La Coctelera

Categoría: El Periódico

El transporte es un derecho, de Antonio Balmón en El Periódico

LOS PROBLEMAS DE MOVILIDAD EN EL ÁREA METROPOLITANA DE BARCELONA

La situación tan complicada que está sufriendo la movilidad ciudadana en estos días nos obliga a reflexionar con el fin de actuar con diligencia. Quiero empezar afirmando que los ciudadanos tienen derecho al bienestar, a la calidad de vida y a la esperanza de poder aprovechar las oportunidades que se les ofrecen para progresar, para realizar su proyecto de vida. Pero para lograrlo necesitan una movilidad eficiente, y si no disponen de ella, no solo se les crean incomodidades, sino que se pone en peligro su derecho a desarrollar en libertad sus anhelos personales.

El transporte público debe cumplir la imprescindible función social de asegurar la movilidad para todo el mundo, y debe equipararse a cualquier otro derecho social (salud, educación, trabajo...). Debe convivir con el privado, que también es necesario, pero sobre todo en territorios muy densos debe tener un papel subsidiario del público, de otro modo la movilidad se encamina al colapso. La cosa, sin embargo, se complica, porque el uso del automóvil privado responde a la forma en la que los ciudadanos disponen de su tiempo, por razón de nuevas realidades familiares, de horarios laborales fraccionados o de actividades de ocio. Esto genera unos problemas específicos, que se concentran principalmente los fines de semana, atribuibles más a esta forma de utilizar el tiempo, a menudo imprevisible, que a una posible desidia de las administraciones.

Retomando el hilo principal, quiero remarcar que los hechos de estos días son el punto álgido de una enfermedad incubada desde hace años. Digámoslo con claridad: históricamente, en Catalunya, en el área metropolitana de Barcelona, ha habido mucha negligencia en la creación de infraestructuras de movilidad, y especialmente de movilidad pública. En Catalunya hemos tenido gobiernos apocados que no se han atrevido a encarar el problema o no han sido lo bastante activos a la hora de tomar las decisiones. Esto es un hecho y este escrito no pretende averiguar quién tiene la culpa de ello, entre otras razones porque la ciudadanía afectada por las carencias no está para este tipo de sutilezas. Simplemente, exige al Gobierno y a la Administración pública que solucione los problemas.

Y es que administrar una sociedad avanzada significa resolver los problemas en clave de proximidad. Es evidente que tenemos que hablar de planeamiento territorial o de estrategia, pero al fin y al cabo el mundo ya gira, y lo que hay que hacer es estar atento a los problemas del día a día, saber hacerles frente y actuar con capacidad de anticipación para que estén en vías de solución en cuanto se presenten.

CONCRETÉMOSLO en el momento actual: aparte de la necesidad urgente de resolver la interrupción de los servicios de Cerca- nías y de hacerlo con todas las garantías de seguridad, existen una serie de actuaciones que hay que emprender en nombre de este elemental sentido de anticipación. Entre estas quiero destacar, sin ser exhaustivo, el Cuarto Cinturón, el corredor ferroviario del Vallès (para personas y mercancías), la ampliación de la línea 3 del metro, los accesos viarios y ferroviarios al puerto y al aeropuerto, la nueva línea de Cercanías Cornellà-Castelldefels y la transformación de vías interurbanas en espacios intermodales que faciliten el tráfico del bus.

Existen otras actuaciones, quizá no tan visibles, pero igualmente indispensables para asegurar la movilidad de millones de personas. Es la red de vías metropolitanas de segundo nivel, que sirven para procurar la conexión de los municipios metropolitanos con los grandes ejes viarios y la conexión de estos municipios entre ellos. Este sistema adolece de muchas carencias y necesita inversiones importantes que no pueden asumir los ayuntamientos por falta de recursos y de competencias.

Estas últimas actuaciones se circunscriben al área metropolitana de Barcelona, y las de más alcance también la afectan directa o indirectamente. Y es que un territorio de unas dimensiones tan reducidas (600 km2), pero de una población tan elevada (3,5 millones de personas) y, por tanto, tan concentrada, resulta más perjudicado que ningún otro por los problemas del déficit y la debilidad de las infraestructuras de movilidad y, en consecuencia, sus habitantes son los más vulnerables en cuanto a los derechos antes citados de disponer de oportunidades para desarrollar una vida plena. Como alcalde de un municipio metropolitano y vicepresidente de la Mancomunidad de Municipios del AMB, me corresponde hacer un alegato a favor del respeto del derecho al bienestar de mis conciudadanos.

LOS PROBLEMAS de infraestructuras expuestos y su afectación a los ciudadanos nos obligan a concertar ya medidas concretas entre las administraciones, recordando que es más fácil construir con el concurso de los que representamos al territorio que hacerlo a sus espaldas. Se necesita una agenda concreta: es la única forma de devolver a la ciudadanía "el tiempo perdido". Seguro que algunos buscarán beneficios políticos a corto plazo, olvidándose de sus incapacidades históricas, pero esto será estéril, porque no resuelve nada y encima nos distancia de la ciudadanía.

No estamos para optimismos ingenuos: hay que tratar a la gente con respeto, y no valen explicaciones de previsiones incluidas en decenas de documentos oficiales. Es el momento no solo de hacer un esfuerzo inversor, sino de pasar al terreno del compromiso social y de sumar sinergias territoriales, porque sabemos ya cuáles tienen que ser las actuaciones concretas.

Antonio Balmón. Alcalde de Cornellà de Llobregat.

El poder amarillo, en alza, de Mateo Madridejos en El Periódico

PERSPECTIVAS POLÍTICAS PARA EL AÑO QUE EMPIEZA

Según el consenso historiográfico, el XIX fue el siglo de Gran Bretaña, la era victoriana y el apogeo del imperialismo, de la misma manera que el XX fue el siglo de Estados Unidos, la primera potencia económica, tecnológica y militar, un poder que devino universalmente hegemónico tras el ocaso del comunismo y la desintegración de la URSS. Muchos augures coinciden en pronosticar que el XXI será el siglo de Asia y que los Juegos Olímpicos de Pekín del 2008 se utilizarán como un rutilante escenario para la exhibición del poder amarillo, un hito en el ascenso de China.

Pese a las elecciones presidenciales que se celebrarán en Rusia (marzo) y Estados Unidos (noviembre), muchos factores influyentes en la marcha del planeta dependerán en gran medida del país más poblado, convertido en primera potencia comercial y contaminante, sustituto de Japón en la compra de deuda estadounidense. Petrochina desbancó a las petroleras tejanas como la primera empresa mundial por capitalización bursátil y los fondos asiáticos (China, Singapur, Taiwán, Abu Dabi) socorrieron a los bancos atacados por la crisis de las hipotecas. Una situación humillante que inspiró a The Wall Street Journal la amarga y obvia observación de que "el capitalismo no es perfecto".

EN EL 2008, el año de la rata, según el horóscopo, China será seguida por Japón, que no acaba de superar su atonía económica, así como por India y otros dragones asiáticos en la frenética carrera desarrollista y en el suministro del oxígeno necesario para evitar la asfixia del sistema globalizado, a riesgo de encarecer aún más los precios del petróleo y de las materias primas que inciden sobre el escaso dinamismo de Europa, hasta el punto de resucitar el fantasma de la estanflación (estancamiento e inflación).

La emergencia de China como superpotencia tendrá implicaciones sin precedentes sobre la economía, la seguridad y la diplomacia, como ya se deduce del creciente activismo de Pekín en los asuntos asiáticos o africanos (Corea del Norte, Birmania, Vietnam, Darfur), de la actitud inflexible con respecto a Taiwán, en cuyos estrechos siempre puede saltar la chispa, y de la alianza expresa con Moscú para oponerse coordinadamente a la supremacía norteamericana. Los tiempos en que Deng Xiaoping aconsejaba "un perfil bajo" para eludir la confrontación pasaron a la historia.

La incertidumbre global se alimenta del carácter oligárquico y dictatorial del régimen chino, que descansa sobre la anquilosada estructura del partido comunista (PCCh), aunque rejuvenecido en el congreso de octubre último, reducto de la represión oprobiosa y de la galopante corrupción que se deriva de la buena marcha de los negocios. Los Juegos serán una oportunidad para que los disidentes escenifiquen su protesta y confirmen su soledad en la defensa de los derechos humanos.

Tras las elecciones, Vladímir Putin pasará de presidente a primer ministro sin solución de continuidad, a las teóricas órdenes de Dimitri Medvedev, en una insólita transición. Con reputación de liberal en economía, Medvedev era el único de los aspirantes al sillón del Kremlin que no pertenecía al círculo hermé- tico que integran los hombres del ex-KGB. Y ya se sabe que en Rusia "el poder real pertenece solo a la persona que controla el sistema de seguridad", según el análisis de la Rossiyskaya Gazeta moscovita.

Putin condujo a su país desde una agónica anarquía a una estabilidad envidiable y un progreso indiscutible, de manera que resurge con fuerza en la escena mundial como actor incuestionable, hiperpotencia gasista y petrolera, cuya diatriba antioccidental y su influencia recorren los países del que fue imperio soviético. Como alegó la revista Time al proclamar a Putin hombre del año 2007, es evidente que este eligió "el orden antes que la libertad", en una especie de retorno al modelo chino de despotismo desarrollista, pero no es menos cierto que Rusia está en el centro de las inquietudes europeas.

LA CAMPAÑA electoral en Estados Unidos se desarrolla bajo la impresión de que la era conservadora está electoralmente exhausta. Los demócratas, que disponen de mayoría en el Congreso, podrían volver a la Casa Blanca en las elecciones de noviembre. Los aspirantes demócratas Hillary Clinton y Barack Obama deberán superar los obstáculos de la feminidad o el mestizaje ante alguna de las mediocridades republicanas que conectan con una sociedad cada día más piadosa. Obama tiene más ideas, algunas de escasa corrección política, pero solo Clinton dispone de la experiencia y los apoyos precisos para aplicar las menos osadas.

La retirada de Irak no es para mañana, ni los cambios sonarán tan estridentes como sugieren los debates electorales. La diplomacia de EEUU está abocada a sufrir un viraje relevante, corolario de la situación multipolar de poder e influencia que pugna por llegar a las candilejas, pero no abandonará la tentación unilateral. Pese a la inclinación americana de líderes como Sarkozy y Merkel, "el Atlántico se ensanchará un poco", según el diagnóstico de Richard Haas, secuela de las divergencias sociales, la discrepancia religiosa y el declive europeo. Amenazada por el terrorismo islámico, suspirando por las paz perpetua de un nuevo cosmopolitismo, Europa deberá contentarse con ratificar el tratado de Lisboa, insípido sucedáneo de los sueños europeístas.

Mateo Madridejos. Periodista e historiador.

¿Y si Malthus tuviera razón?, de Luis de Sebastián en El Periódico

NO ME DIGAS...

El semanario The Economist hablaba hace unas semanas de El fin de los alimentos baratos. Con ello se refería a la subida de los precios de los alimentos que estamos experimentando. En el siglo XVIII, el clérigo inglés Thomas Malthus, partiendo del hecho de que la población crecía en progresión geométrica mientras que la producción de alimentos solo crecía en progresión aritmética, presagiaba grandes catástrofes demográficas, a no ser que los humanos cambiaran sus costumbres. Esta tesis se vio definitivamente refutada en los años 60 por medio de la Revolución verde, o, mejor, por una serie de revoluciones verdes que aumentaron enormemente la producción agrícola con la aplicación de semillas mejoradas, herbicidas, pesticidas, riego bien administrado, abonos nitrogenados y, últimamente, la bioagricultura.

En el 2005, la FAO podía afirmar que en el mundo se producían alimentos suficientes para los 6.000 millones de habitantes de la tierra. Pero la FAO no decía nada de cómo se reparten esos alimentos suficientes entre la población mundial. Existen unos 900 millones de hambrientos, y unos mil millones de gordos y obesos. Entre estos dos extremos hay unos 4.000 millones que comen de diferente manera: la mayoría se alimentan lo justo para sobrevivir y seguir trabajando (maíz, arroz, algunas legumbres, carne y pescado de vez en cuando); otros pocos disponen de alimentos abundantes y variados. Pero ¿qué pasaría si todos esos 4.000 millones se pusieran a consumir alimentos como hacen los norteamericanos y los habitantes de otros países ricos -lo que se ha llamado la transición alimentaria-, mientras se destinan grandes cantidades de productos agrícolas a fabricar etanol? ¿Habría alimentos para todos? Quizá Malthus acabe teniendo razón.

Iglesia, de Ramon Folch en El Periódico

LA ESCALERA DE CARACOL

La Iglesia católica es una institución sólida y seria. Si situamos sus orígenes al principio del cristianismo (otras confesiones cristianas no admiten esa idea), tiene casi dos milenios. No hay institución más antigua en parte alguna. Hay religiones más añejas, pero no son entidades civilmente reconocidas. La Iglesia católica, sí. Es una organización en toda regla. Es anterior a cualquier registro de instituciones, y por ello no tiene estatutos, sino consuetudes. Consuetudes que se mezclan con creencias, y de ahí su proteica capacidad para nadar y guardar la ropa. Cuando conviene, es una religión; si es preciso, una institución; siempre es un poder.

Me sorprende la frivolidad con la que algunas personas se acercan a la Iglesia católica. Los católicos, particularmente. Creo que les pierde la liturgia, como a Francisco José, que acabó confundiendo el imperio austriaco con los valses de Strauss. Ven normal lo excepcional. La autoridad infalible del Papa, por ejemplo. Su opinión es ley. Ley religiosa, pero también ley civil según dónde y cuándo. Por eso algunos sectores del catolicismo español andan soliviantados. Les irrita que el derecho civil no asimile a delito lo que ellos consideran pecado. Es al revés: ¿por qué sus creencias deberían obligar legalmente a quien no las profesa?

Me parece una falta de respeto religioso. Supone la supeditación de la trascendencia al pietismo, la suplantación de la espiritualidad por el derecho canónico. Una mala costumbre que viene de lejos. La Conferencia Episcopal debiera saberlo. Excepto el cardenal Vidal i Barraquer, arzobispo de Tarragona, el episcopado español en peso calificó de cruzada la sublevación militar contra la República. Un disparate colosal. Pero quien murió en el exilio fue Vidal i Barraquer, mientras el cardenal Gomà, primado de las Españas, saludaba a la romana como un fascista cualquiera.

Las fiestas navideñas (el solsticio bautizado) son un buen momento para recordar estas cosas. Conmemoran el inicio de una nueva era: la heterodoxia cristiana enfrentada a la ortodoxia farisaica. Jesús de Nazaret no fundó nada, pero Pablo de Tarso lo organizó todo. Los católicos son más paulistas que cristianos, me temo, sobre todo algunos obispos. Demasiada jerarquía tirando la primera piedra, poco evangélicamente.

Martirio

La Iglesia católica considera el martirio como la más sublime de las actitudes. Tiene por costumbre elevar a los mártires a los altares. Dejarse matar es la mayor prueba de amor. Debe de ser cierto. ¿Y matarse uno mismo por iguales motivos? No, eso es pecado. Es una gran suerte: el terrorismo católico no existe.

El terrorismo islámico, sí. Es una gran desgracia. El islam, que arrastra una historia fascinante, ahí perdió los papeles. Sufre una derrota moral completa ante el pensamiento cristiano. El mártir yihadista no se deja matar, sino que se mata matando. Es algo apostólicamente nefasto en cualquier credo salvífico. Se habían ahorrado tener una jerarquía y derechos canónicos y ahora lo arrojan todo por la borda. Es lamentable.

Y los agnósticos, ¿qué? ¿Qué hacemos la buena gente que creemos en los valores espirituales y, occidentales al fin, administramos principios judeocristianos sin ser creyentes? Ayatolás fundamentalistas, obispos ultramontanos y rabinos ortodoxos aseguran anticlericalismo y sufrimiento. Qué pena.

Europa, responsabilidad limitada, de Josep Borrell en El Periódico

LA TORTUOSA REFORMA DE LA UNIÓN EUROPEA

El año político se acaba en Europa con la firma solemne del Tratado Reformador, con una polémica cumbre UE-África y con 10 nuevos Estados y 75 millones de ciudadanos incorporándose al espacio sin fronteras, llamado Schengen por la costumbre tan europea de bautizar los acuerdos con el nombre de la ciudad donde se firmaron.

Gracias a esa costumbre, podremos llamar Tratado de Lisboa al Tratado de Reforma de los Tratados de la Unión Europea y de las Comunidades Europeas. Pero, aunque acortemos el nombre, el contenido seguirá siendo largo y complejo, con 175 páginas de texto, 86 de protocolos, 25 de renumeración de artículos de los tratados precedentes y 65 declaraciones anexas. Algo inevitable cuando se trata de enmendar los tratados anteriores y no de compilarlos en uno solo, como pretendía el Tratado Constitucional.

Por ello, el Tratado de Lisboa es justo lo contrario de lo que se consideraba necesario hace seis años, cuando la Declaración de Laeken puso en marcha el proceso que ahora, esperemos, acaba. Se reconocía entonces la necesidad de una Europa más abierta, eficaz y democrática, y que para ello era necesario clarificar y simplificar.

LA CONVENCIÓN lo intentó con su debate público y abierto y su ambición constitucional. Es lo que parecía pedir la opinión pú- blica, y no solo la élite avanzadilla de la Europa federal. En el otoño del 2001, dos tercios de los encuestados, incluso entre los más euroescépticos (Reino Unido, 58%), pensaban que Europa necesitaba una Constitución. Y cuando en octubre del 2004 se fir- mó el Tratado Constitucional en el Capitolio de Roma creímos haber resuelto por un largo tiempo los problemas institucionales de la UE. Pero en realidad ni siquiera llegó a ser ratificado...

No por mucho madrugar amanece más temprano, y una parte importante de la opinión pública europea vio en la Constitución, por múltiples y diversas circunstancias, más un problema que una solución, y en la Europa política, más un riesgo que una garantía.

Desde entonces, los gobiernos rebajaron su ambición y volvieron a los viejos métodos de negociaciones diplomáticas reservadas. Pero, al final, ambos tratados, Constitucional y Reformador, son radicalmente distintos en forma pero sustancialmente idénticos en contenido. Del uno al otro se pierde simbología política y no se repite lo que ya está dicho en otros tratados que siguen en vigor. Pero las reformas institucionales propuestas se mantienen, aunque se retrase la aplicación de algunas, y con ellas la UE será, sin duda, más democrática y eficaz.

Por ello el ambiente en el monasterio de los Jerónimos era de alivio por haber salido de la crisis. Falta todavía la ratificación y luego su aplicación práctica a partir del 2009. Ambos procesos no están faltos de dificultades, aunque menores, porque solo Irlanda utilizará el referendo, si Gordon Brown consigue resistir la presión para convocarlo en el Reino Unido. En el fondo, eso pretendían los que han tratado de minimizar la importancia política de ese Tratado Reformador, calificado con poco fundamento de minitratado y con menos aún de tratado simplificado. O no asistiendo, como Brown, a la ceremonia de la firma en Lisboa.

Así, el largo y, en parte, decepcionante proceso que va desde el Capitolio de Roma hasta los Jerónimos de Lisboa se puede resumir en que se mantienen el contenido de los Tratados anteriores en los aspectos económicos y sociales y las modificaciones institucionales propuestas por el proyecto constitucional.

SE PODRÍA decir, sobre todo a la izquierda en buena medida responsable del no francés, que para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. La demanda de más Europa social, de instrumentos para una mejor coordinación de las políticas económicas y sociales al servicio del crecimiento y del empleo, ha quedado en poca cosa.

El presupuesto europeo sigue siendo escaso y mal financiado. La coordinación de las políticas presupuestarias sigue reducida a una policía de los déficit públicos. La po- lítica industrial sigue subordinada a la de la competencia, y la convergencia de los sistemas sociales sigue sin estar en la agenda. Y mucho menos después de la reciente y polémica sentencia del Tribunal de Justicia contra los sindicatos suecos que trataban de impedir el dumpin social importado desde Letonia.

Ciertamente, la exigencia de la unanimidad ha desaparecido de otros 40 temas, pero subsiste en otros muy sensibles, como la fiscalidad. Por ello, el primer ministro belga, Guy Verhostad, que repite en el cargo para sacar a Bélgica de su crisis, decía que la UE solo será realmente una entidad política cuando suprima la unanimidad como regla de decisión y tenga poderes fiscales que le permitan obtener recursos directamente de los ciudadanos.

Mientras esto no ocurra, y está lejos que llegue, la UE seguirá en lo que Keynes llamaba "un equilibrio de subempleo". Como dice el eurodiputado francés Jean-Louis Bourlanges, tiene ya muchas de las características de una organización federal democrática, pero le faltan las competencias correspondientes. En Lisboa ha salido de la crisis institucional, pero la UE sigue teniendo responsabilidades limitadas sobre muchos de los problemas que preocupan a los europeos, que ya no tienen solución en el marco nacional donde muchos gobiernos se empeñan en seguir jugando solos.

Josep Borrell. Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo.

Tesis, de Josep Cuní en El Periódico

PEQUEÑOS DETALLES

Crisis es palabra maldita. Y cualquiera que la pronuncie con voluntad de definir lo que se nos avecina, corre el riesgo de ser tildado de apocalíptico. Recesión es vocablo excesivo. Y quien la utiliza para rebajar la bonanza económica en la que el Gobierno insiste que vivimos escucha matizaciones varias. No le niegan la mayor, pero le enmiendan sutilmente la plana. Des- aceleración es el modismo de consenso. Los indicadores parecen evidentes. Claro que todos tienen padres a cuyas orientaciones se deben, pero desde los esquiadores que gastan menos hasta los dispendios más comedidos de estas fiestas, quien trata con el gran público coincide en aseverar que antes de comprar nos palpamos mejor la cartera.

Si saltamos a las grandes cifras, vemos que la subida de los precios regulados será el doble del IPC previsto, que los sindicatos han aceptado moderar el aumento salarial en los convenios o que los pisos de segunda mano bajan. Los nuevos mantienen carteles de venta mucho más de lo que duraban hace un año y proliferan anuncios de futuros habitáculos sin fecha. Los regalos adicionales en forma de contenidos a unas condiciones de pago del continente cada día más sorprendentes son una curiosidad comercial que contrasta con el recorte de las facilidades hipotecarias. La banca ha puesto freno y marcha atrás a los falsamente desinteresados favores que nos ofrecían hasta ayer. Y cuando quienes manejan nuestros dineros dejan de mirarnos como mirlos blancos para hacerlo con recelo, ¡miau!

Hipótesis

Algo pasa, es obvio. De momento se han encendido algunas luces. Ámbar para unos, directamente rojas para otros. Lo único cierto es que nadie las ve verdes, y esto es lo significativo. Nos reiteran que venimos de muchos años de fuertes subidas y que vamos a seguir por la senda, pero a un ritmo menos espectacular. Estaba cantado, entonan los agoreros. Y añaden que entramos en una parte imprescindible del ciclo para reorientar las tendencias y poder mantenerlo. Lo triste es que cuando de la necesidad se hace virtud, siempre hay quien paga los platos rotos sin merecerlo. Fijémonos en la construcción. Enric Reyna calcula que en Catalunya se perderán en el 2008 de 35.000 a 40.000 puestos de trabajo directos en el sector. Más o menos la mitad de los que estarían amenazados sin la previsión de tanta obra pública como hay en marcha. O sea, que gracias a los retrasos en infraestructuras y vivienda social, las administraciones van a paliar una situación peor de la prevista. ¿No hay mal que por bien no venga? Depende. Que el momento sirva para limpiar el panorama de especuladores que sin escrúpulo convirtieron tochos en lingotes es bueno, pese a que les quiten lo bailao. Pero que tras ellos arrastren a los operarios menos preparados y a familias que no lo van a tener fácil ya es otro cantar. No hace falta ser sabueso para determinar qué núcleos van a padecerlo más. Tampoco es alarmista advertir de los probables efectos colaterales que esto pueda tener en seguridad o protestas públicas. Y qué barrios y de qué ciudades pueden ser más proclives. Porque, cuando uno desacelera, mientras reduce la presión del gas, puede fijarse mejor en el paisaje. Incluso en aquel que, estando ahí, decidimos ignorar. Como hace todavía la oficialidad disimulando la realidad económica... ¡hasta después de las elecciones! Así empezamos año.

El último que nos quedaba, de Félix de Azúa en El Periódico

LA RUEDA

Cuando murió Ernst Jünger no solo desapareció un escritor sino un modo de concebir la escritura. Aunque murió en 1998, con él se quebraba el último brote del siglo XIX. La muerte de Julien Gracq, hace pocos días, entierra la última pluma del siglo XX.

Puede parecer exagerado, pero no lo es. Téngase en cuenta que hacia 1970 la literatura aún era un club de poetas. Si alguien se refería al arte de escribir, todos entendían que hablaba de Rilke, de Eliot o de Machado. La novela solo era literaria cuando se aproximaba a las intenciones de la poesía, como en el caso de Joyce, de Faulkner, de Benet o de Manganelli. La poesía ha desaparecido hace decenios; ahora le toca desaparecer a aquella novela que aún medía sus armas con la poesía.

Esta desaparición no es una muerte en el sentido escandaloso que a veces se le da, sino una exclusión del ámbito social, de las tertulias, de los usos cultos, de la vida en común. Jordi Llovet lo decía sobriamente en El País del pasado día 27: "La literatura tendrá un papel cada vez más pequeño en el terreno de la verdadera socialización". Era su homenaje al último literato vivo del siglo XX.

Lo más curioso de Julien Gracq, sin embargo, es que tampoco el respeto enorme que suscitaba entre los entendidos tuvo una consagración académica: sus libros no se ajustaban a lo que se espera de un escritor supremo. Las novelas eran oscuras y de poco fruto fuera de la tesis doctoral. El teatro, irrepresentable. Lo excelente eran unos cientos de fragmentos inconexos que en cinco líneas o dos páginas enunciaban juicios, recuerdos, reflexiones, exabruptos, historias, reunidos en libros con nombres tan opacos como Letrinas, Leyendo y escribiendo o A lo largo del camino (Acantilado).

Lo que en un clásico habría sido obra menor era en Gracq obra mayor. Lo que antaño ni se habría publicado, era lo más relevante del arte de Gracq. Como si habiendo intuido el próximo fin de su cultura hubiera dejado tan solo un manojo de epitafios irónicos, ruinas dispersas sobre las que reposa una figura acodada al cayado.

Misión en Villavicencio, de Luis Alejandre Sintes en El Periódico

LA LIBERACIÓN DE ALGUNOS DE LOS REHENES DE LAS FARC

Villavicencio, una ciudad de más de 300.000 habitantes, que ocupa los terrenos de lo que fue una floreciente misión de los jesuitas en el siglo XVIII -la hacienda Apiay-, capital del departamento del Meta, ha sido hoy protagonista geográfico de la operación Transparencia, denominada así por los servicios de inteligencia cubanos y el Gobierno venezolano.

No es la primera vez, no obstante, que adquiere protagonismo. El departamento, segundo en extensión de Colombia -86.000 kilómetros cuadrados- está formado en un 80% por terrenos llanos y ondulados, surcados por ríos tributarios del Orinoco. Es la llamada Orinoquia colombiana.

Pero el resto de su territorio está cubierto por las últimas estribaciones de la cordillera Oriental, uno de los tres espinazos andinos que conforman buena parte de Colombia, rasgándola de norte a sur, y por una sierra desgajada de ella, La Macarena, un bellísimo parque nacional rico en fauna, flora y geología. Ambas zonas son conocidos teatros de operaciones de las FARC, y son más que frecuentes los enfrentamientos entre estas y el Ejército colombiano.

EL LUGAR, por tanto, situado en el valle entre ambas cordilleras, es el idóneo para que helicópteros con el visible distintivo de la Cruz Roja Internacional puedan recoger a Consuelo González de Perdomo y a Clara Rojas, rehenes políticos desde hace más de cinco terribles años, y a Emmanuel, el niño de 4 años concebido y criado en algo más grave que el propio secuestro de su madre.

El operativo no es demasiado complicado, y habitual en estos casos: durante dos o tres noches, las FARC han desplazado a los rehenes, andando y desandando por cerros y vaguadas para no dejar huellas y dificultar su localización; los helicópteros habrán despegado de Villavicencio con un rumbo prefijado en su GPS hacia un punto intermedio, donde alguien indicará otro rumbo a seguir hasta otra zona, donde podrá repetirse la operación, hasta el encuentro final con los secuestrados. No intervendrán las fuerzas militares, pero todos los sistemas de inteligencia, satélites incluidos, estarán activados.

Bajo la inspiración de Cuba -Carlos Vage- y la iniciativa de Venezuela -muy activos su embajador en Bogotá, Pavel Rondón, y el siempre enigmático capitán de navío y exministro Rodríguez Chacín-, representantes de Francia, Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador estarán presentes y compartirán la gloria de la mediática liberación humanitaria. No se merece España estar ausente. Pocos países han dedicado tanto esfuerzo al proceso. Victoria inicial, por tanto, de la batalla mediática presentada por Hugo Chávez y las FARC. En plena Navidad, siempre viene bien presentar un acto de humanidad. No se vio el mismo despliegue cuando el Gobierno liberó a Granda; ni cuando se asesinó impunemente a 11 diputados del departamento del Valle en un difícilmente justificable fuego cruzado con el Ejército. Ni se resalta que permanezca aún secuestrada Ingrid Betancourt -la valiosa carta francesa-, ni soldados, desconocidos prácticamente por nosotros, que llevan más de 10 años como rehenes y cuyo único delito fue servir a su país.

No obstante, veamos el lado positivo. En primer lugar, interviene la Cruz Roja, elemento esencial en la humanización de los conflictos armados, cuyos protocolos siguen siendo de aplicación en este siglo, sobre todo por el carácter directo y humanitario de sus intervenciones y por situar el derecho a la vida y el respeto a los derechos humanos en un nivel diferente del de los estados y del de las partes en conflicto, aunque la frontera entre el carácter de algunas de estas partes, consideradas "grupos armados al margen de la ley", roce muchas veces el de terroristas.

EN SEGUNDO lugar, Chávez, tras la derrota de su referendo, aparece más modesto, menos locuaz, más cauto. Además, se recomponen en cierto modo las relaciones entre Venezuela y Colombia. Hay una larga frontera común; hay un diferendo en el golfo de Venezuela entre las penínsulas de La Guajira y de Paraguaná, donde se juegan importantes intereses petrolíferos; Venezuela es un importante cliente comercial de Colombia, etcétera. Por supuesto, las buenas relaciones contribuyen a estabilizar la región.

En tercer lugar, Álvaro Uribe ha maniobrado bien, dejando a su canciller conducir la situación; las fuerzas armadas han apoyado a su presidente, exigiendo tan solo la intervención de la Cruz Roja y el uso visible de sus distintivos para seguir el movimiento de aviones y helicópteros entre los aeródromos venezolanos de La Fría, Santo Domingo, Guasdalito y Puerto Ayacucho y el colombiano de Villavicencio, más el retorno de toda la flotilla aérea a Caracas.

En resumen: tres personas recuperan la libertad y abren la puerta a otras libertades. Nos esperan días de comunicados y de declaraciones. Dios quiera que no sean días en los que se ahogue una vez más la necesaria capacidad de un pueblo querido, como es el colombiano, que necesita como nunca recuperar la esperanza.

Luis Alejandre Sintes. General en la Reserva.