La Coctelera

Categoría: Diario de la República C.

Asesinato de Bhutto, de Antonio García-Trevijano en Diario de la República Constitucional

Una insistente costumbre, universalmente extendida en Gobiernos y medios de comunicación, renuncia a decir la verdad en los momentos más necesitados de ella, como en los casos de guerra, cuando la opinión pública está conmovida por graves y dolorosos acontecimientos. En los atentados terroristas contra la vida de un dirigente de fama mundial, también se oculta la verdad, con engaños sobre el sentido político de su biografía y la clase de Régimen de poder donde se produce el criminal atentado.

No hay Gobierno ni medio de comunicación que hoy se limite a expresar la natural y oficial condolencia por el asesinato de Benazir Bhutto. Todos utilizan el triste acontecimiento para engañar a la opinión mundial, fingiendo que se engañan a sí mismos, sobre la verdadera dimensión politica de la asesinada, y sobre la naturaleza dictatorial del Régimen paquistaní, que pretendía compartir con el general Musharraf, mediante un pacto secreto de reparto del poder.

Un pacto concertado con la bendición del Presidente de EEUU, Sr. Bush, probablemente a iniciativa del Departamento de Estado. Pacto que confirmaría la Presidencia del dictador Musharraf y haría primer ministro a la bella y occidentalizada paquistaní, Benazir Bhutto.

Este pacto secreto de Bhutto con el poder militar que asesinó a su padre –reprobado por los más allegados a su casa- le permitió regresar del exilio, que ella misma eligió para no hacer frente a los numerosos procesos judiciales de corrupción, abuso de poder y nepotismo (su marido es llamado allí “señor 10 por ciento”), abiertos en los dos periodos separados durante los que ocupó la jefatura del gobierno, con exilio de por medio. Dos veces destituida por el Presidente del Estado a causa de gravísimas acusaciones de corrupción.

Sus exilios voluntarios –en realidad fueron huidas- parecían estar justificados por la falta de confianza en la imparcialidad de la Justicia de su país. La misma Justicia que, ahora, obedeciendo las terminantes órdenes del Presidente-dictador, archivó todos esos procesos de corrupción, en el instante mismo en que se concluyó el pacto de reparto del poder.

La “líder de los pobres”, garantizada su inmunidad judicial por el dictador, podría presentarse a las elecciones legislativas, el 8 de enero próximo, al frente del Partido Popular, fundado por su padre, que fue asesinado por el anterior dictador, el general Zia.

El sangriento acto terrorista, que ha ocasionado la muerte de veinte personas más, está siendo atribuido a la causa islamista de Al Qaeda, y ha desbaratado los planes del Departamento de Estado. El futuro de Paquistán continua siendo tan incierto, como lo hubiera sido también sin el atentado.

Aunque no suelo escribir sobre la personalidad de los dirigentes políticos, sean españoles o extranjeros, en este caso, me considero obligado a decir la verdad sobre Benazir Bhutto, para que no permanezcan intocables las mentiras que propagan los gobiernos y los medios informativos, cuando algún poderoso es alcanzado por un tipo de acto criminal, del que ellos mismos podrían no estar exentos.

Es necesario denunciar las mentiras del Presidente del Gobierno, Sr. Zapatero, y del Ministerio de Asuntos Exteriores, cuando expresan, en sus respectivos telegramas de condolencia al Jefe del Estado de Paquistán, su “enérgica condena” (¿es posible condenar sin energía?) del “ataque frontal contra la democracia paquistaní”. Mentiras sin paliativos, pues conocen perfectamente que allí no hay democracia, y que tampoco la habría sin el asesinato de Bhutto. Esta notable mujer había aceptado compartir el mismo Régimen del general dictador, solo que suavizado, ante la opinión, por el solo hecho de que ella sería Primer ministro.

La segunda razón para decir, en estos momentos de luto mundial, la verdad sobre la víctima del atentado, es aún más atinente a la opinión española. Pues se refiere a la profunda analogía existente entre la falta de moralidad politica de Benazir Bhutto y la que caracterizó a todos los que fraguaron la Transición española. En ambos casos, pacto secreto de reparto del poder, auspiciado por EEUU. Pacto antidemocrático, que burla todos los principios de representación, separación de poderes e independencia de la Justicia. Pacto inmoral de las víctimas con sus verdugos. Pacto que aleja a los pueblos de la libertad politica y la democracia, haciéndoles creer que ya la tienen.

Solo quienes digan en público, precisamente en estos momentos, la verdad sobre la biografía de Benazir Bhutto, pueden esperar que sus condenas de la violencia terrorista que le arrebató la vida, y sus condolencias personales, sean tomadas en serio.

Antonio García-Trevijano

Espíritu europeo, de Antoio García Trevijano en el Diario de la República Constitucional

Espíritu europeo

Antes, las élites de EEUU se sentían atraídas por los países de sus antepasados europeos. Las dos guerras mundiales trocaron la admiración de lo antiguo por la eficacia de lo moderno. Hoy, ningún norteamericano busca en Europa respuestas a sus inquietudes. Aunque el tópico suplante al desconocimiento, es posible conocer la causa de la incomprensión mutua.

La demagogia inherente a la utopía de la igualdad, la necesidad de engañar a las masas haciéndoles creer que tienen o van a tener lo que no tienen, ni podrán tener, junto al esnobismo en las clases dominadas, han determinado el hecho exclusivamente europeo de que los partidos políticos, comunistas, conservadores o progresistas, y los medios de comunicación, sean medularmente socialdemócratas, es decir, no sólo antiliberales, sino antidemócratas.

La socialdemocracia se ideó para ocultar las causas objetivas de la lucha de clases. No procede de una degeneración del socialismo, sino de la demagogia populista del capitalismo. La hipocresía burguesa se llamó a sí misma socialdemocracia.

La pasión de parecer iguales, por miedo a la clase obrera, hizo perder el gusto por la distinción, es decir, por la libertad. En Europa ni siquiera se conoce lo que significa libertad política, en tanto que libertad colectiva. Tampoco se sabe lo que es garantía institucional de la libertad, pues todo se confía, como en los tiempos de las Monarquías ejecutivas, a la idiosincracia más o menos liberal de cada gobierno.

Si tuviéramos que elegir un solo elemento distintivo del espíritu europeo, no podríamos señalar el judeo-greco-romano ni el cristiano, que también fueron integrados en el espíritu americano. Tampoco la ciencia, la tecnología, la industrialización o el arte que, con diferencias de intensidad y extensidad, son comunes. Somos distintos por la preferencia que damos a la cuestión social en la legislación, y a la demagogia socialdemócrata en el lenguaje. La elevación de los salarios por encima del mínimo vital se hizo allí por motivos económicos optimistas; aquí, por causas polémicas y sentimientos derivados de la idea religiosa de caridad.

Florilegio

“Separada de la justicia, la caridad no soporta la inmediatez de su ejercicio. La asistencia social, inventada por el capitalismo prusiano, alejó de parroquias y domicilios a los limosneros, como ahora de los semáforos, para reducir el lagrimeo, satisfecho de su piedad, a la lastimera visión de miserias lejanas. La socialdemocracia, que no es democracia social, instituyó la caridad a distancia como deber del Estado”.

El factor belga, de Anonio García Trevijano en Diario de la República Constitucional

El factor belga

Antes de formar criterio sobre la crisis actual de la Monarquía belga, que este Diario analizará en su momento, como también hará con el factor turco que el Mister X español desconoce, conviene salir al paso de opiniones infundadas sobre la integración de flamencos y valones en la unidad belga. Esa unidad, que no fue promovida desde dentro, la impuso la conjunción de intereses extranjeros que la crearon. El control de ese pequeño territorio había sido la manzana de la discordia europea desde el Renacimiento. Hasta el extremo de que Luís XIV prefirió ocupar ciudades flamencas y valones, antes que realizar la unidad europea, cuando puso en el trono del imperio español a su nieto, Felipe V.

Bélgica accedió a su independencia (1830) como Estado-tampón, ideado por las potencias europeas, para impedir que cayera en manos de una de ellas. Pero a partir de 1876, Leopoldo II creó el sentimiento nacional belga mediante una argucia colonialista. Organizó una “Asociación internacional africana” de la que salió el Estado-tampón del Congo, bajo su soberanía, para evitar la dominación de África central por Francia o Inglaterra (a través de Portugal). Bismarck lo aprobó. Y el rey “cristianísimo” envaneció y enriqueció a los belgas con el más duro de los colonialismos. El honesto Bertrand Russell desenmascaró este turbio asunto colonial.

Los nombres de sus ciudades (Lieja, Mastrique, Brujas) recuerdan la historia de la libertad del protestantismo, contra la represión de la imperial y católica España. Una lucha que mereció ser inmortalizada, a veces con injustas leyendas, por los mejores pinceles flamencos y el arte de Schiller, Goethe o Beethoven. La buena fe y la información histórica obligan a recordar, a los americanistas del último cuarto de hora, que en 1948 se firmó el Tratado de Bruselas, entre Francia, Gran Bretaña y Benelux, como pacto defensivo que, extendido a Alemania Occidental, fue la base del Tratado de 1954, creador de la Unión de Europa Occidental. La crisis de la Monarquía belga es inseparable de esta historia y de este contexto europeo. En nada se parece a la Monarquía impuesta por Franco a los españoles, ni a las aspiraciones independentistas vasco-catalanas.

Florilegio

“Los buenos historiadores adivinan, por sus efectos visibles en los grandes o llamativos acontecimientos, las causas políticas, religiosas o económicas que los producen. Generalmente se equivocan. Ellos se ocupan de las confesiones de los gobernantes y de los documentos que éstos archivan, en lugar de observar en vivo los cambios sociales que tejen la urdimbre donde se trama la verdadera historia, la que posibilita el acontecimiento, como hacen los novelistas de genio acudiendo a ficciones literarias”.

Señor X = Mister X, de Antonio García Trevijano en El Diario de la República Constitucional

La X no era la incógnita en una ecuación matemática. Designaba la persona innombrable en la evidencia del organigrama vertical del crimen organizado. La X era la cúspide de un órgano estatal que había convertido la inconfesable razón de Estado, en razón de gobierno del primer partido socialista que lo alcanzaba en la historia de España. El secreto de la Transición imponía en la judicatura la X que despejaba la incógnita en lugar de plantearla. Era más que un secreto a voces. Era la fórmula del poder judicial para incorporar a nuestra cultura jurídica la doctrina extranjera del estigma social.

El Rey es irresponsable de cualquier fechoría que cometa, en virtud de una norma constitucional. A partir del señor X, el Presidente del Gobierno es irresponsable de los asesinatos que ordene y los robos que autorice, en virtud de un principio de moralidad social: su proceso judicial lo estigmatizaría, como a los místicos las llagas de Cristo.

Nueve millones de votantes volvieron a poner su fe en la X. Y el siguiente Presidente, el que pidió que miráramos sus labios para ver en ellos las armas de destrucción masiva en Irak, incumplió su promesa electoral de entregar a la justicia los papeles que inculpaban al Sr. X.

La Unión Europea quiere ser asesorada por un comité de sabios presidido por el llamado hasta ahora mister X. Doce hombres justos, liderados por el más justo de los europeos. Rápidamente ha caído en la cuenta de que nadie puede disputar al señor español X la plaza de mister X. Pues de lo que se trata es de enredar la cuestión europea más de la que ya está, hasta 2010.

¿Por qué nombrarlo ahora y no después del Tratado que sustituirá a la fracasada Constitución? ¿Por qué congelar a esos sabios? ¿Para que no perturben, antes de la aprobación del nuevo Tratado?

Muy sencillo. Ese Tratado despejará la duda de si Europa será una entidad política cerrada a Turquía, como desea el eje franco-alemán, o un mercado monetario y de asignación de recursos, ampliable a todo el continente, como quiere el Reino Unido. Mientras tanto conviene mantener al señor X entreteniendo, con su babilismo inagotable, a los turcos.

florilegio

“La humanidad no tiene más secretos que los ocultos en la Naturaleza. Al descubrir secretos sociales, gritamos ¡Eureka!, como dijo el autor de Mas allá del Bien y del Mal, y pregonero de la muerte de Dios, porque encontramos, en su sitio, lo que previamente habíamos escondido allí. Si la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud, y la blasfemia, el tributo de los débiles a la omnipotencia divina, el secreto cínico constituye la reverencia del esclavo al señorío de la verdad”.