La Coctelera

Categoría: Estrella Digital

Con la Iglesia hemos topado, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

La Conferencia Episcopal ha echado su cuarto a espadas en la partida de las elecciones generales que están a punto de comenzar. Y lo ha hecho bajo la cobertura de una concentración en defensa de la familia, pero con la clara y calculada intención de movilizar al electorado católico/conservador a favor del PP. Y puede que, también, para desmovilizar al centrista moderado que ve en este activismo político de la Conferencia Episcopal, ya explicitado a lo largo de los pasados años en el tremendismo de la COPE, un argumento para imaginar que una victoria de los populares en los comicios en ciernes, lejos de facilitar un reencuentro entre los españoles, ofrecerá más motivos para la crispación y los enfrentamientos.

Lo más llamativo de la concentración religiosa de ayer en Madrid, en la que se recibió un mensaje del Papa Benedicto XVI, fue que en ella los más destacados protagonistas fueron los cardenales ultra conservadores, Rouco, Cañizares y García Gasco, que dieron la impresión de estar hablando mas para hacer méritos ante la deriva integrista y neo conservadora vaticana que a los ciudadanos españoles. A los que transmitieron mensajes contrarios a las leyes aprobadas por el parlamento, en materia de divorcio, aborto y de matrimonios gays, además de hacer toda clase de advertencias políticas en relación con la democracia, el laicismo, los derechos humanos etcétera. Y, por supuesto, sin mencionar las divergencias internas que existen dentro de la Conferencia Episcopal que este pasado domingo inicio su propia y más bien aguerrida batalla electoral interna, entre los dos sectores progresista y conservador, ante la próxima elección del que será, en el tiempo del Papa Benedicto XVI, nuevo presidente del episcopado español.

Naturalmente, ya han surgido voces desde la izquierda que atribuyen al PP el acto de la Conferencia Episcopal y sus más radicales mensajes políticos, por más que los dirigentes de este partido se hayan preocupado de no hacer acto de presencia institucional en la convocatoria. La que servirá al PSOE y a sus medios afines para vestir al PP de nacional católico, recordando así los pasados tiempos del franquismo que Manuel Fraga ha decidido recordar declarando, como semanas atrás Mayor Oreja, que “el franquismo sentó las bases de una España con mas orden”.

Naturalmente, los cardenales oradores de la concentración familiar no han hablado de la homologación que otros obispos, como Setién y Uriarte, han hecho en fechas recientes entre víctimas y verdugos del terror de ETA. Y tampoco de las recientes declaraciones del obispo de Tenerife en las que hizo comparaciones y disparatadas alusiones sobre los homosexuales y los pederastas. Y solo les faltó repetir, en la emblemática plaza Colón de Madrid, lugar de las habituales manifestaciones del PP, las palabras de Cañizares en las que decía que había que rezar “por la unidad de España”.

Esa unidad, dañada pero no en peligro, entre otras cosas, por causa de esta cruzada episcopal con la que la Iglesia sale de los terrenos de Dios para entrar en los dominios del Cesar. Y ello, justamente después de que este Gobierno de Zapatero, hiciera esfuerzos por recomponer la relación con el Vaticano en el ámbito de la financiación y la educación. Cuestiones que, sin lugar a duda, se reabrirán si el PSOE gana las elecciones y, entonces, de manera frontal. Porque aunque Zapatero no haya querido que la revisión de los Acuerdos Específicos Iglesia/Estado figure dentro de su programa electoral, con toda seguridad todo ello está en su pensamiento y en sus planes si, en solitario o en una coalición con los nacionalistas, vuelve a gobernar.

Zapatero o Rajoy, un triste dilema, de Manuel Martín Ferrand en Estrella Digital

Tu querer es como el toro, que donde lo llaman va, y el mío es como la piedra: donde la ponen se está. (Copla popular)

Tal que Alejandro Sanz, tengo el “corazón partío”. No me refiero, claro está, a mis alifafes cardiovasculares que, como Hipócrates y el buen gusto prescriben, quedan para la intimidad entre mi cardiólogo y yo. El “corazón partío” que me late/no me late en el pecho es el del sentimiento nacional español. Medio en broma; es decir, medio en serio ya nos dijo Antonio Cánovas del Castillo —a quien no llega a parecerse Mariano Rajoy— que somos españoles “quienes no podemos ser otra cosa”. Pero, visto el que tampoco alcanza a ser Práxedes Mateo Sagasta —Zapatero—, ¿no podremos nunca mejorar en algo, aunque solo sea un poco, nuestros dilemas políticos?. ¿Estamos condenados a perpetuidad a tener que elegir democráticamente entre lo malo y lo peor?

Éste es el último artículo que escribo en 2007 y, observando por el retrovisor los 365 días que llevan su marca, la contemplación de un paisaje político que va de Rajoy a José Luis Rodríguez Zapatero, y viceversa, es para salir corriendo. Nunca, ni tan siquiera en tiempos totalitarios, habíamos presentado una alineación política —¿representativa?— tan barata y escasa de facultades. Es la consecuencia de una degeneración partitocrática, el mal más frecuente de las democracias; pero no es cosa de consolarse con la averiguación etiológica.

A lo más que podemos llegar en este momento, en el que un año le entrega el relevo al que le sucede, es a considerar la coplilla que encabeza estas líneas y tratar de discernir si es Zapatero la piedra y Rajoy el toro, como me parece, o sería más científico entenderles al revés. Importa poco. En una democracia que va perdiendo su condición representativa, que sólo tiene de parlamentaria sus aspectos formales y en la que las separación entre los tres grandes poderes del Estado es pura entelequia, el perfil de sus líderes resulta cosa menor aunque, al tiempo, sin un potente liderazgo —estimulante, provocador— no saldremos de la condición adormidera en la que política y socialmente nos encontra-mos.

En 2008, por lo menos hasta el 9 de marzo, seguiremos con la misma copla. ¿Rajoy o Zapatero?. Ambos se han apeado de las ideas y, en un lamentable pragmatismo, tratan de seducirnos electoralmente con rebajas fiscales, ventajas sociales y prestaciones cívicas. Incluso, si se apura, el PP se muestra más socialdemócrata que el PSOE. Así resulta difícil ser un ciudadano responsable y participativo.

Como Arturo Pérez Reverte le enseñó a decir a su capitán Alatriste, “ser lúcido y español aparejó (siempre) gran amargura y poca esperanza”. En ello estamos y, por lo que parece, seguiremos estando. Frente a un pobre necio como Zapatero, que se define por el talento que ha conseguido reunir en el Consejo de Ministros, tenemos a un perezoso Rajoy al que tampoco se le puede aplaudir sabiduría para el casting político.

Todos somos víctimas de tan sensibles y parejas escaseces y, de haber alguno, sólo resultan beneficiarios los españoles que quieren dejar de serlo. Los nacionalistas centrífugos que, con su permanente insidia separatista, desgastan la fuerza del Estado, disminuyen la potencialidad de la Nación y ya han arruinado los vestigios de la Patria.

Cuando, por acudir a un ejemplo menor, los representantes de los gobiernos vasco, catalán y gallego aprovechan un partido de fútbol entre el País Vasco y Cataluña para revindicar la independencia de sus hipotéticas selecciones deportivas “nacionales” —el desiderátum— tenemos a la vista el diagnóstico de una enfermedad que, por puro afán de alcanzar o perpetuarse en el poder, no quieren ver y tratar de curar ni Zapatero ni Rajoy. Les falta talla política para ello; pero, sobre todo, carecen de voluntad y capacidad para cumplir con su deber. Uno de los dos nos gobernará hasta 2012. ¡Sálvese quien pueda!.

El PSOE: los impuestos como síntoma, de Luis de Velasco en Estrella Digital

El sillón que uno ocupa, el cargo que detenta, determina lo que uno hace. Es, dicho en román paladino, aquello que afirmaba Marx de que “la existencia determina la conciencia”. Así lo escribí en esta columna hace quince días, comentando la transformación experimentada por quienes mandan en el PSOE desde hace ya varios años y relacionando ese cambio con el penúltimo caso de transfuguismo ideológico y político como es el de la certificación de la defunción del impuesto sobre el patrimonio, decretada por el propio presidente del gobierno con el silencio atronador de altos cargos y militantes de ese partido (si ha habido alguna discrepancia ha sido tan mínima que nadie la ha oído). No se trata de un viaje al centro como ha sido destacado por algunos sino de la continuación de una clara deriva hacia postulados de la derecha que acoge con alborozo, en este y en otros casos, ese nuevo abandono uno más- de otra de las señas de identidad de la socialdemocracia.

Si uno repasa las listas de consejeros “independientes”, asesores, “conseguidotes”, etc., de grandes empresas, se encuentra con una notable lista de ex ministros y ex altos cargos socialistas y compañeros de viaje que, un vez cumplida su etapa en el gobierno o en la administración, especialmente en el sector económico, parecen haber encontrado, tras el “sarampión” socialista, su verdadera vocación, que ha resultado ser la de ganar mucho dinero. Al fin y al cabo, cada etapa de la vida, cada día tiene su afán. Su ejemplo inspira a muchos de sus compañeros que hoy ocupan cargos públicos o aspiran a ocuparlos, todos ellos prietas las filas en un partido que, desde hace ya muchos años, se convirtió pura y simplemente en una máquina (hay que reconocer que funciona bastante bien) para crear puestos de trabajo, los propios, más allá de cualquier consideración ética y política. Hay que estar bien con los que, de verdad, mandan. Antes, durante y después. No es un caso aislado, es un ejemplo más de la bancarrota de la izquierda en el mundo.

Pero las cosas no parecen tan sencillas si tratamos de entender como, a pesar de todo esto, el PSOE tiene un suelo electoral fijo y recoge la casi totalidad del voto que se denomina de izquierda y centroizquierda del país. ¿El elector no se da cuenta de lo que pasa? Evidentemente, en su inmensa mayoría es así y a ello no es ajeno la gran fuerza del gobierno en medios de comunicación. El elector que se considera encuadrado en esa franja ideológica, que en España es mayoría, vota a “los suyos” hagan lo que hagan porque los otros, es decir el PP, están más a la derecha. O, los más ilustrados, los menos, se quedan en casa, hartos. Es decir, a ese nivel, que es el que decide las elecciones, parece funcionar lo que dijo el portavoz del gobierno actual, eso de que el gobierno del PSOE hace la política económica con la mano derecha y la social con la izquierda.

Es un buen “slogan” aunque la realidad es otra. Mal se compadece esa afirmación con unos ingresos impositivos en los que el componente de la equidad, ese de que pague más quien más tiene, disminuye mientras arrecian las propuestas y las decisiones de rebajar o eliminar impuestos directos y aumentar los indirectos, regresivos por definición. Y mientras todos los indicadores nos muestran que la desigualdad social aumenta en nuestro país, algo que empieza a ser reconocido por todos.

La huelga sigue algo huérfana, de Enrique Badía en Estrella Digital

La baja conflictividad laboral que viene caracterizando los últimos años puede haber inducido a olvidar, en cierto modo, que la huelga sigue huérfana del marco de regulación que la Constitución prevé al consagrar el derecho. La carencia se nota particularmente cuando los paros afectan a algún servicio básico para el normal funcionamiento de la comunidad. En realidad, ni siquiera está claro cuáles lo son o merecen esa consideración y de ello deriva una total falta de determinación de cómo deben fijarse servicios mínimos, garantizados o como se quieran denominar.

La mayoría de ocasiones, esa indefinición provoca tensiones añadidas a las propias del conflicto. Rara vez, empresa y trabajadores acuerdan qué tareas se deben cubrir durante el paro, por lo que acaban fijadas de forma unilateral. Por lo general, la patronal tiende a amplificarlos, en tanto que la plantilla, o al menos sus representantes, los consideran excesivos y, puestos a decir verdad, es frecuente que los tribunales les den la razón a posteriori, con escaso efecto real. El ciudadano, en todo caso, siente los perjuicios del paro de forma directa, entre otras cosas porque suele faltarle información suficiente sobre las interrupciones, porque los mínimos fijados no se cumplen, o casi siempre por una mezcla de ambas cosas a la vez.

Lo peor son las distintas formas de violencia demasiadas veces asociada a la conflictividad. Ejemplos de estas fechas son la huelga indefinida del personal de limpieza del metro de Madrid o, días atrás, los empleados de la empresa municipal de autobuses de Barcelona que esta misma semana van a repetir. En ambos casos se han producido actos vandálicos, algunos de ellos con claras intenciones de coaccionar. Es probable que, en parte, no sea todo cuestión de insuficiencia normativa, sino de dudosa capacidad de hacer cumplir la ley, dado que abundan los antecedentes en los que tales comportamientos han acabado saldados en práctica impunidad. El recuerdo de la invasión de las pistas del aeropuerto de El Prat (Barcelona) por empleados de Iberia, que paralizó el tráfico casi dos días al inicio de unas vacaciones de verano, está entre los que se pueden manejar.

Cuesta entender las tesis de quienes ven en la regulación del derecho de huelga una forma de limitarlo, coartarlo o desnaturalizarlo. Es verdad que someterlo a una norma podría provocar esos efectos, pero también lo es que existe la oportunidad de regularlo con respeto y salvaguardia de su carácter esencial. En realidad, lograr unas reglas adecuadas, más que una posibilidad, es una obligación de quienes son responsables de promover, aprobar y aplicar las leyes. Sea en este derecho concreto o cualquiera de los demás. Que sea difícil no excusa ni justifica dejar de hacerlo, vez tras vez.

A finales del año que está a punto de comenzar se van a cumplir tres décadas desde que fue promulgada la vigente Constitución, pero nada garantiza que se vaya a aprovechar para cumplir el mandato de regular el ejercicio del derecho de huelga y muy especialmente la cobertura de los servicios considerados esenciales para el normal desenvolvimiento de la sociedad. Seguirá, pues, planteada la incógnita de si hacerlo contribuiría a que pudiera ejercitarse de mejor modo para todos, empezando por los propios trabajadores que deciden defender de esa forma sus derechos en materia laboral. Porque muchas veces la falta de un marco claro suele ser la mejor forma de favorecer la arbitrariedad.

España y el asesinato de Benazir, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

El atentado terrorista perpetrado en Pakistán contra Benazir Bhutto no sólo pone este país al borde del abismo político en vísperas de unas elecciones sin garantías, sino que aumenta la dramática saga que ha provocado en el Oriente Próximo la guerra de Irak, y en la que se han visto inmersos otros países como Líbano y Afganistán, además de empeorar la clónica crisis de Palestina, sin que las predicciones del presidente Bush, que anunciaban el inicio de una pacífica estabilidad política y militar en la zona tras la caída de la dictadura de Sadam Hussein, tengan la menor oportunidad de llegar a ser una realidad. Más bien, al contrario, nunca el terrorismo islámico fue más fuerte y el Oriente Próximo más inestable y violento sin que nadie esté en condiciones de garantizar un horizonte esperanzador.

A los españoles, como miembros de la Unión Europea y de la OTAN, esta nueva crisis nos afecta por cuanto desestabiliza una nación crucial que bien o volverá a caer en manos del dictador Musharraf, o será objetivo de un nuevo golpe de Estado militar, si es que no se producen enfrentamientos al borde de una guerra civil, o de religión, en un país especialmente sensible que, además, cuenta con alta tecnología y armamento nuclear. Y que es vecino especial de Afganistán y el semillero de los terroristas y guerrilleros de Al Quaeda que le están ganando el pulso y la guerra a las tropas de la OTAN desplegadas en territorio afgano, y donde España mantiene cerca de mil soldados en una misteriosa misión de ayuda y cooperación, mientras otros de sus colegas de la Alianza Atlántica luchan contra los talibanes.

También tenemos desplegados soldados españoles en el Líbano, otro país en crisis y sin gobierno, donde la larga mano de Siria ha lanzado amenazas al contingente español por causa de la posible extradición española hacia los Estados Unidos del traficante de armas Al Kasser, detenido en España. Lo que hace que la retirada de las tropas españolas que estaban en Irak no haya disminuido los riesgos de nuestros soldados, que ya han sufrido numerosas bajas en estas extrañas misiones que se llaman de paz y que son de guerra. Y con las que el presidente Zapatero ha pretendido compensar el desaire que le hizo a los Estados Unidos, al ordenar una retirada urgente y sin plazos cautelares de las tropas que en Irak había desplegado el anterior gobierno de Aznar.

Naturalmente, los intereses económicos y estratégicos de España en estas zonas conflictivas no tienen nada que ver con los de las grandes potencias de Occidente que en esas latitudes asumen el mayor protagonismo como son Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos. Ni cuenta el gobierno de nuestro país con un presupuesto militar suficiente, ni con los efectivos, el armamento y la tecnología necesarios para completar, con las mejores garantías, las misiones encomendadas. Y lo que es peor, no hay fecha para la retirada de las tropas españolas de Líbano y Afganistán, lo que presagia malas noticias que, nuevamente, habrá que soportar.

La estrategia de la presidencia de Bush de vengar con guerras y cañonazos los crímenes terroristas del 11S en Washington y Nueva York, violando la legalidad internacional y promoviendo las llamadas guerras preventivas y de ocupación, ha resultado un estrepitoso fracaso. El terrorismo islámico, como lo acabamos de ver en Pakistán, o recientemente en Irak y Líbano, está más fuerte que nunca y las oportunidades democráticas en esos países no solo no avanzan sino que van a peor. Y no aparece en el horizonte de esa parte del mundo el menor atisbo de paz y estabilidad, como el que se ha querido escenificar, hasta ahora sin resultados, en la conferencia de paz de Annapolis. Aunque en todos los casos, y como si fuera parte de un plan perfectamente concebido, se ha conseguido poner al borde o al inicio de la guerra civil a todas las zonas afectadas. Así ocurre ahora en Pakistán, así se desarrolla en Irak y Afganistán, así pasa en el Líbano y en Palestina. ¿Era eso, de divide y vencerás, el objetivo de Washington, pensando quizás que mientras hay conflictos internos el terrorismo se cebará en esos países y se olvidará de los de Occidente?

Pues si ese era el maquiavélico plan de la Administración Bush, al final se van a equivocar, porque los aliados de Occidente en esas naciones acabarán por perder esas guerras, y de ellas saldrán regímenes radicales islamistas como los que ya se están configurando, y como los que no cesan de enseñar sus artes criminales como acaba de ocurrir en Pakistán, tras el asesinato de su primera dama, Benazir Bhutto, encomiable luchadora de la democracia y de la libertad.

Año de expectativas decrecientes, de Fernando González Urbaneja en Estrella Digital

A finales de año toca balance, aunque la fecha sea tan convencional y ordinaria como cualquier otra. Y para el balance suele ser aconsejable repasar el pronóstico. Este mismo artículo de hace un año (y de hace dos) se titulaba “la economía, mejor, la política igual” y sostenía que el derrumbe y retroceso de la economía que se anunciaba desde un año atrás (2005) no se había producido y que aunque el 2007 no sería mejor que el 2006, tampoco tenía pinta de ir manifiestamente a peor.

La economía española del 2007 ha crecido a buen ritmo, casi el doble que la italiana o francesa (dos puntos más) y más de un punto por encima de la alemana y un punto por encima de la media de la zona euro. Por eso se produce un hecho notable como es sobrepasar la renta per capita italiana. Y aunque no faltan factores negativos en los capítulos de precios y de déficit exterior, también hay factores favorables del tipo de un sistema financiero sólido y avanzado y un modelo de relaciones sociales que favorece la estabilidad y propicia más flexibilidad de la que se lleva en la Europa continental.

Todo indica que el año que viene será peor que este en cuanto a crecimiento. ¿Cuánto peor?, algunos estiman que se frenará apreciablemente el empleo y el crecimiento, pero el gobierno apuesta por un aumento del PIB del 3% y por otros 400.000 nuevos empleos. Y no faltan argumentos a los portavoces oficiales, entre otras razones porque buena parte de la crisis que se barrunta desde hace muchos meses ya está incurrida. El sector inmobiliario, por ejemplo, ha ajustado la oferta y la demanda se ha retraído de forma acelerada desde el verano, pero eso no ha tumbado al conjunto de la economía.

El petróleo ha mantenido una escalada de precios que pocos habían previsto, desde luego que no el Presupuesto, pero eso tampoco ha hundido la demanda y el crecimiento. Es cierto que la energía se ha convertido en tema central de la agenda europea pero los avances para reducir la demanda de hidrocarburos y para reducir las emisiones son aun poco más que verbales e intencionales.

La opinión dominante entre los agentes económicos se apunta a aquello de “virgencita que me quede…” pero como no estamos ante gente torpe ni indolente lo previsible es que despabilen y se preparen para una etapa más incierta y ajustada y que los efectos del batacazo inmobiliario se compensen en parte en otros sectores. Factor inexcusable para el próximo semestre es el político electoral. Quien gobierne a partir de marzo no es indiferente aunque tampoco es determinante. Las diferencias reales para los agentes económicos entre que gobierne uno u otro partido son limitadas, sus márgenes de movimiento son pequeños, aunque el período de campaña, en el que ya estamos inmersos, suele ser también de cautela en las decisiones empresariales, aunque solo sea por la expectativa de aguardar hasta ver a quien hay que ir a contar los problemas y las necesidades.

De momento las expectativas son decrecientes, entre otras razones porque van muchos años de crecimiento sostenido y vigoroso y porque las incertidumbres fuera tampoco son de menor cuantía. El enérgico y activo (quizá demasiado activo en demasiados frentes) presidente Sarkozy o la diligente canciller Merkel, con su envidiado gobierno de coalición, no han conseguido, aun, dar la vuelta a sus respectivas sociedades atrapadas en esa abulia de las terceras generaciones de ricos e instalados.

El nuevo año, bisiesto y sin lluvias de navidad, viene emocionante e incierto, es decir como casi todos los anteriores.

La inocentada de Rato, de las pesquisas de Marcello en Estrella Digital

Mariano Rajoy ha llamado a Rodrigo Rato para felicitarle las Pascuas y no sabemos si para algo más. No es una broma, ni una inocentada, sino un raro hecho que ha ocurrido en los pasados días ante la sorpresa del ex presidente económico del Gobierno y ex director general del FMI que no ha entendido muy bien el objetivo de la llamada. Salvo que, en próximos días, y como Zapatero ha puesto de moda el conejo navideño, el líder del PP empiece a sacar de su chistera una camada de conejos famosos para encabezar sus listas de cara a las próximas elecciones generales. O para presumir de un posible gobierno, en el caso de que ganara las elecciones, posibilidad que empieza a tener en el PP más adeptos, porque se está corriendo la voz de que a Zapatero le van a dar los suyos un voto de castigo de no te menees.

Veremos que hacen los electores. Pero, de momento, vamos a repasar esta misteriosa llamada de Rajoy a Rato que ha dejado a más de uno confuso y cavilando. Aunque, para empezar, el primer enigma sigue estando en don Rodrigo porque nadie entiende que dejara, sin cumplir su mandato, el FMI para pasar a ocupar una vicepresidencia de un extraño chiringuito o banco de negocios de medio pelo que se llama Lazard. Un cargo del que cuenta el señor Rato que no le ocupa mucho tiempo. Vamos que, como poco, tiene las tardes libres para intrigar en política y en otros lares económicos por lo que pueda pasar.

La presencia de Gallardón, en la lista de Rajoy, la dan muchos por segura en el PP, salvo que medie la sorpresa y la intriga de Rato como la gran baza electoral del PP en las elecciones de 2008 y el ex vicepresidente económico de Aznar se decida a entrar en la batalla electoral. Pero, en ese caso, ¿para qué anunció su entrada en una empresa privada? Eso, dicen los técnicos en la materia, carece de la menor importancia porque si Rato dejo el FMI con tanta ligereza, ¿por qué no iba a abandonar el chiringuito financiero para salvar al PP? Además, si el PP gana las elecciones el banquito en cuestión contará con un amigo de postín en el más alto poder español. Y, también, con la opción Rato, Rajoy podría zafarse del duelo a muerte entre Aguirre y Gallardón.

Un alcalde al que el mágico Rubalcaba le ha montado un guateque en dos o tres andanadas, para intentar desacreditar su prestigio de centrista de cara a las elecciones. Porque, lo del guateque por entregas, huele que apesta, mas por la parsimonia calculada y perlada de la investigación, que por el propio escándalo en sí que, siendo repugnante, no llega les a los altos talones de los grandes casos de las pasadas corrupciones del PSOE. Ni, hasta ahora, se detectó una sola implicación política.

Aunque, mientras unos y otros siguen deshojando la margarita de las listas, en la plaza de la Cibeles y en la Puerta del Sol, se hacen toda clase de votos y conjuros sobre la presunta candidatura de Gallardón. ¿Qué pasaría si el PP y el PSOE empatan? ¿Sería en ese caso Gallardón el hombre clave en un gobierno de coalición? Y ¿Por qué no Rato y Solbes al alimón? ¿Y si pierde Rajoy? Nadie tiene la respuesta precisa a su alcance, y solo se sabe que Rajoy, en un alarde de optimismo, ha prometido que no pasará más de cuatro años en el poder, si gana las elecciones, como diciéndole a Rato o a Gallardón, detrás mía puedes ser tú el triunfador. En verdad no habríamos conformado con que Rajoy hubiera anunciado que si perdía por segunda vez las elecciones se retiraría del liderazgo del PP. Pero esa declaración, a la que se resisten los suyos, va a dar igual porque si vuelve a perder no se podrá quedar, y perder significa no poder gobernar, aunque saque un voto o un escaño más que el PSOE.

Pero volvamos al misterio de Rato, ¿están tramando algo los que fueron vicepresidentes del último gobierno de Aznar? Los Reyes Magos nos lo dirán.

Una heroina trágica, de Inocencio Arias en Estrella Digital

Hay dinastías políticas marcadas por la tragedia. Los Kennedy es la primera que viene a la cabeza... La de Benazir Bhutto también lo ha sido. Su padre, antiguo primer Ministro murió en la horca, dos hermanos han perecido violentamente. Ella ha sufrido atentados, uno hace meses a su regreso a Pakistán, con 136 muertos, otro el confuso de hace horas que le ha costado la vida. Inteligente, hermosa, con sentido del humor, maniobrera, culta, valiente la joven Bhutto se había graduado en Inglaterra y en Harvard pero no manifestó que se dedicaría a la política hasta la caída de su padre. Fue en dos ocasiones primera Ministra de Pakistán, la inicial, la primera mujer en ese cargo en un país islámico, a los 35 años. Fue depuesta con cargos de corrupción y se exiló. Acababa de regresar al cabo de varios años. Su asesinato, que no será fácil aclarar, trae malos augurios para Pakistán y la zona. El Secretario General de la ONU lo ha definido como "un ataque a la estabilidad" y la calificación es muy pertinente. Pakistán, con una población casi cuatro veces la de España, es la segunda nación islámica con más habitantes del mundo, posee la bomba atómica y ocupa una situación estratégica importante. Aliada a Estados Unidos desde la invasión de Afghanistán, básica para asfixiar a los talibanes y Al Queda, su Presidente y su gobierno han jugado un ello un ambiguo papel probablemente por la influencia del extremismo islamista en una parte no despreciable de la población. El Presidente Musharraf ha hostigado a los talibanes pero, según muchos observadores en Washington, que ha enterrado miles de millones de dólares en el país, sin excesivo celo o eficacia.

La llegada de la señora Bhutto al país, enemiga en el exilio de Musharraf, había sido discretamente orquestada por Washington que alentó los contactos entre ambos. En un guión ideal, Musharraf, presionado para convocar elecciones, conservaría la Presidencia y la señora Bhutto accedería al cargo de Primer Ministro después de ganar en las urnas para lo que tenía bastantes posibilidades. El regreso a la democracia querido por Estados Unidos se realizaría así sin líderes claramente hostiles al gigante americano. El esquema salta ahora por los aires. No es raro que Bush haya sido de los primeros en hacer personalmente una declaración condenando el atentado terrorista.

Hay voces que piden el aplazamiento de las elecciones previstas para el día 8 con objeto de dar tiempo de reagruparse y de escoger un líder a los miembros del partido de la señora Bhutto. Shariff, líder del grupo rival y anterior primer Ministro, trata de capitalizarlo y, apuntando a Musharraf, dice que la guerra democrática de los seguidores de Bhutto es su guerra. No es fácil predecir si los disturbios que se han inciado degenerarán en algo más serio.

El magnicidio de la señora Bhutto, que sólo tenía 54 años, es un golpe para los centristas y moderados de Pakistán. En democracia los partidos religiosos nunca habían conseguido más de un 11% de los votos. La celebración de las elecciones y el posible triunfo de la Bhutto pondría a los extremistas en su sitio y consagraría un régimen no adverso a Estados Unidos. Algo que los terroristas querían evitar.