubilaciones y bancos, con el objetivo de "salvarlos" mediante la privatización para que queden en manos oligárquicas, las cuales a la vez promueven subsidios gubernamentales y exoneraciones fiscales para sus nuevas empresas privadas. La concentración de capital que resulta de estas medidas le permite a los oligarcas elevar los precios de los servicios que una vez fueran públicos, sin mejorar su calidad. Así, los oligopolios en expansión siguen perpetrando prácticas monopolistas en contra de los empresarios grandes, medianos y pequeños.

4. Reformar las constituciones para legalizar el proceso de reducción del Estado a una mera oficina gerencial, encargada sólo de hacer cumplir la ley que avala todas las medidas descritas, y para privatizar la esfera pública. Todas las reformas constitucionales provenientes del neoliberalismo pretenden eso: legalizar las medidas descritas.

5. Eliminar el concepto de bien público, sustituyéndolo por el de responsabilidad individual, en nombre de una noción de libertad personal reducida a la compra de una mercancía u otra. Se trata de una libertad de consumidor disciplinado, de un "libre" albedrío en el que la conciencia crítica no participa en la toma de decisiones, ya que ha sido moldeada por las "sugerencias" del mercadeo y la publicidad. El neoliberalismo hace de esta profesión de "libertad" una filosofía y una ética. Pero se trata sólo de una ideología oligárquico-empresarialista que navega con demagógica bandera democrática, liberal o libertaria.

6. Definir como sociedad libre a cualquier régimen que, al privatizar los servicios públicos, deje a las mayorías sin educación y servicios sanitarios universales, fomentando así el desempleo, la pobreza, la ignorancia y la violencia.

Los beneficiarios de estas medidas reaccionarias y conservadoras son los grupos oligárquicos. Por eso constituyen el principal obstáculo para la libertad de empresa y de mercado.

La memoria histórica del sindicalismo, de José Luis López Bulla en La Insignia

Metiendo Bulla

Me gustaría enfocar el tema que nos ocupa -esto es, la memoria histórica-de manera un tanto distinta a cómo se han enfocado las cosas en nuestro país en los últimos tiempos. Y, desde luego, con relación a lo que parece que conozco de manera aproximada, a saber: la memoria histórica en el movimiento sindical español, y por extensión en el europeo (*).

Empezaré con algunas preguntas que, aparentemente, tienen pinta de ser provocadoras. ¿Qué pasaría si preguntara en Granada a unos sindicalistas por Ramón Lamoneda? ¿Qué sucedería si hiciera lo mismo en Valencia con relación a Juan López, o en Sabadell por Josep Moix o en Barcelona por Joan Peiró y Angel Pestaña? ¿Qué contestación me daría un dirigente sindical español del más alto nivel si le comentara algo de Daniel de León? Sí, hombre -le diría al alto dirigente-- Daniel de León, el fundador de los wooblys. Más complicaciones todavía: ¿quiénes eran estos wooblys?

De todos los citados hay, en mayor o menor grado, memoria escrita; y de algunos de los nombrados, todavía existe memoria oral. ¿Sería exagerar si manifestara que me llevaría un chasco superlativo si hiciera esas preguntas a la cofradía sindical en Granada y Valencia, Sabadell y Barcelona? Creo que no exageraría lo más mínimo. Y, sin embargo, es sabido que cada hermandad guarda cierta memoria "de los suyos". Los físicos saben quién era Gay-Lusac, los filósofos te dan razones de Epicuro, los músicos conocen a Bocherini y los literatos conocen quién era don Marcial Lafuente Estefanía. Sin embargo, Lamoneda, Juan López, Moix, Peiró, Pestaña y Daniel de León (por no hacer la lista más larga) duermen plácidamente en los archivos del olvido. Quiero decir, olvidados por sus deudos. Francamente, desconozco las razones de ese olvido, que viene de muy lejos; mi generación también participó de estos descuidos.

Cierto, nosotros no conservamos esa memoria, ni tampoco la trasmitimos a las nuevas generaciones sindicales. De ahí que los nombres anteriormente citados fueran tan perfectamente desconocidos como lo siguen siendo en la actualidad. Y por no estudiar, tampoco estudiamos los grandes hitos del conflicto social, así en España como en todo el mundo. Nos contentamos con tener una culturilla general sobre el origen del Primero de Mayo y los mártires de Chicago, leímos superficialmente los asesinatos de Estado contra Sacco y Vanzetti y cuatro cosas más. Así pues, también nosotros estuvimos desarraigados de nuestra memoria histórica. Algunos, por ejemplo, pudieron pensar que la arquitectura organizativa de la casa sindical la concebimos nosotros, cuando la realidad es que éramos deudos de la reforma que hizo Joan Peiró en el famoso Congreso de la CNT (Sans, 1918): unas estructuras que, a pesar de los grandes cambios en todos los órdenes, se mantienen incomprensiblemente intactas.

¿Teníamos documentación para acceder a "la memoria sindical"? Sí, teníamos. Y algo leímos. Por ejemplo, la historia del movimiento obrero de don Manuel Tuñón de Lara. Pero mucho me temo que nuestras lecturas fueron "en diagonal" y, así las cosas, no podíamos escarbar convenientemente en la historia. En resumidas cuentas, si hoy se desconoce la historia y hay déficit de memoria en la casa sindical, la responsabilidad la tenemos las gentes de mi generación. No la tiene, pues, el empedrao. Tal vez, tuvimos cierta arrogancia al considerar que las cosas empezaban en nosotros mismos, olvidando que no pocas enseñanzas estaban ya dadas.

Por ejemplo, pensamos que habíamos inventado la "combinación de las posibilidades legales y su relación con las extralegales" para combatir la dictadura y su ortopedia sindical verticalista. De hecho dos grandes sindicalistas, casi contemporáneos entre ellos, lo habían teorizado y puesto en práctica de manera más o menos simultánea: Joan Peiró en tiempos de la dictadura primorriverista y Giuseppe Di Vittorio contra la mussoliniana. Algo que no sabíamos, desde luego. Y tantas otras cosas.

Lo chocante es que posteriormente hemos exigido la recuperación de la memoria histórica sin haber aclarado que nosotros no la cultivamos en nuestra casa, y siendo herreros como éramos, teníamos cuchillos y tenedores de palo. Así pues, ¿porqué los actuales sindicalistas iban a conocer a Lamoneda, Daniel de León? ¿A santo de qué debían conocer el gran movimiento estadounidense de los wooblys? Bien, ya se han apuntado las responsabilidades de mi generación. Es cosa, por lo tanto, de pasar a estos tiempos.

Las generaciones de hoy deben recuperar el tiempo perdido en lo atinente a la "memoria histórica" de la casa sindical y, por supuesto, al inseparable vínculo que la une a la memoria democrática en general. Porque no se trata de una cuestión de erudición historicista. Tiene, claro que sí, mucho que ver con el conocimiento de cómo intervenir ahora en la acción colectiva del sindicalismo confederal y con el ejercicio de los derechos. Ni que decir tiene guarda relación con las necesarias autorreformas de la casa sindical y con el ejercicio del conflicto social.

Es el momento insoslayable de revisitar (o de leer por primera vez) dos libros -de momento recomiendo dos libros para no abrumar excesivamente al personal-de gran interés: el primero es la Historia del movimiento sindical inglés, cuyos autores son el afamado matrimonio de los Webb (Beatrice y Sidney, de filiación fabiana); el segundo es el anteriormente apuntado de Tuñón de Lara. Otro día recomendaré otros, también de suculentas enseñanzas.

El de los Webb es de gran importancia porque describe los primeros andares de las reivindicaciones en los convenios (tal como eran en aquellos entonces) y la génesis de la forma-sindicato y sus primeras estructuras. Una lectura perspicaz nos mostraría las razones de por qué las reformas sindicales nunca vinieron de los grupos dirigentes del "centro" sino de las periferias. Lo que, por ejemplo, se constata en tiempos más recientes -otoño italiano de los primeros setenta- con la creación de los "consejos de fábrica", vistos de manera asaz inamistosa por la mayoría del centro dirigente del sindicalismo italiano.

El libro de Tuñón nos es más próximo, naturalmente. Ahí tenemos, entre otras cosas, no pocas descripciones de la permanente memoria sindical de la división entre UGT y CNT. Y algunos pespuntes de las diversidades que, todavía se reflejan, en los sindicalismos territoriales españoles.

Ahora bien, leer ambos libros puede ser de gran interés porque uno y otro describen las dos grandes `transiciones´ del sistema y, por lo tanto, de la acción colectiva: la de la primera revolución industrial y la de finales del siglo XIX. Comoquiera que, en la actualidad, vivimos otra gran transformación -del fordismo hacia otro paradigma- tendría utilidad revisitar aquella memoria y ver qué enseñanzas nos deparan.

Hubo un tiempo en que la historiografía benévola se dedicaba, siempre de manera muy parca, a biografíar las vidas ejemplares de los santos laicos del sindicalismo. Pongo como ejemplo dos de ellas: "Pablo Iglesias, educador de muchedumbres" y "Giuseppe Di Vittorio". Más allá de sus limitaciones -sus autores, además, no eran historiadores-- jugaron un noble papel, pues venían a situar en "la memoria" el relato de los próceres del movimiento obrero. Tenían, en todo caso, el defecto de las biografías más convencionales, que dicho caricaturescamente era la situar el personaje al margen del conflicto social. Es como si se escribiera la vida del ajedrecista Capablanca sin relatar la partida de ajedrez y el juego del contrincante. Tenían aquellas dos biografías el encanto de las "vidas ejemplares" de los santos padres de la iglesia católica, apostólica y romana. Más o menos: san Pablo Iglesias y san Giuseppe Di Vittorio.

En fin, como el tiempo apremia, tomo carrerilla para ir acabando. El material de archivo y las nuevas investigaciones científicas pueden ser un material necesario para que las nuevas generaciones sindicales tengan unas mínimas condiciones `técnicas´ para reapropiarse de la memoria sindical histórica, y -como me hace ver Javier Tébar, corrigiéndome mi primer redactado- ello será más posible si hay curiosidad intelectual, pasión por la lectura y voluntad de disponer del tiempo de otra manera. Naturalmente, para ello es preciso poner recursos para que las nuevas generaciones accedan a dicha documentación. Aproximadamente así, puede ser que la memoria de Anselmo Lorenzo no se pierda del todo.

(*) Albacete 6 y 7 de Marzo de 2008. Jornadas sobre la Memoria histórica.

El replanteamiento neoliberal de la utopía capitalista, de Mario Roberto Morales en La Insignia

En la introducción a su libro La era del capital 1848-1875, el historiador inglés Eric Hobsbawm recuerda que la palabra "capitalismo" empezó a usarse en la década de 1860, y que su generalización implicó "el triunfo de una sociedad que creía que el desarrollo económico radicaba en la empresa privada competitiva y en el éxito de comprarlo todo en el mercado más barato (incluida la mano de obra) para venderlo luego en el más caro. Se consideraba que una economía de tal fundamento, y por lo mismo descansando de modo natural en las sólidas bases de una burguesía compuesta de aquellos a quienes la energía, el mérito y la inteligencia habían aupado y mantenido en su actual posición, no sólo crearía un mudo de abundancia convenientemente distribuida, sino de ilustración, razonamiento y oportunidad humana siempre crecientes, un progreso de las ciencias y las artes, en resumen: un mundo de continuo y acelerado avance material y moral. Los pocos obstáculos que permanecieran en el camino del claro desarrollo de la empresa privada serían barridos".

Sin duda, el camino de la libre competencia, cuyo fundamento moral lo constituía la igualdad de oportunidades (no de logros), también llamada justicia social, se perfilaba en el horizonte social como una utopía liberal, que llevaría a la prosperidad de toda la sociedad mediante el surgimiento libre e indiscriminado de cada vez más empresarios compitiendo, amparados bajo las reglas claras de una legislación y una fuerza estatal reguladora de la justicia social.

El camino hacia esta utopía llevó sin embargo a la concentración de capitales y a las prácticas monopolistas, dando como resultado la asfixia de la libre empresa y la prosperidad de los monopolios y las oligarquías. Lo cual, a su vez, se internacionalizó mediante la exportación de capitales que consolidaron oligopolios globales que hoy día usurpan las funciones de los Estados y sustituyen la soberanía política con los intereses privados transnacionales. A esta deformación de la original utopía liberal se le ha llamado "capitalismo salvaje" porque niega la libre competencia y la justicia social. También se le llama neoliberalismo.

Esta deformación de la utopía capitalista necesitó de un replanteamiento "teórico" por parte del empresariado oligárquico global para que pudiera ser abrazado por sus réplicas locales o nacionales, justificando así la opresión del capital con los mismos conceptos libertarios que, imbuidos de la moral derivada de la igualdad de oportunidades, habían animado la utopía liberal, a saber, libertad individual, propiedad privada y otros. Este reajuste a la teoría de la prosperidad capitalista estuvo a cargo de economistas pagados por grupos de presión intelectuales, fundaciones y universidades de grandes consorcios del empresariado monopolista transnacional. Y los más conspicuos de ellos fueron Ludwig Von Mises, Friedrich Hayek y Milton Friedman, entre otros.

Su reajuste "teórico" consistió en adecuar conceptos como "libertad de empresa" (que en sí mismo se opone a las prácticas monopolistas) al libertinaje de los mercantilismos y los oligopolios (que en sí mismos se oponen a la libertad de empresa tal y como la planteó la utopía capitalista). Esta perversa adecuación salvaje del ideario liberal a los intereses del capital monopolista nacional y transnacional es la esencia del neoliberalismo o ideología de la dictadura del empresariado oligárquico, el grupo que constituye el principal obstáculo para el desarrollo de la libertad de mercado.

Pirómanos que se disfrazan de bomberos, de José Luis López Bulla en La Insignia

Metiendo Bulla

Hace días que estoy observando la reedición de viejos hábitos en ciertos medios y en determinadas personas. Unos medios de comunicación afirman que Fidalgo está preparando las condiciones para acercar su sindicato al Partido Popular; otros afirman que la ausencia de Comisiones Obreras en la manifestación barcelonesa del 1 de diciembre se debe a la obediencia de dicho sindicato al PSOE. Comoquiera que ambas afirmaciones son contradictorias, la primera conclusión es que alguien está desinformando a queriendas y sabiendas. También cabe la aproximada posibilidad de que quienes propalan tales informaciones no tengan los tornillos de sus cabales regularmente ajustados. En todo caso, sea como fuere, ninguna de ambas versiones explica los argumentos de lo que dicen. Tal vez porque desinformar no requiere argumentación alguna y no tener la cabeza medianamente ajustada impide el hecho de razonar. Pues bien, ¿dónde está el gato, quiero decir, el problema? Helo aquí.

Si alguien mantuviera la vieja hipótesis de Comisiones-sindicato comunista la hilaridad sería superlativa. Así pues, hay que cambiar de registro. Por una sencilla razón: según las antañonas creencias, lo que no se perdona en un sindicato es su carácter independiente, esto es, ser él quien decide -y sólo él-- sus líneas de comportamiento. Todo poder extraño al sindicalismo pretende que éste sea un sujeto cooptado, una prótesis, un mandao, un monaguillo, bien por separado o todo a la vez. Cuando aquel, no sólo se resiste sino que reafirma su propia personalidad, reaparecen las perplejidades ante ese seguir siendo independiente. De manera que, ante cada posición que tome el sindicato no compartida por Anás, éste dirá que Comisiones es amiga de Caifás; y si es al revés, Caifás dirá desparpajadamente que el sindicato depende de Anás. Porque ninguno de estos dos sacerdotes concibe que un sindicato quiera ser y sea independiente. Cosa que, también en esta ocasión barcelonesa, se ha puesto de manifiesto. Es más, como bien recuerda Andrés Querol en L'esquerra davant de la manifestació de dissabte, el sindicato trató de generar un marco propio, junto a otros sujetos sociales, con la propuesta articulada en el Manifest per un servei ferroviari de qualitat. Me permito recordar que las propuestas de este manifiesto indican cualquier cosa menos seguimiento al PSOE o al Lucero del Alba. Es más, no son pocos los que hablan de que esa propuesta tiene verdadera enjundia.

Y puestos a hablar sin pelos en la lengua, diré que algunas formaciones políticas convocantes de la manifestación barcelonesa del sábado no podían aceptar `metodológicamente´ que el sindicato propusiera el mencionado Manifest. La razón es la siguiente: el partido político piensa que la primacía la tiene él. De manera que observe como una interferencia que el sujeto social se salga de sus competencias tradicionales: una vieja concepción segundointernacionalista que ha contagiado a dios y la madre.

Así pues, Comisiones no sólo no renuncia a la intervención sobre un problema tan agudo y lamentable como es el de las infraestructuras sino que -como ha quedado dicho antes- comparte con otros sujetos sociales la fatiga de un proyecto concreto para salir de la actual situación.

Por otra parte, algunos se inquietarán por su no presencia en la manifestación barcelonesa del sábado pasado. Posiblemente es una decisión discutible, pero hay algo más clarificador que su asistencia a la misma: ¿no es un poco cargante que en una manifestación contra el fuego estén del bracete los pirómanos y los bomberos? Es un lugar común que el actual estado de las infraestructuras tiene, también, sus raíces en antiguos comportamientos de quien ha gobernado Cataluña durante tantísimos años, esto es, el nacionalismo conservador? Y sin embargo, estos caballeros salieron a la calle a exigir explicaciones de lo, ciertamente, mal que están las infraestructuras. Lo dicho, me parece que es un poco jartible que, de manera frecuente, las derechas se disfracen de bomberos cuando han ejercido de pirómanos durante algunos lustros.

Apostillas finales. 1) Si alguien piensa que el sindicato se ha aislado debería prestar atención a los próximos procesos electorales en los centros de trabajo. Eso es lo que cuenta. 2) En mis años mozos discutimos ad nauseam lo que se llamaba, en aquellos entonces, "las relaciones partido y sindicato"; hoy eso no tiene razón alguna, pero tal vez tenga alguna utilidad debatir las relaciones entre el sindicato y la política (la política en general). Porque, estoy seguro, entre las conclusiones que se hicieran algunas formas de entender y hacer política recibirían algunos merecidos coscorrones. Dichos con naturalidad y buena educación, por supuesto.

Ilusiones neoliberales, de Mario Roberto Morales en La Insignia

Los neoliberales se hacen por lo menos seis ilusiones inútiles. Una, que se diferencian de los mercantilistas porque afirman abogar por la libertad de empresa sin intervención del Estado, aunque en la práctica copen las dependencias estatales no sólo para financiar empresas privadas con fondos públicos, sino también para gestionar y apropiarse dineros de la cooperación internacional. Y esto no ocurre únicamente en el subdesarrollo. Ahí están los neoliberales estadounidenses, quienes desde el Estado promueven mercados como el de la venta de armamento, a fin de hacer crecer, mediante el impulso de guerras, industrias de su propiedad como la energética, la bélica y la de la construcción.

También creen que son antioligárquicos, cuando los hechos indican que en países en los que el mercado está controlado por oligarquías monopolistas que impiden la libre competencia, asfixiando con violencia a la pequeña y mediana empresa, su teoría de la libertad de mercado se vuelca siempre a favor de aquéllas y en contra del surgimiento y desarrollo de nuevos empresarios medianos y pequeños.

Otra ilusión vana que se hacen los neoliberales es que son libertarios porque en teoría afirman que la libertad de mercado (intercambiar bienes y servicios por dinero) constituye el elemento esencial que nos diferencia de otras especies animales, y que si este intercambio se regula de alguna manera, se atenta contra la esencia libertaria de la persona. Sin embargo, en la práctica, entienden por libertad el que los capitales ya constituidos se expandan más y sólo salpiquen a los de abajo "libremente". Su inicial salto de un mero mecanismo de intercambio hasta las alturas de la ética y la moral es, pues, mucho más que olímpico. Es, también, ilusorio; y además no toma en cuenta la libertad de no concebir la vida desde una filosofía de mercader.

Pero la más ambiciosa de las ilusiones de los neoliberales es la de creer que son liberales; porque, aunque en teoría propugnen por la igualdad de oportunidades y la libre competencia, en la práctica son evidentemente un activo ejército de legitimadores del poder oligárquico; ese que no sólo impide que el ideario liberal se ponga en práctica, sino que reprime a quienes lo intentan asumir, a saber, los pequeños y medianos empresarios, a los que las oligarquías hacen quebrar mediante prácticas monopolistas que van desde el veto a las nuevas empresas desde el Estado, hasta las amenazas de muerte y las balas de los escuadrones de la muerte a su servicio. Todo esto, en nombre de la libre empresa y la libertad individual, y en contra de totalitarismos fantasmas como los "socialismos" con los que asustan a sus incultas y despolitizadas proles.

Hay otra ilusión, triste por cierto, que se hacen los neoliberales, en especial los tercermundistas: la de que son intelectuales cultos y hasta académicos; cuando los hechos señalan que no pasan de repetir con disciplina castrense sus apuntes de pregrado, como loritos entrenados que de pronto se convierten en feroces perros de presa de sus desvelados mentores y de sus amargadas ideas anticomunistas.

Muchos neoliberales también se hacen la ilusión de que son empresarios, mientras lo obvio es que no pasan de ser clasemedieros asalariados al servicio de los oligarcas que invierten en la educación neoliberal; esa que se agota en formar cuadros técnicos para los TLC.

Como se puede ver, no sólo de pan viven los neoliberales. También viven de ilusiones. De muchas y variadas ilusiones.

La soberanía sindical, Di Vittorio y otros asuntos, de José Luis López Bulla en La Insignia

Metiendo Bulla

En mi opinión los elementos más representativos del magisterio de Di Vittorio son: la independencia del sindicato, la práctica unitaria, la presencia del sindicalismo en todas las esferas donde se ventilan los intereses de los trabajadores y sus familias, la vinculación del sindicalismo confederal con la libertad en todas las partes del mundo y la adscripción a la casa sindical de sujetos que tradicionalmente no figuraban entre los inscritos a la organización. Me importa recordar que todo ello es un acervo que quiere practicar Comisiones Obreras (CCOO) desde sus primeros orígenes, aunque no me consta que ninguno de nosotros, en aquellos tiempos, conociéramos la obra de Giuseppe Di Vittorio.

Entiendo que esos elementos divittorianos tienen una gran actualidad. Es más, se diría que son parte distintiva del sentido de la acción colectiva del sindicalismo confederal. Por otro lado, vale la pena señalar que nuestro amigo, que vivió el nacimiento y la ruptura de la FSM, estaría contento de la aparición en la escena mundial del nuevo sujeto unitario que es la Central Sindical Internacional. Importa reseñar que el fondo del discurso de Di Vittorio en el Congreso de Viena de la FSM (1951) está presente en los postulados fundantes de la CSI.

1. Vale la pena señalar que, por una serie de razones, cuya explicación desbordaría los márgenes de esta intervención, las relaciones entre el partido y el sindicato, vividas de manera tan intensamente áspera por Di Vittorio, merecen hoy una nueva reflexión, orientada hacia las relaciones entre el sindicalismo y, ahora ya no el partido, sino la política. Sin ir más lejos, ahí está la situación del sindicalismo italiano con la política en torno al protocolo del welfare y su discusión en el Parlamento.

Partiendo de la independencia del sindicato -la independencia en nuestra sintaxis española equivale fielmente a lo que vosotros llamáis autonomía- me parece que tiene interés esta reflexión: de qué manera el sindicalismo comparte diversamente con las fuerzas políticas un paradigma que establezca prioridades, vínculos y compatibilidades con la política para abordar los grandes retos de civilización.

2. La segunda cuestión que podría reproponer la obra de Di Vittorio es la (siempre complicada cosa de la) unidad sindical orgánica. También Di Vittorio vivió el sindicato unitario italiano; hoy, en Europa, la existencia de la CES y la CSI en el mundo reducen parcialmente, en teoría -sólo en teoría- una serie de elementos de imposibilidad de la unidad sindical orgánica. Francamente, desde mi condición de sindicalista emérito no acabo de ver las razones que la imposibilitan. De hecho las interferencias externas y los planteamientos `ideológicos´ que antaño dificultaban la unidad sindical han desaparecido por completo, aunque ciertamente permanecen diferencias (algunas no irrelevantes) sobre las prácticas contractuales. Pero éstas diferencias tienen, digámoslo así, una naturaleza `laica´.

3. Por lo demás, el carácter inclusivo de la afiliación sindical en Di Vittorio (todas las categorías del conjunto asalariado en activo y en pasivo, los jubilados y los desocupados) pueden y deben tener abiertas las puertas de la casa sindical, nos vuelve a llamar la atención sobre de qué modo, en las circunstancias actuales, se amplía en la práctica el carácter inclusivo del sindicalismo confederal en Italia, España y en toda Europa.

La gran pregunta sobre la que tenemos necesidad de avanzar en su (no fácil) respuesta es: ¿la actual forma-sindicato es la más adecuada para avanzar más en la inclusividad sindical? Obviamente me refiero al precariado y a los jóvenes en general; por supuesto, también a los inmigrantes. Ahora bien, también estoy pensando en cómo debería ampliarse los índices de afiliación, especialmente en aquellos países (también en nuestro caso, español y catalán) donde el número de inscritos es muy insatisfactorio.

4. Me permito introducir un elemento sobre el que últimamente estoy trabajando. Es lo que llamo metafóricamente la `soberanía´ sindical. Me explico: en las constituciones democráticas de los Estados nacionales se formula que la soberanía reside en el pueblo; de dicha soberanía surge la voluntad popular que gestiona el Parlamento. Mi pregunta es: ¿dónde radica la `soberanía´ de las decisiones que toman los órganos de dirección sindicales?

Estos interrogantes me vienen de hace ya un cierto tiempo. Ahora me interesan más porque el reciente referéndum sindical sobre el protocolo welfare ha representado, en mi opinión, un acto de `soberanía´ sindical implícita. Como, de igual manera, lo fue la anterior consulta y aquellos referendos en algunos de vuestros convenios colectivos nacionales.

Quede claro que no estoy impugnando las actuales formas de comportamiento decisional del sindicalismo español e italiano y, por extensión, europeo. Lo que trato de decir es que creo pertinente saber dónde está la fuente de legitimación de las decisiones de nuestra casa general. Decir que somos un sindicato-de-los-trabajadores es una definición descriptiva, y diría algo más: es sólo la dirección del sindicato quien otorga ese Estatuto concedido. No es, por tanto, normativa, porque en ningún lugar se ha reglado de dónde parte la fuente legitimante. Y más todavía, en ningún lugar aparecen definidos los límites de lo que es decidible en los órganos dirigentes a cualquier nivel. Cuestión de no poco interés porque, de esa manera, se determinaría quién y cómo tiene derecho a pronunciar la última palabra sobre una seria de cuestiones controvertidas.

Aclaro que no estoy planteando que exista una inflación refrendataria, simplemente el abordaje de una laguna que tenemos desde tiempos inmemoriales. Algo que no aparece en la república-sindicato. Por último, en mi opinión, definir los límites de hasta dónde -y de qué manera- pueden decidir los grupos dirigentes no es desconfianza alguna, ni pérdida de autoridad de éstos: es, simplemente, transparencia democrática.

En palabras pobres, la `soberanía´ sindical vendría a remover las prácticas tradicionales que, con el tiempo, se han estancado, dándole al sujeto social mayor densidad democrática.

Punto final: De todas las enseñanzas de Di Vittorio (que, hoy por hoy, sigue teniendo plena vigencia) hay una que, por lo general, no hemos seguido de manera conveniente. Me refiero a la autoexigencia: al reexamen de lo que hacemos; hemos preferido la picaresca de buscar siempre en "los otros" la plena responsabilidad de nuestros propios errores y limitaciones, el no buscar qué hemos hecho y qué nos ha faltado por hacer. Su contundente respuesta a las excusas de los dirigentes sindicales, cuando la derrota en Fiat (1956) fue una gran enseñanza: aunque sólo tuviéramos el cinco por ciento de responsabilidad, esto sería nuestro cien por cien. Esta propedéutica casi casi se quedó en el maestro de Cerignola. Nuestra técnica continúa, por lo general, buscando los tres pies al gato de los que no somos nosotros, nosotros mismos. Rectificarla nos haría aproximadamente más sabios.

(*) Continuación en Nápoles del Seminario sobre Giuseppe Di Vittorio de Barcelona (9 de noviembre del 2007), en el cincuentenario de la muerte del sindicalista italiano.

Autoexclusión neoliberal, de Mario Roberto Morales en La Insignia

Los neoliberales no comprenden el argumento de que su método de análisis es lógico formalista y bipolar. Es decir, que sólo busca hallar lo falso y lo verdadero en el discurso mediante mecanismos de lógica formal; y al establecer la falsedad o veracidad de las afirmaciones verbales, las trasladan a los hechos sociales sin percatarse de que éstos reclaman una lógica dialéctica para ser explicados en su dinámica. Por eso se afanan en vocear que las afirmaciones que contradicen su discurso son erróneas, falsas e incorrectas, mientras las suyas son verdaderas, correctas y científicas.

En consecuencia, no conciben el debate intelectual como una búsqueda conjunta; creen que ya tienen la verdad consigo, como la izquierda dogmática en el pasado. Para ellos, el debate consiste en probar que tienen la verdad de su lado. Esto asfixia el ejercicio intelectual y alienta el dogmatismo, la acriticidad y el seguidismo que se observa en todos ellos, los repetidores, perros de presa de sus mentores, quienes se juntan a monologar en sus programas de radio y televisión y en sus columnas de prensa, enarbolando un discurso desgastado y circular.

El debate de ideas con el neoliberalismo es imposible. También porque está imbuido de un anticomunismo a destiempo (típico de sus ideólogos de guerra fría) y, en el caso de América Latina, contagiado por una amargura anticastrista que los jóvenes de la región no tienen por qué padecer a estas alturas de la finalización de la bipolaridad capitalismo-comunismo. Es una lástima que los jóvenes neoliberales vean socialistas y comunistas por todas partes; eso les impide ampliar su horizonte en cuanto a definir con precisión a sus contrapartes. Esta paranoia anticomunista a destiempo se acentúa ahora con la presencia de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega, López Obrador y otros políticos cuyo pensamiento y acción merece definiciones actuales y no de la guerra fría. Debido a este desfase, el eje argumental de los neoliberales para explicar América Latina sigue siendo bipolar, así: colectivismo (o coacción) contra individualismo (o libertad). O bien: populismo contra (neo)liberalismo.

Las bipolaridades son cómodas porque "explican" con un fácil simplismo formalista, mecánico y antidialéctico, las dinámicas sociales, económicas y culturales. El problema es que esta "explicación" no recoge la complejidad contradictoria de esas dinámicas y por ello se agota en un esquematismo dogmático que no llega a convertirse en pensamiento analítico. El neoliberalismo (que no es liberalismo ni por asomo) me recuerda mi época de marxista-leninista dogmático; y me entristece presenciar esta vuelta de la tortilla en ciertas juventudes inoculadas con el trasnochado anticomunismo, porque constato que no avanzamos sino que damos vueltas como perros que se muerden la cola en la impostergable tarea de replantear, superándolos y adecuándolos a las circunstancias concretas del siglo XXI, los paradigmas del cambio social.

Por su cerrado dogmatismo de ultraderecha, que se convierte en acción pro-oligárquica disfrazada de lucha por la libertad de mercado, la libre competencia y la igualdad de oportunidades, el neoliberalismo se autoexcluye de las convergencias políticas que nuestros países están forjando para caminar hacia un interés nacional en el que todas sus ciudadanías (y no sólo sus elites) se integren a la producción, el empleo, el salario, el lucro y el consumo.

Guatemala, 23 de noviembre del 2007.