La Coctelera

Categoría: El Confidencial

Vuelve Ansón: el 21 de enero empieza su aventura digital con el diario ‘El Imparcial’, de Carlos Ribagorda en El Confidencial

Salvo cambio imprevisto, definitivamente será el lunes 21 de enero cuando vea la luz el nuevo diario digital del veterano periodista Luis María Ansón. El nombre que ha elegido para esta nueva aventura es el del mítico periódico El Imparcial. El director será Joaquín Vila, ex director también de La Razón y del vespertino Ahora, que ha acompañado a Ansón en sus últimos proyectos.

De acuerdo con las fuentes consultadas, Ansón ha logrado el apoyo de la Fundación Ortega y Gasset y cuenta con un presupuesto de dos millones de euros. El periódico será de información general y nace con la intención de competir con las ediciones digitales de los grandes diarios españoles, El Mundo y El País. “Creemos que lo que les falta a los diarios digitales en España es contextualizar las noticias, dar una explicación de por qué pasan las cosas que pasan. No se trata sólo de ponerlas ahí en la red y ya está, sino explicarlas y darles un sentido”, aseguran fuentes internas del proyecto.

Con una plantilla que rondará los 40 profesionales, El Imparcial es el proyecto que definitivamente ha logrado sacar adelante Ansón. El ex director de ABC lleva bastante tiempo estudiando y trabajando en otros proyectos que finalmente no han visto la luz. Uno de ellos fue el lanzamiento de un diario en papel con el Grupo Intereconomía. Se iba a llamar La Nación, aunque finalmente Julio Ariza, presidente de este grupo mediático, ha desestimado el proyecto para centrarse en el área audiovisual.

Segundo lanzamiento tras Soitu.es

El Imparcial es el segundo lanzamiento que se hace en Internet con apenas semanas de diferencia. En diciembre ya se puso en marcha Soitu.es, el diario digital liderado por Gumersindo Lafuente, ex director de Elmundo.es, y donde cuenta con el apoyo financiero del BBVA.

La diferencia entre ambos es que mientras Soitu será un diario más neutro, donde prime la participación de los ciudadanos, en el caso del diario de Ansón será importante la política y la defensa de las ideas que representan tanto el veterano periodista como el director Joaquín Vila.

La "jodía" salida de 2007, con nacionalistas y obispos en el cierre, de Antonio Casado en El Confidencial

De acuerdo con Incitatus ("El Cultiberio"). Adiós a un "jodío" año, un año "hideputa" por alcanzar la precisión del colega. También en lo político. Sobre todo en lo político, que es el negociado de "El Grano". Lo inició Eta helando la sonrisa de Zapatero -atentado en Barajas- y lo cerró el obispo de Valencia, García Gasco, anunciando que con Zapatero caminamos hacia la disolución de la Democracia. Fue en la manifestación familiar de este domingo en Madrid, con pre-calentamiento por cuenta del obispo de Tenerife al denunciar la desprotección de los clérigos frente al descaro sexual de los adolescentes. Sin comentarios.

Por supuesto que la política anda entre la cloratita de los terroristas y las sayas de los obispos. Eta y la Iglesia española hicieron en 2007 tanta política o más que el PP. Dos casos flagrantes de mano tendida y mano mordida. Nunca el poder del Estado había demostrado tanto empeño en dialogar el fin de la locura. Y nunca la Iglesia había visto ni peor nivel de práctica religiosa ni mejor trato por parte del Gobierno de la Nación, tras el incremento oficial de la aportación voluntaria de los ciudadanos hasta el 0,7 % en la declaración del IRPF.

También al cierre, la mascarada nacionalista de San Mamés fue una dosis de recuerdo sobre el peligro de estos dudosos costaleros de la gobernabilidad del Estado. Apenas veinticuatro horas habían pasado desde la funcional alusión de Zapatero -interesada, preventiva, o sea, por si acaso-, a la necesidad de llevarse bien con CiU y PNV, cumplidamente representados en el referido partido de fútbol de las selecciones vasca y catalana, donde el deporte fue atropellado por los lemas separatistas al uso y la quema ritual de la bandera de España.

Hoy se nos pone a todos cara de hacer balance por imposición de este agonizante calendario, el de 2007, que esta noche se nos va de las manos. En buena hora, según Mariano Rajoy, doblado por la pesadumbre de no haber podido persuadir a Zapatero de rehusar los tratos con Eta, y por su congoja solidaria con los españoles en dificultades para llegar a fin de mes. Cualquier parecido con el balance del presidente, que se había conocido previamente, sería pura coincidencia. Por ejemplo, el juego de los errores.

Solo en eso estuvieron de acuerdo: en escenificar, cada uno por su lado, algo que recordaba vagamente a una autocrítica. Para la galería, claro. Amén del planeamiento del Ave a Cataluña, Zapatero se fustigó precisamente con el error fundacional del 2007, al anunciar entonces que al terminar el año estaríamos mejor en la lucha contra el terrorismo.

Qué simpáticos. Si de verdad los errores confesados respectivamente por el presidente del Gobierno y el líder del principal partido de la oposición fueran solamente esos, estaríamos en el mejor de los mundos. Pero no se puede esperar otra cosa de los políticos. Y estos son los dos más importantes que se despachan. Solo hasta el 9 de marzo. Después de ese día, uno de los dos morirá políticamente. Solo me permito esa previsión para 2008.

Feliz año nuevo a mis queridos lectores, incluidos los que me odian -discrepar es otra cosa-. Qué le vamos a hacer.

¿Elogio o epitafio? Prisa reivindica su papel de defensor del Rey, de Jesús Cacho en El Confidencial

“Ah, queridos amigos -exclamó de repente Madiárov-, ¿os imagináis lo que es la libertad de prensa? Una hermosa mañana después de la guerra abrís el periódico y en lugar de encontrar un editorial exultante, o la habitual carta de los trabajadores al gran Stalin, o un artículo acerca de la brigada de fundidores que ha trabajado un día extra en honor de las elecciones del Sóviet Supremo, o las historias sobre la desesperación con que los trabajadores de Estados Unidos han recibido el nuevo año a cuenta del paro creciente y la miseria, imaginad que os encontráis... ¡Información! ¿Os imagináis un periódico así? ¡Un periódico que ofrece información!”

El párrafo anterior corresponde a la novela Vida y Destino (página 348), del periodista soviético Vasili Grossman, testigo del infierno que fue la batalla de Stalingrado, y sin duda una obra maestra para quienes han leído casi todo sobre los horrores del stalinismo, y viene a cuento para parodiar la situación de la prensa española, víctima ella de la creciente desafección de los lectores por culpa precisamente de la falta de información. Con muy pocas excepciones, todo en la prensa escrita es hoy ideología, todo manipulación interesada. Y como no hay información sobre las entrañas de lo que realmente ocurre en las sentinas del poder, acudir cada mañana al quiosco se ha convertido en una divertida aventura o casi, porque nadie sabe, particularmente los domingos, qué se va a encontrar uno en las portadas de los dominicales.

Ayer, El País, que pasa por ser lo mejorcito del lugar, nos sorprendió con su habitual separata dominical dedicada a loar a Su Majestad el Rey Juan Carlos I, acertadamente elegido “Personaje del año” por el diario. “El Rey se defiende”, rezaba el titular de portada en una de esas grandilocuentes puestas en escena que, por no venir a cuento, obligan al lector avisado a preguntarse qué hay detrás de semejante operación de imagen. Y lo que hay, o así me lo parece, es un intento de El País, o mejor dicho, del Grupo Prisa, de reivindicar su papel de defensor en exclusiva del Monarca, papel puesto en cuestión últimamente por la briosa irrupción en el escenario cortesano de un personaje tan imaginativo como Pedro José Ramírez, de la mano de la prestigiosa Carmen Iglesias, miembro de la RAE, recientemente nombrada presidenta de Unidad Editorial y preceptora en su día del Príncipe Felipe.

De modo que a los mentores de El País les traicionó el subconsciente, porque, en lugar de ese “El Rey se defiende”, el verdadero titular tendría que haber sido otro más realista del tipo “Prisa defiende su papel de defensor del Rey”. Y en cierto modo no les falta razón a la hora de reivindicar tal condición, aunque, en el río de tinta dedicado al Monarca se eche en falta, eso también, alguna que otra verdad, ¡Ay, de nuevo la Información!, referida a la condición del Grupo Prisa como factotum del Régimen en las últimas décadas, las idas y venidas de Jesús Polanco, que en gloria esté, como recadero entre el Monarca y Felipe González, su entronización como auténtico poder fáctico en Palacio durante los ocho años de Gobierno Aznar -¡cuántas bromas en Zarzuela a costa del bigotudo!-, y así sucesivamente.

En realidad la separata de ayer de El País es un documento para conservar, siquiera unos meses, dada la cantidad de disparates contenidos en la muestra, el menor de los cuales, imposible descifrar si casual o intencionado, era colocar junto al Monarca una entrevista a doble página con ese fino pensador murciano que responde al nombre de Luis del Rivero, prototipo de arrivista que ha hecho fortuna en la Legislatura, un tipo que preside una empresa valorada en Bolsa en 7.500 millones de euros y que arrastra una deuda de casi 20.000, metáfora perfecta de los riesgos que hoy acechan a la economía española. Del Rivero, presidente de una empresa que en puridad se halla en quiebra técnica, enseña a los lectores de El País su colección de coches deportivos arracimados en Hoz de Anero, Santander, como quien enseña una colección de sellos. Perfecto trasunto de la jerarquía de valores que hoy gobierna la sociedad española.

Por desgracia para el Monarca, el despliegue de El País en defensa de la institución -¿o era solo de la persona?-, apenas un magro adelanto de la avalancha de incienso que nos espera en los próximos días con motivo del 70 cumpleaños regio, no podía haber sido elegido en peor momento. En efecto, la portada del resto de los grandes diarios estaba ayer dedicada a un acontecimiento de tan innegable importancia como el aquelarre separatista montado el sábado en Bilbao por el nacionalismo. Como ya adelantó este diario el jueves 27, los nacionalistas catalanes y vascos de derecha e izquierda aprovecharon la excusa de un partido de fútbol para montar una jornada de exaltación de la independencia de España.

Con el PSOE mirando hacia otro lado, cuando no participando activamente en el festín nacionalista –caso del PSC y del PSE-, solo el Partido Popular se presenta hoy como primer y quizá único aval de esa unidad de España consagrada en la Constitución del 78 que es la ultima ratio de la pervivencia de la Institución monárquica, de modo que haría bien el Monarca en elegir mejor a sus amigos, cosa que, justo es reconocerlo, nunca ha sido una habilidad del Palacio de la Zarzuela. Con todo, lo peor, Señor, es que, con PP o sin PP mediante, ya no hay forma de parar la marea separatista que nos inunda. Con las elites políticas nacionalistas echadas definitivamente al monte de la ruptura de España, el exceso de ayer de El País más que un elogio podría interpretarse como un epitafio.

El poder económico, de B. Pana en El Confidencial

Radiografía del poder en 2008

Cualquiera que sea el resultado de las elecciones el nueve de marzo de 2008, el gobierno entrante va a enfrentarse a uno de los panoramas económicos más complicados de los últimos años. La tardía concreción de todas las amenazas que se han ido incubando a lo largo de esta legislatura, y parte de las anteriores, supondrá un punto de inflexión y un cambio respecto al silencio administrativo que, erróneamente, ha caracterizado la política económica nacional del último quinquenio. Mientras la locomotora española tiraba, el ‘virgencita, virgencita que me quede como estoy’ se convirtió en máxima de actuación a nivel general. Las cifras lo respaldaban. Sin embargo los días de vino y rosas parecen haber llegado a su fin. Y con ellos, la posible complacencia gubernamental. A partir de este punto, la tarea no es, ni mucho menos, sencilla. Hay demasiados frentes abiertos simultáneamente. Y demasiado profundos. El reto de reinventar España, económicamente hablando, va a estar encima de la mesa a lo largo del próximo año natural y los siguientes. Lo que no sabemos es si habrá suficiente imaginación y compromiso como para afrontarlo con garantías.

España arranca el ejercicio con un cúmulo de excesos que hasta ahora sólo reconocían los organismos internacionales y medios de reconocido prestigio. Exceso de endeudamiento privado, tanto de consumidores como de corporaciones. Exceso de déficit comercial. Exceso de inflación. Exceso inmobiliario, de oferta, de precios y de peso de la actividad constructora residencial en términos de Producto Interior Bruto. Exceso de inmigración en la creencia generalizada que aquí hay café para todos, pero con churros y bollería industrial y artesana. Los círculos virtuosos lo son mientras que la proposición de partida es válida. Si no, nacen viciados en su origen. Y mientras aquí se cantaba el “España es cojonuda” a coro entre administraciones públicas, entidades financieras, promotores y demás interesados en que el show no se parara, la génesis real del milagro español era virtual. De ahí los excesos. Por una parte, tipos de interés artificialmente bajos, pensando en Alemania, cosa del pasado. Por otra, los fondos estructurales europeos que han dejado ya de responder al epíteto que los define. Flor de unos años que vuelve su mirada al Este de Europa. Por último, un boom residencial que ha creado una sensación de riqueza cuya única concreción concreta, para muchos, es un ahogo financiero del que ahora se preguntan cómo salir. Menudo panorama.

La capacidad de actuación del gobierno, sea del signo que sea, se verá limitada por dos premisas iniciales. No controla la moneda, ni los tipos de interés. Esto es: no puede influir en el precio del dinero, ni puede utilizar la depreciación de la divisa para que nuestra economía gane competitividad. Por tanto, su manera de planificar la actividad económica a futuro se ha de basar en dos tipos de medidas: de política fiscal y administrativas, actuaciones que tendrían que venir complementadas por una serie de iniciativas que fomenten la excelencia en todos los ámbitos de la sociedad, empezando por la educación, siguiendo por la sanidad y concluyendo por las infraestructuras.

Menos ingresos y más inflación

Respecto a la primera, la tentación de hacer uso del superávit presupuestario para luchar contra el panorama económico español parece inevitable a estas alturas de la crisis. No va a quedar más remedio. Y la caída de los ingresos fiscales, derivados de la menor actividad económica, unido a un aumento de las prestaciones públicas, volverá a situar la palabra déficit en primera plana del vocabulario económico nacional. Por su parte, y de cara al control de la inflación, se harán imprescindibles medidas de liberalización real de la economía que sirvan para fomentar la competencia y la formación adecuada de los precios. Por último, veremos salir conejos de la chistera con objeto de corregir la debacle inmobiliaria que ya está aquí.

Respecto al mercado de acciones, el nuevo entorno internacional va a afectar también a las compañías españolas cotizadas en bolsa. Los frutos de la diversificación internacional, que hasta ahora habían servido como excusa frente al debilitamiento de la economía local, no van a ser tan abundantes como en el pasado. Y es que cada vez son más las voces que claman que el desdoblamiento de la actividad económica entre naciones emergentes, al alza, y países desarrollados, en declive, es más una quimera que una realidad efectiva.

No ha habido tiempo para que los mercados en vías de desarrollo alcancen tamaño y autonomía suficiente como para resistir los embates de una desaceleración del mundo industrializado. Va a haber una efectiva ralentización económica internacional que afectará a los intereses nacionales por el mundo. ¿En qué medida? No se puede saber de antemano. Las consecuencias de lo que, en su día, comenzara como una crisis hipotecaria norteamericana de dimensiones restringidas, y que ha pasado con el tiempo a situarse en el nivel de emergencia financiera global, son impredecibles. Sólo hay, a diciembre de 2007, una realidad evidente. La incapacidad mostrada hasta ahora por las autoridades monetarias para atajarla de un modo efectivo, vista la insuficiencia de las bajadas de tipos de interés o de las inyecciones de capital.

El 2008 será por tanto un año de mangas remangadas y decisiones dolorosas por lo que respecta a la actividad económica española. Toda crisis supone una oportunidad histórica. Confiemos que así lo entiendan quienes tienen un su mano el devenir futuro de este país.

La gran cuestión que se plantea es si va a haber o no un desdoblamiento real de la actividad económica general entre economías desarrolladas, en declive, y emergentes, al alza.

El poder político, de Alberto Mendoza en El Cofidencial

Radiografía del poder en 2008

“Dondequiera que encuentro una criatura viviente, hallo ansia de poder”. Esta cita, pronunciada por Friedrich Nietzsche en el siglo XIX, cobra su significado en la España de 2008, donde todo está dispuesto para que se consolide el mayor cambio en la estructura de poder de los últimos años. En marzo se vivirán unas de las elecciones más reñidas de la democracia, con dos candidatos en condiciones de vencer que se juegan su futuro político a una sola carta. Igual de impredecible será la elección del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal o la celebración de un referéndum soberanista en el País Vasco. Y de fondo, en la batalla por controlar los resortes del poder, los movimientos estratégicos de los grandes grupos de comunicación y sus cambiantes alianzas con los partidos políticos.

Por ahora, todas las miradas se centran en el 9 de marzo, día de las elecciones generales y andaluzas. Ningún partido hace cálculos para después de esa fecha, y tanto PSOE como PP se esfuerzan en ofrecer una imagen de calma dando su victoria por segura. El PSOE, que parte como favorito, ya habla de alcanzar la mayoría absoluta; mientras el PP toma su victoria en los pasados comicios municipales como adelanto del vuelco en las generales. Pero lo único cierto es que ambas fuerzas se mantienen en un empate técnico, en el que los socialistas no acaban de despegar, pese al mayor carisma del presidente Zapatero frente a Mariano Rajoy.

Las encuestas se han convertido ya en un arma electoral más. El PSOE utiliza los resultados ajustados de los sondeos para movilizar a su electorado y al manido ‘voto útil’ de la izquierda para impedir el retorno del PP al Gobierno. Por su parte, los populares aseguran que las encuestas siempre se equivocan en su contra, y confían en que su tirón en Valencia y Madrid, junto con una posible bajada del PSOE en Andalucía y Cataluña, incline los resultados a su favor. De producirse este cambio sería la primera vez que un presidente del Gobierno cae tras cuatro años de gestión, por lo que Zapatero tendría muchas dificultades para seguir liderando el PSOE. “En los partidos siempre hay alguien dispuesto a cobrarse la pieza”, apunta Carlos Barreda, profesor de Comunicación Política de la Universidad de Navarra, quien recuerda la “impaciencia” propia de los españoles con sus políticos, a quienes suelen jubilar jóvenes. En ese caso, José Bono podría conseguir por fin ponerse al frente de los socialistas.

El otro escenario es una nueva derrota de Rajoy, algo que, ya nadie duda, supondría su retiro definitivo de la primera línea política. Se abriría así el melón sucesorio en las filas populares, con Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre como principales oponentes para alcanzar la presidencia del partido. El tipo de oposición a desarrollar dependería de cómo cicatrice la herida interna por controlar el partido, y del perfil del vencedor. La última Legislatura se ha caracterizado por un profundo desencuentro entre Gobierno y PP, un clima agrio, y una constante movilización en contra las principales medidas gubernamentales. La calle, más que el Congreso, ha servido a los populares para enfrentarse a Zapatero. El Grupo Parlamentario Popular se ha limitado a presentar 24 proposiciones de ley en los últimos cuatro años, cuando en el periodo 2000-2004, el PSOE en la oposición presentó 124.

En este sentido, la imagen pública de Gallardón parece más cercana a la moderación que la de Aguirre, pero, como explica Barreda, la táctica en la oposición se va modulando durante los cuatro años de la Legislatura. Así, Zapatero eligió en su primera época una estrategia de pactos con el Gobierno de Aznar, para acabar junto a las pancartas a raíz de la huelga general de 2003 y de las grandes manifestaciones contra la guerra de Iraq.

Una intensa campaña electoral

No obstante, antes de que se despeje la incógnita de quién gobernará España los próximos cuatro años, los ciudadanos vivirán dos meses de intensa campaña electoral, en la que entrarán en juego elementos nuevos, como la presión de la sociedad civil en asuntos como el canon digital y el determinante peso de Internet. Los medios digitales son ya la opción elegida para informarse por muchos ciudadanos, y compiten en influencia con la radio, la televisión y la prensa escrita. Además, PSOE y PP han lanzado la campaña con sendas páginas Web protagonizadas por su líderes, y han tomado posiciones en las redes sociales de moda como Youtube, Facebook o Tuenti. Gaspar Llamazares, líder de Izquierda Unida, fue pionero al crearse un alter ego en el poblado mundo virtual de Second Life. Y los debates televisados entre los dos principales candidatos también supondrán una novedad, después de años de ausencia, e incidirán en los votantes indecisos.

Los resultados de las generales marcarán también la agenda política y el peso de las fuerzas nacionalistas. En caso de que ningún partido obtenga la mayoría absoluta, CiU, PNV, ERC, IU-ICV y los diputados de BNG o Coalición Canaria volverán a ser imprescindibles para garantizar la gobernabilidad. Desde el PP se sostiene que pactos con partidos como CiU son adecuados para sacar adelante políticas de gobierno como la económica, pero subrayan que los acuerdos en materias como la política antiterrorista, asuntos exteriores, inmigración o modelo de Estado deben suscribirse con el PSOE, aunque matizan, con un líder distinto a Zapatero. En cambio, los socialistas aspiran a aumentar su mayoría en la Cámara para no depender de los nacionalistas, pero no cierran la puerta a acuerdos con cualquier partido.

El terrorismo seguirá presente en la agenda, así como el plan soberanista del lehendakari Ibarretxe o la radicalización de CiU en Cataluña. Y es que, tras cuatro años de tensiones y reformas, el Gobierno no ha sido capaz de cerrar el Estado autonómico. De conseguirse un acercamiento entre PSOE y PP, el modelo de Estado puede ser uno de los temas que se aborden en la pendiente reforma constitucional, que acabará con la discriminación de la mujer en la sucesión al trono, y podría incluir la reforma del Senado como cámara de representación territorial. El cuadro político lo completarán Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía y el nuevo partido de Rosa Díez, Unión Progreso y Democracia, que aseguran que su apuesta por servir de alternativa a nivel nacional se mantendrá aunque no lleguen a entrar en el Congreso.

Otro poder, a medio camino entre la tierra y el cielo, también se somete a cambios en 2008. La Conferencia Episcopal elige presidente en marzo, pocos días antes de las elecciones generales. Las llamadas dos sensibilidades de la Iglesia vuelven a encontrarse. Por un lado, los considerados moderados: Ricardo Blázquez, actual presidente, y el arzobispo de Barcelona, Luis Martínez Sistach. Por otro, Antonio Rouco Varela y Antonio Cañizares. Las fuerzas están muy igualadas (en 2005 Blázquez fue elegido con un voto de diferencia sobre Rouco Varela) y el resultado de la elección está tan abierto como el de las generales.

El control de los medios

El 2008 dibujará un nuevo panorama en el ámbito de los grandes grupos de comunicación. El relevo generacional se hará más evidente en Prisa, donde la presidencia de Ignacio Polanco deberá ofrecer nuevas soluciones a la competencia de La Sexta por los contenidos televisivos y de Público por los lectores de izquierda. El auge de Jaume Roures, a la sombra de La Moncloa, ha generado nerviosismo en Prisa y distanciado a su buque insignia, El País, de Zapatero.

Los intereses económicos han urdido singulares alianzas, como la del director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, referente de la derecha, con el declarado marxista Roures. O la del Partido Popular sirviendo de portavoz de Prisa para atacar al presidente de RTVE, Luis Fernández. Pero pese a los flirteos de Polanco y Juan Luis Cebrián con Rajoy y Gallardón, los analistas coinciden en que los principios ideológicos de la audiencia de Prisa están demasiado anclados en el centro izquierda como para que El País pida el voto para el Partido Popular. Además, la presencia de Alfredo Pérez Rubalcaba en el Ejecutivo, como señala el catedrático de Ciencia Política Ramón Cotarelo, es una garantía para este grupo de comunicación.

Otro de los fenómenos que puede caracterizar el mercado de la comunicación es el de una mayor concentración. El Grupo Zeta, editor de publicaciones como El Periódico o Interviú, está a la espera de comprador, mientras anuncia que se dispone a comercializar quince periódicos digitales para el nuevo año. Prisa ha colocado a Digital Plus en el mercado, y las incógnitas sobrevuelan al grupo Vocento, que no ha logrado cerrar el 2007 con buenos resultados.

Por todo ello, el 2008 dejará un país distinto, cincelado por la nueva configuración del poder político, económico y mediático; y marcará la pauta para los próximos cuatro años. Aunque quizá, una vez más, algo cambie para que todo siga igual.

Zapatero fue un error, de Federico Quevedo en El Confidencial

En un gesto que en absoluto le honra porque forma parte de un ejercicio de cinismo sin precedentes, Rodríguez ha admitido dos errores en esta legislatura. Uno, el de hace doce meses cuando en ocasión semejante, es decir, final de año, hizo balance y afirmó aquello de que la paz estaba más cerca. Unas horas después ETA hacía estallar un coche bomba en la T-4 y mataba a dos inmigrantes ecuatorianos. El segundo error, según Rodríguez, fue decir que inauguraría el AVE a Barcelona el 21 de diciembre. Perdónenme, pero es que lo de este tío es de juzgado de guardia... ¡Como para no admitir esos dos errores! Son tan evidentes, tan palpables, tan obvios, que negarlos serían ya el colmo de la irresponsabilidad que aqueja a este presidente por accidente.

Lo terrible no es, sin embargo, que admita el error de haber dicho que la paz estaba cerca o que inauguraría el AVE el 21 de diciembre. Eso, cuando menos, es una muestra de la prepotencia con la que actúa este personaje cuando siente que va sobrado. Lo peor es que no admite el fondo de esas dos equivocaciones. Me explico. El error no estaba en decir que la paz estaba cerca, sino que el error de verdad fue abrir una negociación con la banda terrorista al margen del Pacto por las Libertades que el mismo suscribió y de espaldas a una buena parte de la sociedad española, y darle alas a la pandilla de canallas que, por primera vez en casi cuarenta años de atentados, vio que su permanente chantaje al Estado podía tener éxito en forma de concesiones políticas.

Pero ese error ni lo admite ni lo admitirá nunca Rodríguez, porque entre otras cosas en su fuero interno cree que hizo lo correcto y, además, su intención es volverlo a intentar si gana las elecciones porque, entre otras cosas, como ya hemos dicho más de una vez, eso forma parte de su proyecto político para España. Como tampoco admitirá que el error no estaba en poner fecha a la inauguración del AVE a Barcelona, sino en ese talante autoritario y prepotente que le lleva a creer que cualquier cosa tiene solución por el simple hecho de que el dice que la tiene. Y una cosa no es independiente de la otra. Quiero decir que la negociación con ETA forma parte también de esa autoestima personal que le lleva a creer que tiene la llave para solucionar todos los problemas del mundo, desde el hambre, hasta el cambio climático, pasando por la pobreza, la violencia contra la mujer o el terrorismo.

Rodríguez es un iluminado, un déspota iluminado. ¿Les parece exagerado? Un déspota es una persona que abusa de su poder o autoridad, y eso es lo que lleva haciendo Rodríguez toda estas legislatura, imponiendo la dictadura de la mayoría sobre una sociedad adormecida e incapaz de reaccionar ante el avasallamiento con el que el Gobierno ha pretendido ocupar todas las esferas de actividad y de poder. Esta ha sido una legislatura, permítanme que se lo diga a ustedes así de crudo un par de días antes de Nochevieja, en la que se ha puesto en peligro nuestra propia libertad. Escuchando a Rodríguez se me vienen a la cabeza aquellas palabras de Tocqueville en su prólogo de El Antiguo Régimen y la Revolución:

“Los propios déspotas no niegan que la libertad sea excelente; pero la desean solo para ellos mismos, y afirman que todos los demás son absolutamente indignos de ella. Así pues, no es sobre la opinión que debe tenerse de la libertad sobre lo que se difiere, sino sobre la estima, más o menos grande, que se siente por los hombres, y por ello puede decirse, de manera rigurosa, que el gusto demostrado por el gobierno absoluto es exactamente proporcional al desprecio que se profesa por su país”.

Y si hay algo que Rodríguez ha demostrado durante estos cuatro años, sin ninguna duda, es un desprecio absoluto por su país. A otros antes se les llamó franquitos, se dijo de ellos que eran autoritarios, o que tenían comportamientos poco democráticos... Puede ser. De lo que estoy seguro es de que de ningún presidente antes que del actual se pudo decir nunca que despreciara de la manera como lo ha hecho Rodríguez a la Nación que le da cobijo y que gobierna. Y ese desprecio es, sin duda, la antesala del peor de los autoritarismos. Por eso, como Tocqueville, “pido que se me permita esperar todavía un poco antes de convertirme a ese sentimiento”. Un poco que será una vida.

Los regeneradores, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Ha tenido el PP una de esas ideas sublimes que, según afirman, hará mucho por la regeneración democrática del país. Prometen en Génova que si Rajoy gana las elecciones sólo tratará de mantenerse en el poder un máximo de ocho años –quizás para rendir homenaje a ese gran regenerador que fue Aznar- y piden a Zapatero que se comprometa a hacer lo mismo. Para ser justos, una extravagancia parecida debía de rondar la cabeza presidencial antes de que Bono pusiera voz a sus presuntas intenciones a principios de diciembre. Y es que cuando nos da por la higiene de la vida pública nos bebemos el betadyne a morro.

Si la democracia mejora limitando a dos los mandatos de los presidentes, casos como el de Felipe González, Rodríguez Ibarra, Manuel Chaves, Jordi Pujol, Manuel Fraga, Ramón Luis Valcárcel o Pedro Sanz –doce años el que menos al frente del Gobierno de la nación o de sus respectivos territorios- sólo pueden ser indicativos de una grave degeneración, alentada y consentida desde estos dos partidos que tanto se preocupan ahora de nuestro sistema de libertades. Por fortuna, nos hemos percatado a tiempo, antes de que el daño fuera irreparable.

Tanta importancia tiene este descubrimiento que, sin más dilación, deberíamos hacer partícipes del mismo a nuestros socios europeos, ajenos a los efectos perniciosos que representa para sus sociedades la posibilidad de reelegir indefinidamente a sus presidentes o primeros ministros. Es el caso de Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Portugal, Suecia, Dinamarca, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Grecia, Eslovaquia, Chipre, Estonia, Eslovenia y Letonia, todas ellas democracias en peligro.

Más aún, esta advertencia tendría que ser prontamente comunicada a todas las monarquías parlamentarias como la española –Reino Unido, Suecia, Dinamarca, Bélgica, Holanda y Luxemburgo- porque en ninguna de ellas se limita temporalmente la elección de sus primeros ministros, con el consiguiente peligro de degeneración democrática. Quizás estimen que, siendo vitalicia la jefatura del Estado y determinada por el nacimiento, los electores no entenderían que sus gobernantes no pudieran ser reelegidos las veces que les venga en gana. Craso error que podrían pagar muy caro.

La preocupación de la clase política española por la regeneración democrática es constante e inveterada, sobre todo de la que está en la oposición y trata de llegar al poder. Rajoy, sin ir más lejos, incorporó a su programa en 2004 gran parte de las promesas que llevó Aznar en el suyo en 1996, dando irrefutable prueba de su constancia e inquietud. Zapatero hizo lo propio en 2004, y hasta dedicó uno de los cinco apartados de su discurso de investidura a la “renovación de la vida pública”. Tal vez por descuido no recogió algunas propuestas que había hecho un año antes, como el endurecimiento del sistema de incompatibilidades de los parlamentarios y de los presidentes y miembros de los órganos reguladores o el cambio de la ley electoral para implantar las listas abiertas. De lo que no se olvidó el presidente fue de proclamar su intención de modificar el reglamento del Congreso y de reformar el Senado, dos asuntos en los que aparentemente existía una amplia coincidencia con el PP. Lamentablemente, en cuatro años no ha dado tiempo. Una pena.

Es lo que tiene la regeneración, que es lenta, y que hay que establecer prioridades. Interesa más que el presidente no pueda ser reelegido para un tercer mandato que ahorrarnos el bochorno de una justicia genuflexa, dependiente del poder político. Podemos sobrevivir sabiendo que los vocales del Consejo General del Poder Judicial son completamente independientes pero sólo para elegir el destino de sus vacaciones o que los magistrados del Tribunal Constitucional harán una cerrada defensa de sus valores y principios, siempre que no contradigan a los del partido que les ha dado despacho, secretaria y coche oficial.

Nuestra democracia es tan fuerte que resiste que los amigos del anterior vicepresidente económico hayan copado las presidencias de las principales empresas del país y se hayan forrado el riñón, que se planifiquen operaciones empresariales de asalto desde Moncloa, que los órganos encargados de velar por la competencia sean manifiestamente incompetentes, sectarios y un poco trincones, o que las grandes obras públicas se repartan en torno a una mesa de Horcher o Zalacaín, porque, al fin y al cabo, de lo que se trata es de comer bien.

En definitiva, que es posible que la limitación de los mandatos presidenciales sea una gran idea, ya que, al menos, tendremos asegurado que cada ocho años cambiará el presidente y sus amigos, ysi hay que regenerar se regenera, que aquí cuando nos ponemos no nos paramos en barras. Lo que no se acaba de entender es porque lo llaman regeneración, un término que implica una vuelta a un estadio anterior idílico y paradisíaco para el bien común que no se recuerda. ¿Nos fallará la memoria?

Una hazaña de ‘MAFO’: los empleados del Banco de España en pie de guerra contra Adeslas, de Aníbal González en El Confidencial

La plantilla de trabajadores en activo y jubilados del Banco de España se encuentra en pie de guerra contra la compañía Adeslas, encargada de la cobertura sanitaria del personal, y contra los propios gestores del antiguo banco emisor que ahora gobierna Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO), a cuenta del llamativo incremento de las primas, del orden del 30%, impuesto por Adeslas a los asegurados, con la aparente aquiescencia de los rectores de la entidad.

Un poco de historia. En el año 2006, el Banco de España, sin consulta previa con los representantes de la plantilla, suprimió la colaboración con los Servicios Médicos de la Banca Oficial, que atendían tanto al colectivo de empleados del Banco como a los jubilados, prejubilados y pensionistas del mismo. Con ese motivo negoció con diferentes compañías sanitarias el traspaso de tales servicios. Del correspondiente concurso-subasta resultó adjudicataria la mencionada Adeslas.

La compañía de referencia ofreció la incorporación de familiares directos del colectivo, estableciendo unas primas ventajosas en relación con otras sociedades del sector. De esta forma pretendía obtener una amplia cartera de clientes, cosa que sin duda consiguió.

La sorpresa para los asegurados llegó cuando, apenas transcurrido un año, Adeslas exigió renegociar el acuerdo inicial con el Banco de España, solicitando una subida en las primas del 30%, pretensión que la Comisión Ejecutiva de la entidad aprobó aparentemente sin rechistar, causando con ello un claro perjuicio a los costes del propio Banco y al colectivo de familiares de empleados incorporados, a los que se hace extensivo el acuerdo. En opinión de una de las fuentes consultadas, “no sabemos si se trata de una tomadura de pelo de Adeslas, o de quienes gobiernan nuestro antiguo Banco Central, lo cual sería bastante peor”.

CCOO: quien quiera un seguro privado que se lo pague

El resultado concreto es que la cuota ha pasado de 35,48 euros mensuales a nada menos que 46,04 euros. Francisco Ferreira, secretario del Sindicato Autónomo de Trabajadores del Banco de España –sección de prejubilados, jubilados y pensionistas-, en carta a Fernández Ordóñez fechada el 10 de diciembre pasado, señala que “Nos encontramos ahora ante una subida de cuotas de un 30% basada, según ha informado a los asegurados la propia empresa, en una alta siniestralidad que, razonablemente, debería haber sido debidamente valorada y predecible en el momento de la firma de la póliza”.

“Esto nos lleva a pensar”, prosigue la protesta sindical, “que Adeslas admitió unas tarifas a la baja con el objeto de conseguir el contrato para, posteriormente, aplicar un aumento desorbitado como el que acaban de fijar para el próximo año. O bien fue una información no facilitada oportunamente, lo que supondría una responsabilidad directa de la Administración del Banco de España en este asunto”.

El sindicato termina su protesta asegurando que “en cualquier caso, el Banco no puede desentenderse de la situación creada por este abusivo incremento al que deben hacer frente la gran mayoría de los prejubilados, jubilados y pensionistas bajo la amenaza de quedarse sin una cobertura imprescindible en este tramo vital”.

Por su parte, Comisiones Obreras, sindicato mayoritario entre los trabajadores del Banco de España, no ha llevado a cabo protesta alguna, argumentando que “quien quiera un seguro privado, que se lo pague”. Y es que la subida del 30% no afecta directamente a los empleados en activo, cuya póliza corre a cargo del propio Banco de España, aunque sí a sus familiares, como también al colectivo de prejubilados, jubilados y pensionistas de la entidad.