La Coctelera

Categoría: Gara

Un pequeño balance, de Marcelo Alvarez en Gara

Hemos sacado a la calle la reflexión y demostrado que aún «hay memoria», que está viva y actúa más allá de los foros, los homenajes institucionales, los simposiums y muchas veces a pesar de ellos Este pequeño balance demuestra la existencia de las raíces aún vivas de una memoria histórica democrática y antifascista en nuestro país, y su posibilidad de crecimiento

El año 2007 pasará sin duda por ser un año importante desde el punto de vista de la dinámica abierta en Euskal Herria en pro de una memoria histórica democrática y antifascista de la mano de la lucha por la verdad, la reparación y la justicia que las víctimas del franquismo venimos exigiendo desde hace tanto tiempo. Esto será así porque ha sido en este año 2007 el que se han dado de forma clara elementos claves de definición y también un importante punto de inflexión en el combate por la memoria con diversas reflexiones, diversos alineamientos y movimientos políticos, institucionales y sociales por parte de los contendientes en el mismo. Es por ello por lo que queremos ofrecer, a modo de reflexión a la sociedad vasca al terminar el año, un pequeño balance que no podemos sino considerar como claramente positivo, habida cuenta de sus resultados.

Dicho balance ha de partir de ver cuáles eran las intenciones en este tema de los poderes establecidos, esos que a menudo parecen tan abstractos orgánicamente pero que luego se muestran tan concretos en sus actuaciones, y cuáles han sido sus logros. En varias ocasiones hemos expresado que la intención fundamental de éstos era para este año cerrar con el candado de la Ley de Memoria Histórica la posibilidad de avanzar hacia la recuperación e instalación de esa necesaria memoria histórica democrática y antifascista de la mano de la adopción y puesta en marcha de medidas concretas de verdad, reparación y justicia para las víctimas del golpe de estado, de la represión y del régimen franquista. Al mismo tiempo su plan era cortocircuitar nuestra potencialidad y referencialidad social y han intentando ganarse a las víctimas y sus familiares, y por extensión a su entorno social, a través de una estrategia donde ha confluido el cerco comunicativo a aquellos que no aceptamos sus planteamientos con los homenajes institucionales y las declaraciones vacías.

Si atendemos a estos elementos, habremos de convenir que, al menos en Euskal Herria, esto no ha sido así, y ese es para nosotros el elemento central de este balance y de la evaluación positiva de nuestro trabajo. Sin echar las campanas al vuelo, sí creemos que aquellos que pretendían establecer una memoria histórica a su medida, esto es, a la medida del modelo español de impunidad y de la limitada democracia que éste permite y que es la actualmente vigente, no han conseguido sus objetivos, puesto que hoy, tras todo un recorrido de medidas económicas, campañas comunicativas y leyes como la de Memoria Histórica en las víctimas del franquismo, en su entorno mas cercano y también en amplios sectores sociales sigue instalada la subjetividad de la necesidad de verdaderas medidas de verdad, reparación y justicia para las víctimas del franquismo o, lo que es lo mismo, la necesidad de una verdadera memoria histórica democrática y antifascista y también la potencialidad de la recuperación de los valores democráticos inherentes a ésta.

Creemos que en esto, en esta pequeña victoria de los planteamientos democráticos y antifascistas en esta etapa del combate por la memoria desarrollada en este año 2007, Ahaztuak 1936-1977 ha desarrollado una importante aportación. A través de nuestra actividad hemos sacado a la calle la reflexión y demostrado que aún «hay memoria», que ésta está viva y que actúa más allá de los foros, los homenajes institucionales, los simposiums y muchas veces a pesar de ellos. Hemos sido capaces asimismo de hacer frente a las dinámicas y planteamientos institucionales y/o academicistas que pretendían apropiársela y llevarla a vía muerta, siendo capaces de generar una importante referencialidad mediática y en cierto grado social, hasta el punto de que en buena medida la referencia de las dinámicas en torno a la «memoria histórica» y las víctimas del franquismo ha sido ocupada por las asociaciones populares de este ámbito, entre las que la nuestra ocupa, sin duda, un espacio importante. Hemos levantado espacios de colaboración permanente con otros grupos que a nivel provincial o local trabajan también el tema de la memoria histórica conformando junto con varios de ellos la Coordinadora Lau Haizetara Gogoan, y también hemos trabajado mano a mano con otros agentes populares y sociales como Gernika Batzordea, varios gaztetxes y asociaciones culturales, Etxerat... y también con aquellas fuerzas políticas que, tras habérselo ofrecido a todas, han estado dispuestas a ello, como ERC o EHAK. Hemos apoyado y participado en iniciativas populares como Korrika y realizado nuestra aportación al currículum vasco...

A nuestro modo de ver, este pequeño balance si algo demuestra es la existencia de las raíces aún vivas de una memoria histórica democrática y antifascista en nuestro país, y su posibilidad de crecimiento. La importancia de las actividades desarrolladas radica en haber contribuido, en contribuir a hacerla aflorar, revivir. Eso es lo más importante de este balance. Eso y la perspectiva que se abre ante nosotros, las nuevas sendas, los nuevos caminos a transitar en el ya inminente 2008.

Con este pequeño balance y esa perspectiva conformados por el trabajo hecho, por los logros obtenidos y por el aprendizaje en base a los aciertos y los errores, despedimos este año y encaramos el próximo, un nuevo espacio de tiempo en el que con la memoria de sus sueños -de los sueños de verdadera democracia, de justicia social, de progreso humano... de los nuestros, de las víctimas del franquismo- seguiremos perfilando nuestro futuro.

Marcelo Alvarez. Ahaztuak 1936-1977.

2008, necesitado de imaginación, del Editorial en Gara

2008, necesitado de imaginación

Estas fechas de fin de año son propicias para los deseos de paz y justicia, sentimientos de fraternidad y solidaridad. Sin embargo, no parece que quienes disponen de los medios para que esos deseos puedan ser mínimamente factibles vayan mucho más allá de la manifestación protocolaria. Buena muestra de ello es el año que hoy finaliza, en el que en el plano internacional han continuado e incluso se han recrudecido los conflictos en los que la injerencia se disfraza de ansia democratizadora.

En Europa se le ha pretendido otorgar una importancia que no tiene al acuerdo recientemente rubricado por los dirigentes de una Unión Europea incapaz de sacar adelante una constitución que respondiera a las necesidades de los ciudadanos y a los valores a los que esos mismos dirigentes a menudo apelan, un acuerdo temeroso de ser sometido a la voluntad popular. Entre tanto han surgido nuevos estados y la posibilidad de creación de otros sin que ello haya provocado catástrofe alguna; antes bien, ha tenido la virtud de dar una salida democrática y racional a diferentes conflictos.

Y en Euskal Herria el retorno a viejas demostradamente inservibles ha marcado este año repleto de detenciones, denuncias de tortura y manifestaciones apaleadas, que se despide con la muerte en carretera de una allegada a un preso vasco y que se recordará como el año de la sentencia del proceso 18/98.

Mañana comienza 2008 y se presenta incierto, si bien es de suponer que continuará en la inercia del que hoy se despide. Los macroprocesos en los que decenas de vascos están inmersos no se harán esperar, al igual que, con las elecciones generales españolas en un horizonte próximo, el intento de ilegalización de formaciones políticas que cuentan con un importante respaldo popular. Pero 2008 también estará marcado, sin duda, por el centenario del nacimiento de uno de los más grandes creadores de este país, Jorge Oteiza. Sería de desear que ese centenario contagiara a los agentes políticos la imaginación necesaria para encauzar un diálogo reclamado por la sociedad vasca y cuyo único límite debería ser la voluntad de los ciudadanos de Euskal Herria.

Hablará el silencio, de Sabino Cuadra Lasarte en Gara

Al hilo de la sentencia del 19/98, y recogiendo una metáfora utilizada por Mariano Ferrer, Cuadra reivindica el valor de las canciones y de la música para los resistentes. Reivindica, ante todo, la persistencia de la melodía de la libertad frente a las de la imposición. Frente a esa melodía de la dignidad advierte que «la música para desfilar, la música de la corte, la música clerical, la música monolingüe que quieren aprendamos obligatoriamente no nos gusta nada».

En la rueda de prensa dada por la Plataforma 18/98 para valorar la sentencia recaída sobre el caso, uno de sus portavoces, Mariano Ferrer, tomó de prestado una frase que servía muy bien para expresar algo de lo que en estos momentos está pasando en nuestro pueblo y que, más o menos, decía así: «Romperán todos los instrumentos, pero la música seguirá sonando».

Están destrozando violines, chelos y contrabajos; rompiendo a golpes trompetas, trombones y flautas; reventando con saña bombos y timbales... Ahora ha sido el turno de «Egin», Ekin, Xaki, Zumalabe... Hace tan solo unos días fue el de la Mesa Nacional de Batasuna. Poco antes, el de Jarrai, Segi... Varios sumarios más aguardan su turno: «Egunkaria», «herriko tabernas»... Golpean a diestro y siniestro, arremetiendo incluso contra sillas, atriles y batutas. Pero todos sus esfuerzos son inútiles: la música sigue sonando.

Su apellido era Troncoso. Fue auditor en el tribunal militar que juzgó a un par de decenas de patriotas y revolucionarios vascos en Burgos, en 1970. Hubo fuertes condenas, varias de ellas de muerte. Al final del juicio los procesados, puestos en pie, cantaron el «Eusko Gudariak». Troncoso los echó de la sala.

Treinta y siete años después, la escena se ha repetido ante otro tribunal de excepción: la jueza Murillo expulsó a los condenados del 18/98 cuando éstos, tras escuchar su aberrante sentencia, comenzaron a cantar aquella misma canción. Sin instrumentos, sin partitura y sin dirección, se entonaron idénticas notas. Sonaba la misma música.

Hace dos viernes, como todos los años, una cuadrilla del Casco Viejo de Iruñea salimos a cantar por el barrio. Somos Alde Zaharreko Abesbatza Ludiko-Polifonikoa y nuestro repertorio son villancicos tradicionales a los que cambiamos las letras para relacionarlas con temas actuales. Los de este año fueron el Instituto Navarro del Vascuence, el TAV, Sanz, Zapatero y Bush y, como no, nuestra musa inagotable: Yolanda Barcina. Salimos vestidos de vasquitos y neskitas, ataviados con llamativas pelucas y un pañuelo palestino.

Uno de estos villancicos se refería a la justicia española y sus más altas instancias. Era el conocido «Pero mira como beben los peces en el río», cuyo estribillo decía: «Madre mía que vergüenza/ la Audiencia Nacional,/ el Tribunal Supremo/ y el Constitucional./ Autos, sentencias,/ recursos y demás;/ chapuzas a mansalva,/ aquí no hay quién dé más». Y en uno de sus párrafos se decía: «A varios cientos de años/ acaban de condenar/ a decenas de personas/ por el hecho de pensar/ de escribir, de organizarse/ y en nuestro pueblo sembrar/ semillas de resistencia/ de conciencia y libertad». Y todo ello acompañado de la oportuna coreografía, pasos de baile y gestos varios.

Mientras cantábamos por el Casco Viejo, repartíamos las letras de las canciones entre el público que nos escuchaba. Agotamos las dos mil copias que hicimos. Nuestras piezas más aplaudidas y coreadas fueron las dedicadas a Yolanda Barcina y la antes comentada: «¡Madre mía, qué vergüenza la Audiencia Nacional»... Luego -nos consta que es así-, nuestros villancicos son cantados también en las cenas de cuadrillas y familiares propias de estos días.

En el libro «Lluis Llach», referido a la vida del conocido cantante catalán, se recuerdan anécdotas de la censura franquista, cuando había que presentar al Gobernador Civil las letras de las canciones que iban a ser cantadas en los conciertos.

En una ocasión, su famosa canción «La estaca» fue censurada íntegramente. Ante ello, Llach interpretó su música, sin cantarla. El resultado final de aquello fue que lo prohibido terminó siendo coreado por los miles de personas que acudieron al concierto. Quizás por eso, otra de sus canciones afirmaría: «Sois vosotros los que habéis hecho del silencio palabras».

Podrán destrozar muchos instrumentos y prohibir muchas letras, pero la música seguirá sonando. Podrán suprimir, incluso, los conciertos y disolver el público que acude a ellos, pero cuando éste se disperse en mil direcciones, tarareará aquello que trataron de silenciar. Charangas y fanfarres tocarán esas melodías en nuestras fiestas y cada vez serán más populares. Y cuando todo esto sea prohibido y reprimido, hablará el silencio, silbará el viento y los truenos, con sus timbales, denunciarán los desmanes del Gobierno del PPSOE. Y después, las ansias de libertad y justicia de nuestro pueblo escribirán nuevas partituras y crearán nuevas corales y orfeones. La música seguirá sonando.

Esto será así, además, por una segunda razón. No es sólo que nos gusten nuestras melodías, sino que la música constitucional, la música para desfilar, la música de la corte, la música clerical, la música monolingüe que quieren aprendamos obligatoriamente no nos gusta nada. Es más, nos parece un bodrio. Nunca cantaremos esas canciones ni bailaremos esos ritmos.

En los últimos meses hemos visto acuerdos municipales, institucionales y concentraciones en las que partidos de derecha e izquierda, centralistas y nacionalistas, sindicatos obreros y confederaciones empresariales, cantaban al alimón partituras en defensa de nuestro estado de derecho (el de la monarquía hereditaria, la patria indivisible y las leyes de excepción), nuestros tribunales de justicia (como el que ha sentenciado el 18/98) y solidarias con la Policía y la Guardia Civil (los eternos abonados a las denuncias de Amnistía Internacional). No era música lo que salía de ahí, sino ruido. La preocupación de sus miembros por salir en la foto, que no por entonar, y el confundir el gritar con el cantar, ha hecho de todo esto un auténtico esperpento.

Hace treinta años, Lluis Llach, al referirse a la Transición que tragó tantas esperanzas, compuso la canción «No era això, conpanys, no era això», cuya traducción decía: «No era esto, compañeros, no era esto por lo que murieron tantas flores, por lo que lloramos tantos anhelos. Puede que haya que ser valientes de nuevo y decir, amigos míos, no es esto». Hoy, nuevamente, ante tanto desatino es preciso repetir: «no es esto, compañeros, no es esto».

Mientras tanto, las flores, los anhelos y la valentía de los condenados en el 18/98 ha compuesto una canción de dignidad que cantaremos, silbaremos y tararearemos durante décadas. Mila esker!

Sabino Cuadra Lasarte. Abogado.

Reivindicación histórica de las selecciones de Euskal Herria en Bilbo, del Editorial en Gara

Reivindicación histórica de las selecciones de Euskal Herria en Bilbo

Cientos de deportistas y miles, muchos miles de hombres y mujeres dejaron bien claro y dijeron bien alto ayer en Bilbo que el deseo de que se garantice de una vez por todas el derecho de las selecciones de Euskal Herria a competir en campeonatos oficiales es masivo. Quien hasta ayer tuviera alguna duda al respecto, seguro que cambió de opinión tras ver y vivir la jornada vespertina, reivindicativa y deportiva, tanto en las calles de Bilbo como en San Mamés. Si algo quedó claro ayer es que la oficialidad, el anhelo de tener una selección de Euskal Herria de fútbol (y por extensión del resto de deportes) no es, en absoluto, un capricho de unos pocos deportistas mal informados y formados, como el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, por ejemplo, quiso transmitir. Despreciar así a unos deportistas que sí están dispuestos a dar lo que algunos partidos y las instituciones de esta nación dividida no son capaces de dar no es de recibo ni es aceptable. El problema para quienes han tratado de sacar de tiesto la supuesta polémica en torno al cambio de nombre (alentándola interesadamente para tratar de retirar del foco la reivindicación fundamental) es que, con su ejemplar actitud, esos deportistas se han convertido en los mejores portavoces del sentir mayoritario de esta sociedad. Ahí está la clave. Como tantas otras veces, las instituciones siguen poniéndose sorprendente y significativamente nerviosas cuando la sociedad reclama su derecho a ser escuchada y, en consecuencia, reclama pasos y compromisos ante reivindicaciones compartidas por la inmensa mayoría de este pueblo.

En este sentido, la entrevista que este periódico realizaba este pasado viernes a Iñaxio Kortabarria y Mikel Aranburu, como exponentes de la continuidad generacional de esta reivindicación, era ciertamente elocuente y esclarecedora. «Lo raro es que en lugar de apoyarnos se metan con nosotros de esa manera», respondían a GARA. Y es que, ¿por qué molesta tanto esta reivindicación? Reclamar la oficialidad de nuestras selecciones es una exigencia de todos, no sólo de los jugadores, y el nombre de selección de Euskal Herria sólo podría molestar a quien no desea realmente que este país tenga un futuro propio.

No vale sacarse la foto si no se le da contenido

Instituciones como el Gobierno de Lakua han podido tomar el testigo que la sociedad reclamaba durante demasiados años, y no lo han hecho. Aprovechar el partido para firmar, en el mismo cesped de San Mamés, un documento en el que se propone cooperar con Galiza y Catalunya en cuestiones deportivas y fomentar la presencia internacinoal de las respectivas selecciones no sirve de nada si, luego, a lo largo del año, no se hace absolutamente nada para lograrlo, si no se habla con los deportistas para encauzar las reivindicaiones, si no se adoptan compromisos reales ante la sociedad. No sirve de nada buscar la fotografía fácil si no se le piensa dar contenido; y, desgracidamente, hasta ahora esto es precisamente lo que ha ocurrido. El escarmiento de todos estos años por la incapacidad, inoperancia y falta de voluntad de las instituciones debe servir para mantener bien alta la presión. No sirve de nada que las instituciones de turno se limiten a recordar al Estado español que se tiene ésta u otra competencia si no se está dispuesto realmente a hacer nada para luchar por un derecho.

Lo que ayer se vio en Bilbo permite reactivar la esperanza y debe ser un aldabonazo en toda regla para todos los agentes que pueden y deben apretar el acelerador. Pero, sobre todo, debe servir para que la sociedad sea consciente cada vez más, de que su impulso cuenta como el mejor de los acicates.

Que Euskal Herria apoya a sus deportistas es algo tan obvio que quienes arremeten tan burdamente contra ese sentimiento salen realmente malparados en la fotografía de estos días.

«Nazio bat, selekzio bat»

En realidad es muy simple: «Nazio bat, selekzio bat». La imagen que incluimos en nuestra primera página de hoy es elocuente, y su importancia se acerca mucho a la famosa imagen de Iribar y Kortabarria con la ikurriña. Y es un lema y un objetivo que van mucho más allá del meramente deportivo. La exigencia de que se reconozca a este país, de que también en el tema deportivo se supere la partición territorial y administrativa, es compartida por la mayoría de la sociedad vasca, que exige a sus instituciones y a los partidos políticos que empiecen a crear las federaciones deportivas de Euskal Herria para que las selecciones que surjan a partir de ahí puedan competir oficialmente a nivel internacional. Y esto exige enfrentarse y confrontarse, todos juntos.

Esto exige mucho más de lo que algunos políticos han demostrado estos días. ¿Qué confianza puede tener la sociedad en que determinados políticos defenderán los derechos de Euskal Herria si ni tan siquiera son capaces de enfrentarse al Estado español y al Estado francés en el tema de las selecciones deportivas?

El alejarse cada vez más de las reivindicaciones de la sociedad es su opción, pero ello no les legitima para tratar de frenarlas como sea. La respuesta que miles de vascos dieron ayer en Bilbo fue rotunda.

Jesús y el «star-system», de Jon Odriozola en Gara

Jesús no fue «cristiano», sino judío. Y un judío revoltoso. Su crimen, de cara a los romanos fue proclamarse «rey de los judíos», un delito de sedición

A mis padres

En pleno «humanismo navideño» no me queda otra que ir de aguafiestas, que para eso me pagan. Lo que sigue a continuación está sacado -por no decir «fusilado»- de una obra del puestísimo cristólogo Gonzalo Puente Ojea.

Empecemos en plan heavy: el Jesús de la Historia, y no el Cristo de la fe, jamás condenó la violencia. Jesús -suponiendo que existiera- no fundó ninguna Iglesia en cuanto organización dispuesta a perpetuarse sine die. Ni se le pasó por la cabeza. El Nazareno nace y crece en un ambiente de alta sensibilidad mesiánica. Mientras el hijo de María (José todavía anda «mosca») tenía su vista clavada en el futuro inminente de la venida del Reino de Dios, aquí y ahora y no ad calendas graecas, y para su pueblo judío exclusivamente, las narraciones evangélicas se proponen desvincular a Jesús del entorno hebreo de sus días, desjudaizarlo. Porque Jesús no fue «cristiano», sino judío. Y un judío revoltoso. Su crimen, de cara a los romanos fue proclamarse «rey de los judíos», un delito de sedición. Para los romanos Jesucristo era un malhechor (lo de «terrorista» todavía no se había inventado). En Marcos 1.15 Jesús proclama,al igual que el Bautista, que «cumplido es el tiempo y el Reino de Dios está cercano». Ya no hay espera, pues el tiempo se ha cumplido. Jesús, un nacionalista judío, no tenía paciencia (la Iglesia paulina sí). Verdaderamente creía en un demiurgo que expulsaría al invasor romano. Cuando muere en la cruz, Jesús no se siente instrumento de ningún arreglo teológico o soteriológico preordenado por el Altísimo. No esperaba ese desenlace trágico. De ahí su desgarrador bramido:«Eloi,lamma sabacthani» (Dios mío, ¿por qué me has abandonado?).

Había algo indisociable en el mesianismo de la época: lo religioso y lo político, o sea, entre el Reino de Dios y el destino de Israel. Por eso del Bautista apenas se habla, porque era casi un zelote (un «etarra», diríamos hoy, como los que defendieron Masada). Y a Jesús se le «despolitiza», pues Jesús, es obvio, es puro amor. Sucede que en Lucas 22.49-50 le preguntan al Maestro (cuando le prenden en Getsemaní): «Señor, ¿herimos con la espada?». Y responde: «Dejadles, no haya más». No se condena la violencia, sino que se toma una prudente decisión. Y ello porque para detener a Jesús se le envía nada menos que una cohorte (no inferior a 400 hombres) al mando de un tribuno (judío). Es fama que Pedro le corta una oreja a un esbirro del Sumo Sacerdote, es decir, que iban armados.

La ética de Jesús, su escatología mesiánica, causó pavor en el establishment judeo-romano. Jesús era hostil frente al ocupante romano y sus colaboracionistas aborígenes. Un Jesús de este tenor era inmanejable para la Iglesia. No era plan. Había que adulterar su figura mediante una interpretación espiritualizante y apolítica, irenista, de su supuesto fundador. Este Jesús inexistente quedó troquelado para el resto de la historia como un ser evanescente alejado de toda preocupación terrena en el cuarto Evangelio: «mi reino no es de este mundo». Si lo fuera, lo volverían a crucificar.

Ya dije que iba a ir de «borde». Otros nos mandan comer conejos como quien nos manda a tomar por saco, no te jode...

Urte berri on.

Jon Odriozola. Periodista.

Penas de muerte, de Alvaro Reizabal en Gara

En teoría la pena de muerte está abolida en el Reino de España, que ha suscrito cuantos convenios internacionales existen sobre la materia y, además, la ha proscrito legalmente. Pero en la práctica se producen acontecimientos que, cuando menos, hacen dudar de la realidad de tan solemnes proclamas. Estos días asistimos a dolorosos ejemplos que muestran la cruda realidad. No pueden considerarse condenas a muerte en el estricto sentido del término, pero cuando menos se aproximan bastante. Me refiero al fallecimiento de Natividad Junko, que sufrió un accidente al vi- sitar a un familiar preso. No es la primera ni será la última víctima de la dispersión penitenciaria.

Que circular por la carretera es una actividad de alto riesgo es algo que a diario nos recuerda el Gobierno a través de las campañas publicitarias de la Dirección General de Tráfico, riesgo que se multiplica en fechas como éstas, en las que se producen millones de desplazamientos.

Es indiscutible que el dispersar a los presos vascos por toda la península obliga a sus familiares y amigos a realizar miles y miles de kilómetros para poder visitarles. En consecuencia, se crean condiciones objetivas para que se produzcan accidentes que, como desgraciadamente ha ocurrido en este último, resultan fatales.

Se dirá que con la dispersión se persiguen fines distintos, pero no puede negarse que también se genera gran riesgo de accidentes, y así lo demuestran las estadísticas. Bien, pues a esto en Derecho se le llama dolo eventual: el agente dice no perseguir el resultado que se produce, pero se le condena, porque debió prever que creando determinadas condiciones de peligrosidad el daño iba a producirse. En estos casos es perfectamente previsible, luego...

Algo pasa también en las cárceles vascas, sobre todo en Langraiz, donde ha aparecido otra presa ahorcada. Van ya muchas y uno se pregunta a qué condiciones de vida se someterá a unas personas que deciden suicidarse por no seguir soportándolas.

Acabaremos hablando de la sentencia del celebérrimo 18/98. Ya habrá tiempo de valorar en profundidad la sentencia de más de mil folios, pero podemos avanzar que rezuma una animadversión a los condenados y a sus abogados que incluso llega a derivar testimonio de lo actuado para que se enjuicie a dos de ellos. ¿Jueces imparciales?

Supone un salto cualitativo sin precedentes: ya no se trata de que las organizaciones políticas de la izquierda abertzale complementen la actividad de ETA, sino de que son su corazón y sus entrañas. La tortura no existe y para condenar la actividad de «Egin» no hacen falta pruebas (!), basta con saber leer. Hay más condenados como dirigentes de ETA entre los acusados inermes que entre los que utilizan las armas. Y qué decir de las condenas. ¿No supone condenar a morir en prisión imponer penas, que en algún caso superan los veinte años, a quienes han superado la edad de sesenta?

Alvaro Reizabal. Abogado.

Feliz Navidad, de Pablo Antoñana en Gara

El escritor navarro Pablo Antoñana nos ofrece este relato navideño a modo de «desahogo». Reflexiones sobre estas fechas que hacen un recorrido desde la época franquista hasta nuestros días, en los que «el mismo nacional-catolicismo vuelve reencarnado en esa secta o nueva religión, en cuya doctrina no se sabe bien si la patria es Dios o viceversa». Un recorrido realizado en primera persona por el autor.

Debiera titular a lo que sigue como «Desahogos». Y lo son. Yo, teólogo de pacotilla, me hago preguntas sin recibir respuestas, seguro que no las tienen por lo que escribo en el agua. Algo así debió de ocurrirle a Jesús de Nazaret, Dios hecho hombre, que hace dos mil años, vino a redimirnos del pecado original, el de la manzana, y que condenó al hombre a ganarse el pan con el sudor de su frente o el sudor de los otros, como es bien sabido, y a la mujer a «parir con dolor, a buscar al hombre con ardor» (el Génesis). A lo que parece y a la historia me remito, no nos libró del pecado de las guerras, bendecidas y justificadas, del hambre, de la injusticia, de los jueces prevaricadores, escribas judaicos, del préstamo leonino de los bancos, de la codicia, el odio, la mentira, ni de ese monstruo que llevamos dentro, dormidito, domesticado, que a la mas nimia ocasión, se escapa de su madriguera y estraga cuanto encuentra a su paso. Después de 2.000 años seguimos sin redimir.

Viene esta descarnada reflexión como excusa para darle trato al fragor de estos días, derroche de luz, chin chin de cuchipanda, feliz Navidad, felices Pascuas, aunque yo digo feliz Digestión, para quien la haga, pues muchos-muchos, los de la noche y el día, los olvidados, estarán ausentes de la celebración de lo conmemorado.

Tendrá que ser así, siempre lo fue, dejemos pues que ruede el mundo como siempre rodó y las cosas sigan como estaban, amen.

Mientras tanto «Feliz Navidad» cantada por Feliciano, «el pastorcillo que va a Belén» de Raphael, «pom porrom pom pom», y la germánica «Noche de Paz» y ya hemos cumplido. Y revivir pasajes evangélicos, que no están en los canónicos y sí en el relato ingenuo de los cincuenta apócrifos, que nos surtieron de reyes magos, pastorcillos, de fijar el día del nacimiento al frío del invierno y no a la primavera de abril, el pesebre a la carpintería del casto José y otros detalles no comprobados pero que dotan al hecho de misterio y belleza...

Es nuestro Ramadán, lo fue, o no lo fue nunca. Misa de Gallo, y el esplendor de la liturgia católica, que en París, impresionó a Paul Claudel, agnóstico, y después de vagar aquella Nochebuena por los puentes del Sena, llenos de mendigos, entró en la catedral. Los cánticos, el aroma del incienso, las luces, las genuflexiones, los reposteros, los pasitos de ballet de los celebrantes, le conmovió: «así tiene que ser el cielo», dijo. Y se convirtió inmediatamente. La liturgia, otro lenguaje. La misa mayor nuestra, con tres curas revestidos de capa rica, música de Perossi, granos de incienso en el braserillo y mechas minúsculas de humo. Se invitaba esa noche al rico a sentar un pobre en la mesa; a los mendigos se les buscaba por los pajares, ha nacido el Niño; a los pobres, de solemnidad o no, se les obsequiaba con la colación: una berza de asa de cántaro, tasajo de abadejo, botella de vino tinto, mazapanes de Soto, turrón de guirlache, y gracias señorita, muchas gracias, Dios se lo pagará. Y los belenes montados sobre armadijos, ríos remedados con papel de plata de chocolates Mayo, pastores con el brazo o el pie amputado, los calendarios y almanaques de las tiendas de ultramarinos, gallinitas picoteando, el palacio, los magos, jinetes en caballos con gualdrapa, el molinero, la mujer con el saco en la cabeza.

Sin embargo, a pesar de esa versión dulce y tierna del nacional-catolicismo de aquellos días, un muro de silencio cómplice y opaco nos ocultaba cárceles llenas de prisioneros por leales a la República; fusilados en cumplimiento de urgentes sentencias de muerte; sus viudas malvivían; «desafectos» construían gratis, mal comidos, mal vestidos, carreteras y pantanos; los maquis; las torturas.

Y ahora todo se cae, son los nuevos tiempos, el Santo Padre de Roma nos dice que el Niño Jesús nació en la carpintería de José y no en un pesebre. Eruditos escrupulosos dicen que hasta el siglo III no había noticia de los Reyes Magos y hasta el XV eran todos de raza blanca, posible pues que hasta el concilio de Trento los negros no tenían alma, no eran hombres.

Y el Mesías esperado, que alguien pensó en Jesús, pero la versión rabínica no lo da como hombre o mujer, sino un tiempo deseado con ansia y expectación: el mundo sin fronteras, ni ejércitos, por tanto sin guerras, ya no existirán los pobres como dignos de lástima, habrá justicia, los ricos especie extinta, el hambre y la sed abolidas, la paz alumbrando la faz de la tierra.

Si aún se cree en ese Mesías con trazas de verdadero, parece que va para largo la espera, aunque Proudom, Bakunin, Carlos Marx, se empeñaron en darle un empujoncito y adelantarla. Pero si no lo consiguió el cristianismo, poca esperanza queda. A no ser para Giovanni Papini, en su «Historia de Cristo», otro soñador.

Hoy, alejados del sueño, nos han metido en casa el gordinflón y estúpido Papá Noel, invento de la imperial Coca Cola. Los curas dejaron la sotana, la teja y la coronilla en su cabeza, visten de cleriman como Spencer Tracy en «Las campanas de Santa María», aunque alto, el mismo nacional-catolicismo vuelve reencarnado en esa secta o nueva religión, en cuya doctrina no se sabe bien si la patria es Dios o viceversa. Y la Iglesia oficial, sigue apeteciendo ser lo que siempre fue: parte soterrada de la administración del estado. Y la cristiandad, cerrada en reductos de silencio cómplice y opaco, desatiende la reivindicación todavía por cumplir de la Navidad.

Pegado en las fachadas de Pamplona-Iruñea hay un pasquín acusador que describo a lo grueso: una mujer preñada (la Virgen María) montada en asno matalón, un hombre vestido de palestino contra la pared, las manos en alto (el casto José). Un soldado judío (de los del Holocausto), con «buscaminas» rastrea en las herraduras del burro; otro soldado judío, (de los del Holocausto) armado hasta los dientes con equipo USA, cachea al hombre (el casto José) como policía neoyorquino. Un breve texto explica: «el papa Benedicto, (Benito), lejos de condenar la brutalidad israelí, guarda sus iras para los ataques racistas palestinos contra ciudades israelíes, y al Estado de Israel le invita a mostrar moderación».

Otro ejemplo: pocos días antes de celebrar el misterio de Dios hecho hombre, jueces expertos en dureza meten en la cárcel a 47 ciudadanos inclusos en el sumario 18/98, compuesto de 600 tomos, 200.000 folios y 1.000 páginas de sentencia. Los juzgadores de este atropello, cristianos ellos, cumplidores ellos -«Feliz Navidad», «cantan y brincan los peces en el río», «Dios ha nacido ya»-, han dejado sin Navidad, feliz Navidad, a estos 47 ciudadanos. La ley es la ley, como la que asesinó a Jesús-Cristo, y no se olvida, aunque los mismos piden olvido para otros asesinatos más recientes.

No importa, pues como me reconvenía la tía Sofi, que en paz descanse,«ya lo pagarán en la otra vida» y así los juzgadores del desaguisado, serán juzgados en el más allá. Pudiera ser, quien sabe. Al menos es un consuelo.

Pablo Antoñana. Escritor.

El TAV, Trebiñu y las minorías mayoritarias, de Javi Ruiz en Gara

Tenemos aquí un conflicto entre dos formas de entender la toma de decisiones que no es nuevo, que nunca se ha querido afrontar y que surge repetidamente

En torno a la implantación del Tren de Alta Velocidad (TAV) se ha generado un conflicto social, económico, político, cultural que está dejado al descubierto las vergüenzas de este denominado sistema democrático.

La oposición mayoritaria de la población del entorno rural de su trazado es más que evidente. Además del peso que esta oposición pueda tener en las ciudades.

Frente a esa evidencia, los argumentos de quienes promueven y defienden el proyecto se basan en eso del objetivo estratégico, del respaldo mayoritario conseguido en las urnas cuatrienales, de sus programas electorales, de las «sinergias» económicas de este tipo de proyectos.

La mayoría, en las poblaciones afectadas por el trazado, que rechaza el proyecto defiende que ningún proyecto es tan estratégico como el de sus propias formas de vida, de trabajo, de movilidad.

Tenemos aquí un conflicto entre dos formas de entender la toma de decisiones que no es nuevo, que nunca se ha querido afrontar y que surge repetidamente, sólo que en algunos momentos alcanza notoriedad, como en el caso del TAV.

Ocurrió también en Trebiñu cuando se desarrolló la Consulta Popular del 8 de marzo de 1998. La mayoría de la población trebiñesa que pudo participar en esa Consulta optó por una decisión que, según quienes gobernaban en Burgos, en Castilla, en Madrid, no correspondía tomar a la población afectada.

Los argumentos de quienes ostentan gobierno defendiendo el TAV como objetivo estratégico por encima de la población directamente afectada, vienen a dar la razón a quienes ostentan gobierno en Burgos, Castilla, Madrid en relación al contencioso trebiñés.

Pero no sólo eso. Se pegan patadas en su propio trasero porque es el mismo tipo de argumentación del Gobierno del Reino de España para rechazar posibles consultas en el territorio del TAV sobre otras cuestiones territoriales o soberanas.

En alto las espadas de las mayorías minoritarias y de las minorías mayoritarias. A todas luces tienen las de ganar las mayorías minoritarias porque para eso tienen toda la infraestructura violenta de los poderes.

Pero si ganan, lo harán de nuevo sin convencer, con muchos daños, como siempre.

Deberían tener presente que ahora están en contra las mayorías de las poblaciones rurales del trazado del TAV porque lo han visto en forma real, pero que dentro de poco tiempo también tendrán en contra a muchas personas de las ciudades, que hoy ven el proyecto de una forma virtual y que cuando se enteren de cómo les afecta a su barrio, en su desplazamiento, en su parque, en sus formas de vida pondrán el grito en el cielo.

Más mayorías minoritarias que quizás no tengan la oportunidad de enterarse de los entresijos del proyecto o de participar en la toma de decisiones sobre el mismo, porque hasta para conseguir esa información se argumenta que es objetivo estratégico. Como en tiempos de guerra o en los estados de excepción. Impiden hasta la información cabal del proyecto, que es requisito esencial para una óptima toma de decisión.

En todo el mundo las mayorías minoritarias padecemos las imposiciones de las mayorías minoritarias. Esto no debería servirnos de consuelo, sino de acicate para que deje de ser así. Entre otras cosas para poder salir de la duda de si las mayorías minoritarias son en realidad minoría.

Javi Ruiz. Activista social.