LOS PROBLEMAS DE MOVILIDAD EN EL ÁREA METROPOLITANA DE BARCELONA
La situación tan complicada que está sufriendo la movilidad ciudadana en estos días nos obliga a reflexionar con el fin de actuar con diligencia. Quiero empezar afirmando que los ciudadanos tienen derecho al bienestar, a la calidad de vida y a la esperanza de poder aprovechar las oportunidades que se les ofrecen para progresar, para realizar su proyecto de vida. Pero para lograrlo necesitan una movilidad eficiente, y si no disponen de ella, no solo se les crean incomodidades, sino que se pone en peligro su derecho a desarrollar en libertad sus anhelos personales.
El transporte público debe cumplir la imprescindible función social de asegurar la movilidad para todo el mundo, y debe equipararse a cualquier otro derecho social (salud, educación, trabajo...). Debe convivir con el privado, que también es necesario, pero sobre todo en territorios muy densos debe tener un papel subsidiario del público, de otro modo la movilidad se encamina al colapso. La cosa, sin embargo, se complica, porque el uso del automóvil privado responde a la forma en la que los ciudadanos disponen de su tiempo, por razón de nuevas realidades familiares, de horarios laborales fraccionados o de actividades de ocio. Esto genera unos problemas específicos, que se concentran principalmente los fines de semana, atribuibles más a esta forma de utilizar el tiempo, a menudo imprevisible, que a una posible desidia de las administraciones.
Retomando el hilo principal, quiero remarcar que los hechos de estos días son el punto álgido de una enfermedad incubada desde hace años. Digámoslo con claridad: históricamente, en Catalunya, en el área metropolitana de Barcelona, ha habido mucha negligencia en la creación de infraestructuras de movilidad, y especialmente de movilidad pública. En Catalunya hemos tenido gobiernos apocados que no se han atrevido a encarar el problema o no han sido lo bastante activos a la hora de tomar las decisiones. Esto es un hecho y este escrito no pretende averiguar quién tiene la culpa de ello, entre otras razones porque la ciudadanía afectada por las carencias no está para este tipo de sutilezas. Simplemente, exige al Gobierno y a la Administración pública que solucione los problemas.
Y es que administrar una sociedad avanzada significa resolver los problemas en clave de proximidad. Es evidente que tenemos que hablar de planeamiento territorial o de estrategia, pero al fin y al cabo el mundo ya gira, y lo que hay que hacer es estar atento a los problemas del día a día, saber hacerles frente y actuar con capacidad de anticipación para que estén en vías de solución en cuanto se presenten.
CONCRETÉMOSLO en el momento actual: aparte de la necesidad urgente de resolver la interrupción de los servicios de Cerca- nías y de hacerlo con todas las garantías de seguridad, existen una serie de actuaciones que hay que emprender en nombre de este elemental sentido de anticipación. Entre estas quiero destacar, sin ser exhaustivo, el Cuarto Cinturón, el corredor ferroviario del Vallès (para personas y mercancías), la ampliación de la línea 3 del metro, los accesos viarios y ferroviarios al puerto y al aeropuerto, la nueva línea de Cercanías Cornellà-Castelldefels y la transformación de vías interurbanas en espacios intermodales que faciliten el tráfico del bus.
Existen otras actuaciones, quizá no tan visibles, pero igualmente indispensables para asegurar la movilidad de millones de personas. Es la red de vías metropolitanas de segundo nivel, que sirven para procurar la conexión de los municipios metropolitanos con los grandes ejes viarios y la conexión de estos municipios entre ellos. Este sistema adolece de muchas carencias y necesita inversiones importantes que no pueden asumir los ayuntamientos por falta de recursos y de competencias.
Estas últimas actuaciones se circunscriben al área metropolitana de Barcelona, y las de más alcance también la afectan directa o indirectamente. Y es que un territorio de unas dimensiones tan reducidas (600 km2), pero de una población tan elevada (3,5 millones de personas) y, por tanto, tan concentrada, resulta más perjudicado que ningún otro por los problemas del déficit y la debilidad de las infraestructuras de movilidad y, en consecuencia, sus habitantes son los más vulnerables en cuanto a los derechos antes citados de disponer de oportunidades para desarrollar una vida plena. Como alcalde de un municipio metropolitano y vicepresidente de la Mancomunidad de Municipios del AMB, me corresponde hacer un alegato a favor del respeto del derecho al bienestar de mis conciudadanos.
LOS PROBLEMAS de infraestructuras expuestos y su afectación a los ciudadanos nos obligan a concertar ya medidas concretas entre las administraciones, recordando que es más fácil construir con el concurso de los que representamos al territorio que hacerlo a sus espaldas. Se necesita una agenda concreta: es la única forma de devolver a la ciudadanía "el tiempo perdido". Seguro que algunos buscarán beneficios políticos a corto plazo, olvidándose de sus incapacidades históricas, pero esto será estéril, porque no resuelve nada y encima nos distancia de la ciudadanía.
No estamos para optimismos ingenuos: hay que tratar a la gente con respeto, y no valen explicaciones de previsiones incluidas en decenas de documentos oficiales. Es el momento no solo de hacer un esfuerzo inversor, sino de pasar al terreno del compromiso social y de sumar sinergias territoriales, porque sabemos ya cuáles tienen que ser las actuaciones concretas.
Antonio Balmón. Alcalde de Cornellà de Llobregat.
